Postes indicadores de una base de operaciones señalando hacia casa. Foto: Capitán Alberto Alletto

Sáhara Occidental

¿NOMBRAMIENTO O ESTADO MENTAL?
Teniente coronel Nikolai Kovalev (Rusia), MINURSO

Soy teniente coronel y trabajo en mi tercera misión internacional. En la MINURSO, he ocupado varios cargos, desde observador militar hasta encargado de departamento en el cuartel general de la misión.

Cuando comencé a trabajar en la misión de las Naciones Unidas en el Sáhara Occidental, seguí el procedimiento habitual de asistir a las reuniones informativas, realizar pruebas y vacunarme, hasta que me asignaron rápidamente a un equipo en el desierto. Al comienzo, mis obligaciones se limitaban a conocer mi ámbito de responsabilidad, navegar utilizando el Sistema de Posicionamiento por Satélite (Global Positioning System, GPS), patrullar y realizar otras actividades como la vigilancia de la radio.

Todos los días, mi trabajo empezaba cuando el sol salía en el horizonte y sonaba el despertador. Medio dormido, me sacudía el sueño dando pasos fuertes al caminar y ayudaba al equipo a preparar el desayuno y controlar los vehículos que patrullarían el desierto durante cinco o seis horas. Habitualmente, la actividad se detenía durante un par de horas luego del almuerzo, cuando el calor llegaba al máximo. Luego, nos reuníamos y planificábamos el trabajo del día siguiente. Era un trabajo rutinario, una vida rutinaria. Con el paso del tiempo fui adquiriendo más experiencia y pronto comencé a adiestrar a los recién llegados.

Como promedio, el equipo en el terreno está integrado por 15 oficiales y cuenta con 6 ó 7 tiendas de campaña, 2 generadores, un depósito de combustible, 3 ó 4 contenedores para almacenar agua potable y 6 ó 7 vehículos de patrulla, todo esto rodeado por una cerca de tejido metálico. Sin embargo, esta descripción no refleja fielmente el laborioso trabajo cotidiano de una docena y media de personas que por obra del destino comen de la misma olla y realizan el mismo trabajo. La planificación y el patrullaje son sólo el inicio. El equipo en el terreno subsiste en forma autónoma, por lo que los observadores militares deben ocuparse de todas las tareas para asegurar su viabilidad.

Cuando me ascendieron a comandante del equipo en el terreno, me di cuenta de la gran responsabilidad que pesaba sobre mis hombros. También me di cuenta de que hasta el comandante con más experiencia no puede lograr nada sin la colaboración del equipo. Crear un equipo y ser parte de él fue muy importante para mí. No hay comandante sin soldados. Pero aquí, no hay soldados, son todos oficiales y todos tienen el mismo rango. Un comandante debe ser una persona a la que los demás respetan, no simplemente un oficial designado como líder.

Ser el comandante del equipo en el terreno no es meramente un nombramiento. Es un estado mental que el líder comparte con las personas bajo su mando. ¡Qué gran oportunidad es para todos nosotros estar al servicio de la paz y comunicarnos con los demás! Las operaciones de mantenimiento de la paz están integradas por personas que, ante todo, llevan la paz en el corazón. Sólo personas así pueden llevar la paz a los demás. Independientemente del lugar en que uno esté. En la agitada Nueva York, en la exaltada Kosovo o en el vasto Congo, o incluso en medio del Sáhara, habrá gente que nos rodee, gente con la que trabajemos, gente a la que ni siquiera conozcamos, pero los miembros del equipo siempre responderán con una sonrisa a quien sonría, ayudarán al que necesite ayuda y apoyarán al que necesite apoyo.

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