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Operaciones de paz de las Naciones Unidas, Resumen del año 2008

El personal de mantenimiento de la paz lidera la respuesta a los desastres naturales en Haití

El Teniente General Carlos Alberto Dos Santos (centro), Comandante para la Fuerza de la MINUSTAH, y otros miembros del personal militar ayudan en la operación de rescate tras el derrumbamiento del Collège La Promesse

El Teniente General Carlos Alberto Dos Santos (centro), Comandante para la Fuerza de la MINUSTAH, y otros miembros del personal militar ayudan en la operación de rescate tras el derrumbamiento del Collège La Promesse. Pétionville, Haití. 7 de noviembre de 2008. Foto de la ONU de Marco Dormino.

La Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) fue desplegada en 2004 con una clara función: Ayudar a reestablecer y a mantener el estado de derecho con el fin de que el país fuese un lugar lo suficientemente seguro y estable para que el proceso constitucional y político pudiese prosperar. Sin embargo, este año la misión de mantenimiento de la paz se enfrentó a desafíos totalmente diferentes. Aparte de desarrollar los puntos centrales de su mandato, la MINUSTAH desempeñó un importante papel en ayudar al país a tratar una serie de desastres, entre los que se incluyen las manifestaciones violentas sobre los precios de los alimentos que llevaron al colapso del gobierno, 4 terribles huracanes que afectaron a casi 1 millón de personas, y el derrumbe de un colegio que se cobró la vida de 100 niños.

Los organismos del gobierno haitiano que debían encargarse de tratar estas crisis están en malas condiciones como resultado de los años de estancamiento económico y de agitación política, razón por la cual la responsabilidad de movilizar personal, recursos y pericia para ayudar a salvar vidas en situaciones de emergencia recayó en la MINUSTAH.

A principios de abril, los cada vez más elevados precios del combustible y de los alimentos importados, unido a la baja producción interna, provocó violentas manifestaciones antigubernamentales que dieron comienzo en Las Cayes y que pronto se extendieron a varias de las ciudades más grandes de Haití, incluida la capital, Puerto Príncipe. Seis personas murieron y varios centenares resultaron heridas en los disturbios. El 12 de abril, el Primer Ministro Jacques- Edouard Alexi fue obligado a dimitir.

Durante este complicado periodo, la policía y el ejército de las Naciones Unidas fueron llamados a colaborar con la Policía Nacional Haitiana (PNH) para reestablecer la ley y el orden en los barrios sacudidos por la violencia y para proteger los emplazamientos de las Naciones Unidas y los principales edificios gubernamentales de la capital. Profundamente preocupado sobre la difícil situación del pueblo de Haití, el Secretario General, conjuntamente con el Presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva, organizó una conferencia internacional en Roma para tratar la crisis alimentaria del país. El Secretario General pidió que se renovasen los esfuerzos para ayudar a Haití a superar el impacto producido por la subida de los precios de muchos productos básicos. Advirtió que el frágil estado de gobernanza y las cada vez peores condiciones de vida en Haití «han creado un ambiente volátil y potencialmente peligroso».

Sin embargo, las dificultades por las que pasó Haití en la primavera no parecen tan graves si los comparamos con lo que estaba por venir. Cuatro tormentas tropicales –Fay, Gustav, Hanna e Ike– azotaron Haití con lluvias torrenciales y vientos de gran intensidad entre mediados de agosto y mediados de septiembre. Las tormentas dejaron una estela de estragos a su paso, causando la muerte de más de 1.000 personas y desplazando o afectando directamente a más de 800.000. Decenas de miles de casas resultaron dañadas o destruidas, y varias carreteras y puentes principales –cruciales para la economía del país– fueron arrasados. Gonaïves resultó especialmente afectada.

Las fuerzas de mantenimiento de la paz brasileñas protegen las calles alrededor del Palacio Nacional tras el estallido de las protestas contra las subidas de los precios de los alimentos

Las fuerzas de mantenimiento de la paz brasileñas protegen las calles alrededor del Palacio Nacional tras el estallido de las protestas contra las subidas de los precios de los alimentos. Puerto Príncipe, Haití. 8 de abril de 2008. Foto de la ONU de Logan Abassi.

