Discurso del Secretario General en la Organización Panamericana de la Salud (OPS)
Washington, D.C., 2 de diciembre de 2002

Sir George [Dr. Alleyne, Director de la OPS]:

Ante todo, quiero agradecerle sus amables palabras y este cálido recibimiento. Es un honor para mí estar hoy aquí con ustedes, en presencia de tan admirable conjunto de verdaderos héroes de la salud pública. También quiero darle las gracias por haberme invitado a participar en esta reunión tan especial.

Asimismo, deseo expresarle mi reconocimiento por su excelente desempeño como Director de la OPS desde 1995. El legado que Ud. deja a su sucesor será una sólida base para la labor que la Organización desarrolle en el futuro.

No me cabe duda de que la Sra. Mirta Rosen, la primera mujer que ocupará el cargo de Director de la OPS y que, como Directora Adjunta, conoce muy a fondo la misión de la Organización, se asegurará de que la OPS siga cumpliendo eficazmente su cometido y, que, al mismo tiempo, la orientará con provecho por nuevos caminos. Sra. Rosen, le deseamos sinceramente, el mayor de los éxitos.

Señoras y Señores:

A veces hablamos de la globalización como si se tratara de un fenómeno nuevo, o como si la interdependencia hubiera comenzado con la Internet. Pero ya en los últimos años del siglo XIX, un grupo de científicos, médicos y funcionarios de salud pública era plenamente consciente de que las enfermedades no tienen fronteras. Aunque no sabían con exactitud cómo se transmiten las enfermedades, estaban convencidos de que éstas eran un peligro capaz de propagarse en todas direcciones y causar estragos que podían entorpecer el desarrollo y anular las mejoras de los niveles de vida logradas al cabo de tantos esfuerzos. Esa convicción y esa visión, ese reconocimiento de que este peligro constituía un gran desafío para todo el hemisferio, en buena medida desprevenido, condujo a la creación de esta noble y distinguida institución cuyo centenario celebramos hoy.

Ciertamente, la Organización Panamericana de la Salud tiene mucho que celebrar.

En los últimos cien años, la esperanza de vida en la región de las Américas ha aumentado de 50 a 72 años. En una región en que antes los niños morían a causa de enfermedades evitables, muchos más sobreviven hoy día gracias a la inmunización y al mejoramiento de las condiciones de vida y de la atención médica. En una región en que antes era inmenso el riesgo de que las madres murieran durante el parto, prácticamente todos los países cuentan con programas para reducir los riesgos vinculados con la maternidad.

En toda la región de las Américas, éstos y otros adelantos han aliviado el sufrimiento y estimulado el crecimiento económico; han permitido fortalecer las sociedades y contribuido a que la región se modernice y participe en el mercado mundial. El espíritu de equipo que ha caracterizado a la OPS y a las instituciones que colaboran con ella se ha convertido en una fuerza unificadora y democratizante que ha impulsado el adelanto de la mujer y de las comunidades y que, a través de redes de conocimientos y de la ayuda mutua, ha logrado que los países estrechen los vínculos entre sí. Donde antes reinaba el fatalismo, hoy día relumbra, más que nunca, la esperanza. Este es un historial del que la OPS puede y debe enorgullecerse.

Sin embargo, como saben perfectamente los aquí presentes, en un mundo que se precia de esas riquezas materiales el problema de la mala salud sigue existiendo a un nivel intolerable.

Las Américas siguen soportando una enorme carga de gravísimos problemas de salud. Si se excluye a África, la región del Caribe tiene una de las tasas de VIH más altas del mundo. La violencia, en particular contra las mujeres y los niños, sigue siendo una de las principales causas de problemas físicos y traumas psicológicos.

