1. Antecedentes

El Gobierno de Angola y la oposición, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), han estado inmersos en una intermitente aunque devastadora guerra civil desde que el país se independizó de Portugal en 1975. Al llegar el decenio de los 80, la UNITA tenía bajo control buena parte del país con ayuda del Gobierno en minoría de Sudáfrica y de los Estados Unidos de América. El Gobierno, por su parte, tenía el apoyo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y contaba con la asistencia de fuerzas cubanas.

En diciembre de 1988, un complejo proceso diplomático internacional encaminado a conseguir la paz y la estabilidad en la región culminó en acuerdos sobre la aplicación de la resolución 435 (1978) del Consejo de Seguridad, conducente a la independencia de Namibia, y sobre el retiro de las tropas cubanas de Angola. En virtud de este último acuerdo, fue enviada a Angola la primera Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Angola (UNAVEM I) para supervisar el retiro de las tropas cubanas, que fue concluido en mayo de 1991.

Una vez que las tropas extranjeras se retiraron del país, la comunidad internacional vio también la ocasión de terminar con el duradero conflicto entre el Gobierno de Angola y la UNITA. En abril de 1990, el Gobierno de Angola y la UNITA comenzaron una serie de conversaciones en las que participaron Portugal, como mediador, y los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como observadores. Las negociaciones finalmente culminaron en los Acuerdos de Paz para Angola (también conocidos como los Acuerdos de Bicesse o "Acordos de Paz para Angola"), que fueron rubricados el 1 de mayo de 1991 en Estoril (Portugal), y firmados por el Presidente de Angola, el Sr. José Eduardo dos Santos, y el Presidente de la UNITA, el Sr. Jonas Savimbi, en Lisboa el 31 de mayo de 1991.

Los Acuerdos de Paz para Angola incluían cuatro documentos: un acuerdo sobre cesación del fuego, los principios fundamentales para el establecimiento de la paz en Angola, un marco conceptual para resolver los asuntos todavía pendientes entre el Gobierno y la UNITA, y el Protocolo de Estoril.

2. Establecimiento de la UNAVEM II

Una suspensión de facto de las hostilidades se hizo efectiva el 15 de mayo de 1991. Dos días más tarde, el Secretario General recibió una carta del Gobierno de Angola en la que se pedía a las Naciones Unidas que participasen en la verificación de la aplicación de los Acuerdos de Paz. El 20 de mayo de 1991, el Secretario General recomendó al Consejo de Seguridad que encomendara a la UNAVEM las tareas de verificación que los Acuerdos atribuían a las Naciones Unidas. Según lo convenido, la UNAVEM debía verificar los acuerdos de cesación del fuego en todo el país y supervisar la neutralidad de la policía angoleña. Los efectivos de la Misión comprenderían un grupo de hasta 350 observadores militares desarmados que trabajarían conjuntamente con los equipos de supervisión angoleños pero que serían independientes de éstos. El mismo procedimiento se aplicaría en el caso de los hasta 90 observadores de policía de la UNAVEM.

El 30 de mayo, el Consejo aprobó su resolución 696 (1991), que daba un nuevo mandato a la UNAVEM (en lo sucesivo UNAVEM II) y que establecía la Misión por un período de 17 meses, hasta el día siguiente a la celebración de las elecciones presidenciales y legislativas, previstas para el otoño de 1992.

3. Verificación de la cesación del fuego

La operación de verificación de las Naciones Unidas comenzó tan pronto como los Acuerdos de Paz para Angola fueron firmados oficialmente el 31 de mayo de 1991. El 2 de junio de 1991, tres días después de que la Misión fuese establecida, se desplegaron grupos de avanzada de observadores militares de las Naciones Unidas a cinco de los seis cuarteles generales regionales de la UNAVEM II. Posteriormente, se desplegaron equipos de observadores militares de la UNAVEM II a unos 46 puestos ("zonas de concentración") donde las tropas de ambas partes fueron concentradas durante la cesación del fuego, así como a varios "puntos críticos" (ciertos puertos marítimos, aeropuertos y puestos fronterizos).

