Historias
Historias
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En medio de creciente inseguridad, prosigue el trabajo humanitario y político en Somalia
A pesar de los continuos secuestros y enfrentamientos armados, y con un notable aumento de la piratería amenazando la entrega de la ayuda internacional, las Naciones Unidas continuaron en 2008 con su compromiso humanitario y político en Somalia.
Los esfuerzos siguieron encaminados a crear los fundamentos políticos y de seguridad necesarios para aumentar el compromiso internacional en la zona.
El Representante Especial del Secretario General, Ahmedou Ould-Abdallah, siguió desarrollando la agenda política de las Naciones Unidas con el fin de prestar su ayuda a los esfuerzos de conciliación en Somalia. El punto culminante de esos esfuerzos tuvo lugar en junio, cuando actuó como mediador en un precario acuerdo de paz sellado en Djibouti entre el Gobierno Federal de Transición (GFT) y la facción moderada de la opositora Alianza para la Reliberación de Somalia (ARS). El «proceso de Djibouti» dio lugar a un anteriormente inexistente y muy deseado avance en la conciliación política, con el compromiso de ambas partes de establecer un gobierno de unidad, llevar a cabo una ampliación en el parlamento de transición para que fuese más representativo y crear una fuerza de seguridad conjunta. El proceso de implementación del Acuerdo de Djibouti experimentó algunas dificultades y, como resultado de ello, para finales de año había tenido un impacto mínimo en la situación, a la vez que las condiciones de seguridad seguían deteriorándose, especialmente en la capital, Mogadiscio.
Asimismo, esta inseguridad llevó a la Oficina Política de las Naciones Unidas para Somalia (UNPOS), con sede en Nairobi, a paralizar los planes que estaban en marcha para su traslado a Mogadiscio. A este respecto, el Representante Especial del Secretario General Ould- Abdallah siguió manteniendo que un aumento real en la credibilidad y eficacia de las Naciones Unidas sólo podría ser posible mediante la presencia sobre el terreno de las Naciones Unidas y de sus organismos.
Esta presencia cobra aún más importancia dado que el desafío humanitario sigue siendo considerable. La continua inestabilidad –unida a la sequía, los altos precios de los alimentos y el colapso de la moneda local– sólo empeoró la ya desesperada situación humanitaria durante el año. A finales de 2008, las Naciones Unidas calculaban que cerca de 3,2 millones de personas, el 40% de la población, necesitaban asistencia, y que aproximadamente uno de cada seis niños menores de cinco años padecían de una desnutrición aguda en las regiones del sur y del centro de Somalia.
Al mismo tiempo, algunos miembros del Consejo de Seguridad continuaban ejerciendo presiones para que en el país se desplegase una misión de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. En respuesta a la petición del Consejo, el Secretario General Ban Ki-moon - en su informe del mes de noviembre de 2008 - declaró que el despliegue de una misión de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas sólo sería posible una vez que una fuerza multinacional con un mandato robusto crease unas condiciones mínimas de seguridad en Mogadiscio. Apuntando que el «riesgo de anarquía en Somalia es claro y presente», en un comunicado de prensa del mes de diciembre anunció que tras haber mantenido conversaciones con los líderes de aproximadamente 50 países, no había conseguido encontrar ninguna nación que estuviera dispuesta a liderar una fuerza multinacional. Por ello propuso una serie de pasos para avanzar en el proceso de paz de Djibouti y mejorar el acceso a la ayuda humanitaria, así como reforzar a la actual Misión de la Unión Africana en Somalia(AMISOM).
Sin embargo, los miembros del Consejo de Seguridad se mostraron unánimes a la hora de acordar acciones contra el creciente número de ataques perpetrados por piratas en la costa de Somalia, lo cual se consideraba otro claro síntoma de débil gobernanza y como el resultado de años de desesperación económica y social. En una sucesión de resoluciones, el Consejo hizo un llamamiento a todas las organizaciones nacionales y regionales con la capacidad necesaria para desplegar buques navales y aviones militares a que combatiesen la proliferación de la piratería. A mediados de diciembre, estos pasos se vieron ampliados aún más con la autorización del Consejo para emprender acciones contra los piratas somalíes en tierra. Asimismo, el Consejo acordó mantener y controlar el régimen de embargo de armas que había impuesto en el país en 1992.