Lo mismo se puede decir del mundo en general. Una cuarta parte de todos los niños siguen desprotegidos contra seis de las principales enfermedades mortales. La epidemia del SIDA está diezmando los recursos humanos más valiosos y productivos de los países; éstos, a su vez, ven debilitada su capacidad de hacer frente a otras catástrofes, como el hambre. Las enfermedades que no causan la muerte pero sí discapacidad se cobran numerosas víctimas. La mala salud engendra pobreza y la perpetúa, lo cual socava la eficacia de los sistemas de salud. Y no acaban aquí los problemas: el mundo debe combatir nuevas enfermedades, como el SIDA; enfermedades que han reaparecido, como la tuberculosis y el paludismo, pero que ahora son resistentes a los medicamentos, y problemas ya conocidos que afectan a nuevos centros de población.

Menos del 10% del gasto mundial en investigaciones en la esfera de la salud se destina a problemas que afectan al 90% de la población mundial. No olvidemos las enfermedades mentales, cuyas víctimas deben luchar constantemente contra el prejuicio y la indiferencia, sobre todo en los países pobres. Recordemos también los problemas de salud vinculados con "el estilo de vida", que afligen sobre todo a los países de ingresos medianos y altos: la obesidad, la hipertensión y el colesterol elevado, el tabaco y el consumo excesivo de alcohol.

Señoras y Señores:

Así como la paz es mucho más que la ausencia de la guerra, la salud no es sólo la ausencia de enfermedades o dolencias. Nuestra meta debe ser un mundo en que la buena salud sea uno de los pilares del bienestar personal, el progreso nacional y la estabilidad y la paz internacionales.

Reconozco que éste es un gran desafío. Afortunadamente, el mundo se ha comprometido a hacerle frente. La Declaración del Milenio, aprobada hace dos años en la Cumbre del Milenio, no es tan sólo un acuerdo más concertado entre los Estados Miembros. Refleja un consenso político sin precedentes sobre el estado del mundo actual y un orden de prioridades para el futuro. En esa declaración se fijan objetivos concretos y medibles para el progreso de la humanidad, y también plazos para cumplirlos. Lo más importante es que esos objetivos, los objetivos de desarrollo del Milenio, son alcanzables.

Los objetivos relacionados con la salud, a saber, la reducción de la mortalidad infantil, el mejoramiento de la salud materna y la lucha contra el SIDA y otras enfermedades epidémicas, son un fin en sí mismos. Pero también están vinculados a los demás objetivos. Por ejemplo, no se podrá reducir la mortalidad infantil si no se elimina también el hambre, si no se proporciona agua potable y si no se facilita el acceso a la educación. En algunos casos, los objetivos de salud son un medio para alcanzar los demás, como la sostenibilidad del medio ambiente. La salud humana depende, en efecto, de la agricultura sostenible; pero la agricultura, a su vez, requiere una fuerza de trabajo con buena salud.

Es más, la salud, junto con el abastecimiento de agua y el saneamiento, la energía, la agricultura y la biodiversidad, fue uno de los cinco temas prioritarios de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, es decir, las llamadas esferas de acción de la Iniciativa WEHAV. Los dirigentes que se congregaron en Johannesburgo decidieron examinar los múltiples vínculos que existen entre la salud y el medio ambiente, en particular la contaminación del aire en ambientes cerrados, las enfermedades transmitidas por el agua y la urbanización descontrolada. Incluso unos meses antes, los dirigentes que se habían reunido en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo se comprometieron a aumentar la asistencia para el desarrollo y a tomar otras medidas para alcanzar otro objetivo del desarrollo del Milenio: el de crear una asociación mundial para el desarrollo.

No obstante, la lista de compromisos sin cumplir ya es larga, pese a que se sabe que las inversiones en el sector de la salud son un requisito importante del desarrollo económico. Incluso algo que parece de poca importancia, como el hecho de lavarse las manos o de usar mosquiteros rociados con insecticidas, puede salvar vidas y mejorar la salud. Estas medidas son particularmente beneficiosas para los pobres, que dependen en gran medida de su trabajo para subsistir.

Sin embargo, ni los análisis de costobeneficio ni las tecnologías de probada eficiencia ni las investigaciones más prometedoras pueden garantizar por sí solos el logro de resultados. En muchos casos, es preciso superar obstáculos políticos, financieros y de otra índole.

