ONU Bienvenidos a las Naciones Unidas. Son su mundo.

NUNCA MÁS

«Nunca más»: Prevenir el genocidio y castigar a los culpables

«La prevención del genocidio es una responsabilidad individual y colectiva. Todos tenemos una función que cumplir: los gobiernos, los medios de información, las organizaciones de la sociedad civil, los grupos religiosos y todos y cada uno de nosotros. Establezcamos una alianza mundial contra el genocidio. Protejamos a las poblaciones del genocidio cuando su propio Gobierno no pueda o no lo haga.»

Secretario General Ban Ki-moon con ocasión del décimo tercer aniversario del genocidio de Rwanda

Antecedentes

La necesidad de prevenir el genocidio y castigar a los culpables se situó en primer plano de la atención de la comunidad internacional al término de la segunda guerra mundial, en la que unos 12 millones de personas fueron sistemáticamente exterminadas por el régimen nazi debido a su origen étnico, a su sexualidad o por otras características.

Desde entonces, los Estados Miembros de las Naciones Unidas han aprobado tratados internacionales destinados a contribuir a su prevención, entre ellos la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, de 1948 (conocida como «Convención sobre el Genocidio»), [cuatro trataos conocidos como «Convenios de Ginebra», aprobados en 1949, y dos Protocolos, en que se estipula la ilegalidad de otros tipos de acciones con arreglo al derecho internacional.

En virtud de la Convención sobre el Genocidio de 1948 todos los Estados están en la obligación de prevenir y sancionar los actos de genocidio, ya sea cometido en tiempo de paz o e tiempo de guerra. El genocidio es un intento de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal, mediante:

En la Convención sobre el Genocidio se impone la responsabilidad penal individual por:

Dado que la Convención sobre el Genocidio tiene la condición de derecho internacional consuetudinario es obligatoria para todos los Estados. Los cuatro Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales de 1977 tienen como finalidad la protección de las personas que no participan en las hostilidades (civiles, trabajadores humanitarios, etc.) y que no están en condiciones de combatir (por ejemplo, soldados heridos y prisioneros de guerra). Cada uno de los cuatro Convenios de Ginebra impone a las Partes contratantes la obligación de prevenir o sancionar lo que se consideran «infracciones graves» de ese Convenio. Según lo dispuesto en los convenios, se entiende por «infracciones graves»:

La obligación de los Estados de prevenir o sancionar las «infracciones graves» demanda del Estado la promulgación de leyes para hacer efectivas las sanciones penales para personas que cometan u ordenen la comisión de infracciones graves; y la búsqueda de los presuntos perpetradores y su enjuiciamiento ante los tribunales o, de otro modo, su entrega a otro Estado que sea Parte Contratante. Además, en el Protocolo Adicional I se establece que los Estados Partes se presten asistencia mutua en las diligencias penales interpuestas respecto de «infracciones graves», lo que incluye la cooperación en cuestiones relacionadas con la extradición. Dado que el régimen de «infracciones graves» de los Convenios de Ginebra se reconocen como derecho internacional consuetudinario, la obligación de prevenir o sancionar se aplica a todos los Estados.

Conocer el genocidio

El genocidio no es algo que ocurra de la noche a la mañana ni sin previo aviso. Los que estudian el genocidio han aprendido que el genocidio es, en la práctica, una estrategia deliberada que han puesto en práctica fundamentalmente los gobiernos o los grupos que controlan el aparato estatal. El propio Estado que tiene la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos se convierte en su exterminador y las posibles víctimas sólo pueden recurrir a otros para buscar protección. Los efectos del genocidio se hacen sentir más allá de las fronteras del país afectado, ya que redunda negativamente en la seguridad y la protección de las poblaciones de países vecinos. Las consecuencias para las futuras generaciones son, en verdad, enormes.

