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Operaciones de paz de las Naciones Unidas, Resumen del año 2009

Mantenimiento de la paz en África

MONUC — Un año decisivo para la protección de los civiles

Algunos responsables indios que trabajaban por el mantenimiento de la paz de la Brigada de la MONUC en Kivu del Norte acompañan a personas en riesgo de sufrir un ataque de las FDLR

Algunos responsables indios que trabajaban por el mantenimiento de la paz de la Brigada de la MONUC en Kivu del Norte acompañan a personas en riesgo de sufrir un ataque de las FDLR. Se dirigen al mercado en la región de Kibua Walikale de Kivu del Norte, RDC. 14 de agosto de 2009.(Foto ONU/Sylvie van den Wildenberg)

En 2009 se cumplió el décimo aniversario del despliegue de la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUC). Para el país, ese año constituyó un punto de inflexión que dejó entrever oportunidades de paz inimaginables tan solo un año antes.

El conflicto armado entre el Congrès national pour la défense du peuple (CNDP), las fuerzas gubernamentales congoleñas (FARDC) y otros muchos grupos armados sembró el caos en la zona este de la RDC durante la mayor parte del año anterior, a pesar de los acuerdos de paz alcanzados en una conferencia que se celebró en Goma en enero de 2008. La aplicación del Comunicado de Nairobi del 2007 entre la RDC y Rwanda para eliminar la amenaza de las Fuerzas Democráticas de Liberación de Rwanda (FDLR) estaba detenida. Y, en la frontera oriental, los esfuerzos por terminar con la violencia ejercida por los rebeldes del grupo terrorista de Uganda, el Ejército de la Resistencia (LRA) del Señor no conducían a buen puerto.

Sin embargo, a principios de 2009, las relaciones entre la RDC y sus vecinos del este comenzaron a mejorar. En marzo, se firmaron nuevos acuerdos entre el gobierno de la RDC y algunos grupos armados para poner fin a la rebelión del CNDP y aportar alrededor de 20.000 contingentes en las tropas de las FARDC y en las filas de la Policía Nacional. Las FDLR, que el Consejo de Seguridad calificó como una de las principales causas del conflicto armado de la región, continuó constituyendo un gran obstáculo armado para las autoridades estatales en las provincias orientales de Kivu del Norte y Kivu del Sur.

Una diplomacia excelente

Se abrieron nuevos horizontes gracias a la diplomacia bilateral y a las decisiones políticas de los niveles más altos en Kinshasa, Kigali y Kampala para mejorar las relaciones y aumentar la cooperación, especialmente en cuanto a las amenazas regionales a la seguridad. Gracias a los esfuerzos de dos facilitadores internacionales (Olusegun Obasanjo, antiguo presidente de Nigeria, designado por el Secretario General de la ONU; y Benjamin Mkapa, antigo presidente de Tanzania, designado por la Unión Africana), se mantuvieron las negociaciones, tanto las internacionales como las establecidas entre los partidos congoleños. En diciembre de 2008, la RDC y Uganda lanzaron la Operación Trueno Luminoso, una operación militar conjunta contra la LRA que se desarrolló en territorio congoleño y en colaboración con fuerzas en el Sudán Meridional. Poco después, la RDC y Rwanda lanzaron también la Umoja Wetu (nuestra unidad) contra las FDLR. Posteriormente, los países vecinos de esta región conflictiva reestablecieron las relaciones diplomáticas después de muchos años y avanzaron para retomar la cooperación económica regional. Tal y como se establecía en el mandato del Consejo de Seguridad, la MONUC continuó protegiendo a los civiles bajo amenaza de violencia inminente y ayudando a las fuerzas armadas del Gobierno de la RDC en su lucha contra grupos armados extranjeros, especialmente las FDLR y la LRA, y contra las milicias locales.

