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Prevención del genocidio

«Hemos aprendido lecciones muy importantes. Sabemos mejor que nunca que el genocidio no es un hecho aislado. La prevención del genocidio es una obligación colectiva. Sigamos trabajando juntos para asegurarnos de que en el futuro esté libre para siempre del genocidio. Esta sería la manera más adecuada de recordar a los que perecieron en Rwanda hace 18 años y de honrar la resiliencia de los sobrevivientes.»

– Secretario General Ban Ki-moon durante el lanzamiento en Nueva York de Kwibuka20, en el 20º aniversario del genocidio en Rwanda

Entender el genocidio

La necesidad de prevenir el genocidio y castigar a los responsables ha sido una preocupación de la comunidad internacional desde finales de la segunda guerra mundial, durante la cual más de 6 millones de personas fueron asesinadas sistemáticamente por el régimen nazi debido a su origen étnico, su sexualidad u otras características.

¿Qué es genocidio?

La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948(conocida como «Convención sobre el genocidio») establece que por genocidio se entenderá cualquiera de los actos que se enumeran a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:

La Convención confirma que el genocidio, ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra, es un delito de derecho internacional que las Partes se comprometen «a prevenir y a sancionar». La responsabilidad primordial de prevenir y detener el genocidio corresponde al Estado en el que ese delito se esté cometiendo.

El caso de Rwanda

En 1994, en presencia de toda la comunidad internacional, más de 800.000 rwandeses, fundamentalmente de la etnia tutsi, murieron masacrados por las milicias y las fuerzas gubernamentales hutu durante un período de apenas 100 días. Las matanzas comenzaron el día después de que un avión que transportaba a los presidentes de Rwanda y Burundi fue derribado mientras se disponía a aterrizar en Kigali, la capital de Rwanda. Los presidentes regresaban de las conversaciones de paz destinadas a apuntalar un precario acuerdo de paz y a poner fin al conflicto entre el gobierno predominantemente de la etnia hutu y el ejército rebelde mayormente tutsi.

El accidente avivó nuevamente la guerra. Las fuerzas gubernamentales en retirada se sumaron a las milicias étnicas hutu para incitar a los civiles a que mataran a los miembros de la etnia tutsi. Alegaban que los civiles estaban ayudando a los rebeldes tutsi y utilizaban este pretexto para justificar la matanza de personas inocentes. No se autorizó la intervención de una pequeña fuerza de mantenimiento de la paz que había sido enviada por las Naciones Unidas. Se alertó de que el genocidio estaba a las puertas pero no se adoptó medida alguna.

Hoy día, los efectos del genocidio en Rwanda se hacen sentir aún de muchas maneras diferentes tanto dentro del país como en los Estados vecinos, incluidas las regiones orientales de la República Democrática del Congo, donde vastas zonas de la provincia de Kivu meridional siguen bajo el control de las milicias hutu de Rwanda y sus aliados locales. Junto con otros combatientes de la guerra del Congo, siguen cometiendo graves violaciones de los derechos humanos, que incluyen secuestros, matanzas y violación. La violencia sexual, en particular contra las mujeres y los niños, se ha generalizado.

Prevención del genocidio

El genocidio no es algo que ocurre de la noche a la mañana o sin previo aviso. El genocidio requiere organización y constituye de hecho una estrategia deliberada que ha sido llevada a cabo fundamentalmente por gobiernos o grupos que controlan el aparato estatal. Conocer la manera en que el genocidio se produce y aprender a reconocer los indicios que podrían conducir al genocidio tiene importancia para asegurarse de que esos horrores no vuelvan a ocurrir.

El 7 de abril de 2004, décimo aniversario del genocidio en Rwanda, el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, expuso un plan de acción de cinco puntos para prevenir el genocidio:

  1. Evitar el conflicto armado, que suele ser el contexto del genocidio;
  2. Proteger a los civiles en un conflicto armado, incluso por medio del personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas;
  3. Poner fin a la impunidad mediante la acción judicial en los tribunales nacionales e internacionales;
  4. Reunir información y establecer un sistema de alerta anticipada; y
  5. Adoptar medidas rápidas y decisivas, que incluyan la acción militar.

1. Prevenir el conflicto armado

Debido a que el genocidio tiene más probabilidades de ocurrir durante una guerra, una de las mejores manera de reducir las posibilidades de genocidio es abordar las causas fundamentales de la violencia y el conflicto: odio, intolerancia, racismo, discriminación, tiranía y el discurso político deshumanizante que niega a grupos enteros de la población su dignidad y sus derechos. Buscar solución a la desigualdad de acceso a los recursos constituye una estrategia de prevención decisiva. La primera responsabilidad por la prevención de los conflictos corresponde a los gobiernos nacionales. Las Naciones Unidas apoyan los esfuerzos nacionales, que incluyen las actividades políticas, diplomáticas, humanitarias, de derechos humanos e institucionales. El desarrollo económico y social y la mitigación de la pobreza aportan también una contribución sustancial a la prevención del conflicto.

