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Mensaje del Secretario General en ocasión del 19° aniversario del genocidio de Rwanda

7 de abril de 2013

Con motivo del 19° aniversario del genocidio de Rwanda, recordamos a las más de 800.000 personas inocentes que perdieron la vida; rendimos homenaje a los supervivientes cuya capacidad de recuperación sigue siendo motivo de inspiración; y elogiamos a quienes, demasiado pocos, trágicamente, acudieron en defensa de otros seres humanos.

De las cenizas del genocidio, Rwanda ha forjado un nuevo camino, avanzando hacia una sociedad más pacífica y justa. Aliento a la población y al Gobierno de Rwanda a que sigan fomentando el espíritu y el diálogo inclusivos necesarios para que cicatricen las heridas y para la reconciliación y la reconstrucción.

Las Naciones Unidas trabajan todos los días teniendo presentes las lecciones extraídas de Rwanda a fin de prevenir cualquier repetición de tal horror. Mi Asesor Especial para la Prevención del Genocidio supervisa la situación en el mundo en busca de indicios de posibles problemas. La «responsabilidad de proteger» se ha consolidado como un nuevo principio global. Estamos fortaleciendo nuestra capacidad para la mediación, la determinación de hechos, la diplomacia preventiva y el arreglo pacífico de controversias. Y estamos centrando nuestra atención en los procedimientos especiales y otros mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas, que desempeñan una importante función de alerta temprana.

También hemos logrado enormes avances contra la impunidad. Los presuntos genocidas y otros posibles delincuentes de todo el mundo saben ahora que tendrán que rendir cuentas ante la Corte Penal Internacional, otros tribunales internacionales o tribunales nacionales. El Tribunal Penal Internacional para Rwanda sigue impartiendo justicia, con la cooperación de Rwanda y otros Estados. La justicia penal internacional es prueba de nuestra determinación colectiva de hacer frente a los crímenes más atroces. La nueva era de la rendición de cuentas es real.

La prevención del genocidio es una responsabilidad compartida. Los Estados deben cumplir las obligaciones contraídas en virtud del derecho internacional a fin de prevenir los abusos y proteger a sus poblaciones. Colectivamente, debemos ir más allá de las palabras y proteger eficazmente a las poblaciones en situación de riesgo. E individualmente, debemos infundir el valor de preocuparnos por los demás y la determinación de actuar. Solamente superando esos desafíos podemos estar a la altura de la determinación de los supervivientes y honrar verdaderamente la memoria de quienes murieron en Rwanda hace 19 años.