El Secretario General
Mensaje sobre el Día Internacional de la Familia
15 de mayo de 2005

El tema del Día Internacional de la Familia, dedicado este año al impacto del VIH y el SIDA en el bienestar de las familias, dirige la atención hacia uno de los problemas más acuciantes de nuestros tiempos. Se trata de un problema que afecta a las familias, las familias extensas, las comunidades y los gobiernos de todo el mundo.

El VIH y el SIDA causan estragos en las familias. Toda la familia sufre cuando muere o enferma uno de sus miembros. Además de la tragedia humana están las dificultades económicas, que empiezan con el aumento de los costos sanitarios y la reducción de los ingresos. Tales dificultades se agravan a medida que avanza la enfermedad, afectando a la capacidad de familia para acceder a los alimentos, la vivienda y otras necesidades básicas. El impacto del VIH/SIDA en las familias es especialmente devastador para los niños. En muchas ocasiones, las niñas dejan de asistir a la escuela para asumir la pesada carga de atender a la familia. Con la muerte de los padres, los hijos y las niñas se ven obligados a asumir las funciones del cabeza de familia. La ausencia de adultos que los cuiden y apoyen los hace muy vulnerables a la discriminación, al trabajo infantil y a otras formas de explotación y, a su vez, a la infección con el VIH. También priva a las comunidades de un cauce vital para transmitir a la generación siguiente valores, normas culturales, prácticas agrícolas y formas de afrontar las dificultades.

Es evidente que debemos hacer todo lo posible por ayudar a las familias a perseverar, pues generalmente constituyen la única red de protección, desempeñando una función crítica para determinar si los individuos y las comunidades son capaces de hacer frente al SIDA y sus consecuencias. Por eso, en el período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA celebrado en 2001 se reconoció la importante función que desempeñaba la familia en la prevención, la atención y el apoyo. También se instó a los gobiernos a desarrollar o reforzar estrategias, políticas y programas en que se reconociera la contribución de la familia para reducir la vulnerabilidad y hacer frente a los efectos de la enfermedad.

Todo ello implica que hay que encontrar la forma de ayudar a que los padres sigan con vida. Eso supone hacer frente a las desigualdades entre los sexos, y a la vulnerabilidad de las niñas en particular. Supone integrar los programas centrados en la familia en las intervenciones más amplias basadas en la comunidad dirigidas a reducir la vulnerabilidad al VIH/SIDA, mejorar la prevención y la atención y aliviar el efecto devastador de la epidemia en la sociedad y la economía. También supone acabar de una vez por todas con el estigma que impide desvelar la condición de portador del VIH incluso dentro de la familia.

Una familia fuerte y unida es una de las armas más eficaces contra el VIH/SIDA. En este Día Internacional de la Familia debemos emplearnos en ayudar a que esta unidad tan valiosa desempeñe un buen papel en dicha misión.