DISCURSO DEL SECRETARIO GENERAL DE LA ONU
ANTE LA XIII CUMBRE IBEROAMERICANA
 
SANTA CRUZ DE LA SIERRA (BOLIVIA)
 
14 de noviembre de 2003


Sus Majestades, los Reyes de España,
Señor Presidente,
Señores Jefes de Estado y de Gobierno,
Excelentísimos señores y señoras,
Damas y caballeros:

Es un gran honor que me hayan invitado a unirme a ustedes en esta Cumbre.

Lo hago con gran humildad, como alguien que viene de otro continente, pero también como alguien que siempre ha admirado la vitalidad y diversidad de la cultura latinoamericana, con sus ricas raíces indígenas, africanas, españolas y portuguesas.

Este momento es para mí la culminación de diez días muy emocionantes. He disfrutado de la más admirable hospitalidad en cuatro de sus países, los cuales, a pesar de sus muchos problemas internos, nos han dado, a mí y a mi equipo, una bienvenida inolvidable.

Lo dicho es particularmente cierto, huelga decirlo, del país que nos acoge hoy, Bolivia. Todos sabemos que los bolivianos han atravesado un período muy difícil en las últimas semanas y aún tienen ante sí problemas muy graves. Sr. Presidente, estoy seguro de que hablo por todos los presentes al decir que eso nos hace reconocer aún más la generosa hospitalidad de que usted y su gente han hecho gala.

Permítame añadir que la cálida bienvenida que he recibido en esta región no me sorprende. La mayoría de los Estados latinoamericanos fueron miembros fundadores de las Naciones Unidas. Muchos aportan contingentes a nuestras operaciones de mantenimiento de la paz y, decenio tras decenio, han servido al mundo muchos excelentes diplomáticos, pensadores y estadistas de América Latina.

Pienso especialmente, desde luego, en mi distinguido predecesor, Javier Pérez de Cuéllar, pero también en mi querido amigo Sergio Vieira de Mello, que ayudó a tantas personas en tantas partes del mundo y murió hace menos de tres meses haciendo todo lo posible por ayudar al pueblo del Iraq. El dolor compartido de haberlo perdido acerca aún más a las Naciones Unidas y al mundo iberoamericano.

Es indudable que, de haber vivido más tiempo, Sergio habría logrado mucho más como Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Lo cual habría sido apropiado, pues América Latina ayudó a construir el movimiento mundial en favor de los derechos humanos tal y como lo conocemos hoy en día.

Los pueblos de América Latina demostraron gran valentía al hacer frente a las dictaduras militares de los años setenta. Demostraron al mundo que las formas no violentas de resistencia requieren al menos tanta valentía y habilidad como las violentas, pero pueden ser más eficaces, y que una sociedad civil activa es un elemento indispensable para construir la democracia. Y siguen demostrando valentía en sus esfuerzos por lograr la reconciliación poniendo fin al legado de la impunidad.

De hecho, ésta es la única región del mundo en desarrollo en que la democracia es hoy casi universal. Ese logro, que inspira al mundo, debe preservarse. El éxito democratico de América Latina es importante para el mundo entero.

Por eso es muy preocupante que, según estudios recientes, esté flaqueando el apoyo a la democracia en la región.

¿A qué se debe? Creo que todos lo sabemos.

Los veinte años de esfuerzos por adaptar la economía de sus países al nuevo mercado mundial les han permitido combatir la inflación, aumentar y diversificar las exportaciones y atraer cantidades considerables de inversiones extranjeras directas. No obstante, en su mayor parte, esos esfuerzos no han traído aparejadas las mejoras en la vida de los pueblos que éstos esperaban.

En su conjunto, América Latina progresa, comparativamente, en sus esfuerzos por alcanzar varios objetivos de desarrollo del Milenio, como la reducción de las tasas de mortalidad maternoinfantil, el logro de un equilibrio entre los géneros en el sistema escolar y la enseñanza primaria para todos.

