Darfur - Bonuca

La UNMIS ayuda a cimentar la paz entre el norte y el sur del Sudán

El Sudán avanzó con pasos firmes en la aplicación del Acuerdo General de Paz en 2006, con el redespliegue de efectivos y el cumplimiento de otros compromisos en materia de seguridad. Sin embargo, hay zonas del país donde todavía proliferan las milicias armadas, los desacuerdos sobre las fronteras, la polémica sobre los ingresos derivados del petróleo y la creciente crisis en Darfur.

En julio se logró un adelanto importante, cuando el Ejército Popular de Liberación del Sudán (SPLA) sacó los 5.672 soldados que le quedaban en Sudán oriental y los trasladó al sur. La Misión de las Naciones Unidas en el Sudán (UNMIS) cerró definitivamente su oficina en Kassala en septiembre, y retiró a 80 civiles y 250 militares.

Las Fuerzas Armadas del Sudán siguieron retirándose del sur, en cumplimiento de la fecha fijada de julio de 2007 para completar su redespliegue al norte. Los del sur, sin embargo, todavía están bajo la amenaza de “otros grupos armados”, grupos de renegados de los ex combatientes que no se han sumado ni al Ejército Popular de Liberación ni a las Fuerzas Armadas del Sudán, como se estipula en el Acuerdo General de Paz.

En varias zonas del sur, comandantes de la Fuerza de Defensa del Sur del Sudán, otro de los grupos armados, se negó a acatar el acuerdo de unir sus fuerzas a las del SPLA, como se establecía en la Declaración de Juba del mes de enero. Se sospechaba que las milicias permanecían activas para crear inestabilidad y controlar zonas en litigio o los campos petrolíferos. Uno de los lugares en litigio era la zona de transición de Abyei, donde las tensiones políticas eran extremas y la población no contaba aún con un gobierno local.

Residentes de Torit, Equatoria oriental
Residentes de Torit, Equatoria oriental, observan la ceremonia de graduación de los nuevos oficiales de policía (ex soldados del SPLA) el 15 de noviembre de 2006.
(Foto de la UNMIS tomada por Tim McKulka)

El Sur estaba también plagado de bolsones de inseguridad debido a las tensiones tribales, a la abundancia de armas pequeñas y al regreso de refugiados y desplazados. Además, los sureños sufrían ataques esporádicos del Ejército de Resistencia del Señor radicado en la región, hasta que las conversaciones de paz en las que mediaba el Gobierno del sur del Sudán llevaron al Ejército de Resistencia del Señor y al Gobierno de Uganda a firmar un acuerdo de cese de las hostilidades en agosto.

La demora en formar las unidades conjuntas integradas entre las Fuerzas Armadas del Sudán y el SPLA para eliminar las deficiencias en materia de seguridad, dejados por las antiguas fuerzas de oposición también afectaba la situación de seguridad. Se emprendieron esfuerzos que se requerían con urgencia para convertir al SPLA en un ejército moderno y profesional no sólo para contener las hostilidades, sino para poner freno a los soldados trashumantes que entraban en conflicto con la población local.

Habiendo desplegados sus fuerzas casi al 100% en el sur, la UNMIS pudo ayudar a frenar la violencia en las regiones apoyando los programas de desarme militar y civil, que preveían la capacitación de más de 400 recopiladores de datos del SPLA para que registraran a sus efectivos. La misión envió también más de 600 oficiales de policía al sur, para ayudar en la labor policial de las comunidades e Juba y formar a los miembros del recién constituido Servicio de Policía del sur del Sudán.

Además, la UNMIS ayudó a reforzar la infraestructura del sur destruida por la guerra y apoyó la remoción de minas y la reparación de más de 300 kilómetros de carreteras durante el año. La misión apoyó proyectos destinados a resolver la falta de servicios básicos, como agua, saneamiento, atención de la salud y educación, que se necesitaban con urgencia para los miles que regresaban y a los refugiados que volvían a la región, así como para levantar la moral local.

Mientras el sur luchaba por la reconstrucción, la demarcación de su frontera con el norte demoraba peligrosamente, lo que afectaría la distribución de ingresos provenientes del petróleo, la terminación del redespliegue en 2007, las elecciones de mitad de período en 2009 y el referéndum sobre la unidad en 2011. Las partes en el gobierno también peleaban por la situación de la Comisión Nacional del Petróleo, si sería un órgano asesor o ejecutivo, y por la división equitativa de los ingresos provenientes del petróleo entre el norte y el sur del Sudán.

Los titubeos del gobierno para decidir sobre cuestiones fundamentales retrasaron algunas actividades previstas en el Acuerdo General de Paz, incluidos los preparativos para las elecciones nacionales, originalmente programadas para mediados de 2008, que ahora se han aplazado hasta mediados de 2009. Las comisiones previstas en el acuerdo de paz no se habían establecido o no estaban funcionando, entre ellas las que se encargarían de derechos humanos, la administración civil y los litigios sobre tierras. No obstante, el ritmo de aplicación del Acuerdo General de Paz se intensificó durante el último período de sesiones de la asamblea legislativa ese año, cuando se presentaron a debate 64 proyectos de ley.

Los analistas han sugerido que las constantes refriegas en Darfur podrían tener consecuencias para la aplicación del Acuerdo General de Paz y que la paz en el Sudán es indivisible. Alegan que el éxito del Acuerdo General de Paz podría llegar a ser un modelo de paz sostenible en Darfur, pero el Gobierno tiene que intensificar sus esfuerzos para que el acuerdo entre el norte y el sur funcione. En los próximos meses habrá que avanzar mucho en esferas como la demarcación de la frontera, la reforma de la policía y el sistema de seguridad, el regreso de los refugiados y desplazados internos y la preparación de las próximas elecciones.


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