Esta ciudad costera de alrededor de 100.000 habitantes, que ya corrió igual suerte en 2004, estuvo anegada por el agua y el barro durante semanas. En tanto que muchos de los habitantes de la ciudad huyeron, otros vivieron en los tejados mientras disminuía la crecida de las aguas. Los cadáveres humanos y los cuerpos de animales muertos contaminaban el agua, aumentando la amenaza de propagación de los brotes de enfermedades. El Representante Especial del Secretario General para Haití, Hédi Annabi, dijo que Gonaïves «parecía el infierno en la tierra».

Durante este oscuro período, el coordinador humanitario de las Naciones Unidas organizó la respuesta por parte del personal dedicado a tareas de socorro y de los cascos azules que trabajaron casi sin pausa para salvar Gonaïves. Evacuaron víctimas, apuntalaron la desmoronada infraestructura, proporcionaron seguridad y repartieron provisiones de auxilio que se necesitaban urgentemente, como alimentos o agua potable, todo ello mientras ofrecían atención médica de emergencia, incluida asistencia para salvar la vida de mujeres embarazadas y de niños.

Mientras que los organismos humanitarios, con el apoyo del personal de mantenimiento de la paz, estaban haciendo frente a los peligros más inmediatos a los que se enfrentaba la población, el sistema de las Naciones Unidas se dedicaba a tratar los problemas a largo plazo. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) de las Naciones Unidas hizo en septiembre un llamamiento urgente para obtener 108 millones de dólares estadounidenses con el fin de apoyar la recuperación y las actividades de socorro durante los siguientes seis meses y así poder tratar el daño generalizado causado por la tormenta a las zonas agrícolas, que había provocado la pérdida de las cosechas de maíz, frijoles y bananas.

Durante la segunda mitad del año, la propia población haitiana logró rescatar una señal de progreso de la terrible época de huracanes al crear su propio sentido de solidaridad nacional y romper el impasse político que se había prolongado durante casi cinco meses, permitiendo a los políticos del país alcanzar un acuerdo sobre el nombramiento del Primer Ministro Michèle Pierre- Louis y sobre la formación de un nuevo gobierno.

Cuando Haití aún se estaba comenzando a recuperar de la sucesión de fatídicas tormentas, sucedió una nueva tragedia al derrumbarse el 7 de noviembre un colegio en la comuna de Pétionville, a las afueras de Puerto Príncipe, quedando cientos de niños atrapados entre los escombros. El personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas proveniente de Brasil, Chile, Ecuador y Filipinas, así como el personal de sus organismos humanitarios, acudieron rápidamente al lugar para retirar los escombros y ayudar a los supervivientes sepultados bajo los escombros. Entre los primeros en ofrecer auxilio se encontraba el Teniente General, Carlos Alberto Dos Santos Cruz, Comandante para la Fuerza de la MINUSTAH, que corrió hasta el lugar de los hechos antes de lanzarse a ayudar, cogiendo un pico para romper los bloques de hormigón bajo los que se encontraban las personas atrapadas.

El inestimable trabajo llevado a cabo por el personal de paz durante las crisis de 2008 puso de manifiesto que el despliegue permanente de la MINUSTAH sigue siendo indispensable. Tal y como quedó claro durante los disturbios y los huracanes registrados en abril, los efectivos de seguridad de la misión continúan desempeñando una función esencial para garantizar la estabilidad del país mientras se crea la Policía Nacional Haitiana. Entretanto, la MINUSTAH está realizando una contribución clave para la estabilización a largo plazo de Haití a través de su apoyo al fortalecimiento de las instituciones del estado de derecho, a la vez que buscando desarrollar la capacidad de la administración estatal a los niveles central y local. Sin embargo, queda mucho por hacer por el desarrollo socioeconómico de Haití. Como dijo Hédi Annabi a la prensa en octubre, «una población pobre, hambrienta y desesperada simplemente no es compatible con la estabilidad y la seguridad».

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