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Operaciones de paz de las Naciones Unidas, Resumen del año 2008

Historias

El personal local contribuye enormemente a las operaciones de paz de las Naciones Unidas

El notable aumento de ataques al personal de las Naciones Unidas ocupó primeras planas en 2008 con la publicación de un informe del Secretario General en septiembre sobre «Seguridad del personal de asistencia humanitaria y protección del personal de las Naciones Unidas». El asesinato de Didace Namujimbo, miembro del personal de Radio Okapi de las Naciones Unidas, el 21 de noviembre, es un trágico ejemplo tanto de recrudecimiento de la violencia en el este de la República Democrática del Congo (RDC) como de los peligros a los que se enfrenta el personal contratado localmente que trabaja bajo la bandera de las Naciones Unidas. Serge Mahese, compañero de Namujimbo en Radio Okapi en Bukavu, la capital de la provincia de Kivu del Sur, fue asesinado en 2007.

Trabajar en una operación de paz es, por su propia naturaleza, peligroso, y los miembros del personal internacional dejan sus hogares y a sus familias para trabajar en el extranjero, en lugares a menudo inhóspitos. Sin embargo, los datos recogidos en el informe del Secretario General eran reveladores: de los 26 miembros del personal asesinados en actos intencionales durante el año comprendido entre junio de 2007 y junio de 2008, 22 fueron contratados localmente.

Las operaciones de paz de las Naciones Unidas emplean a 15.563 nacionales, que desempeñan tanto funciones de auxiliares como de profesionales. Su trabajo abarca diferentes funciones, desde conductor o guardia de seguridad a intérprete, supervisor de los medios de difusión, periodista u oficial de derechos humanos. Muchos de ellos, como los oficiales de información pública aquí mencionados, adquieren habilidades que podrán ser puestas en práctica en fases futuras de consolidación de la paz y desarrollo de sus países.

Muchos hacen muestra de un enorme valor por el simple hecho de acudir a trabajar: Los iraquíes tienen que pasar por diversos puntos de control y emplean diferentes identificaciones para llegar a la «Zona Verde» en Bagdad. En Darfur, una oficial de seguridad camina varios kilómetros desde su oficina, por la noche, cuando no hay vehículos disponibles, hasta el campamento para desplazados internos que es ahora su hogar. A pesar de que esta rutina es peligrosa, continúa arriesgándose para cuidar a su abuela y a nueve niños que están a su cargo, de los cuales sólo uno es hijo suyo.

>Hassan Siklawi, miembro de la FPNUL, colabora en la evacuación de un bebé

Hassan Siklawi, miembro de la FPNUL, colabora en la evacuación de un bebé. Yater, el Líbano. 21 de abril de 1996 Foto de la ONU

A continuación se presentan dos historias de veteranos miembros del personal nacional que han influido positivamente en sus países.

Hassan Siklawi: «Soy parte del mobiliario de la FPNUL»

«Va a conocer a alguien llamado Hassan Siklawi. Si de verdad quiere saber qué está ocurriendo en el Líbano Meridional debería hablar con él; ha visto de todo».

El personal que trabaja en la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL) escucha a menudo estas palabras. Pero esto es apenas la mitad de la historia.

Como parte integrante de la FPNUL a lo largo de sus más de 30 años de operaciones, Hassan ha sido testigo de algunos de los acontecimientos más tumultuosos de la historia de esta misión y de su país.

Hassan ha estado trabajando la FPNUL desde sus comienzos en 1978. Al principio cubría la FPNUL como corresponsal local, a destajo, de Prensa Asociada. Esto permitió que pronto se le ofreciese trabajar para la misión.

Ahora, «soy parte del mobiliario de la FPNUL», bromea Hassan.

Gran parte de su trabajo se ha centrado en actividades de difusión relacionadas con los medios de comunicación y el público general.

«Siempre he sentido que yo era el enlace entre ellos y la misión», afirma. «Nuestra relación con los medios de comunicación locales ha sido privilegiada. Nosotros les ayudamos de diferentes maneras; utilizaban nuestros recursos siempre que las carreteras estaban cortadas o que el conflicto se encontraba en una etapa crítica impidiéndoles cubrir sus reportajes».

