Kosovo


MONUMENTO AL FUTURO
DE UNA CIUDAD

Eleanor Beardsley, Oficial de Prensa e Información de la UNMIK

El año pasado, Pierre Lottici parecía formar parte del puente Mitrovica. Lloviera o tronara, estaba siempre en el puente lleno de pozos, trabajando con su equipo de obreros entre los alambres de púa y los soldados, en un intento por unir las dos orillas de una ciudad dividida. La empresa para la que Lottici trabaja, Freyssinet, había sido contratada para reconstruir el puente de Mitrovica. En su calidad de jefe de proyecto, Lottici sabía desde el principio que este no sería un lugar de trabajo común y corriente. Las cláusulas del contrato estipulaban que, para reconstruir el puente, Freyssinet debía contratar a un equipo multiétnico de obreros de la construcción. El pasado mes de septiembre, se eligieron los obreros, un albanés por cada serbio.

Las preocupaciones de Lottici no se limitaron meramente a la ingeniería, los materiales de construcción y las condiciones meteorológicas. Tuvo que hacer que los 61 hombres de Kosovo que integraban su equipo trabajaran juntos . Retrospectivamente, dice que fue una experiencia humana increíble. "Al comienzo, está claro que no fue fácil", dice Lottici. "La cuestión era cómo hacer para que esos hombres que había peleado unos contra otros, trabajaran juntos. Pero lo hicieron. Tuvimos que confiar en personas de carácter fuerte, tanto serbios como albaneses, para hacer el trabajo. Y lo logramos. Lo empezamos juntos y lo terminamos juntos. Fue mucho más que un mero proyecto de construcción."

"En aquél momento, cuando se habló por primera vez de utilizar la reconstrucción conjunta del puente para reparar los vínculos entre las comunidades serbias y albanesas de Mitrovica, nos preguntábamos si debíamos hacerlo o no", recuerda Patrick Auffret, co-responsable el Departamento de Transporte e Infraestructura. El departamento, que forma parte de la Estructura Administrativa Provisional Mixta Kosovo-UNMIK, supervisa el contrato de reconstrucción del puente. "Decidimos correr el riesgo. Creo que hoy podemos estar orgullosos del trabajo realizado."

Naturalmente, nadie se hace ilusiones. La situación aún demasiado tensa en Mitrovica no permite abrir completamente el puente y para la mayor parte de los trabajadores fue el sueldo mensual de 1.000 marcos alemanes lo que los motivó a trabajar en la reconstrucción. Pero todos están de acuerdo en que el trabajo marchó bien y en que no hubo problemas entre los trabajadores del puente. Según Lottici, los problemas vinieron de afuera.

"Tras los disturbios de febrero, tuve que luchar para salir adelante. Los obreros serbios ni siquiera podían ir a trabajar. Tuve que ir a hablar con los vigilantes del puente, la gente que les impedía el paso. Les dije que teníamos trabajo por hacer y que necesitábamos a nuestros obreros. Pocos días más tarde, éstos volvieron a trabajar."

Sasha, un refugiado de Gjilan/Gnjilane, dice que el puente le está ayudando a pagar sus estudios de medicina. "Es cierto, estamos aquí por el dinero", dice. "Pero cuando tengamos una economía mejor, nadie va a hablar más de política. Por lo tanto, algunas cosas podrían empezar a cambiar."

Tal vez, algo ya ha cambiado. Los soberbios arcos del nuevo puente metálico se elevan majestuosos entre el verde de las colinas circundantes y sus amplias explanadas atraen a los peatones. De noche, en fuerte contraste con los duros sentimientos del día, grupos de serbios se congregan en la orilla norte del río para admirar el puente que se recorta iluminado contra el cielo nocturno.

Micha, un ingeniero serbio y supervisor del sitio, dice que al principio no comprendía por qué se prestaba tanta atención a la belleza de la obra. "Pensaba que esos arcos no eran necesarios. ¿Para qué servían? Pero ahora, veo cuán hermosos son y cómo el puente eleva realmente el espíritu de la gente. Los franceses tenían razón en querer construir algo hermoso, es muy imporante."

Ymer, que ha trabajado como traductor para los obreros albaneses desde que el comienzo de la construcción, dice que el puente ha acercado a la gente. "Hubo buena cooperación entre los obreros. Cuando los serbios no podían hacer algo, los albaneses los ayudaban y viceversa. Fue sobre todo una relación laboral, pero también fue un paso hacia la reinserción. Estoy seguro de que un día lo lograremos."

