INTRODUCCIÓN
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Más cascos azules llamados a servicio, pese a que el conflicto continúa

En los anales de las operaciones de paz de las Naciones Unidas, 2006 figurará como un año en el que, llegando a su término, realizaban operaciones sobre el terreno poco menos de 100.000 militares y civiles.

La explicación de este incremento sin precedentes era el total de acuerdos de paz, cesaciones del fuego o ceses de las hostilidades, logrados con el apoyo político y diplomático de las Naciones Unidas.

En una portada de The Economist de enero de 2007, sobre la foto de cascos azules españoles agrupados en el Líbano bajo una decena de banderas azules se anunciaba “Posibilidad de un mundo más seguro”.

Un artículo titulado “Mantenimiento de la paz: para eso están los cascos azules” comenzaba diciendo: “Llámese mantenimiento de la paz, imposición de la paz, estabilización o lo que sea, está claro que los soldados del mundo están más ocupados que nunca en esa ancha zona gris que media entre la guerra y la paz”.

Durante el año, Jean-Marie Guéhenno, Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, enarboló otras banderas.

¿Podrían las Naciones Unidas convocar efectivos suficientes para atender las demandas?, ¿cuál de las misiones en marcha o futuras llegaría a los 140.000? ¿Existía la voluntad política concomitante de lograr una paz verdadera? ¿Se estaban utilizando los cascos azules en el mantenimiento de la paz donde no había paz que mantener?

Tanto el Secretario General saliente, Kofi Annan, como el entrante, Ban Kimoon, tenían a Darfur como máxima prioridad en sus agendas. Pero al final de 2006, la agonía de Darfur iba para peor, y se intensificaban las presiones sobre las Naciones Unidas para que se pusiera fin a la guerra y se protegiera a la población. El Gobierno del Sudán en Jartum, que resistía la presión internacional concertada para que admitiera la presencia de las Naciones Unidas en Darfur, parecía ir aceptando poco a poco la necesidad convenir en que las Naciones Unidas ayudaran a reforzar a los 7.000 efectivos de la Unión Africana destacados allí. A finales de 2006, las Naciones Unidas comenzaban a desplegar personal civil, policías y efectivos en pequeños números en dos etapas de apoyo que se esperaba culminasen en una operación conjunta “híbrida” excepcional de las Naciones Unidas y la Unión Africana.

Aumentaban las presiones para el envío de cascos azules a la región fronteriza entre el Chad/la República Centroafricana y el Sudán, donde el conflicto de Darfur amenazaba con desatar una guerra regional. Entre tanto, los 10.000 efectivos de las Naciones Unidas desplegados en el sur del Sudán continuaban apuntalando el Acuerdo General de Paz entre el norte y el sur como parte de la misión de la Organización en Jartum (UNMIS).

En otro orden de cosas, las operaciones de paz de las Naciones Unidas ayudaron a proteger la precaria paz y a dar un poco de estabilidad a distintas y complejas situaciones después de los conflictos.

El aspecto más destacado del año fue tal vez el éxito sorprendente de la celebración de elecciones en la República Democrática del Congo. Por mucho tiempo se había hablado con pesimismo de las perspectivas de que la RDC llegara a ser un país funcional y de la función de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Pero hasta los comentaristas más cínicos tanto congoleses como de las Naciones Unidas se alegraron cuando más de 20 millones de votantes acudieron a las dos rondas de votación.

En el Líbano, soldados de casi 30 países, incluso de Europa, que por primera vez aportaba cascos azules en un número importante en más de diez años, se desplegaron en tiempo récord para ampliar la FPNUL, a raíz del conflicto entre Israel y Hezbolá durante el verano pasado.

Por otra parte, el 31 de diciembre partieron de Burundi los últimos cascos azules que quedaban de una misión que duró dos años, tras completar su mandado programado y lograr el establecimiento de estructuras locales y nacionales por medio de elecciones. Terminada la operación de mantenimiento de la paz, se estableció una oficina integrada de las Naciones Unidas que seguirá ayudando al país a dejar atrás la delicada etapa posterior al conflicto y a consolidar la estabilidad a largo plazo.

También en Haití, pese a que continuaba la violencia callejera en algunos barrios de Puerto Príncipe, se celebraban dos rondas de elecciones supervisadas por las Naciones Unidas y se establecían nuevas estructuras de gobierno. Las Naciones Unidas siguen prestando asistencia a Haití garantizando la seguridad de la población, mientras que se busca la manera de promover el apoyo permanente de la comunidad internacional a este maltrecho país.

Sin embargo, en Timor-Leste, comenzó una nueva operación de mantenimiento de la paz tras la violencia desatada en abril y mayo que amenazaba con dar al traste con lo logrado tras la independencia. Muchos alegaban que la anterior misión de las Naciones Unidas se había marchado demasiado pronto; otros consideraban que la intervención de la Organización no se había llevado a cabo con la meticulosidad necesaria para dejar un gobierno estable y una población reconciliada. Estabilizada ya la situación de seguridad, en Timor-Leste, se organizaron las elecciones nacionales para mediados de 2007.

También sobre el terreno, las Naciones Unidas desplegaron en 2006 sus esfuerzos de mediación para procurar soluciones políticas que impidieran el estallido de nuevos conflictos y la reanudación de otros latentes. Las misiones políticas de las Naciones Unidas y los enviados de paz realizaron intensas actividades en una decena de países, incluidos el Oriente Medio y Somalia.

El Secretario General Adjunto de Asuntos Políticos, Ibrahim Gambari, viajó dos veces a Myanmar, y fue la única figura pública internacional que medió entre los altos funcionarios de gobierno y personalidades de la oposición como Aung San Suu Kyi.

En noviembre, la capacidad de mediación de las Naciones Unidas recibió un nuevo reconocimiento cuando los maoístas y el Gobierno de Nepal alcanzaron un histórico acuerdo para abandonar las armas y compartir el espacio político y el poder. Las partes pidieron a las Naciones Unidas que siguieran prestándoles asistencia en la aplicación de aspectos fundamentales de su acuerdo por medio de una misión política autorizada por el Consejo de Seguridad el 23 de enero de 2007.

Con el establecimiento de la Comisión de Consolidación de la Paz, se llenó un vacío en la arquitectura de paz y seguridad de las Naciones Unidas; la Comisión decidió en 2006 centrar su atención en Burundi y Sierra Leona, como primeros países donde prestar apoyo en vísperas de la terminación de sus operaciones de mantenimiento de la paz.

Al iniciarse 2007, el nuevo Secretario General había propuesto una reestructuración de la estructura de apoyo de las operaciones de paz en la Sede, en un esfuerzo por atender con más eficacia las nuevas demandas de asistencia de las Naciones Unidas a países que salen de conflictos.


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