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Operaciones de paz de las Naciones Unidas, Resumen del año 2009

Los Cascos azules se aprestan a adoptar medidas verdes

Algunos responsables del mantenimiento de la paz de origen guatemalteco llevan a cabo una campaña de plantación de árboles en un colegio de Puerto Príncipe, Haití

Algunos responsables del mantenimiento de la paz de origen guatemalteco llevan a cabo una campaña de plantación de árboles en un colegio de Puerto Príncipe, Haití. 26 de enero de 2009(Foto ONU/Damir Milinovic)

A menudo, el origen de los conflictos reside en asuntos relacionados con el medio ambiente, como la competencia por la obtención de recursos cada vez más limitados o lucrativos. Los conflictos pueden destruir hábitats, lo que dificulta la recuperación y la consolidación de una paz sostenible. Recientemente, las resoluciones de mantenimiento de paz han comenzado a tratar estos asuntos. En la sede de la ONU se está trabajando para desarrollar importantes misiones de mantenimiento de la paz con un impacto medioambiental reducido.

Puesto que los encargados de planificar las operaciones de paz están cada vez más sensibilizados con los problemas medioambientales, se están explorando nuevas vías para alcanzar un mantenimiento de la paz más «verde». Según Susana Malcorra, Secretaria General Adjunta de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno, el objetivo es «dejar una huella más ecológica y respetuosa con el medioambiente», explicó en la Asamblea General en 2009.

En junio del mismo año, Alain Le Roy, Secretario General Adjunto de Mantenimiento de la Paz, promulgó una Política Medioambiental para las misiones sobre el terreno de la ONU, con el objetivo de fijar marcos de acción y objetivos en materia medioambiental. «Todas las misiones adaptarán su actuación para incluir medidas medioambientales en sus planificaciones y operaciones. De este modo se pretende evitar o disminuir el impacto medioambiental de las actividades efectuadas por la misión o por el personal, así como proteger del mencionado impacto en la salud de la población», según los objetivos establecidos en la política. La directiva requiere que cada misión implante una política medioambiental y una serie de objetivos y de medidas de control durante el desarrollo de la operación. Asimismo, cada misión trazará un plan de acción medioambiental y creará un cargo de especialista en cuestiones medioambientales.

Las medidas medioambientales de las misiones afectarán sobre todo a los siguientes aspectos: residuos, energía, agua, sustancias tóxicas, fauna y flora y gestión de recursos históricos. Además, cada misión contará con un plan de gestión de emergencia por si surgen crisis medioambientales.

Las misiones deberán respetar la legislación medioambiental vigente en los países anfitriones; en caso de que no exista o resulte insuficiente, seguirán acuerdos multilaterales para alcanzar los mínimos que haya establecido.

Esta política constituye un intento de compensar los daños medioambientales que involuntariamente ocasionan las actividades de mantenimiento de la paz cuando se interviene de forma precipitada. Por ejemplo, cuando es necesario ubicar un campamento militar, se talan los árboles existentes, incluso en entornos áridos. En Darfur, además de talar cientos de árboles para instalar los campamentos, los encargados del mantenimiento de paz de la ONU y la comunidad internacional decidieron comprar allí ladrillos en lugar de importarlos. La repentina demanda de ladrillos y productos de madera llevó a la población de Darfur a talar y quemar más árboles de los bosques, que ya se encontraban en una situación precaria.

Esto podría agravar el conflicto, dado que muchos opinan que se originó al menos en parte por la paulatina escasez de recursos naturales. Entre los defensores de esta teoría destaca el Secretario General Ban Ki-moon. El programa «Nuevos Horizontes» del DOMP señala: «Ciertos problemas, como las alteraciones medioambientales (...) amenazan a numerosos países y contribuyen a aumentar la inestabilidad en la política y en la seguridad.

Los Departamentos de Operaciones de Mantenimiento de la Paz y de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno están colaborando con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El director ejecutivo del Programa, Achim Steiner, se ha interesado particularmente por encontrar soluciones innovadoras para los problemas ecológicos que originan conflictos, así como por aliviar el posible estrés medioambiental que se derive de las operaciones de la ONU.

«La función principal de las fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz y de las agencias humanitarias es, además de mantener la paz, apoyar a las comunidades más vulnerables cuando atraviesen situaciones especialmente duras. No obstante, también son responsables de asegurarse de que su presencia y su actuación tengan unas repercusiones medioambientales mínimas y no agraven la degradación medioambiental, lo que constituiría uno de los ámbitos del conflicto», explicó recientemente Steiner.

«Para lograr un enfoque más comprometido con el medioambiente son necesarias nuevas maneras de pensar y aptitudes innovadoras», señala el Nuevo Programa para la Alianza del DOMP. Algunas operaciones de la ONU han desarrollado proyectos piloto para reducir el impacto que ejercen las misiones sobre el terreno. En el Sudán, la Misión de las Naciones Unidas en dicho país y el gobierno sueco han invertido 5 millones de dólares en la implantación de tecnologías para el tratamiento de residuos y de aguas residuales y para lograr un consumo más responsable de agua y energía en los campamentos militares. El objetivo es alcanzar una disminución del 30 por ciento en el consumo de agua, del 25 por ciento en los gastos eléctricos y del 60 por ciento en el volumen residual.