A fines de junio, el nuevo puente de Mitrovica, que costó 3 millones de marcos alemanes, fue entregado a la municipalidad de Mitrovica. El acontecimiento se festejó con un almuerzo para los obreros y sus familias, realizado debajo del puente ya que llovía intensamente. Después de la fiesta, cuando la lluvia amainó, la gente volvió a sus casas, situadas en los extremos opuestos del puente.

Por ahora, al parecer, el puente de Mitrovica se erige como un símbolo de esperanza para el futuro.

Honras fúnebres por el primer oficial del cuerpo de Policía de Kosovo muerto en acto de servicio.
Foto: Ky Chung


LA LUCHA POR EL RESPETO

Extraído de un artículo publicado en Focus Kosovo por Derek Chapell, Portavoz de la Policía de la UNMIK

Donita Krasniqi no ingresó a la Policía de Kosovo ni por el dinero ni por el uniforme azul. No fue la autoridad ni el poder que motivaron a esta joven de 22 años a ser oficial de policía en el nuevo Servicio Policial de Kosovo (SPK). Donita ingresó a la Policía de Kosovo para ayudar a sus conciudadanos y para aportar su contribución personal al futuro del país.

Yo había llegado a Kosovo hacía apenas un mes y me habían asignado a siete nuevos oficiales de la SPK para que los entrenara. Era reconfortante y estimulante trabajar con estos jóvenes oficiales, llenos de energía y seguridad, capaces de contribuir de manera significativa a la construcción del futuro de Kosovo. Visité la casa de la familia de Krasniqi y vi el orgullo en el rostro del padre cuando hablaba de su hija. Vi a Donita y sus colegas tratar a la gente con firmeza pero con imparcialidad, aplicando los principios de la policía comunitaria que habían aprendido y que esperamos ayuden a establecer un vínculo entre el público y la policía.

Yo tenía algunas dudas al respecto. En un caso, una víctima de una agresión perdió la paciencia mientras interrogábamos a testigos y sospechosos y cerró el puño, gritando: "¿Por qué pierden tanto tiempo hablando? Esto es lo que la gente entiende." Estaba visiblemente frustrado de que no pudiéramos apresar de inmediato al sospechoso y hacerle confesar por cualquier medio. No podía entender que estábamos siguiendo el procedimiento legal previsto para forjar el respeto por la autoridad que constituirá la base de la sociedad democrática. Para él, nuestro respeto por los derechos era signo de debilidad.

Me preguntaba cómo los jóvenes oficiales de la Policía de Kosovo podían lidiar con ese cinismo y cuánto podría prosperar la policía comunitaria en una sociedad acostumbrada a que la policía aplicara severamente una ley motivada por la política, imponiéndola más por la fuerza que por el respeto de los derechos individuales.

Este verano notamos una inquietante tendencia que me hizo pensar en aquel incidente. En un período de una semana, en el mes de julio, hubo 17 casos de amenazas de muerte, agresiones o violencia directa contra los miembros de la Policía de Kosovo. Muchos de esos incidentes se originaron en acontecimientos banales (una multa por una infracción de tránsito, un auto remolcado o el interrogatorio de sospechosos). En algunos casos, las personas gritaban obscenidades y amenazas contra agentes de policía, les faltaban el respeto o incluso los agredían físicamente. En otros, algunos sospechosos habían llegado a ubicar a los agentes cuando estaban fuera de servicio para amenazarlos por arrestos que habían realizado en cumplimiento de sus funciones.

Cada vez que leo que un oficial de la Policía de Kosovo ha sido amenazado o agredido, recuerdo las caras de los siete jóvenes con los que caminé por las calles de Pristina. Pienso en su optimismo y energía. ¿Cuántos de ellos han sido tratados con semejante falta de respeto por miembros de su propia comunidad? ¿Cuántos de ellos todavía siguen teniendo sentimientos positivos hacia su nueva carrera?

Son muchas las voces que en esta provincia expresan ideas sobre el futuro. La mayor parte de ellas hablan de algún tipo de autocontrol por parte del pueblo de Kosovo, una cierta estructura de autonomía. Para el pueblo, la Policía es la forma más inmediata y personal de estar en contacto con su gobierno. La Policía hace cumplir las leyes que los representantes elegidos democráticamente han redactado. La aceptación de esta autoridad legítima es la aceptación de lo comunitario por sobre lo individual, y esto es esencial para el progreso de Kosovo.

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