OBSERVACIONES FORMULADAS POR EL SECRETARIO GENERAL EN EL ENCUENTRO EMPRESARIAL CELEBRADO DURANTE LA CUMBRE IBEROAMERICANA

Salamanca, 14 de octubre de 2005

Excelentísimos Señores,
Damas y caballeros,

Supone para mí un gran placer reunirme hoy con ustedes y volver a hablarles cuando apenas ha transcurrido un mes desde la Cumbre Mundial de Nueva York. Durante esa Cumbre se tomaron importantes decisiones en materia de seguridad, desarrollo y derechos humanos y se nos encomendaron numerosas tareas. En el camino que ahora iniciamos, las asociaciones de colaboración desempeñarán un papel si cabe más importante que antes. Por ello celebro que los gobiernos estén aprovechando esta Cumbre de Salamanca para estudiar nuevas formas de cooperar con empresas y organizaciones no gubernamentales.

La mayoría de los retos que se nos plantean sólo pueden afrontarse mediante la cooperación. Cada vez son más los líderes empresariales que han comprendido que la pobreza, las enfermedades, la degradación ambiental y la mala gobernanza no sólo menoscaban el capital social, sino que ponen en peligro los mercados y reducen las oportunidades de generar puestos de trabajo, especialmente para los millones de jóvenes desempleados que hay en todo el mundo. Las empresas no podrán crecer a menos que la sociedad sea estable e inclusiva; el espíritu empresarial no prosperará a menos que las instituciones públicas sean eficientes y fijen los parámetros correctos. Allá donde reina la incertidumbre se desvanecen las inversiones.

La sociedad iberoamericana ha avanzado mucho hacia el reconocimiento de que el mercado y el Estado se complementan, y hoy día se considera que los líderes empresariales y la sociedad civil son los agentes clave de un contrato social. Los esfuerzos realizados en Europa, y especialmente en la Península Ibérica, para crear cohesión social, son un ejemplo para todos los países de América Latina y el Caribe que persiguen ese mismo objetivo. La experiencia demuestra que no basta con dedicarse a aplicar buenas políticas macroeconómicas, sino que es necesario contar con financiación suficiente para las políticas sociales y con incentivos adecuados para el desarrollo productivo. Además, las empresas deben tener como fundamento un compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas.

Este contrato social significa que todos los participantes, incluidas las empresas, tienen sus propias responsabilidades. La manera en que una empresa maneja sus asuntos, y la forma en que se relaciona con las comunidades, las instituciones públicas y el proceso normativo, pueden influir notablemente en el logro de la estabilidad y el progreso. Por este motivo, las Naciones Unidas defienden desde hace tiempo y con firmeza el concepto de ciudadanía empresarial responsable. Y también por ese motivo hemos propuesto el Pacto Mundial como plataforma para entablar contactos con la comunidad empresarial partiendo de determinados valores.

El Pacto se basa en ciertos principios universales relativos a los derechos humanos, el mundo laboral, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción. Aquí en España, y en numerosos países de América Latina como la Argentina, el Brasil, Chile, México, Panamá y el Perú, el Pacto Mundial ya está firmemente arraigado. Más de 455 empresas de la región se han sumado a él, junto con más de 220 en España y 20 en Portugal. Muchas de ellas han comenzado a incorporar en sus estrategias y operaciones cotidianas dichos principios universales, como la lucha contra la corrupción y los esfuerzos por eliminar las peores formas de trabajo infantil y discriminación. Muchas también han empezado a tomar medidas tangibles en apoyo de otros objetivos sociales más amplios. Se han forjado ya decenas de alianzas innovadoras entre el sector público y el privado en esferas clave como la microfinanciación, la enseñanza, la salud y la protección del medio ambiente.

Cabe destacar asimismo que los empresarios españoles han contribuido a que España sea el segundo mayor inversionista en la región de América Latina y el Caribe. La inversión extranjera directa es de por sí importante para acelerar el desarrollo, crear puestos de trabajo de mayor calidad y eliminar las formas precarias de empleo. Pero también puede desempeñar una importante función para difundir prácticas óptimas, fomentar la transferencia de tecnologías y dar a conocer mejor los criterios de responsabilidad social de las empresas.

Damas y caballeros,

La cooperación iberoamericana, con la participación de las empresas y la sociedad civil, es esencial para resolver los problemas del planeta y crear bienes públicos mundiales como la seguridad, la estabilidad financiera, la protección del medio ambiente y un sistema de comercio internacional que sea verdaderamente justo. Espero que los asistentes a este encuentro intenten determinar qué más pueden hacer las empresas para superar esos retos y de qué manera pueden ampliarse las medidas que muchos de ustedes ya están tomando. También espero que estudien posibles formas de aumentar la eficacia de la colaboración entre las empresas y las organizaciones no gubernamentales, los grupos sindicales y otros asociados clave.

Durante la Cumbre Mundial del mes pasado, y ahora en esta Cumbre Iberoamericana, los máximos dirigentes políticos respaldaron importantes decisiones destinadas a lograr la paz y la prosperidad para todo el género humano. Estoy deseando empezar a trabajar con ustedes para llevar a término la labor crucial de aplicar dichas decisiones y les agradezco sinceramente su compromiso y su participación.