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Operaciones de paz de las Naciones Unidas, Resumen del año 2008

Los retos frente a la nueva misión de mantenimiento de la paz en Darfur

Combatientes de la facción del Ejército de Liberación de Sudán situados enfrente de un helicóptero de las Naciones Unidas

Combatientes de la facción del Ejército de Liberación de Sudán situados enfrente de un helicóptero de las Naciones Unidas. Hosh, Sudán. 15 de enero de 2008. Foto de la ONU de Stuart Price.

Con grandes esperanzas para el futuro de Darfur depositadas sobre ella, pero con pocas diferencias con su predecesor (la Misión de la Unión Africana en el Sudán - AMIS), la primera Operación Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur, conocida como UNAMID, fue creada el 31 de diciembre de 2007. A pesar de que inicialmente la UNAMID sólo presentaba diferencias superficiales con la fuerza de la Unión Africana, aquel momento significó la introducción de una sólida presencia de actividades de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas en el conflicto de Darfur.

Los riesgos y desafíos a los que se enfrentaba la nueva misión eran evidentes desde el principio. El por entonces Secretario General Adjunto para Operaciones de Mantenimiento de la Paz Jean- Marie Guéhenno los explicó en detalle a principios de enero, cuando señaló al Consejo de Seguridad que la convergencia de tres factores ponía a la UNAMID en la situación más arriesgada a la que se ha enfrentado una misión desde los contratiempos sufridos por las operaciones de mantenimiento de la paz en la década de 1990: El conflicto que seguía desarrollándose en la zona, la ausencia de una señal de las partes que mostrará que querían una operación de mantenimiento de la paz robusta, y la «trágica» carencia de los recursos más esenciales por parte de la propia UNAMID.

Más allá del control de la misión, estos tres factores iban a estar muy presentes en la labor de la UNAMID durante 2008, dificultando su capacidad para desempeñar su mandato de manera eficaz. Los repetidos llamamientos a los Estados Miembros por parte del Secretario General Ban Ki-moon y de los oficiales de mantenimiento de la paz para obtener recursos fundamentales, como helicópteros militares, aviones de reconocimiento y unidades de apoyo logístico, cayeron en oídos sordos. En este sentido, los intentos de avanzar en el proceso de paz se vieron obstaculizados por las repetidas oleadas de atentados y enfrentamientos, la mayor fragmentación de los movimientos rebeldes, y la ausencia general de voluntad política entre las distintas partes para tratar de buscar una solución negociada al conflicto.

A finales de 2008, había pocas señales de que el sufrimiento de Darfur estuviera de alguna manera cercano a su fin. Además, la posibilidad de que la Corte Penal Internacional procese al Presidente sudanés Omar Hassan Ahmed Al- Bashir provoca una gran incertidumbre sobre los todos los esfuerzos de las Naciones Unidas en Sudán, entre los que se incluyen una operación humanitaria masiva y otra misión de mantenimiento de la paz en el sur del país. Se despertó la preocupación por una posible fuerte reacción negativa contra el personal y las operaciones de las Naciones Unidas en el caso de que se emitiera una orden de arresto desde La Haya.

Durante 2008 continuaron llegando a Darfur tropas y efectivos policiales aportados por un gran número de Estados, aunque no en las cantidades que se esperaban a principios de año. Se otorgó prioridad al despliegue de unidades de apoyo y la primera gran llegada al país fue la de la del grueso de una empresa china de ingeniería en mayo, la cual se estableció en Nyala (Darfur del Sur) para preparar campamentos y llevar a cabo otros proyectos de infraestructura. El componente técnico se vio complementado por el despliegue de ingenieros egipcios y pakistaníes en julio y diciembre, respectivamente. Un hospital de nivel II nigeriano y otro pakistaní de nivel III se establecieron en la zona en octubre y diciembre respectivamente, lo cual significó un importante impulso en la asistencia médica y sanitaria de las fuerzas. En octubre, noviembre y diciembre se desplegaron unidades logísticas y de transporte provenientes de Bangladesh, Egipto y Etiopía. Durante los meses de noviembre y diciembre se desplegaron un batallón de infantería y una compañía de reconocimiento etíopes, que se sumaron a 12 de los 18 batallones autorizados. Asimismo, seis antiguos batallones de la AMIS fueron reforzados hasta contar con 800 efectivos de personal, según establecen los niveles de las Naciones Unidas.

