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Somalia: ¿regresarán los cascos azules?

Las vicisitudes de Somalia se movieron como un péndulo durante 2006. Una terrible sequía seguida de inundaciones igualmente tremendas crearon el telón de fondo de una situación humanitaria desesperada que llevó al fracaso a los desacreditados caudillos de Mogadishu en mayo; el auge y la expansión de la Unión de Tribunales Islámicos (UIC) a algunos de los principales centros de población en las regiones centro meridionales del país en el segundo semestre del año; y la reconquista de los mismos territorios por un Gobierno Federal de Transición (TFG) militarmente debilitado con el apoyo de efectivos etíopes en diciembre de 2006 y enero de 2007.

Al entrar en prensa esta publicación, el Gobierno Federal de Transición consolidaba su poder en el país con la ayuda de sus aliados y la aprobación parlamentaria de la ley marcial. La Naciones Unidas preparaban el regreso de personal que se había retirado de Somalia en octubre por razones de seguridad. El Primer Ministro de Etiopía, Meles Zenawi, prometía retirar sus fuerzas algunas semanas después, mientras que la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD) y la Unión Africana (UA) indicaban que una misión africana de apoyo a la paz podría estar presente en Somalia para llenar este vacío de seguridad a finales de enero de 2007. El Consejo de Seguridad dio su visto bueno a la operación, al aprobar la resolución 1725 el 6 de diciembre.

Una población civil afligida en extremo se hallaba cautiva durante todo este torbellino político y militar. La extrema inseguridad y la lejanía complicaban la entrega de socorro a poblaciones que se hallaban dispersas.

No obstante, el año político se había iniciado para Somalia con una nota prometedora al firmarse en enero la Declaración de Adén, por mediación del Yemen, para poner fin a las diferencias entre el Presidente Abdullahi Yusuf y el Presidente del Parlamento Federal de Transición, Jeque Sharif Sheikh Adan. Con la firma de la Declaración, el Gobierno Federal de Transición y el Parlamento Federal de Transición se trasladaron a Baidoa, a 140 millas al noroeste de Mogadishu en febrero y celebraron su primera sesión poco después.

Una calle de Mogadishu
Una calle de Mogadishu (Somalia), tras 16 años de guerra civil, 18 de enero de 2007. (Foto de la UNPOS tomada por Ian Steele)

En febrero se registró también un cambio extraordinario en el complicado equilibrio de poder basado en los clanes en Somalia con el surgimiento de la Alianza para el Restablecimiento de la Paz y contra el Terrorismo (ARPCT), integrada por caudillos de Mogadishu, con el objetivo declarado de luchar contra la influencia de la Unión de Tribunales Islámicos en la ciudad. Los miembros de la Alianza afirmaban que los tribunales amparaban a operativos de Al-Qaeda y a otros combatientes extranjeros y apoyaban el terrorismo. Los combatientes y pistoleros de la ARPCT leales a los tribunales entablaron fieros combates en la capital. El intenso tiroteo indiscriminado en las zonas urbanas dejó centenares de muertos y miles de desplazados. En mayo, los Tribunales habían derrotado a los caudillos y establecido su autoridad en Somalia central y meridional. Por primera vez en 15 años, en Mogadishu soplaban vientos de orden público.

El Gobierno Federal de Transición, en cambio, apenas tenía control sobre Baidoa, una realidad incómoda que se ejemplifica con toda crudeza con el asesinato de Abdallah Deerow Isaaq, Ministro de Asuntos Constitucionales de Somalia, cuando salía de una mezquita de la ciudad en julio y por un fallido atentado contra la vida del Presidente Yusuf, cuando se dirigía a su automóvil delante del edificio del Parlamento el 18 de septiembre. El día anterior, una monja católica italiana fue asesinada en Mogadishu. En junio, un camarógrafo y periodista sueco pereció a manos de un atacante desconocido mientras filmaba una manifestación en Mogadishu. Estos incidentes y algunas amenazas obligaron a las Naciones Unidas a reducir y luego retirar a todo el personal internacional de Somalia en octubre.

Las gestiones diplomáticas se aceleraban a medida que crecía la tensión. Con el apoyo de las Naciones Unidas, la Liga de los Estados Árabes inició una ronda de diálogos entre el Gobierno Federal de Transición y la Unión de Tribunales Islámicos en Jartum el 22 de junio. Tras asistir a las conversaciones, el Representante Especial del Secretario General para Somalia, François Lonsény Fall, viajó a Baidoa y Mogadishu en julio para reunirse por separado con el Presidente, el Primer Ministro y el Presidente del Parlamento y con el Presidente de la Unión de Tribunales Islámicos, Jeque Sharif Sheikh Ahmed. El Embajador Fall logró que ambas partes se comprometieran a continuar el diálogo. Una segunda ronda se celebró en Jartum el 2 de septiembre.

