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Operaciones de paz de las Naciones Unidas, Resumen del año 2010

MONUC se convierte en MONUSCO: distinto nombre, mismos retos

Desfile conmemorativo de los 50 años de independencia de la República Democrática del Congo en la Place du Cinquantenaire, en Kinshasa. 30 de junio de 2010. (Foto ONU/Evan Schneider)

Desfile conmemorativo de los 50 años de independencia de la República Democrática del Congo en la Place du Cinquantenaire, en Kinshasa. 30 de junio de 2010. (Foto ONU/Evan Schneider)

En el año 2010 tuvo lugar el 50º aniversario de la independencia de la República Democrática del Congo. Fue el día 30 de junio, precisamente la fecha en que expiraba el mandato de la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUC). Este momento histórico fue la ocasión idónea para que el gobierno del país y la comunidad internacional evaluasen los progresos realizados en esta nación africana y trazaran una nueva ruta para el futuro.

Aunque quedaban motivos para la preocupación (como la lucha en la zona oriental de la República Democrática del Congo y las sistemáticas violaciones de los derechos humanos), la mayor parte del país estaba libre de conflictos, en paz con sus vecinos y participando de forma activa en las instituciones regionales.

El Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Alain Le Roy, visitó en marzo la República Democrática del Congo con una misión de evaluación técnica del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz. Más tarde, en mayo, el Consejo de Seguridad envió al país una delegación para que sus miembros pudieran implicarse de forma directa con el Gobierno y la sociedad civil.

El Presidente de la República Democrática del Congo, Joseph Kabila, informó a ambas partes de que la situación de la seguridad había experimentado una importante mejoría en la última década; solo tres de once provincias (Kivu del Norte, Kivu del Sur y la Provincia Oriental) se podían considerar como puntos conflictivos. Ante las presentes condiciones, el Presidente Kabila solicitó que se redujera la misión de mantenimiento de la paz, pero no que se retirasen de inmediato.

Habida cuenta de esto, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó en mayo la resolución 1925, que ampliaba el mandato de la MONUC hasta finales de junio y permitía retirar un máximo de 2.000 de los 19.815 miembros del personal uniformado de la misión en aquellas zonas donde había mejorado la seguridad. Con miras a la nueva fase a la que ha llegado el país, el Consejo decidió también cambiar el nombre de la misión de mantenimiento de la paz de MONUC a MONUSCO (la «S» designa la palabra inglesa para «estabilización»), una modificación que se hizo efectiva el 1 de julio y estableció un mandato de un año.

El Consejo puso especial énfasis en la necesidad de proteger a los civiles ante la amenaza inminente de la violencia física. Además, exhortó a la misión para que empleara «todos los recursos para cumplir con su mandato» y que apoyara al Gobierno en sus esfuerzos de estabilización y consolidación de la paz.

Las primeras tropas, un grupo de cascos azules senegaleses, abandonaron el país en las primeras semanas. Al mes siguiente, invitado por el Presidente Kabila, el Secretario General asistió a las celebraciones del 50º aniversario en Kinshasa, y también a una ceremonia en la que se produjo el cambio de nombre de la misión de mantenimiento de la paz. En dicho evento tuvo lugar el relevo en el liderazgo: Roger A. Meece, antiguo embajador de los Estados Unidos en la República Democrática del Congo, sustituyó al Representante Especial saliente del Secretario General, Alan Doss, un veterano funcionario de la ONU con amplia experiencia en mantenimiento de la paz.

El Secretario General apuntó que, a pesar del nuevo nombre, no es una nueva misión, sino el reflejo del reconocimiento del Consejo a la nueva etapa en la que ha entrado el país. Asimismo, el Consejo remarcó la importancia de proteger a la población civil.

Operaciones conjuntas en la región oriental de la República Democrática del Congo

Aunque la mayor parte de la República Democrática del Congo ha disfrutado en los últimos años de un periodo de paz, aún continúan los conflictos en la parte oriental del país, sobre todo en Kivu del Norte y del Sur, donde la población civil sigue siendo víctima de atroces abusos. Las fuerzas del Gobierno llevaron a cabo operaciones militares contra grupos armados.

Algunas de estas operaciones contaron con el apoyo de los cascos azules, en aquellos casos en que se cumplió con la planificación conjunta y otros requisitos establecidos por el Consejo de Seguridad.