En general, ustedes han aumentado el gasto social y lo han orientado mejor. Al respecto, celebro en particular el imaginativo programa del Presidente Lula para alimentar a todos los que padecen hambre en el Brasil.

Ahora bien, los esfuerzos de los países de América Latina por alcanzar el objetivo primordial y más importante del Milenio, consistente en erradicar la pobreza extrema y el hambre, se han visto frustrados por toda la región por un círculo vicioso de decepcionante crecimiento económico y persistente desigualdad.

Mientras el 10% de los hogares disfruta de alrededor del 50% de los ingresos nacionales, los pobres han aumentado en cifras absolutas y como porcentaje de la población: el año pasado llegaron al 43%. Tamañas desigualdades ralentizan el crecimiento económico y privan a los pobres de la parte que les corresponde en el crecimiento, cuando lo hay.

En los dos últimos decenios las oportunidades de empleo han sido limitadas, especialmente para los pobres, que ahora se concentran excesivamente en un sector no regulado que es demasiado extenso. Incluso durante el período de crecimiento de 1990 a 1997, siete de cada diez nuevos puestos de trabajo se crearon en el sector no regulado, donde los pequeños empresarios y los empleados reciben un apoyo escaso o nulo por lo que respecta a capacitación, tecnología, crédito o protección de sus derechos de propiedad.

Las tierras siguen concentradas en manos de unos pocos, mientras que el resto de la población rural subsiste a duras penas. Muchos han abandonado el campo para ir a vivir a barrios superpoblados o favelas donde los servicios públicos son mínimos.

Algunos grupos sufren en grado desproporcionado. Se sigue marginando a las personas de ascendencia africana, al igual que a los pueblos indígenas, ya se trate de mayorías o de minorías. La selva pluvial, que los pueblos indígenas han preservado durante muchos siglos como uno de los pulmones por los que respira el mundo entero, sigue empequeñeciendo año tras año.

En casi todas las comunidades, se niega a las mujeres el pleno acceso al mercado laboral y al proceso de adopción de decisiones, con lo que se niega a la sociedad el pleno beneficio de sus talentos.

Y cuanto más pobre es la gente, más padece la violencia y el desorden generalizados y más explotada y oprimida se siente por aquellos cuyo poder y riqueza no puede compartir.

A pesar de los intensos esfuerzos que ustedes han desplegado para eliminar el cultivo de drogas ilícitas, la industria de las drogas sigue prosperando en desafío del Estado de derecho mediante redes paralelas que, en muchos Estados, controlan regiones y sectores económicos enteros. La región andina, en particular, se ve profundamente afectada.

Muy a menudo, al parecer, el pueblo piensa que algunos de ustedes, los dirigentes que han elegido, son indiferentes a su difícil situación.

Eso es malo de por sí, pero no necesito decirles que también amenaza su estabilidad. En país tras país, y últimamente aquí en Bolivia, ustedes han visto que las tensiones sociales agudas dan lugar a trastornos políticos.

Es admirable que ustedes hayan afrontado estas crisis mediante procedimientos constitucionales, sin recurrir al gobierno militar. Sus pueblos han demostrado una fe obstinada en la democracia, por imperfecta que ésta sea. Ahora bien, ¿pueden ustedes dar por sentada esa actitud indefinidamente si no logran resolver los graves problemas sociales que causan tanto descontento?

En vista de los pocos resultados obtenidos hasta la fecha, tal vez algunos caigan en la tentación de dar la espalda al mercado mundial, o incluso a la democracia pluralista. No obstante, hay pocos indicios en la historia reciente de que un país pueda obtener mejores resultados aislándose de la economía mundial o negando a su pueblo la libertad de elección en el ámbito político. De hecho, hay muchos indicios de lo contrario.