En octubre, una unidad de policía constituida (FPU) de Indonesia se incorporó a la misión con el fin de ayudar a la policía de la UNAMID a proporcionar seguridad a los desplazados internos (IDP) en la zona. Una unidad de policía constituida nepalí y otras dos nigerianas harían lo propio en noviembre y diciembre, respectivamente. Un flujo continuo de oficiales de policía llegó individualmente cada mes.

Un miembro de la UNAMID examina un vehículo dañado, perteneciente a un convoy de suministro de las Naciones Unidas que fue atacado en el oeste de Darfur

Un miembro de la UNAMID examina un vehículo dañado, perteneciente a un convoy de suministro de las Naciones Unidas que fue atacado en el oeste de Darfur. 13 de enero de 2008. Foto de la ONU de David Manyua.

Estos despliegues se produjeron en medio de las crecientes condiciones de inseguridad y los enfrentamientos en toda la región. En febrero, un ataque perpetrado por los rebeldes contra N´Djamena, la capital del Chad, país vecino, aumentó las tensiones y contribuyó a la posibilidad de que la situación en Darfur se desestabilizara aún más. El 8 de febrero, Saraf Jidad, Sirba, Silea y Abu Suruj, ciudades situadas en la región de Darfur, fueron atacadas por la milicia Janjaweed con el apoyo de las fuerzas armadas sudanesas, dejando un balance de al menos 115 personas muertas y forzando el desplazamiento de otras 30.000. Durante los ataques, las casas de los civiles se vieron reducidas a cenizas y helicópteros del gobierno y aviones de ala fija perpetraron ataques aéreos. Al día siguiente de los ataques, en una declaración de condena, el Secretario General recalcó que todos los grupos estaban obligados a cumplir con el derecho internacional humanitario, en especial con las prohibiciones relativas a los ataques a civiles.

Los bombardeos aéreos perpetrados por las fuerzas gubernamentales sudanesas continuaron durante todo el año. A finales de febrero, la coordinadora humanitaria de las Naciones Unidas, Ameerah Haq, manisfestó que estaba profundamente preocupada por la seguridad de miles de civiles en Jebel Muun, zona de Darfur Occidental, tras los bombardeos llevados a cabo por un avión del gobierno. En mayo, la UNAMID evacuó a los habitantes de Darfur del Norte que habían resultado heridos en un ataque perpetrado por un avión del gobierno sudanés que dejó tres muertos y al menos ocho heridos. El Secretario General condenó el incidente en los términos más enérgicos, diciendo que los bombardeos de los pueblos de Umm Sidir, Ein Bassar y Shegeg Karo eran «totalmente inaceptables».

Posteriormente, el 10 de mayo, el grupo rebelde Movimiento por la Justicia y la Igualdad (JEM) conmocionó al Gobierno sudanés y a la comunidad internacional al lanzar un ataque relámpago a lo largo de cientos de millas del desierto, amenazando la capital sudanesa. Los combatientes del JEM alcanzaron las afueras de Jartum, pero fueron finalmente forzados a la retirada por las fuerzas gubernamentales. Este hecho llevo al Gobierno del Sudán a romper relaciones diplomáticas con el Chad, porque sostenía que este país había prestado ayuda al JEM.

El 13 de mayo, en un informe al Consejo de Seguridad, el Secretario General expresó su más profundo desencanto porque los grupos seguían recurriendo a la violencia en Darfur, lo cual dijo que estaba obstaculizando los esfuerzos para que el proceso político avanzara y «constituía un importante desafío para la UNAMID, una fuerza de mantenimiento de la paz que no está concebida para desplegarse u operar en una zona de guerra».

