Oriente Medio - UNMIS

Las Naciones Unidas procuran la paz en Darfur

Pese a que el principal interés de la UNMIS en 2006 era el cumplimiento de su mandato de ayudar a aplicar el Acuerdo General de Paz de 2005, el empeoramiento de la crisis en la región occidental del Sudán en Darfur y los esfuerzos internacionales para resolverla requirieron la participación cada vez más urgente de la misión a medida que avanzaba el año.

Al principio esa participación se redujo a prestar asistencia en la promoción de una solución política al conflicto mediante sus buenos oficios, sus importantes conocimientos especializados y el apoyo logístico a la mediación de la Unión Africana (UA) y a los participantes que asistían a las conversaciones de Abuja (Nigeria).

Estas conversaciones culminaron con la firma del Acuerdo de Paz de Darfur en Abuja el 5 de mayo de 2006 tras varios meses de negociaciones. El Acuerdo abrió una ventana de esperanza de que pudiera ponerse fin al sufrimiento que padecía Darfur desde hacía tres años, pese a que los firmantes eran el Gobierno del Sudán y solo uno de los grupos rebeldes de Darfur; la facción Movimiento/Ejército de Liberación del Sudán (SLM/A), liderada por Minni Minawi.

Sin embargo, muy pronto se evidenció que existían graves problemas entre otros grupos rebeldes en Darfur, a los que se había concedido un período de gracia hasta el 31 de mayo para firmar el Acuerdo y no lo hicieron, así como con la interpretación del Gobierno del Sudán sobre cómo debía aplicarse el acuerdo.

El Representante Especial del Secretario General, Jan Pronk, habla ante una multitud
El Representante Especial del Secretario General, Jan Pronk, habla ante una multitud de dirigentes del SLA-G19 (no signatarios el Acuerdo de Paz de Darfur), combatientes y civiles en Birmaza, Darfur septentrional, 18 de octubre de 2006.
(Foto de la UNMIS tomada por Frederic Noy)

En la práctica, los caudillos tribales y rebeldes que se oponían al acuerdo explotaron de inmediato la falta de información sobre las disposiciones del acuerdo entre la población general de Darfur, y los campamentos de desplazados internos comenzaron a dividirse en facciones pro y contra el acuerdo. Las comunidades leales a Abdul Wahid, líder rebelde que no había firmado el Acuerdo, empezaron a manifestarse en contra del acuerdo alegando que no representaba sus intereses. El Movimiento por la Justicia y la Igualdad, otro de los movimientos rebeldes, declaró de inmediato su oposición.

A principios de 2006, era evidente que la Misión de la Unión Africana en el Sudán (AMIS), desplegada originalmente para vigilar el cumplimiento por las partes del acuerdo de cesación del fuego por razones humanitarias de 8 de abril de 2004, estaba tratando de cumplir el mandato ampliado, otorgado el 20 de octubre de 2004, de tratar de crear un entorno seguro para la prestación de ayuda humanitaria y el retorno de los refugiados y los desplazados internos. Pese a sus esfuerzos a menudo valerosos, la Misión carecía de fondos y recursos suficientes. Para las Naciones Unidas y la comunidad internacional en general, estaba claro que hacía falta una operación multidimensional de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

La firma del Acuerdo de paz de Darfur imprimió impulso a la planificación minuciosa de la transición a una misión de las Naciones Unidas que ya estaba en marcha en el cuartel general de la UNMIS en Jartum y en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

Sin embargo, en Jartum, el Presidente Omar al-Bashir y su gobierno rechazaron rápidamente la idea de una operación de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas que sustituyera a la de la Unión Africana, que el Consejo de Seguridad recomendaba en su resolución 1663 de 24 de marzo de 2006. El Consejo de Paz y Seguridad de la UA había dado muestras también de su conformidad con la transición a una misión de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

El Gobierno del Sudán, alegando amenazas a su soberanía por parte de Occidente, movilizó la sensibilidad del público contra la fuerza de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas en Darfur, en el Sudán y en todo el mundo musulmán. Se organizaron algunas reuniones y misiones de alto nivel durante el año para convencer al Presidente al-Bashir de que la sola intención de las Naciones Unidas era proteger a la población civil y ayudar a llevar la paz y la estabilidad al Sudán.