Entonces, ¿qué más pueden hacer ustedes? Carlos Fuentes escribió hace más de diez años, que "los Estados democráticos en la América Latina están desafiados a hacer algo que hasta ahora sólo se esperaba de las revoluciones: alcanzar el desarrollo económico junto con la democracia y la justicia social". Esto sigue siendo cierto hoy. El gasto público ha de encauzarse más decididamente en beneficio de los pobres. Es preciso poner fin a la corrupción y al abuso del poder.

Una estrategia de desarrollo digna de ese nombre no puede soslayar las desigualdades patentes entre los distintos grupos sociales, lo cual es aún más cierto cuando las diferencias socioeconómicas coinciden con las divisiones étnicas. Habría que prestar especial atención a las necesidades de quienes comparten la amarga experiencia de la marginación, ya se trate de minorías o mayorías, de ascendencia africana u origen indígena. Y es preciso abordar las desigualdades en cuanto a la propiedad de la tierra mediante reformas agrarias imaginativas. Algunos de ustedes ya han adoptado medidas en ese sentido.

Como la mayoría de sus países se clasifican entre los países de "ingresos medianos" y no entre los menos adelantados, los insto a que no se conformen con los objetivos de desarrollo del Milenio, sino que eleven la mira. ¿Acaso no deberían ustedes, para 2015, no sólo reducir a la mitad sino eliminar la pobreza extrema, reducir a la mitad cualquier otro tipo de pobreza y reducir significativamente la desigualdad en cuanto a la riqueza y los ingresos?

En el ámbito de la educación, la Cumbre de las Américas ya ha superado la escolarización universal a nivel primaria, estableciendo objetivos e indicadores también para la enseñanza secundaria. Celebro ese logro, pero los insto a ir más allá: tratar de lograr la escolarización universal a nivel secundario y el acceso de hombres y mujeres en pie de igualdad al empleo a todos los niveles, así como a posiciones de poder en los sectores público y privado.

Esta labor debería formar parte de las iniciativas más generales encaminadas a ampliar los derechos de los ciudadanos. La democracia no consiste sólo en celebrar elecciones. Afecta también a la ciudadanía democrática, que se basa en la ampliación de los derechos civiles, políticos, económicos y sociales.

Esos son algunos de los temas más importantes del temario alternativo elaborado por la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe -la CEPAL-, que aspira a subsanar las deficiencias del llamado Consenso de Washington. Y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo está realizando un estudio sobre el estado de la democracia en la región, estudio al que han contribuido muchos latinoamericanos eminentes y que será sin duda un agente catalizador de los esfuerzos por fortalecer las instituciones democráticas en la región.

Excelentísimos señores y señoras:

Sé que los países de ingresos medianos tienen problemas concretos, como una particular vulnerabilidad a la inestabilidad de las corrientes financieras, unos mecanismos internacionales inadecuados para atender la carga de la deuda, la necesidad de modernizar su tecnología y establecer la combinación adecuada de sus exportaciones para los mercados mundiales y la tensión social que surge cuando la globalización permite a algunos sectores o grupos desarrollarse con suma rapidez mientras otros se quedan estancados o se encuentran en la ruina de la noche a la mañana.

Necesitamos nuevas directrices para la cooperación internacional con esos países. Pediré al Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas que se ocupe del tema, en el contexto del proceso de financiación para el desarrollo, y espero que los Gobiernos de España y Portugal, entre otros, sean nuestros aliados.

De hecho, ustedes no deberían sentirse solos al encarar ninguno de estos problemas.

En esta comunidad iberoamericana ustedes ya están colaborando para darse unos a otros el beneficio de sus distintas experiencias y puntos fuertes, en asuntos económicos y sociales y en los ámbitos de los derechos humanos, la cultura y la tecnología.

