Mensaje del Secretario General para el Año Nuevo de 2004


 Archivo de la transmisión *

Queridos pueblos de las Naciones Unidas,

Su Organización, a la que tengo el honor de servir, acaba de terminar uno de los años más difíciles de su historia. Hemos sido testigos de la guerra en el Iraq y de profundas divisiones entre naciones acerca de graves cuestiones de guerra y de paz. El 19 de agosto, en un atentado perpetrado contra nuestra sede en Bagdad, una bomba nos arrebató a algunos de nuestros mejores y más queridos colegas.

Esos acontecimientos han distraído a los dirigentes del mundo, impidiéndoles ocuparse de otras amenazas que, para la mayoría de las personas, son más inmediatas y más reales.

Me refiero a las amenazas de la pobreza extrema y del hambre, del agua no apta para el consumo, la degradación del medio ambiente y las enfermedades endémicas o infecciosas.

Esos peligros acechan a gran parte de nuestro planeta. Matan a millones y millones de personas todos los días; destruyen sociedades; fomentan la división y la desesperación.

Al cabo de un año de guerra y división, es hora de que dediquemos más energías a la salud y el bienestar de las personas.

Es hora de asegurar que los países pobres tengan una verdadera oportunidad de desarrollo.

Y es hora de que adoptemos medidas decisivas para salvar los recursos de nuestro planeta.

Sí, tenemos que luchar contra el terrorismo. Sí, debemos prevenir la proliferación de armas mortales.v Pero también digamos sí al desarrollo. Y brindemos esperanza a las vidas de quienes sufren.

Sin desarrollo y esperanza no habrá paz.

Hace poco más de tres años, en la Cumbre del Milenio, los dirigentes de todas las naciones se comprometieron a brindar esa esperanza. Se fijaron objetivos precisos sujetos a plazos concretos: los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Alcanzar esos Objetivos costaría sólo una fracción de lo que nuestro mundo gasta en armas de guerra. Sin embargo, daría esperanza a miles de millones y más seguridad a todos nosotros.

Pero, en 2003 no cumplimos esas promesas. Nos dejamos arrastrar por la corriente de la guerra y la división.

El año 2004 debe ser diferente. Debe ser el año en que comenzamos a invertir la corriente.

Podemos invertir la corriente contra el VIH/SIDA si adoptamos medidas acerca de la iniciativa "Tres millones para 2005", el plan de la Organización Mundial de la Salud para conseguir que 3 millones de personas inicien un tratamiento con drogas antirretrovirales a más tardar en 2005.

Es un objetivo ambicioso, pero puede alcanzarse si los países ricos, los países pobres y afectados, los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y el sistema de las Naciones Unidas actúan de consuno, y si el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo alcanza la capitalización plena.

Podemos invertir la corriente contra el hambre si todos colaboramos para poner al alcance de las personas hambrientas de todas partes, las existencias de alimentos disponibles, y si ayudamos a África a producir los alimentos adicionales que necesita.

Y podemos invertir la corriente en el comercio mundial si los gobiernos cumplen lo prometido y hacen de la ronda de negociaciones en curso una verdadera "ronda para el desarrollo".

No necesitamos más promesas. Necesitamos empezar a cumplir las promesas que ya hemos hecho.

Que ese sea nuestro propósito de Año Nuevo y que tengan todos ustedes un muy Feliz Año Nuevo.