Al día siguiente, el Sr. Guéhenno informó al Consejo de Seguridad de que Darfur se enfrentaría a otro importante ciclo de violencia y de desplazamiento a gran escala de la población, a menos que los grupos dejarán de lado sus posturas enfrentadas.

El 25 de agosto, las fuerzas de seguridad sudanesas asaltaron en Darfur del Sur el campamento de desplazados internos de Kalma, desencadenando un intercambio de disparos que terminaron con la vida de aproximadamente 64 personas y que hirieron a otras 117. El asalto fue condenado enérgicamente por las Naciones Unidas al calificarlo como uso excesivo y desproporcionado de fuerza letal «excesivo y desproporcionado de fuerza letal» contra civiles. Las repercusiones del ataque iban a preocupar a la UNAMID durante buena parte de lo que restaba de año, ya que la misión trató de rebajar las tensiones y volver a crear un ambiente de confianza entre las personas que vivían en el campamento. Las medidas tomadas incluyeron el establecimiento de una presencia constante de patrullas en el campamento.

Los continuos enfrentamientos y el bandidaje en Darfur del Norte llevaron al Secretario General a afirmar en su informe del mes de octubre al Consejo de Seguridad que las condiciones de seguridad eran tan malas que la UNAMID no podía operar de forma eficaz. Apuntó que los grupos seguían tratando de buscar una solución militar al conflicto y que se habían producido pocos avances en la implementación del Acuerdo de Paz de Darfur de 2006.

Una unidad logística aportada por Bangladesh llega a Nyala, Darfur del Sur

Una unidad logística aportada por Bangladesh llega a Nyala, Darfur del Sur. 23 de octubre de 2008. Foto de la ONU de Josephine Guerrero.

Una declaración de cesación del fuego unilateral realizada el 12 de noviembre por el Presidente Al- Bashir no hizo nada para poner freno a la violencia en Darfur, dado que al día siguiente las fuerzas del gobierno llevaron a cabo bombardeos aéreos. La declaración fue inmediatamente rechazada por los rebeldes al considerarla como una maniobra propagandística para tratar de evitar la posible acusación de la Corte Penal Internacional, y los enfrentamientos continuaron en la zona. Dos semanas más tarde, el Secretario General hizo público otro informe en el que condenaba los bombardeos aéreos llevados a cabo por el Gobierno del Sudán en Darfur septentrional y expresaba su decepción porque la actividad militar del Gobierno continuó, «particularmente en vista del anuncio por parte del gobierno de una cesación del fuego inmediata».

Los ataques contra las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas y los trabajadores humanitarios fueron constantes durante todo el año. El 8 de enero, miembros de las fuerzas armadas sudanesas lanzaron un ataque contra un convoy de suministro de la UNAMID, incidente que fue condenado por el Consejo de Seguridad y el Secretario General. En mayo, docenas de hombres armados tendieron una emboscada a las tropas nigerianas que participaban en la UNAMID. El ataque fue condenado nuevamente por el Secretario General. Apenas una semana más tarde, el 29 de mayo, la misión quedó impactada al conocer la noticia del asesinato a sangre fría, el primero pero no el último, de un inspector de policía civil ugandés, a quien le dispararon cuando se encontraba en un vehículo de la UNAMID cerca del campamento de Zam Zam, en Darfur del Norte.

Sin embargo, el incidente más grave sucedió el 9 de julio, cuando una milicia no identificada tendió una emboscada a una patrulla policial y militar de la UNAMID en Darfur del Norte, dejando un balance de 7 integrantes de la fuerza de mantenimiento de la paz muertos y 22 heridos. El Secretario General deploró en los términos más enérgicos el ataque, haciendo un llamamiento al Gobierno del Sudán a que llevase a los autores ante la justicia.

