DISCURSO PRONUNCIADO POR EL SECRETARIO GENERAL ANTE LA CUMBRE IBEROAMERICANA

Salamanca, 14 de octubre de 2005

Majestades,
Excelentísimos Señores,
Señor Secretario General,
Damas y caballeros,
Queridos amigos, caros amigos:

Permítanme ante todo dar las gracias a nuestros anfitriones, Sus Majestades los Reyes de España Don Juan Carlos y Doña Sofía, y decirles a continuación que es un placer para mí reunirme con todos ustedes en esta hermosa ciudad de Salamanca, lugar de honda significación para Europa y las Américas cuya famosa universidad ha sido centro de erudición y cultura desde la Edad Media.

Congregados en este lugar histórico, que por tradición ha fomentado siempre el diálogo y el intercambio de conocimientos entre diferentes culturas y religiones, hemos de enfrentarnos cara a cara con los complejos problemas que afectan a la humanidad y reconocer la necesidad de trabajar juntos para superarlos.

En la era moderna hemos presenciado enormes progresos científicos y tecnológicos; hemos asistido a la expansión de la democracia, que ha llegado a muchas personas que hasta ahora no la conocían; y hemos visto cómo en varios continentes las personas abandonaban un pasado de pobreza extrema para entrar en un futuro de esperanza.

Pero nuestro mundo sigue aquejado por desigualdades terribles, y son demasiadas las personas que aún sufren y mueren a causa de la pobreza, los conflictos y los desastres, pese a los muchos medios con que contamos para crear y compartir riqueza, proteger a las personas de la violencia causada por el hombre o la naturaleza y fomentar el respeto por la dignidad de todos los seres humanos.

Cuando considero el frágil equilibrio que existe entre las grandes esperanzas y los inminentes peligros que caracterizan al mundo actual, pienso especialmente en las naciones de América Latina, porque es la suya una región donde ese frágil equilibrio se hace verdaderamente patente. De alguna manera, se trata de un microcosmos que refleja el mundo en que vivimos y, por ello, es el escenario donde se pone a prueba todo lo que representan las Naciones Unidas.

En los países que ustedes representan se ha producido una asombrosa propagación del gobierno democrático. A medida que ha ido arraigando la democracia se ha incrementado el gasto social y ha mejorado el desarrollo humano. La mortalidad de los niños menores de 1 año se ha reducido a la mitad, la educación primaria ha pasado a ser casi universal y se ha rescatado de la pobreza a millones de personas, logros éstos de los que ustedes pueden enorgullecerse.

Pero también hemos asistido a la tenaz persistencia de profundas desigualdades y exclusiones por motivos económicos, sociales y étnicos. Aunque las personas creen en la democracia, algunas han empezado a dudar de que sus gobiernos puedan satisfacer efectivamente las necesidades de los pobres, lo que ha provocado un mayor descontento social e incluso, en ocasiones, agitación política.

No pretendo en modo alguno afirmar que sea fácil responder a los retos que ustedes han de encarar, pero sí creo que la respuesta residirá en un nivel mayor, que no menor, de democracia. Las democracias de sus países deben convertirse en auténticas democracias de los ciudadanos, regidas por un estado de derecho que sea aplicable a todos y con voluntad y capacidad de satisfacer las necesidades de todos sus pueblos, incluidos los ciudadanos indígenas.

Y qué mejor prioridad para llevar a cabo esa tarea que el tema de esta Cumbre: la erradicación de la pobreza. Todos ustedes están firmemente decididos a cumplir los objetivos de desarrollo del Milenio, y es encomiable que hayan hecho de ellos un instrumento central en la planificación de políticas sociales y económicas. Algunos países ya han alcanzado muchos de los objetivos y están esforzándose por ir más allá, mientras que otros muchos aún tienen ante sí un largo camino por recorrer.

Muchos de ustedes han emprendido iniciativas pioneras para promover el desarrollo, y algunos lideraron la Alianza para la acción contra el hambre y la pobreza y la Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización, que hoy día reciben apoyo en todo el mundo.

Es obvio que para erradicar la pobreza hay que luchar contra la corrupción y promover la transparencia y la buena gobernanza. También es necesario un mayor apoyo de los países desarrollados y, a este respecto, agradezco a España y Portugal que se hayan comprometido a duplicar su asistencia oficial para el desarrollo antes del fin de 2008 y a alcanzar el objetivo del 0,7% en 2015 a más tardar. Debemos insistir para que otros países hagan lo mismo.