2. Proteger a los civiles, incluso por medio del personal de mantenimiento de la paz

Cuando los esfuerzos para prevenir el conflicto fracasan, una de las prioridades máximas debe ser proteger a los civiles. Siempre que los civiles constituyen un objetivo deliberado porque pertenecen a una comunidad determinada, existe el riesgo de genocidio. Durante el último decenio, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha ampliado con frecuencia el mandato del personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas para que puedan proteger físicamente a los civiles que están amenazados de violencia. En la actualidad, las misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas ayudan de ordinario a las autoridades nacionales a establecer acuerdos eficaces para investigar y perseguir violaciones graves del derecho; desarmar y desmovilizar a los combatientes y ayudar a reintegrarlos en la comunidad; hacer cumplir las medidas especiales para proteger a las mujeres y las niñas de la violencia sexual; e informar sobre cualquier medio de difusión esté incitando a la población al genocidio, a cometer crímenes de lesa humanidad u otras violaciones del derecho internacional humanitario.

3. Poner fin a la impunidad mediante la acción judicial

Para disuadir a las personas de cometer crímenes de genocidio, los responsables de esos crímenes tienes que ser llevados ante la justicia. La lucha contra la impunidad y el establecimiento de expectativas verosímiles de que los perpetradores del genocidio y otros delitos de esa índole responderán ante la justicia puede contribuir con eficacia a la cultura de la prevención.

En la actualidad, si un Estado no está dispuesto o es incapaz de ejercer su jurisdicción sobre los presuntos perpetradores del genocidio, el Tribunal Penal Internacional Disponible en inglés tiene facultades, dentro del marco de su estatuto, para investigar y enjuiciar a los más responsables. El Tribunal Penal Internacional es un tribunal permanente, separado de las Naciones Unidas, con sede en La Haya (Países Bajos), para juzgar a personas por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Fue establecido el 1 de julio de 2002, fecha en que el Estatuto de Roma, el tratado por el que se fundó entró en vigor. Hasta la fecha, el Tribunal Penal Internacional ha conocido de 21 casos relacionados con 8 países. En marzo de 2012, el Tribunal pronunció el primer veredicto de su historia al dictar sentencia sobre crímenes de guerra contra Thomas Lubanga Dyilo, jefe de milicia acusado de participar en el reclutamiento de niños soldados en la República Democrática del Congo.

Antes de que se estableciera el Tribunal Penal Internacional, se crearon tribunales especiales encargados de enjuiciar a los responsables de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en la ex Yugoslavia y Rwanda:

Tanto el ICTY como el ICTR esperan terminar sus trabajos a finales de 2014. A continuación, el Mecanismo de la ONU para de los Tribunales Penales Internacionales (MITPI), establecido por el Consejo de Seguridad en diciembre de 2010, tomará el relevo y finalizará la tarea del ICTR.

Además, en 2003 se estableció un tribunal especial para enjuiciar a los acusados de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad durante el régimen Khmer Rojo en Camboya entre 1975 y 1979. Las Salas extraordinarias de los tribunales de Camboya — establecidas como resultado de un acuerdo entre las Naciones Unidas y el Gobierno de Camboya, en febrero de 2012 condenaron a Kaing Guek Eav, de sobrenombre Duch, antiguo jefe de un campamento de detención de mala reputación, a cadena perpetua, la condena máxima prevista en las leyes camboyanas por crímenes de lesa humanidad y graves violaciones de los convenios de Ginebra de 1949. Las salas extraordinarias de los tribunales de Camboya hasta la fecha han detenido y encausado a otros cuatro ex funcionarios públicos.

El Tribunal Especial para Sierra Leona y el Tribunal Especial para el Líbano –mecanismos judiciales basados en acuerdos entre la ONU y los gobiernos de Sierra Leona y el Líbano- no tienen jurisdicción en los casos de genocidio.

4. Establecer sistemas de alerta anticipada

Las tragedias de Rwanda y los Balcanes en los años noventa demostraron, de la peor manera posible, que la comunidad internacional tenían que hacer más para impedir el genocidio. Con esto en mente, el Secretario General nombré en 2004 a Juan Méndez, Asesor Especial sobre la Prevención del Genocidio, al que sucedieron Francis Deng en 2007 y Adama Dieng en 2012.

Los asesores especiales, reúnen información sobre situaciones en las que puede existir riesgo de genocidio, crímenes de guerra, depuración étnica y crímenes de lesa humanidad. Debido al carácter delicado de este mandato, gran parte de su labor queda fuera de la vista pública. Sin embargo, cuando los asesores especiales determinan que dar a conocer sus preocupaciones a la opinión pública reducirá el riesgo de genocidio y de delitos de esa índole en una situación específica o promoverá la causa de la paz y la estabilidad, hacen públicas sus declaraciones como en el caso de Siria y Myanmar. Los asesores especiales tienen también la responsabilidad de señalar a la atención del Secretario General y, por su conducto, al Consejo de Seguridad determinadas situaciones y de formular recomendaciones sobre medidas para prevenir o poner fin al genocidio.

5. Adoptar medidas rápidas, incluido el uso de la fuerza militar

De conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, corresponde al Consejo de Seguridad decidir cuándo, dónde y cómo intervenir militarmente en situaciones internas para prevenir o responder al genocidio u otras atrocidades masivas.

En septiembre de 2005, en la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas, todos los países acordaron oficialmente que, cuando los métodos pacíficos fuesen insuficientes y cuando «fuese evidente» que las autoridades nacionales no protegían a su población de los cuatro crímenes que constituían atrocidades masivas, los Estados deberían adoptar medidas colectivas «de manera oportuna y decisiva» por medio del Consejo de Seguridad y de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.

Para más información, visite: www.un.org/es/preventgenocide/adviser/genocide_prevention.


Publicado por el Departamento de Información Pública. Marzo 2014.