El Secretario General

Mensaje dirigido a los participantes en "Beijing 2005:
Conmemoración del décimo aniversario de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer"

Beijing, 29 de agosto de 2005

Pronunciado por la Sra. Louise Arbour, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer marcó un hito en la labor internacional encaminada a mejorar la condición de la mujer y lograr la igualdad entre los géneros en todo el mundo. Con una asistencia de casi 47.000 mujeres y hombres, la Conferencia de Beijing y el foro paralelo de organizaciones no gubernamentales celebrado en Huairou fueron, y siguen siendo, las reuniones de las Naciones Unidas que han congregado a más representantes de gobiernos y de organizaciones no gubernamentales.

Ciento ochenta y nueve países aprobaron por unanimidad la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, en la que reconocían que la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer eran cruciales para el desarrollo, la paz y los derechos humanos. Concebida como un programa para el empoderamiento de la mujer, la Plataforma atribuye una importancia especial no sólo a lograr la igualdad y acabar con la discriminación, sino también a la integración de la mujer como partícipe plena y en condiciones de igualdad. Tanto es así que los gobiernos se comprometieron a incorporar la perspectiva de género en todas sus políticas y todos sus procesos de planificación y adopción de decisiones.

En los diez años transcurridos desde Beijing se han producido más avances. Las que otrora se denominaban cuestiones de la mujer pasaron a ser asuntos de máxima relevancia nacional e internacional. Se han forjado redes y alianzas de mujeres más sólidas que trascienden las fronteras temáticas y nacionales. Además, somos conscientes, más que nunca, de que la igualdad entre los géneros no se puede lograr con políticas aisladas, sino que se necesita un planteamiento amplio. Estos conocimientos serán de suma importancia al abordar los escollos que aún quedan por delante para lograr la igualdad entre hombres y mujeres.

Hace cinco años, los líderes mundiales reconocieron en la Declaración del Milenio que la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer eran fundamentales para lograr los objetivos de desarrollo del Milenio. Este mismo año, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer ha reconocido que las mujeres han avanzado mucho: tienen un mayor acceso al empleo y la adopción de decisiones, ha mejorado su educación y viven más. Sin embargo, recalcó que persisten algunos problemas, como la discriminación y la violencia, y que han surgido otros muy preocupantes, como el aterrador aumento del VIH/SIDA entre las mujeres y la abominable y cada vez más común práctica de la trata de mujeres y niños. No olvidemos que los derechos de la mujer son derechos humanos. Hacerlos plenamente efectivos a nivel nacional constituye, por tanto, una obligación jurídica. Aunque pueda parecer, y debería ser, evidente, es una aclaración que debemos seguir repitiendo en tanto procuramos aumentar la capacidad del sistema de las Naciones Unidas para apoyar las iniciativas nacionales conducentes a hacer efectivos los derechos humanos y eliminar todas las formas de discriminación de la mujer.

El mes próximo, los Jefes de Estado y de Gobierno que asistan a la Cumbre Mundial 2005 que se celebrará en las Naciones Unidas, en Nueva York, deberán no sólo reafirmar la participación de la mujer en pie de igualdad en el desarrollo, la paz y la adopción de decisiones, sino también comprometerse a apoyar todas las iniciativas encaminadas a propiciar los cambios que se obligaron a realizar los gobiernos nacionales, las organizaciones internacionales y la sociedad civil en Beijing hace diez años. Redoblemos nuestros esfuerzos para hacer realidad esos compromisos. En esta reunión conmemorativa, ustedes pueden contribuir a encauzarlos en la dirección adecuada. Les agradezco a todos su dedicación y les deseo lo mejor para que sus debates sean fructíferos.