También pueden ustedes colaborar con los demás Miembros de las Naciones Unidas para realizar el octavo objetivo de desarrollo del Milenio: una asociación mundial para el desarrollo. En realidad ya lo han hecho, en la Conferencia de Monterrey celebrada en México el año pasado, que dio lugar a nuevos compromisos de financiación para el desarrollo, y lo volverán a hacer cuando vuelvan a México el mes que viene para firmar en Mérida la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, uno de los principales obstáculos del desarrollo.

También pueden colaborar para hacer valer los intereses del mundo en desarrollo en el sistema de comercio mundial, como lo hicieron en Cancún en septiembre. Fue frustrante que la ronda de Doha perdiera su impulso allí, pero podemos volver a ponerla en marcha si el mundo en desarrollo combina unidad con flexibilidad y el mundo desarrollado responde en consecuencia. De hecho, es nuestra obligación, para poner fin al escándalo del acceso desigual y la competencia desleal en el comercio de productos agrícolas, que niega a sus economías sus mayores posibilidades de crecer.

Hay muchas otras formas en que ustedes pueden mejorar sus perspectivas colaborando con la comunidad internacional, particularmente las Naciones Unidas, y por su intermedio. Me refiero en particular, a sus esfuerzos por reducir la carga de la deuda y aumentar el apoyo que prestan las instituciones financieras internacionales. Me refiero también a sus gestiones para persuadir al mundo desarrollado a aceptar la parte de responsabilidad que le corresponde por el flagelo de las drogas ilícitas y actuar para reducir la demanda y la oferta, dando a los trabajadores agrícolas una verdadera oportunidad de cultivar y exportar otros cultivos.

Durante mis viajes en la región andina he cobrado aún mayor conciencia de la intensidad de sus debates sobre la necesidad de nuevas formas de cooperación internacional para ayudar a la región. Esos debates son importantes y están generando nuevas ideas. Estoy dispuesto a ayudarles en su empeño por formular iniciativas concretas que permitan a la comunidad internacional ayudar a atender las necesidades especiales de la región andina.

También cuento con esta región, de arraigadas tradiciones de multilateralidad, para que haga una contribución vital al gran debate mundial sobre la paz y la seguridad, que acaba de comenzar.

Con el Tratado de Tlatelolco ustedes demostraron al mundo que las armas de destrucción en masa podían eliminarse mediante acuerdos multilaterales.

A lo largo de este difícil año, soportando presiones agudas y a menudo contradictorias, México, Chile y España se han hecho cargo de grandes responsabilidades como miembros del Consejo de Seguridad.

Varios de ustedes ya han hecho intervenciones importantes en la Asamblea General.

Estoy convencido de que todos ustedes comparten mi opinión de que es preciso afrontar las nuevas amenazas no mediante la prevención unilateral, sino con una respuesta colectiva, y me complace que dos distinguidos latinoamericanos hayan aceptado formar parte del Grupo de Alto Nivel que anuncié la semana pasada.

El Grupo estudiará las amenazas a la paz y la seguridad internacionales que se nos plantean, definirá los elementos de una respuesta colectiva y recomendará formas en que nuestras normas y mecanismos internacionales, entre ellos los órganos principales de las propias Naciones Unidas, quizás deban adaptarse para dar esa respuesta. He pedido al Grupo que presente un informe a tiempo para que yo pueda presentar recomendaciones a la Asamblea General en su próximo período de sesiones.

Excelentísimos señores y señoras, damas y caballeros:

Me honra estar hoy con ustedes. Esta comunidad iberoamericana es un ejemplo maravilloso de responsabilidad y apoyo mutuos entre países que se encuentran a distintos niveles de desarrollo y tienen diferentes estilos de gobierno, así como distintas perspectivas sobre los asuntos mundiales.

Todo el mundo saldrá beneficiado si los pueblos de América Latina y sus primos ibéricos pueden cooperar aún más estrechamente y participar con una voz aún más fuerte en la búsqueda de soluciones a los problemas de todos nosotros.

¡Muchas gracias!

Muito obrigado!

Thank you very much.