Niños somalíes
Niños somalíes cerca de Villa Somalia en Mogadishu, 18 de enero de 2007. (Foto de la UNPOS tomada por Ian Steele)

Tras el derrocamiento sorpresivamente rápido de los caudillos que habían gobernado Mogadishu mediante intimidación durante unos 15 años, los Tribunales siguieron ampliando el territorio bajo su control, a menudo sin disparar un solo tiro. Poco después de la segunda reunión de Jartum, los Tribunales asumieron el control de la ciudad portuaria de Kismayo, de importancia estratégica, y de la ciudad de Burhakaba a sólo 60 kilómetros al sur de Baidoa. A finales de octubre, sus fuerzas habían rodeado a Baidoa, cortado su suministro de combustible y controlado ocho de los 18 distritos administrativos del país. Según informes, sus partidarios también estaban activos en los territorios septentrionales de ‘Puntland’ y ‘Somaliland’.

El Embajador Fall informó al Consejo de Seguridad en cinco oportunidades durante el año y realizó muchas misiones en Somalia, dentro y fuera de la región, para alentar a que se mantuviese el apoyo al proceso de paz.

La UA y la IGAD siguieron pidiendo al Consejo de Seguridad que otorgara una exención al embargo de armas para facilitar el despliegue de la misión extranjera de apoyo a la paz. Los Tribunales juraron combatir contra todo ejército extranjero que se les opusiera en suelo somalí, y declararon una jihad contra las fuerzas etíopes, que, según afirmaban, se encontraban ya en el país protegiendo al Gobierno Federal de Transición. El Gobierno adujo que los Tribunales estaban recibiendo apoyo militar del exterior. Numerosos informes y avistamientos durante el año confirmaron un gran apoyo militar externo a ambas partes. La comunidad internacional expresó en reiteradas ocasiones sus temores de que Somalia corriera el riesgo de convertirse en escenario de un conflicto librado por conducto de otras partes, a saber Etiopía y Eritrea, con la gran probabilidad de que toda la región se viese envuelta en él.

Entretanto, la Liga de los Estados Árabes, la IGAD y otras entidades de la comunidad internacional trataron inútilmente de lograr algo positivo de una tercera ronda de conversaciones en Jartum en octubre. Las conversaciones fueron aplazadas cuando las partes se negaron a coincidir en un mismo lugar. Tras el aplazamiento de la tercera ronda de Jartum, el Presidente del Parlamento encabezó una delegación de unos 20 miembros del Parlamento a Mogadishu en octubre para alentar a la Unión de Tribunales Islámicos a reanudar el diálogo de Jartum. Aunque logró un acuerdo de siete puntos con la Unión, el Gobierno Federal de Transición no lo admitió porque, según afirmó, no contaba con la aprobación previa del Presidente ni del Primer Ministro, y se había gestionado sin consultar con el pleno del Gobierno Federal de Transición.

En medio de aquella situación militar estacionaria entre las fuertemente armadas fuerzas de las instituciones federales de transición y la Unión de Tribunales Islámicos fuera de Baidoa y en otros lugares estratégicos, el Representante Especial del Secretario General encabezó una delegación internacional de paz a Baidoa en noviembre. La misión instó al Presidente y al Presidente del Parlamento a que resolvieran sus diferencias, ayudaran a mantener la unidad del Gobierno Federal de Transición y acataran la Carta Federal de Transición como marco para la paz en Somalia. El Embajador Fall recibió seguridades en todos los sentidos, pero no cesó el inquietante reforzamiento de las fuerzas defensivas y ofensivas en Baidoa y sus alrededores.

Tras la derrota de las milicias de los caudillos en Mogadishu, se recibieron informes frecuentes de fuerzas extranjeras y equipo militar en Somalia para apoyar tanto al Gobierno Federal de Transición como a la Unión de Tribunales Islámicos. El reforzamiento militar llegó a un punto el 24 de diciembre, en que las escaramuzas pusieron en peligro la sede del Gobierno en Baidoa e hicieron que el Gobierno Federal de Transición y sus refuerzos etíopes descargaran todo su poderío. De resultas de ello, la milicia de los Tribunales se replegó a Mogadishu donde hicieron sólo una breve parada antes de entregar sus arsenales a las manos ávidas de la población en general y replegarse una vez más a la ciudad portuaria meridional de Kismayo, que cayó poco después con apenas algún que otro disparo. Lo que quedaba de la Unión de Tribunales Islámicos siguió retirándose otra vez más al extremo sur de Somalia, a un denso bosque cerca de Ras Kamboni, donde siguió resistiendo al Gobierno Federal de Transición y a las fuerzas etíopes.

A principios de 2007 los combates parecían ir perdiendo intensidad, lo que llevó a muchos observadores a preguntarse si las milicias de los Tribunales se habían simplemente difuminado entre la población en general con sus planes y su capacidad para organizar la insurgencia. En enero, una misión de evaluación de la Unión Africana a Somalia recomendaba que se desplegaran en el país miembros de una fuerza de mantenimiento de la paz de la UA durante seis meses, antes de que se iniciara una operación de paz de las Naciones Unidas.


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