Indignación ante varios atentados contra civiles

Una directiva operacional conjunta entre los mandos militares de MONUC y las FARDC determinó los términos de su cooperación para enfrentarse a las FDLR en una campaña que se conoció como Kimia II. Lanzada en Kivu del Norte y Kivu del Sur, sembró la confusión en las tropas de las FDLR y 6.000 hombres bajo su mando. En abril de 2009, Alan Doss (el Representante Especial del Secretario General y Responsable de la Misión), informó al Consejo de Seguridad de que sería imposible lograr que las FDLR dejaran de controlar amplios territorios de Kivu del Norte y Kivu del Sur sin consecuencias humanitarias. Efectivamente, las operaciones militares tuvieron serias consecuencias para los civiles en las zonas alejadas y sin defensa. Las FDLR quemaron pueblos, fijaron a miembros de las autoridades locales y líderes tradicionales como objetivo y crearon cientos de desplazados. Es difícil obtener cifras fiables, pero cientos de civiles fueron asesinados y un elevadísimo número de mujeres y niñas sufrió violencia sexual Estas represalias de las FDLR se vincularon a las operaciones de Kimia II y a los mandatos de la MONUC de apoyar operaciones conjuntas con las FARDC y escandalizaron a la comunidad internacional. Como consecuencia, la misión se vio sometida a duras críticas por parte del personal humanitario y a un análisis exhaustivo de la prensa internacional. Algunas de las críticas más feroces se debían al hecho de que algunos de los integrantes de las propias fuerzas gubernamentales se habían visto envueltos en agresiones contra la población civil.

Una responsable del mantenimiento de la paz de origen sudafricano lleva a un niño herido a un helicóptero de la MONUC

Una responsable del mantenimiento de la paz de origen sudafricano lleva a un niño herido a un helicóptero de la MONUC para su evacuación y posterior tratamiento. Busurungi, RDC. 15 de mayo de 2009. (Foto ONU/Marie Frechon)

La falta de disciplina en el seno de algunas unidades de las FARDC guardaba una estrecha relación con la rápida integración en las fuerzas de seguridad de las antiguas milicias, entre ellas CNDP. Numerosos excombatientes y oficiales habían cometido graves violaciones de los derechos humanos. La violencia y los alegatos de abusos sexuales contra la población civil, cometidos especialmente por algunos nuevos miembros de las tropas de CNDP, minaron la confianza de los civiles en las FARDC y agravaron las tensiones étnicas en algunas zonas. Aún así, la integración de estos grupos fue esencial para los acuerdos que pretendían poner fin a las rebeliones internas en la RDC, así como para favorecer el acercamiento entre Kigali y Kinshasa. La corrupción y los retrasos en los pagos de los salarios de los soldados fomentaron la indisciplina y los abusos. Algunas unidades del ejército vivían a costa de aquellos a los que en teoría debían proteger.

Cuando esto se publicó en la prensa, el proceso de integración no estaba avanzando tanto como se esperaba. El CNDP estaba afrontando divisiones internas, al mismo tiempo que algunos de sus antiguos soldados amenazaban con abandonar las FARDC. En cuanto a estas últimas, continuaban experimentando una falta de control, y su capacidad para administrar justicia militar dejaba bastante que desear.

Las reacciones del Gobierno

El seguimiento sobre el terreno demostró que en los sitios en los que la presencia de la MONUC era visible, se pagaba a tiempo a las tropas gubernamentales y la comida no escaseaba, existían menos problemas de disciplina dentro de las FARDC. En sus sucesivos informes, el Secretario General puntualizó acerca de las deficiencias, y la indignación internacional por la violencia sexual también pareció tener un efecto positivo. El presidente Joseph Kabila declaró que había «tolerancia cero» hacia la violencia sexual y de género, y el Gobierno comenzó a tomar medidas contra los saqueos, la corrupción y demás comportamientos del personal del ejército que demostraban falta de disciplina. Se creó un tribunal militar de las FARDC para Kivu del Norte y Kivu del Sur que inició más de treinta procesos y declaró a varios soldados culpables de delitos de violación de los derechos humanos. Algunos altos cargos fueron privados de sus puestos por mala conducta profesional o por corrupción. El Gobierno también relevó de sus funciones a cinco oficiales que habían cometido abusos que habían llegado a oídos de la ONU. No obstante, las ONG congoleñas e internacionales continuaron presionando al Gobierno y a la MONUC para que tomaran medidas contra otros presuntos delincuentes que habían entrado a formar parte de las FARDC.

El Representante Especial del Secretario General, Alan Doss, presionó a la RDC y a sus compañeros para que fomentaran una formación adecuada para desarrollar un ejército disciplinado y capaz de proteger a la población y las fronteras de la RDC. Indicó a los jefes de gobierno que la MONUC negaría su apoyo a todos los batallones del ejército que no respetaran el derecho internacional humanitario. Asimismo, subrayó lo necesario que resultaba contar con fuerzas de seguridad capaces de establecer autoridad estatal sobre los recursos naturales que permitían a los grupos armados mantenerse en activo y abastecerse de armas mediante la venta ilícita de minerales, metales y recursos forestales.