Los ataques continuaron produciéndose con una frecuencia deprimente durante el resto del año, incluyendo uno que en julio se cobró la vida de un miembro del personal de paz en Darfur Occidental, el asesinato en octubre de un efectivo de origen sudafricano de la fuerza de mantenimiento de la paz que trataba de proteger un puesto de agua junto con su contingente en Darfur del Norte, así como diversos incidentes en los que se hicieron disparos a helicópteros civiles de uso general de la UNAMID.

La comunidad humanitaria sufrió enormemente el bandidaje durante el 2008. Para el mes de diciembre, 11 trabajadores de asistencia humanitaria habían sido asesinados; se habían producido 172 asaltos a puestos humanitarios; 261 vehículos habían sido robados; y 170 miembros del personal habían sufrido secuestros temporales. Todo esto supuso que operaciones de asistencia vitales tuvieran que ser restringidas en varias zonas con el fin de proteger al personal de asistencia. En agosto, el Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios John Holmes declaró su postura tras dos ataques contra el personal y las instalaciones de Médicos Sin Fronteras en Darfur del Norte, diciendo que estaba «profundamente preocupado por las continuas amenazas y ataques contra los organismos humanitarios que trabajan en Darfur». Advirtió que cientos de miles de personas dependían de la asistencia suministrada por los organismos de ayuda y que «no podemos permitirnos no contar con su presencia en Darfur».

Mientras tanto, prosiguieron los esfuerzos para avanzar en el frente político. A comienzos del año, los enviados especiales de las Naciones Unidas y de la Unión Africana, Jan Eliasson y Salim Ahmed Salim, iban y venían entre el Gobierno del Sudán, los movimientos rebeldes y a los asociados regionales e internacionales en un intento de mover a las partes a una posición en la que las negociaciones formales podrían dar comienzo. Sin embargo, con la llegada de abril, las esperanzas de lograr una solución política se habían debilitado ya que comenzó a ser aparente que las distintas partes no estaban dispuestas a abandonar el empleo de medios militares en la persecución de sus objetivos. El trabajo de los enviados se hizo aún más complicado debido a la tendencia a la fragmentación de los movimientos rebeldes, lo cual hacía que fuese casi imposible establecer una buena plataforma de negociación desde la que acercarse al gobierno.

En junio, el Sr. Eliasson informó al Consejo Seguridad de que el ambiente en la región había empeorado aún más, y advirtió que «una nueva generación en Sudán puede verse condenada a una vida de conflicto, desesperación y pobreza». Añadió que «al fin y al cabo, no se logrará un avance si los propios sudaneses no muestran seriedad, voluntad política y un compromiso claro por la paz». A finales de junio, el Secretario General nombró al antiguo Ministro de Asuntos Exteriores de Burkina Faso, Djibril Yipènè Bassolé nuevo Mediador Principal Conjunto de la Unión Africana y las Naciones Unidas para Darfur, que tendría su sede en El Fasher, Darfur del Norte. Los Sres. Eliasson y Salim seguirían disponibles para prestar su consejo y compromiso según sea necesario. El Sr. Bassolé llegó a Darfur a finales de agosto e inmediatamente emprendió una ronda de consultas sobre diversos temas.

El 31 de julio, el Consejo de Seguridad prorrogó el mandato de la UNAMID por otro período de 12 meses. Para finales de año, se habían desplegado 12.734 tropas para la UNAMID - representando el 63% de la fuerza militar autorizada de la misión, que ascendía a 19.555 efectivos –con el compromiso de completar los despliegues en 2009. En el frente político, a pesar de los esfuerzos coordinados por el Sr. Bassolé y una iniciativa de paz del Gobierno de Qatar con el fin de reunir a todas las partes implicadas para entablar negociaciones directas en Doha, hubo pocas señales que indicaran un avance inminente, , principalmente porque las partes parecían estar más a favor de la lucha continua que del diálogo.

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