8. El capitán William Gorham (Canadá) disfruta de las vistas desde una posición de la policía montenegrina visitada por una patrulla de la MONUP.
Foto: Capitán Brennan Wiremu


 

Prevlaka


UNA OPERACIÓN DE MANTENIMIENTO DE LA PAZ QUE HACE HONOR A SU NOMBRE
Richard Calver, asesor político de la MONUP

Dicen que en un día claro se puede ver a varios kilómetros de distancia. Tienen razón: desde una colina azotada por el viento y situada en el sur de Croacia, se puede ver más allá de la frontera con Montenegro. Se puede ver hasta la bahía de Kotor, el fiordo natural más profundo de la costa del Adriático. Muy lejos, en medio de una nube de vapor, está la ciudad de Tivat, el puerto de la Armada yugoslava.

En la costa occidental de la bahía y a ambos lados de la frontera entre Croacia y Montenegro, encima de las inhóspitas montañas del sur de Bosnia y Herzegovina, la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en Prevlaka (MONUP) vigila con paciencia.

La misión de mantenimiento de la paz más pequeña de las Naciones Unidas, la MONUP, supervisa la desmilitarización de 150 kilómetros cuadrados de territorio a ambos lados de la frontera, incluido el estratégicamente conflictivo Cabo Ostra, situado en el lado occidental de la bahía de Kotor.

Cuando la ex-Yugoslavia se separó en 1991, Ostra se convirtió en objeto de conflicto. Croacia reclamaba ese territorio, pero Yugoslavia reivindicaba la propiedad de la base naval en ese lugar. Cuando los militares yugoslavos abandonaron la base, dejaron en manos de las Naciones Unidas la responsabilidad de la misma, esperando que las Naciones Unidas fueran un custodio temporario, hasta que Croacia y Yugoslavia resolvieran los problemas relativos a la jurisdicción del territorio y la seguridad de la bahía.

Como resultado de ello, los observadores militares de las Naciones Unidas han estado en Prevlaka desde el 20 de octubre de 1992. Hoy reina la paz, por lo que el trabajo de los 27 observadores, provenientes de 25 países, en gran medida rutinario. Pero hubo épocas angustiosas.

Durante la guerra de 1991-1995, Croacia y Yugoslavia no lograron avances en el arreglo de la controversia en torno a Prevlaka. Después de Dayton, firmaron un acuerdo para normalizar las relaciones pero ni siquiera comenzaron a examinar directamente la cuestión de Prevlaka hasta 1998, y los bombardeos de la OTAN a Yugoslavia, en 1999, interrumpieron ese proceso.

Durante los bombardeos, y con posterioridad a ellos, la MONUP desempeñó un papel clave en el mantenimiento de la estabilidad en la zona fronteriza, actuando como intermediaria y ayudando a disipar los temores y reducir la tensión.

En la actualidad, la MONUP tiene el honor nada frecuente de llevar a cabo su mandato de mantenimiento de la paz en medio de una zona turística. Tras un decenio de guerra y recelo, tanto Croacia como Montenegro atribuyen gran importancia al desarrollo del sector turístico y ambos países reconocen el papel desempeñado indirectamente por las Naciones Unidas en el fomento de la estabilidad a lo largo de la frontera.

Prevlaka es un caso único entre los conflictos en los Balcanes del pasado decenio ya que ha permanecido completamente bilateral, sin la participación activa de la comunidad internacional en la búsqueda de una solución. Como resultado de esto, las Naciones Unidas no participan en el plano político, sino que la responsabilidad de encontrar una solución compete directamente a los gobiernos de Croacia y Yugoslavia.

Parecería que la MONUP va a permanecer donde está mientras Croacia y Yugoslavia vean con agrado el despliegue de una misión de mantenimiento de la paz en la frontera sur y en tanto no sean capaces de concertar las medidas necesarias para determinar la jurisdicción de la península y vigilar la bahía de Kotor.

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