El año pasado marcó un cambio en la estrategia de apoyo de las Naciones Unidas a las operaciones del Ejército congoleño. Esta nueva perspectiva se adoptó como respuesta a las inquietudes surgidas en 2009 cuando la MONUC prestó su apoyo a Kimia II, una operación emprendida por las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC) en la zona oriental del país contra el principal grupo rebelde hutu de Ruanda, las FDLR. En aquel momento, el personal de mantenimiento de la paz de la ONU contribuyó a la maniobra con helicópteros, combustible, alimentos y, en ciertos casos, arsenal militar. En total, unos 16.000 miembros de las tropas congoleñas recibieron apoyo de la ONU en el marco de la operación Kimia II. Sin embargo, los soldados congoleños, muchos de los cuales habían luchado en grupos armados y mostraban una disciplina cuestionable, cometieron violaciones de los derechos humanos y crímenes como masacres y abusos sexuales contra los civiles a los que tenían que proteger. La MONUC diseñó una estrategia con el objetivo de que los comandantes y soldados responsables de tales tropelías no recibieran su apoyo.

El Secretario General Ban Ki-moon (a la derecha), Roger Meece, Representante Especial para la República Democrática del Congo y Jefe de la MONUSCO (en el centro) y Alan Doss, Representante Especial del Secretario General y Jefe de la MONUC (a la izquierda), descubren la placa conmemorativa de la MONUSCO en el cuartel general de la misión en Kinshasa. 30 de junio de 2010. (Foto ONU/Evan Schneider)

El Secretario General Ban Ki-moon (a la derecha), Roger Meece, Representante Especial para la República Democrática del Congo y Jefe de la MONUSCO (en el centro) y Alan Doss, Representante Especial del Secretario General y Jefe de la MONUC (a la izquierda), descubren la placa conmemorativa de la MONUSCO en el cuartel general de la misión en Kinshasa. 30 de junio de 2010. (Foto ONU/Evan Schneider)

A la luz de la experiencia de Kimia II, el Consejo de Seguridad dio instrucciones a la MONUC para que condicionara estrictamente su apoyo a las operaciones militares de las fuerzas armadas de la República Democrática del Congo contra grupos armados congoleños y de otros países. Las condiciones serían, por un lado, el cumplimiento por parte el ejército de la legislación internacional sobre refugiados y derechos humanos; y, por otro, la planificación conjunta de dichas operaciones. También se encargó a la MONUC que intercediera ante el mando de las fuerzas armadas congoleñas si algún componente de cualquier unidad del ejército con apoyo de la MONUC estuviera bajo sospecha de transgredir gravemente esa legislación. En caso de que los abusos continuaran, el Consejo indicó que la MONUC debería retirar su apoyo.

En diciembre de 2009 se acordó una directiva operacional conjunta entre las FARDC y la MONUC para una nueva campaña: la Operación Amani Leo. Sus objetivos principales eran proteger a los civiles, despejar áreas estratégicas de grupos armados y foráneos, mantener el territorio liberado fuera del control de las FDLR y contribuir a restaurar la autoridad del Estado en esas zonas. El apoyo de la MONUC y, posteriormente, de la MONUSCO a Amani Leo se limitó a algunos batallones preseleccionados con la misión de llevar a cabo maniobras de ataque específicas. De este modo, el número de soldados aptos para recibir ese apoyo en Kivu del Norte y del Sur descendió a aproximadamente 1.600. Asimismo, se puso en marcha un sistema de seguimiento de las operaciones y del apoyo prestado.

Margot Wallström, Representante Especial del Secretario General sobre la violencia sexual en los conflictos, visita el pueblo de Kampala en territorio walikale, en Kivu del Norte (República Democrática del Congo). 2 de octubre de 2010. (Foto ONU/Myriam Asmani)

Margot Wallström, Representante Especial del Secretario General sobre la violencia sexual en los conflictos, visita el pueblo de Kampala en territorio walikale, en Kivu del Norte (República Democrática del Congo). 2 de octubre de 2010. (Foto ONU/Myriam Asmani)

El Teniente General Babacar Gaye, por entonces Comandante de la Fuerza de la MONUC, declaró: «La planificación conjunta es esencial para determinar las zonas de riesgo y establecer de la manera más efectiva la organización y el desarrollo de nuestras fuerzas». La MONUC proporcionaba alimentos y otras ayudas imprescindibles solamente a las unidades a cargo de operaciones concretas que habían sido planeadas conjuntamente con la MONUC y llevadas a cabo de acuerdo con el derecho internacional humanitario y de los refugiados.

