Mensaje del Secretario General
con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial

21 de marzo de 2004

El 21 de marzo de 1960 tuvo lugar en Sharpeville (Sudáfrica) una protesta no violenta contra las "leyes de paso", una de las instituciones más odiadas del apartheid, que se saldó con la muerte de 69 manifestantes. La matanza de Sharpeville marcó un hito en la historia del movimiento contra el apartheid y motivó que la Asamblea General de las Naciones Unidas conmemorara cada año esa fecha para recordar la necesidad de luchar contra el racismo, no importa dónde o cuándo aparezca.

Este año se celebra el décimo aniversario del genocidio en Rwanda, que nos trae a la memoria los horrores que pueden brotar del odio étnico y racial. Este año también se conmemora el bicentenario de la revolución en Haití, que sirvió para liberar de la esclavitud a los pueblos del Caribe y de América Latina. Asimismo, la Asamblea General ha proclamado el año 2004 Año Internacional de Conmemoración de la Lucha contra la Esclavitud y de su Abolición. ¿Qué deben tener en común estas conmemoraciones? No sólo nuestro homenaje a la memoria de las víctimas, sino también nuestra determinación de evitar que otras personas se conviertan en víctimas de tragedias similares en el futuro

Para ello es necesario hacer frente a las dilatadas consecuencias de la esclavitud y la trata de esclavos, injusticias históricas que han contribuido a las condiciones de pobreza, subdesarrollo, marginación, exclusión social, disparidad económica, inestabilidad e inseguridad en que viven muchas personas en diferentes partes del mundo, especialmente en los países en desarrollo. En la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en 2001, los Estados reconocieron que la esclavitud y la trata de esclavos eran tragedias horribles de la historia de la humanidad y estaban entre las causas principales del racismo. Las Naciones Unidas mantienen su firme propósito de ayudar a las personas y a los países a superar ese triste legado, combatiendo a la vez las formas contemporáneas de la esclavitud (como el trabajo forzoso, especialmente con fines de explotación sexual) que siguen siendo una lacra en nuestra conciencia colectiva.

El racismo es también una de las causas del genocidio. Se deben condenar las prácticas e ideologías racistas y todo discurso público deshumanizante que niegue a grupos humanos enteros su dignidad y sus derechos. Más aún, debemos robustecer nuestra capacidad de alerta anticipada y prevención del genocidio, el asesinato en masa, la depuración étnica y crímenes comparables, y apoyar verdaderamente los esfuerzos por llevar a sus autores ante la justicia, por ejemplo, por conducto del Tribunal Penal Internacional. Espero nombrar en breve plazo un asesor especial de las Naciones Unidas sobre la prevención del genocidio y formular otras propuestas para consolidar nuestras actividades al respecto.

La tolerancia, el diálogo intercultural y el respeto a la diversidad son más indispensables que nunca en un mundo en que los pueblos se interrelacionan de manera cada vez más estrecha. Confiamos sobre todo en que los gobiernos demuestren voluntad política y actúen decididamente. Ojalá que en este Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial todos nos sintamos inspirados por el principio fundamental, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas y en la Declaración Universal de Derechos Humanos, de la igualdad de todos los seres humanos.