Además, trece misiones participan actualmente en la campaña «Mil millones de árboles», promovida por el Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente. En 2009 plantaron aproximadamente 118.000 árboles.

También durante el año pasado el Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno (DAAT) completó el inventario de emisiones de gases de efecto invernadero para las misiones sobre el terreno, requerido por la Junta de los jefes ejecutivos de todas las organizaciones de la ONU en 2007. Los resultados se publicaron en el documento del PNUMA «Por una ONU sin consecuencias para el clima: la huella ecológica del sistema de las Naciones Unidas y los esfuerzos para reducirla». Se hizo público en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Copenhague el 15 de diciembre.

Al preparar el inventario para las misiones, el DAAT calculó los gases de efecto invernadero y dióxido de carbono equivalente producidos por el tráfico aéreo (vuelos comerciales, rotación de contingentes y vuelos de la ONU), los desplazamientos por carretera, los refrigerantes, la generación de energía y las compras de energía. (No se incluyó el transporte de materiales). De este estudio se desprende que las operaciones de paz produjeron en 2008 alrededor de un millón de toneladas de CO2 equivalente, casi dos tercios de la cantidad total producida por la ONU (1,7 millones de toneladas). El DAAT considera que las cifras podrían ser incluso más elevadas. En términos generales, el estudio demostró que la cantidad de CO2 equivalente emitida en una misión de mantenimiento de la paz durante el año 2008 (alrededor de nueve toneladas por cada miembro del personal) es de una tonelada más que la que produce un ciudadano de la Unión Europea. Y, si comparamos esta cantidad con la producida por los habitantes de los países anfitriones, obtenemos que es mucho más elevada., Por ejemplo, en la RDC se producen 0,04 toneladas de CO2 equivalente. En resumen, las operaciones de mantenimiento de la paz se comportan como los países desarrollados a pesar de que operan en países en desarrollo.

En 2008, el PNUMA creó un cargo en la sede de la ONU dedicado a coordinar las iniciativas medioambientales, fomentar su integración en todas las actividades operacionales y desarrollar un marco de acción para logar que las misiones pongan en práctica la política medioambiental. Éste dictará una serie de directrices en materia medioambiental y diseñará una estrategia de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de aquí al final de 2010, además de material de formación. Con ello se pretende concienciar y hacer comprender la importancia del medioambiente en la vida diaria del personal de mantenimiento de la paz y en la de los habitantes de los países interesados, así como en la solución de los conflictos y en la promoción de la paz.

Los recursos naturales originan conflictos en la RDC

Desde 2003, el Consejo de Seguridad se ha preocupado por el medioambiente en el contexto de los conflictos por los recursos naturales. La República Democrática del Congo (RDC), que tiene frontera con otros nueve países, continúa siendo el estado con más pérdidas pecuniarias y mayor nivel de sufrimiento humano como consecuencia del tráfico ilegal de recursos naturales. Diversos grupos armados extranjeros y locales se disputan con el Gobierno el control de yacimientos de metales y minerales. Se extraen y se exportan de manera ilegal, y un porcentaje de los beneficios de las ventas en el extranjero se destinan a la importación ilegal de armas para continuar la batalla por el control de los recursos naturales.

El 30 de noviembre de 2009, la resolución 1896 del Consejo sobre la situación de la RDC reconoció una vez más «la relación existente entre la explotación ilegal de los recursos naturales, el comercio ilícito de esos recursos y la proliferación y el tráfico de armas es uno de los principales factores que alimentan y exacerban los conflictos en la Región de los Grandes Lagos de África... »

En dicha resolución se solicita al Grupo de Expertos, creado para investigar el tráfico de armas, que aporte información sobre la compra, obtención, adquisición y procesamiento de productos minerales procedentes de la República Democrática del Congo. Asimismo, se solicita a los Gobiernos de la República Democrática del Congo y de todos los Estados, que intercambien información sobre el tráfico ilegal con la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUC) y el Grupo de Expertos. Se exhorta a los Estados Miembros a que tomen medidas para asegurar que los importadores y los consumidores de productos minerales congoleños sujetos a su jurisdicción «ejerzan la diligencia debida respecto de sus proveedores y el origen de los productos minerales que adquieran» y a que publiquen periódicamente estadísticas completas sobre la importación y exportación de oro, casiterita, coltán y wolframita. El Consejo recomendó que los importadores y las industrias procesadoras adopten políticas y códigos de conducta para impedir que se preste apoyo indirecto a los grupos armados en la República Democrática del Congo mediante la explotación y el tráfico de recursos naturales.

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