Hassan es un archivo viviente de la FPNUL y de su historia en el Líbano Meridional. Respetado en toda el área de operaciones y con la capacidad de hacer de enlace entre todo tipo de personas y partidos, ha sido el contacto indicado sobre el terreno para muchos de los comandantes y oficiales superiores del equipo de la FPNUL gracias a su valioso asesoramiento.

No ha sido un trabajo fácil. Ha perdido la cuenta del número de veces que su vida ha corrido peligro, hecho que denomina ‘gajes del oficio’.

Al hacer balance de los más de 30 años de colaboración con la FPNUL, Hassan afirma que el ataque a un recinto de la FPNUL en Qana, el 18 de abril de 1996 fue un punto de inflexión para él como trabajador de las Naciones Unidas, como libanés orgulloso de su país y como ser humano. La artillería israelí cayó profusamente sobre instalaciones de las Naciones Unidas en la aldea donde 800 libaneses se refugiaban de los ataques. Una vez que cesó el bombardeo, había 106 personas muertas y otras 116 heridas, entre las que se encontraban cuatro soldados naturales de las Islas Fiji pertenecientes a las fuerzas de mantenimiento de la paz de la UNIFIL.

«Al principio no podíamos creer que estuviesen bombardeando nuestro campamento. Todos sabían que la ONU estaba allí y que también familias de civiles con niños estaban viviendo en la base, pero indudablemente podíamos oír el estallido de las bombas y los gritos de socorro. De repente la radio dejó de sonar. Cuando llegamos a Qana nos dimos cuenta de la magnitud de la tragedia. Nos encontrábamos caminando sobre cuerpos, rodeados de humo y de un silencio irreal. Pasamos horas tratando de rescatar a personas heridas pero, tristemente, la mayor parte de las personas que pudimos encontrar estaban muertas», recuerda Hassan, añadiendo que las imágenes que vio aquel día se grabaron en su memoria para siempre. «Era un puesto de las Naciones Unidas, la bandera de la ONU estaba allí, había civiles viviendo en ese recinto y todas las partes deberían haberlo respetado. Los soldados están entrenados, los civiles no. No es nada fácil encontrarle sentido a esa situación y continuar trabajando», afirma Hassan, casi susurrando.

Pero a pesar de lo traumático que fue el bombardeo, ayudó a acentuar los vínculos creados en medio de la confusión y el trauma de la guerra entre los soldados de las fuerzas de mantenimiento de la paz y la población del Líbano Meridional a lo largo de los años.

«Juntos fuimos bombardeados y juntos hemos sobrevivido. Los soldados podían ser asesinados al igual que los civiles. Sentíamos lo mismo, éramos iguales. Los soldados de las fuerzas de mantenimiento de la paz llegaron aquí desde muy lejos, dejando atrás a sus familias, arriesgando sus vidas por un futuro pacífico para el Líbano», declara Hassan. «Este fue realmente un momento decisivo. La FPNUL era una misión en la que los habitantes del Líbano Meridional podían confiar. Estaban arriesgando sus vidas por el pueblo libanés».

Al echar la vista atrás, Hassan afirma que, de toda su experiencia como miembro de la FPNUL, el aspecto que le causa más satisfacción es la estrecha relación entre la misión y la población local. Estos vínculos se han transformado e incluyen diferentes actividades tanto para la población en general tales como abastecer a las aldeas con electricidad durante prolongados cortes, así como también acciones individuales, como en el caso de soldados que, de forma voluntaria, costean los derechos de matrícula de la escuela de niños libaneses.

«En los inicios de la FPNUL, había puestos de control de las Naciones Unidas y toque de queda, de modo que los habitantes de la zona debían solicitar permiso a la FPNUL para desplazarse de un pueblo a otro y no era un proceso fácil. Pero después, con el tiempo, vimos soldados protegiendo a los agricultores mientras recogían la cosecha de los olivos e incluso, se dieron ocasiones en que los soldados ayudaban a los agricultores a recolectar las aceitunas. Todo esto se hacía por decisión propia de los soldados, no porque tuviesen la orden de hacerlo sino porque son personas normales como cualquier otra», dice Hassan.

Añade que este espíritu de cooperación (o, como suele decir él, de reconocimiento de nuestra común humanidad) ha cambiado y para bien de los habitantes del Líbano Meridional.

Martin Sebujangwe: Orgulloso de formar parte de Radio Okapi

Radio Okapi se ha ganado la confianza de millones de congoleños de todo el país

Radio Okapi se ha ganado la confianza de millones de congoleños de todo el país. Foto de InformAction de Pierre Mignault.