ATROCIDADES EN WALIKALE

Mientras la MONUSCO progresaba en sus esfuerzos para proteger a los civiles, tuvo lugar una oleada de atentados en 13 aldeas del territorio Walikale, que constituyeron un sombrío recordatorio de la dificultad de la labor de la misión y pusieron de relieve las limitaciones de ésta. Los ataques, que en su mayoría se sucedieron de noche, ocurrieron entre el 30 de julio y el 2 de agosto. Sus responsables fueron unos 200 miembros pertenecientes a tres grupos armados: las Fuerzas Democráticas de Liberación de Rwanda (FDLR), el Mai-Mai Cheka y ciertos elementos cercanos al Coronel Emmanuel Nsengiyumva, un desertor del ejército que en el pasado estuvo implicado en el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP).

En septiembre, un equipo de derechos humanos de las Naciones Unidas que se había desplegado en la zona confirmó que algo más de 300 civiles habían sufrido abusos sexuales durante esos cuatro días, y apuntó que la cifra definitiva de víctimas podría ser mayor.

El informe revelaba serias carencias en la preparación y en la respuesta de los destacamentos locales del ejército y la policía congoleña. También destacaba que el fracaso al prevenir o detener los ataques se había visto agravado por ciertos fallos de las fuerzas de la MONUSCO, que no habían recibido entrenamiento específico alguno en materia de protección de civiles.

En el informe se detallaban una serie de recomendaciones, tanto para las autoridades congoleñas como para la MONUSCO, encaminadas a la prevención de situaciones semejantes. Asimismo, se exhortaba a las organizaciones humanitarias a proporcionar a las autoridades congoleñas la asistencia médica y psicológica necesaria para todas las víctimas, y también se pedía a la comunidad internacional que apoyase los esfuerzos necesarios para llevar a los responsables ante la justicia.

A raíz de las atrocidades de Walikale, el Secretario General envió a su Representante Especial para la violencia sexual en los conflictos armados, Margot Wallström, y al Subsecretario General de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Atul Khare. Como consecuencia de las misiones de ambos representantes, se tomaron nuevas medidas para corregir las deficiencias en la interacción con las comunidades y las prácticas de patrulla de la MONUSCO. Asimismo, se dio un paso adelante para proporcionar a las personas de las comunidades más vulnerables las herramientas necesarias para dar la voz de alarma y alertar al personal de mantenimiento de la paz.

Más adelante, la MONUSCO emprendió la Operación Escaparate para potenciar la protección de civiles en las áreas afectadas y para tranquilizar a la población. En una operación conjunta con las autoridades de la República Democrática del Congo, la misión logró la detención de los dos supuestos instigadores de las violaciones masivas. La MONUSCO prestó también apoyo a las autoridades congoleñas para llevar a cabo las investigaciones pertinentes para identificar y llevar ante los tribunales a los malhechores que quedaban en libertad. Al mismo tiempo, aseguraba la seguridad de los testigos y ayudaba a los supervivientes.

OPERACIONES PREVENTIVAS DE LA MONUC A FINALES DE AÑO

En diciembre, antes de las vacaciones de fin de año, la MONUSCO desplegó tropas en la Provincia Oriental como medida preventiva bajo los auspicios de la operación Rudia Umbrella. Anteriormente, esta provincia congoleña había sufrido un aumento de ataques atroces contra civiles (niños incluidos) por parte del infame Ejército de Resistencia del Señor, de Uganda.

El despliegue supuso un ejemplo más del propósito de la misión de aumentar la seguridad en la República Democrática del Congo. Aunque 2010 fue otro año lleno de retos para los ciudadanos de este país, también se produjeron avances en ciertos aspectos. La MONUSCO, aprendiendo de las experiencias dolorosas, fortaleció su política de condicionamiento del apoyo a las operaciones militares de las FARDC, afinó su enfoque en la protección de la población civil y llevó a cabo más maniobras de prevención para limitar la libertad de movimiento de los grupos armados. La República Democrática del Congo necesitaba ayuda de forma urgente para establecer el estado de derecho y legitimar la autoridad del Estado, especialmente en las zonas afectadas por conflictos armados. La protección de los civiles se ha mantenido como piedra angular del mandato de la MONUSCO. Sin embargo, la misión también ha ayudado a la República Democrática del Congo a desarrollar más soluciones a largo plazo para los crímenes cometidos contra la población. Esto ha sido posible gracias al fortalecimiento de instituciones penales y al apoyo a las autoridades estatales mediante equipos de investigación conjuntos y células de apoyo a la fiscalía. En última instancia, el objetivo de las Naciones Unidas sigue siendo ayudar a la República Democrática del Congo a consolidar la paz, reconstruir sus instituciones y promover un desarrollo sostenible que beneficie a todos sus ciudadanos.


El contenido de esta página es una traducción no oficial, elaborada con la participación de la
Facultad de Traducción de la Universidad de Salamanca, Noviembre de 2011.

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