Tribu nómada
Miembros de una tribu nómada en camino hacia Bahr Al Ghazal occidental cavan en busca de agua en un reseco waddi, 6 de noviembre e 2006.
(Foto de la UNMIS tomada por Frederic Noy)

Tras intensas presiones diplomáticas, incluso por parte de miembros del Consejo de Seguridad durante una visita a la región en junio, y una misión especial encabezada por Lakhdar Brahimi, Jartum consintió a regañadientes que un equipo mixto de evaluación técnica de las Naciones Unidas y la UA visitara el Sudán para la planificación preparatoria necesaria de una operación de mantenimiento de la paz en Darfur encabezada por las Naciones Unidas.

Este equipo, dirigido por el Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Jean-Marie Guéhenno, y el Comisionado de Paz y Seguridad de la UA, Said Djinnit, no logró convencer al Presidente al-Bashir de la necesidad de apoyar una transición hacia la fuerza de las Naciones Unidas.

El 31 de agosto de 2006, el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 1706, en la que decidió ampliar el mandato de la UNMIS y reforzarla con un máximo de 17.300 efectivos militares internacionales, un máximo de 3.300 policías y 16 unidades constituidas de policía, que se desplegarían en Darfur. Sin embargo, el Gobierno del Sudán rechazó rápidamente y de plano esta decisión, y las muestras más evidentes que dio en Darfur fue decidir imponer una solución militar inmediata a la crisis en la región.

A medida que se desmoronaba la situación en Darfur, el Secretario General, valiéndose de las recomendaciones hechas por el equipo de evaluación, planificó en cambio un conjunto de medidas para reforzar la AMIS, hasta que se produjera el despliegue de una operación multidimensional de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, que consideraba necesaria para la aplicación del Acuerdo de Paz de Darfur. Este apoyo propuesto constaba de mando y control; mayor movilidad; servicios técnicos; entrenamiento; localización y provisión de agua; gestión administrativa y de los recursos e información pública.

Mientras miembros del Consejo de Seguridad, otros importantes Estados Miembros y organizaciones regionales trataban de persuadir a Jartum para que cambiara su actitud, la UNMIS seguía haciendo todo lo posible por incorporar a los no signatarios al proceso de paz. La UNMIS siguió prestando apoyo a la AMIS, mediante el establecimiento de redes telefónicas y de tecnología de la información y entrenando a la AMIS en asuntos humanitarios y sistemas de gestión del inventario. Además, la UNMIS prestó apoyo a la información pública para ayudar a la UA a promover el Acuerdo de Paz de Darfur, mientras que los oficiales de asuntos civiles de la UNMIS servían en numerosas ocasiones de mediadores y apoyaban los esfuerzos para eliminar tensiones en los campamentos de desplazados internos.

En el frente humanitario, las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales (ONG) siguieron ampliando la actividad de ayuda humanitaria masiva en la región para ayudar a un número cada vez mayor de comunidades afectadas por la violencia. Pese a la escasez casi permanente de fondos, a las restricciones al acceso y a los casos de acoso e intimidación, la actividad de socorro atendió a más de 2,5 millones de personas en el primer semestre del año. Participaron unos 13.000 trabajadores humanitarios de más de 80 ONG, sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja y 13 organismos de las Naciones Unidas.

Además, gracias al Alto Comisionado para los Derechos Humanos y al PNUD, se consolidó una importante presencia de los derechos humanos en Darfur en 2006 para vigilar y verificar los casos de violaciones de los derechos humanos, e impartir capacitación sobre derechos humanos y proporcionar representación jurídica para las víctimas de la tortura, la violencia por motivo de género y otras violaciones de los derechos humanos.