Para ello necesitaremos líderes. Creo que no revelo ningún secreto si les digo que cuando llamé al nuevo Presidente del Brasil para felicitarlo por su elección, "Lula" me dijo que su principal interés era la lucha contra las enfermedades, el analfabetismo, el hambre y la pobreza. Como ha ocurrido con el SIDA, no hay nada mejor para sensibilizar al público y movilizar los mecanismos gubernamentales que un dirigente dedicado a su misión que dé a conocer sus opiniones con franqueza.

Necesitaremos los mejores adelantos de la ciencia, y, sobre todo, inversiones en investigación y desarrollo que beneficien a los pobres. Menos del 1% de los presupuestos mundiales para actividades de investigación se destinan a enfermedades como la neumonía, la diarrea, la tuberculosis y el paludismo, que son fuente de gran preocupación en los países en desarrollo.

Necesitaremos más colaboradores. La Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización es un excelente ejemplo de la contribución que puede hacer el sector privado. El Consejo de Fomento Empresarial del MERCOSUR y los consejos nacionales de la lucha contra el SIDA han ayudado a acelerar las actividades para combatir la enfermedad. También la sociedad civil se ha movilizado para luchar contra el SIDA y otros problemas. Necesitamos muchas más iniciativas de esta índole.

Necesitaremos redoblar los esfuerzos, particularmente en conjunción con las empresas farmacéuticas, para ampliar el acceso a los medicamentos a un costo razonable. Como declararon los propios ministros de comercio el año pasado en Doha, las normas sobre la propiedad intelectual no deben trabar los esfuerzos de los países en desarrollo por resolver sus problemas de salud pública.

Tendremos que aguzar el ingenio. La InterRedSalud: Iniciativa de Acceso a la Investigación (HINARI) utiliza la tecnología moderna para reducir la brecha en materia de información sobre las ciencias de la salud. A instancias de la Organización Mundial de la Salud, unos 30 editores de publicaciones científicas actualmente ponen al alcance de miles de instituciones, sin cargo alguno o con importantes descuentos, unas 3.000 revistas especializadas. Por primera vez, un cirujano en Kampala o Dacca puede leer en la Internet artículos sobre las técnicas más avanzadas que existen en su campo de especialización. Las instituciones de investigación del Perú o de Zambia pueden consultar los estudios más recientes sobre los temas de que se ocupan. La FAO está considerando la posibilidad de utilizar la misma red para ampliar la difusión de las revistas especializadas sobre agricultura. El resultado es un adelanto importantísimo en lo que respecta al acceso a los conocimientos científicos.

Por último, necesitaremos fondos. Ni los gobiernos que han adoptado políticas bien fundadas y están haciendo todo lo que deben reciben toda la ayuda que necesitan. Si siguen las tendencias actuales, será difícil alcanzar para el año 2005 el objetivo de destinar a la lucha contra el VIH/SIDA la suma de 10.000 millones de dólares por año.

Queridos amigos:

Los próximos años tendrán importancia crítica para la región de las Américas. Habrá que continuar la expansión de los servicios sociales y de salud iniciada hace un siglo; consolidar la transformación democrática de los últimos veinte años y hacer frente a las crisis económicas y financieras de la actualidad. La arraigada tradición de colaboración en las Américas, de las que la OPS es un ejemplo singular, tendrá que afianzarse aún más.

En bien de los niños de los barrios y las favelas, de los hombres y mujeres que, agobiados por el cansancio y las preocupaciones, hacen malabarismos para mantener a sus familias y de los pueblos indígenas que subsisten en los rincones más distantes del hemisferio, en bien de todos ellos y de muchos millones más de seres humanos, la OPS y las Naciones Unidas han aunado sus esfuerzos en una misión urgente en pro de la salud y el bienestar de todos. Desde el Cabo de Hornos hasta el círculo polar ártico y en el resto del mundo, redoblemos nuestra cooperación para que la salud de los pueblos pueda convertirse en la riqueza de las naciones

Mis felicitaciones a la OPS en este hito de su historia.

Muchas gracias.