El 25 de febrero de 2008, Radio Okapi celebró su séptimo aniversario en el aire. El aniversario fue especialmente gratificante para Martin Sebujangwe, uno de los periodistas fundadores que, con su compromiso y determinación, ayudaron a la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUC) a desarrollar una emisora en la que confían millones de congoleños de todo el país.

Martin afirma que está doblemente satisfecho, no sólo por encontrarse entre los fundadores de Radio Okapi sino también por formar parte del personal directivo congoleño con el que cuenta la radio. En sus inicios, Martin trabajó como periodista para Radio Agatashya en 1995, con base en la problemática Región de los Grandes Lagos y dirigida por la Fundación Hirondelle, una organización no gubernamental (ONG) suiza, que también se encarga, junto con la MONUC, de la gestión de Radio Okapi. «Contratado para ejercer de periodista y presentador de las noticias, se me dio la oportunidad de aprender los rigores y la emoción de informar desde zonas en conflicto», recuerda Martin.

Con la guerra como telón de fondo casi permanente, los medios de comunicación desempeñan un papel de suma importancia en la República Democrática del Congo (RDC). Martin advierte de que, desgraciadamente, muchos medios de comunicación son utilizados como instrumentos de propaganda, aunque también los hay que actúan de buena fe. La crítica situación socio-económica que vive el país ha obligado a periodistas a caer, con frecuencia, en prácticas consideradas poco éticas en otros lugares. Éste podría haber sido también el caso de Radio Okapi, afirma, si no se hubiese garantizado un mínimo de seguridad en las condiciones de trabajo.

Sin embargo, Martin continúa recordando a sus compañeros la norma básica de la profesionalidad: Primero, los hechos. De este hecho depende que la credibilidad de la radio se reafirme o se destruya.

«Siempre nos preguntamos cómo podemos satisfacer mejor a nuestros oyentes, nuestros clientes. Por ejemplo, si el gobierno nos dice que va a invertir un millón de dólares para reconstruir una carretera, lo primero que hacemos es preguntar por qué el gobierno ha elegido esa carretera y no otra, por qué ha elegido a ese contratista y no a otro. Por incómodas que algunas de estas preguntas puedan resultar, nuestros oyentes siempre las agradecen. En la RDC, Radio Okapi representa al periodismo informativo y de investigación», comenta Martin.

Los directores de Radio Okapi deben tener siempre en consideración la seguridad de sus periodistas, porque el hecho de ser funcionarios de las Naciones Unidas no significa que estén protegidos. Y, como se ha mencionado anteriormente, dos periodistas de Okapi han sido asesinados en los dos últimos años, ambos en la provincia de Kivu del Sur.

Radio Okapi es una de los más grandes medios de comunicación en la RDC, disponible en FM, onda corta e Internet. Con 100 periodistas distribuidos en un país que tiene aproximadamente el tamaño de Europa occidental, la estación emite programas de noticias en las lenguas locales y otros programas muy populares en los que interviene el público, como «Diálogo entre congoleños», además de música y deportes. Todos ellos unen partes muy distantes del país bajo una identidad nacional.

Martin subraya que para preservar y mantener los niveles de Radio Okapi, hay que pagar un precio: En primer lugar, el compromiso de las Naciones Unidas a través de la MONUC y la Fundación Hirondelle de respaldar el proyecto. En segundo lugar, el compromiso y el deseo de todos los periodistas de Radio Okapi y otros miembros del personal que aceptan el hecho de trabajar en condiciones de seguridad precarias. «Esto es especialmente cierto para los colaboradores de Goma, Bukavu, Bunia (todas ellas situadas en la inestable zona oriental de la RDC) y también la a veces capital, Kinshasa», indica Martin.

Pensando en el futuro, en el día en que los soldados de la MONUC abandonen la RDC, Martin señala la importancia de que Radio Okapi preste formación a su personal local para mejorar su profesionalidad y asegurar su motivación para continuar con su trabajo.

«Es esencial asegurar buenos salarios, buenas condiciones laborales y una atmósfera de trabajo tranquila. Desde la perspectiva de la sostenibilidad, debemos acelerar la transferencia de las responsabilidades a los directores congoleños que serán los que continúen con el trabajo iniciado por las Naciones Unidas», concluye.

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