En el segundo semestre de 2006, la situación sobre el terreno en Darfur siguió deteriorándose. La violencia siguió su ascenso en espiral en toda la región; los ataques contra trabajadores humanitarios y la obstrucción a su labor se intensificaron; el bandolerismo era incontrolable; los grupos de las milicias seguían atacando a civiles; y el número de casos de violencia sexual contra mujeres y niñas seguía aumentando. A finales del año, el número de necesitados de asistencia humanitaria había aumentado a unos 4 millones, mientras que más de 400 trabajadores humanitarios se vieron obligados a reubicarse por razones de seguridad.

Además, la aplicación del DPA se había retrasado muchísimo. Hubo demoras y desacuerdos en cuanto al funcionamiento de órganos que se habían formado a raíz del Acuerdo, como la Comisión de Cesación del Fuego. Otros órganos previstos en el Acuerdo ni siquiera se establecieron.

El Secretario General advirtió al Consejo de Seguridad el 26 de septiembre de que la región estaba abocada a una catástrofe y que el Gobierno del Sudán y los grupos rebeldes estaban dando muestras de indiferencia total al Acuerdo, y subrayó la necesidad urgente de ampliar el apoyo público al acuerdo mediante iniciativas como el diálogo y la consulta Darfur- Darfur.

El 20 de septiembre, el Consejo de Paz y Seguridad de la UA prorrogó el mandato de la AMIS hasta el 31 de diciembre de 2006, y pidió a las Naciones Unidas que apoyaran a la AMIS. Las Naciones Unidas y la Unión Africana acordaron un conjunto de medidas de apoyo inmediato con miras a intensificar los esfuerzos para aplicar el DPA.

El 22 de septiembre, el Secretario General y el Presidente de la UA, Konare, escribieron al Presidente al-Bashir, para pedirle que apoyara la aplicación de este plan. En su respuesta, el Presidente al-Bashir dio a entender que así lo haría.

En la Sede de las Naciones Unidas, se elaboró un plan de tres etapas: dos etapas de aumento del apoyo a la AMIS, seguidas de una sola operación “híbrida” que realizarían simultáneamente la UA y el personal de paz de las Naciones Unidas.

El 16 de noviembre de 2006, el Secretario General convocó una reunión histórica de alto nivel en Addis Abeba con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, representantes del Gobierno del Sudán, Estados y organizaciones con influencia política en la región y algunos países que aportan contingentes AMIS. Los participantes en la reunión acordaron un enfoque en tres etapas para mantener la paz en Darfur, que hicieron suyo los miembros del Consejo de Paz y Seguridad de la UA el 30 de noviembre en Abuja, que, a su vez, recibió el respaldo del Consejo de Ministros del Sudán, bajo la presidencia del Presidente al-Bashir, el 3 de diciembre y el 19 de diciembre en una declaración del Presidente del Consejo de Seguridad.

A partir de ese momento, la UNMIS ha realizado intensas gestiones con la Secretaría y la UA para que esos adelantos políticos y diplomáticos se reviertan en resultados positivos sobre el terreno, fundamentalmente en la facilitación del despliegue de los equipos de asistencia.

Lo trágico es que a finales de año ninguna de las partes había dado muestras de abandonar la búsqueda de sus objetivos por medios que no fueran militares y, por tal motivo, las perspectivas para las comunidades vulnerables seguían siendo funestas durante 2007. Por otra parte, la propagación de la violencia al Chad y la República Centroafricana amenazaba con una crisis regional de proporciones aún mayores.

El año terminó también con una amarga nota personal entre la UNMIS y el Gobierno del Sudán cuando, en una carta de fecha 22 de octubre de 2006, el Gobierno del Sudán “dio por terminada” la misión del Representante Especial del Secretario General para el Sudán, Jan Pronk. Pese a que el Secretario General protestó esta decisión al Presidente al-Bashir, el Representante Especial abandonó el país cuando terminó su contrato a finales del año.


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