En el caso de Rwanda, la minoría étnica tutsi que vivía en el exilio en países vecinos trató e regresar a Rwanda en los años ochenta, pero se les impidió hacerlo. Algunos se incorporaron en el Frente Patriótico de Rwanda, ejército rebelde fundamentalmente tutsi que invadió Rwanda en 1990, para hacer valer el derecho de los exiliados a regresar. Los tutsis que vivían en Rwanda fueron encarcelados y hostigados como cómplices de la invasión. La radio y los medios de prensa extremistas afirmaban que todos los tutsis apoyaban a la fuerza invasora. En agosto de 1993 se firmó un acuerdo de paz en Arusha (Tanzanía), entre el Frente Patriótico de Rwanda y el Gobierno de Rwanda, destinado a poner fin a la guerra civil. Se envió la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas a Rwanda (UNAMIR) para que supervisara la aplicación de los acuerdos. Sin embargo, en los acuerdos se había pasado por alto la creciente amenaza que representaba el extremismo hutu en el ejército, los medios de comunicación y algunos sectores del gobierno.

El 11 de enero de 1994, el Comandante de la UNAMIR, teniente general Romeo Dallaire, alertó a la Sede de las Naciones Unidas de que las milicias extremistas estaban preparando asesinatos en masa y estaba acumulando armas para cometerlos. Dallaire planteó su intención de confiscar las armas, pero se le negó el permiso porque se consideró que esa medida no correspondía al mandato de la fuerza. El 6 de abril, tras el derribo del avión que transportaba al Presidente Habyarimana, se desencadenó el genocidio. Al cabo de algunas horas, soldados de la guardia presidencial se volvieron contra los dirigentes moderados hutu, entre ellos el Primer Ministro. Los militares instalaron un gobierno extremista hutu y a partir de ese momento, la población tutsi se convirtió en blanco de la matanza.

No hubo sorpresas.

Actualmente, los efectos del genocidio en Rwanda se siguen haciendo sentir de muchas maneras diferentes tanto dentro del país como en los Estados vecinos, incluso en las regiones orientales de la República Democrática del Congo, donde amplias zonas de la provincia de Kivu Sur siguen bajo el control de la milicia hutu de Rwanda y de sus aliados locales. Junto con otros combatientes de la guerra del Congo, siguen cometiendo graves violaciones de los derechos humanos, entre ellas secuestros, matanzas y violaciones. La violencia sexual, en particular contra mujeres y niños, está generalizada.

Reconocer el genocidio

Conocer la manera en que ocurre el genocidio y aprender a reconocer los indicios que podrían, en el entorno adecuado, llevar al genocidio es importante para cerciorarse de que esos horrores no vuelvan a ocurrir. Iqbal Riza, ex Jefe de Gabinete de las Naciones Unidas, reconoció que, «No dimos a la información [la alerta sobre el inminente genocidio en Rwanda] la importancia y la interpretación correcta que merecía. Lo vimos solo mirando en retrospectiva».

Los expertos están de acuerdo en que el genocidio es un delito arraigado en la intolerancia de un grupo (étnico, racial, religioso o de otro tipo). En ocasiones, en las sociedades multiétnicas y multiculturales, diferentes grupos aprenden a trabajar juntos en condiciones pacíficas. Establecen mecanismos democráticos para compartir la riqueza y el poder, resolver diferencias por medios pacíficos y prevenir la violencia.

Sin embargo, en tiempos de incertidumbre política y económica, la confianza entre las comunidades comienza a debilitarse, las relaciones se resquebrajan. Las personas pueden llenarse de temores y prejuicios. Cuando esos temores y prejuicios son reforzados y manipulados por los gobiernos con fines políticos, un grupo puede volverse contra otro, formado por personas que apenas el día antes eran amigos y vecinos.

Aun entonces, una hostilidad de ese tipo pocas veces lleva al genocidio. Tienen que confluir algunos otros factores para que exista la probabilidad de genocidio.

El Asesor Especial de las Naciones Unidas sobre la Prevención del Genocidio, en colaboración con otros expertos en genocidio, confeccionó una lista de indicios alarmantes que podrían indicar que una comunidad está en peligro de genocidio o de atrocidades análogas, como son:

Prevenir el genocidio

El 7 de abril de 2004, décimo aniversario del genocidio de Rwanda, el ex Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, expuso un plan de cinco puntos para la prevención del genocidio: