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Entrevista al Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Jean-Marie Guéhenno

Resumen del año: Apenas ha comenzado 2007, ¿por qué esta demanda sin precedente de tropas de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz?

SGA Guéhenno: Algunos conflictos están a punto de concluir. Ese es el lado positivo de este aumento. No se despliegan fuerzas si no se tienen perspectivas de paz. Así que, en ese sentido, el enorme incremento de las operaciones de mantenimiento de la paz es un buen síntoma. Por otra parte, recurrir al empleo de estas tropas de las Naciones Unidas no debería ser la única solución. Hay que seguir analizando detenidamente si la mejor manera de abordar una situación dada es mediante una operación de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Se pondría en riesgo todo lo adelantado en esta esfera, si se olvidaran las enseñanzas aprendidas durante el decenio de 1990, si, sólo porque las operaciones de mantenimiento de la paz hayan tenido una cadena de éxitos, se les volviera a ver como la solución universal. Pero no es así.

RdA: ¿Acaso la demanda de personal de mantenimiento de la paz en lugares donde sigue habiendo enfrentamientos o donde no se ha alcanzado un verdadero acuerdo de paz, como en Darfur, Chad, e incluso el Líbano, no significa llevar las operaciones de mantenimiento de la paz por un rumbo peligroso?

JMG: Se corre un riesgo. Con frecuencia la comunidad internacional se centra sólo en los aspectos relacionados con el material humano y el material bélico: si encontraremos las tropas, los recursos y otras cosas. Estas cuestiones son válidas porque cuando llegamos a los actuales niveles de alrededor de 85.000 efectivos y fuerzas policiales, se hace cada vez más difícil conseguir efectivos y conseguir las capacidades, los medios habilitantes, los sistemas multiplicadores que necesitamos para asegurar la eficiencia de las tropas. Pero hay algo que no se menciona con tanta frecuencia, y que es igualmente importante, y es que, cuando hay tantas operaciones de este tipo, ¿habrá suficiente participación internacional y se prestará la debida atención diplomática a cada situación? Con tantos despliegues simultáneos, hay que estar muy atentos también al peligro de estar “exigiendo políticamente demasiado”.

Jean-Marie Guéhenno, Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz
Jean-Marie Guéhenno, Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, examina un mapa durante un vuelo de Beirut a Naquoura (Líbano), el 29 de agosto de 2006 (Foto de las Naciones Unidas tomada por Mark Garten)

RdA: ¿Cuáles fueron los principales logros de las operaciones de mantenimiento de la paz el pasado año?

JMG Ver como miles de contingentes europeos se desplegaron con suma rapidez en el Líbano este verano fue un cambio muy bienvenido y es un buen ejemplo de que, cuando la asistencia de las Naciones Unidas –muy fortalecida – se combina con la voluntad política, el resultado es un despliegue muy rápido. ¿Acaso eso significa que ahora veremos sistemáticamente muchos más contingentes de países desarrollados en operaciones de mantenimiento de la paz? Es demasiado pronto para anticiparlo. El mayor éxito del año fue lo sucedido en la República Democrática del Congo: haber celebrado las elecciones más amplias y complejas de la historia de las Naciones Unidas, en un país sin infraestructura, que no había tenido unas elecciones libres en más de 40 años. Organizar unas elecciones libres y justas, como reconocieron en general los observadores internacionales, en un país que hace solo unos pocos años quedó devastado por la guerra y que estuvo ocupado por varios ejércitos extranjeros, es algo de proporciones históricas que puede ser una etapa crucial desde el punto de vista estratégico para gran parte de África, cuando no para todo el continente. Pero es preciso consolidar todo eso. Todavía hay que reconstruir un Estado. Así que la asociación entre el pueblo congolés y la comunidad internacional no acaba con las elecciones. Por el contrario, el siguiente reto es hacer que esa participación se mantenga vital y dinámica, y asegurar que siga contribuyendo a la evolución de la situación.

RdA: Este año hubo manifestaciones que reclamaron la presencia de las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas en Darfur. ¿Cómo ayudarían estos contingentes allí?

JMG: Mucho es lo que se espera de las Naciones Unidas. Ese es el dilema de las operaciones de mantenimiento de la paz. Mientras más éxito tenemos, más esperanzas hacemos concebir. Y no debemos olvidar el requisito esencial para el éxito de una operación de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas: para que la paz vuelva a Darfur, tiene que haber un proceso político de reconciliación. Ese proceso político tiene que estar respaldado por una fuerza militar fiable, fuerte, capaz de cumplir su mandato y disuadir a quienes podrían dar al traste con el proceso. Pero sería un error pensar que la fuerza sola basta para encarar los problemas de Darfur. En Darfur estamos colaborando con la Unión Africana. Hemos creado una operación híbrida, para unir fuerzas con la UA. Es un buen ejemplo de la interacción productiva entre África y las Naciones Unidas.

RdA: Durante los dos últimos años usted ha señalado los problemas de dirección que surgen al tener tantas misiones. ¿Cómo podrán las Naciones Unidas encarar estos retos en 2007?

JMG: La ventaja relativa que tienen las Naciones Unidas es que combinamos todos nuestros recursos políticos, militares, policiales y para el desarrollo para respaldar las misiones de manera integrada. Ahí está la fuerza de las operaciones multidimensionales de las Naciones Unidas, y esa clase de apoyo integrado es también lo que las misiones esperan de la Sede. Estamos enfrascados en un programa plurianual destinado a transformar las operaciones de mantenimiento de la paz – “Operaciones para la Paz 2010”- y creemos que el impulso que ha cobrado confirma la necesidad de seguir llevando adelante nuestro proceso de reforma. Estamos considerando la reestructuración de la Sede, lo que promovería la integración de las operaciones de paz con miras a reforzar nuestras actividades de supervisión, contar con más recursos en la sede para asegurar que la respuesta de las misiones sea firme y amplia, acorde con las necesidades sobre el terreno, y simultáneamente estamos examinando y reevaluando los reglamentos, en ocasiones anticuados, que rigen esas operaciones. Lo que vemos en las operaciones de paz es la transformación de una institución creada para celebrar conferencias en una organización orientada a la actividad práctica. Por eso es necesario adaptar las estructuras y los reglamentos de manera que apoyen las necesidades sobre el terreno, por lo que la preservación de la unidad de mando es la fuerza fundamental de las operaciones para el mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

RdA: ¿Qué lo sorprendió el año pasado?

JMG: Cuando se examina África en su perspectiva general, cuando uno ve los acontecimientos positivos que han tenido lugar en África occidental y central, se observa un cambio estratégico. En África occidental, tenemos un gran signo de interrogación, que es cómo van a evolucionar los acontecimientos en Côte d’Ivoire. Pero cuando uno analiza a Liberia, a Sierra Leona… uno ve que son frágiles, pero que se han logrado mejoras importantes. Sumadas a la República Democrática del Congo y Burundi, ya se tiene una gran parte del continente africano respecto de la cual muchos habían perdido las esperanzas hace solo unos años y ahora presenta signos esperanzadores. No hay garantías de nada y hay que seguir prestando atención, pero no cabe duda de que esa región está en mucha mejor forma, tiene muchas mejores perspectivas hoy que hace tres años.

Esto hay que matizarlo con todas las grandes interrogantes que plantea el Cuerno de África. Tenemos cuestiones por resolver en el Sudán, aunque sin duda el hecho de que el conflicto entre el Sudán del norte y el Sudán meridional terminó es un acontecimiento positivo. Pero la continua violencia en Darfur puede tener una repercusión negativa en otras partes. Están los problemas no resueltos de Somalia, la ausencia de definición entre Etiopía y Eritrea, que, hace algunos años, se celebró como un gran logro, mientras que se consideraba a la República Democrática del Congo un caso perdido. Es notable como han ido cambiando las ideas: la imagen de África a finales de 2006 difiere mucho de lo que se había esperado en 2003.


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