Si 2005 ha sido un año caracterizado por importantes progresos en materia de ayuda y alivio de la deuda, 2006 debe ser el año del comercio. Si queremos concluir las negociaciones de Doha a finales del próximo año, tendremos que avanzar realmente durante las conversaciones de la Organización Mundial del Comercio que tendrán lugar en Hong Kong en diciembre. En particular, todos los miembros de esa organización han de ejercer su liderazgo para salir del estancamiento en que se encuentran los debates sobre la agricultura.. Necesitamos medidas concretas para reducir los aranceles, ante todo los aplicables a los productos que interesan a los países en desarrollo, y para eliminar los subsidios de exportación en un plazo específico y reducir las subvenciones internas que distorsionan el comercio. También debemos lograr progresos en una amplia serie de medidas de apoyo que permitan a los países en desarrollo poner en práctica las decisiones adoptadas en la ronda de Doha y, de ese modo, que todos se beneficien con ellas. A menos que construyamos un sistema de comercio mundial que sea realmente libre y justo, seguiremos careciendo de armas suficientes para luchar contra la pobreza.

Debemos asimismo estrechar la cooperación internacional a fin de que todos los países aprovechen los beneficios que la migración puede reportar, especialmente para los países en desarrollo. No hace mucho recibí el informe de la Comisión Mundial sobre las Migraciones Internacionales, y espero que los Estados utilicen sus recomendaciones para progresar en el diálogo de alto nivel sobre la migración internacional y el desarrollo que celebrará el próximo año la Asamblea General.

También considero encomiable que ustedes hayan consolidado su tradición de solidaridad regional y multilateralismo, acudiendo en auxilio de los demás países, sobre todo para apoyar a las naciones que se ven asoladas una y otra vez por catástrofes naturales, como el reciente huracán Stan. Las Naciones Unidas también están prestando apoyo a esos países y ayudando además a las naciones de la región andina a encarar los arraigados problemas que padecen.

Me alegro de que estemos colaborando para promover la estabilidad en Haití. El firme apoyo político que ustedes brindan por conducto de las Naciones Unidas y los foros regionales, así como los ejemplares servicios que prestan sus hombres y mujeres de uniforme, son cruciales para el éxito de nuestra labor. Haití seguirá necesitando por mucho tiempo nuestra intervención para interrumpir el ciclo de violencia y lograr progresos sostenibles. Por ello pido a los países donantes que aporten en el momento oportuno un apoyo financiero sostenido para la recuperación y reconstrucción de ese país.

Es para mí motivo de particular satisfacción la decisión que ustedes han tomado de ampliar la integración regional constituyendo una secretaría general. Me parece excelente la elección de Enrique Iglesias como primer titular del cargo de Secretario General, por tratarse de un líder que ha prestado muy valiosos servicios tanto a América Latina como a las Naciones Unidas y con quien estoy deseando abordar todos los temas de nuestra agenda común.

En nuestra colaboración debemos aprovechar los resultados de la Cumbre Mundial celebrada el mes pasado. Como muchos de ustedes, yo también desearía que se hubieran obtenido más resultados, pero no por ello debemos subestimar los genuinos progresos conseguidos.

En la Cumbre se tomaron decisiones importantes para estimular la acción de las naciones desarrolladas y en desarrollo a fin de combatir la pobreza, apoyar las iniciativas nacionales destinadas a fortalecer la democracia, coordinar las actividades internacionales de consolidación de la paz, reforzar nuestros mecanismos de derechos humanos y mejorar el funcionamiento de las Naciones Unidas.

Les pido ahora su apoyo para lograr que se apliquen esas decisiones. Con su intervención podemos dotar a las Naciones Unidas de una Secretaría que sea verdaderamente responsable y eficiente; podemos poner en marcha la nueva Comisión de Consolidación de la Paz y el nuevo Consejo de Derechos Humanos; podemos fraguar una respuesta conjunta y eficaz frente a amenazas tan diversas como el genocidio, el terrorismo o los desastres naturales; y, sobre todo, podemos impulsar una alianza mundial a favor del desarrollo en la que todos los asociados cumplan sus compromisos con un espíritu basado en la responsabilidad mutua y la rendición de cuentas.

Si así lo hacemos, las decisiones adoptadas el mes pasado influirán realmente en la vida de los pueblos a los que ustedes representan. Esta es la piedra de toque que permitirá valorar los resultados de la Cumbre en todas y cada una de las regiones del mundo. Yo les pido que sometan a la Organización a esta prueba y que nos ayuden a superarla.

Así pues, hemos de perseverar en nuestro empeño, y hacerlo juntos. Nuestra tarea no se verá cumplida hasta que logremos mejorar la vida de los débiles y los pobres. En nuestra labor encaminada a este objetivo, los que trabajamos para las Naciones Unidas buscaremos en ustedes apoyo e inspiración. Por nuestra parte, procuraremos brindarles una mayor asistencia para tratar de ofrecer un futuro más libre, más justo y más seguro a todos los pueblos que ustedes representan y a los pueblos del mundo en general.

Muchas gracias, muito obrigado.