Aumentar la protección de los civiles

Los mandatos y las estrategias operacionales de MONUC dan prioridad a la protección de civiles. Sin embargo, en octubre el Representante Especial informó al Consejo de Seguridad que la ONU y sus 12.000 oficiales de mantenimiento de la paz destinados al este de la RDC jamás conseguirían ofrecer una protección total a los civiles de una región del tamaño de Francia, España y Alemania. No obstante, señaló que protegían a diario a cientos de miles de personas, puesto que éstas recibían asistencia directa de las patrullas de la MONUC y de los convoy de ayuda humanitaria acompañados por responsables del mantenimiento de la paz de la ONU.

Los efectivos de la MONUC aumentaron durante el 2009, gracias a la llegada de alrededor de 2.500 trabajadores uniformados, de los 3.000 que aprobó el Consejo en 2008 para la ampliación del Consejo. Sin embargo, únicamente se enviaron tres de los dieciocho helicópteros adicionales que se habían prometido. Al final del año, el 95 por ciento de los 19.670 soldados y el 80 por ciento del personal civil internacional de la MONUC (es decir, más de 1.000 trabajadores civiles internacionales y 628 voluntarios de la ONU) estaban desplegados en la parte oriental de la RDC. Alrededor de 400 oficiales internacionales de policía y más de 1.000 miembros de la policía constituida se encontraban también sobre el terreno.

Para superar los retos se aprovechan los recursos al máximo

Puesto que los recursos eran limitados, la MONUC se vio obligada a innovar para mejorar la protección de los civiles. El personal civil y militar del mantenimiento de la paz se desplazó hasta zonas remotas y aisladas para acercarse todo lo posible a la población Estos despliegues permitieron realizar mejores disuasiones, adquirir un sistema de avisos más rápido y reaccionar con prontitud en momentos de crisis. Se impulsaron varias iniciativas: acompañar a las aldeanas al mercado, patrullar en zonas de riesgo y distribuir teléfonos móviles configurados con números de emergencia para que los responsables de las comunidades pudieran contactar con la MONUC cuando fuera necesario.

Asimismo, la MONUC continuó protegiendo las rutas principales, para asegurar el acceso de los convoy de ayuda humanitaria a las poblaciones afectadas por el conflicto. Además, proporcionó escoltas a las agencias de la ONU y a las ONG que lo solicitaron. Las operaciones se sucedían a un ritmo frenético. Las fuerzas de la MONUC establecieron decenas de bases de operaciones móviles en lugares conflictivos, que podían desplazarse si la seguridad lo exigía. Se desplegaron equipos mixtos de protección en áreas conflictivas para que ayudaran a las autoridades locales y militares a analizar las amenazas específicas y anticiparse y responder a ellas. Estos equipos incluían civiles expertos en derechos humanos, protección de la infancia, asuntos civiles y políticos y otros ámbitos. Gracias a ellos, la Misión comprendió mejor las necesidades de las comunidades locales, por lo que los responsables sobre el terreno pudieron dirigir y situar a sus tropas de forma más adecuada. El año pasado se lanzaron más de cincuenta misiones de equipos mixtos de protección, muchos de ellos en Kivu del Norte y Kivu del Sur y en la provincia oriental.

Anticiparse a los problemas

Un rápido sistema de reacción de avisos recavó y analizó la información que diversas fuentes habían obtenido sobre el terreno. El objetivo era guiar a los despliegues señalando áreas particularmente vulnerables, identificando las diferentes amenazas y realizando un seguimiento de las actividades de los batallones de las FARDC. Gracias a la estrecha vigilancia que estableció, la MONUC contribuyó a identificar a aquellos que violaban los derechos de la población civil y alentar a los dirigentes militares a que tomaran medidas correctivas.

Resultados

Al final del año, el progreso era evidente en una serie de ámbitos:

 


(*) DDRRR: Desarme, Desmovilización, Repatriación, Reinserción y Reasentamiento.

(**) TPIR: Tribunal Penal Internacional para Rwanda

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