En esencia, su misión era verificar que los grupos conjuntos de supervisión, compuestos por igual número de representantes del Gobierno de Angola que de la UNITA, y responsables de supervisar sobre el terreno la observancia de la cesación del fuego, llevaran a cabo sus funciones. Trabajando conjuntamente con estos grupos de supervisión, los equipos de verificación de la UNAVEM II prestaron su apoyo en la investigación y la resolución de presuntas violaciones de la cesación del fuego. Respondieron a las peticiones de asistencia y usaron sus buenos oficios para resolver los problemas internos de los grupos de supervisión. La neutralidad de la policía angoleña sería verificada por equipos de supervisión, también compuestos por miembros nombrados por el Gobierno de Angola y por la UNITA. Su trabajo debía ser verificado por los observadores de policía de la UNAVEM II. Los equipos de supervisión y los observadores de la UNAVEM II debían inspeccionar las instalaciones de la policía, examinar las actividades de la policía y, en caso necesario, investigar las presuntas violaciones de derechos políticos. En octubre de 1991, los observadores de policía de la UNAVEM II ya habían sido desplegados en el total de las 18 provincias de Angola.

A 25 de octubre de 1991, la Misión incluía 350 observadores militares, 89 observadores de policía, 14 miembros de personal médico militar, 54 miembros de personal civil de contratación internacional y 41 miembros de personal civil de contratación local. La UNAVEM II también estaba equipada con una unidad de aviación civil, formada por un avión carguero y 12 helicópteros de uso general, complementados en caso necesario por la contratación de un avión carguero y un pequeño avión de pasajeros. Con el acuerdo de las partes, la UNAVEM II tomó la iniciativa en la supervisión de algunos aspectos de los Acuerdos, incluidos el recuento regular de tropas y de armas en todas las zonas de concentración y la comunicación de información pertinente a Luanda. También asesoró sobre las formas de superar las dificultades prácticas en el proceso de concentración. Además, los organismos y programas de asistencia humanitaria de las Naciones Unidas estaban sumamente implicados en la provisión de alimentos y otros tipos de asistencia a las tropas acantonadas.

En lo que respecta al cumplimiento por las partes de los Acuerdos de Paz, había aún bastantes cosas que mejorar. Aunque no hubo violaciones graves de la cesación del fuego, la observancia de lo dispuesto en los Acuerdos se vio afectada por antagonismos y malentendidos, así como por dificultades logísticas, especialmente en la prestación de apoyo logístico en zonas de concentración de tropas, que tuvieron que ser establecidas y mantenidas por las propias partes. En octubre de 1991, la concentración de tropas se había quedado considerablemente retrasada con respecto a lo previsto, y ambas partes habían sido incapaces de crear grupos conjuntos de supervisión de policía. Estas demoras socavaron la confianza mutua entre las partes. Aunque se decidió no magnificar la tensión resultante de incidentes que se producían en los cuerpos conjuntos de supervisión y verificación establecidos por los Acuerdos de Paz, la atmósfera política y de seguridad siguió siendo tensa y frágil, y llegaron informaciones de incidentes violentos así como de actos de intimidación y provocación perpetrados tanto por el Gobierno como por partidarios de la UNITA.

4. Observación del proceso electoral

Los Acuerdos de Paz preveían "elecciones limpias y libres para elegir un nuevo Gobierno " bajo "la supervisión de observadores electorales de contratación internacional ". En diciembre de 1991, el Gobierno de Angola pidió a las Naciones Unidas que le prestase asistencia técnica para preparar y celebrar las elecciones, así como que desplegara observadores de las Naciones Unidas que siguiesen todo el proceso electoral hasta su finalización en otoño de 1992. Un acuerdo sobre asistencia técnica fue firmado con el Gobierno de Angola en enero de 1992.

El 6 de febrero de 1992, el Secretario General informó al Consejo de Seguridad de su decisión de nombrar a la Srta. Margaret Joan Anstee (el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte) su Representante Especial para que coordinara todas las actividades de las Naciones Unidas relativas a los Acuerdos de Paz para Angola y Jefa de Misión de la UNAVEM II. El 3 de marzo, tras la visita de la Representante Especial a Angola, el Secretario General presentó al Consejo su informe con recomendaciones relativas a la función de las Naciones Unidas en la observación de las próximas elecciones. El 24 de marzo, el Consejo, en su resolución 747 (1992), decidió prorrogar el mandato de la UNAVEM II para que abarcase la observación de las elecciones en Angola.

La oficina de la Representante Especial fue establecida en Luanda en marzo de 1992. Además de los observadores militares y de policía y del personal civil desplegados, la UNAVEM II fue prorrogada para que abarcase una División de Asistencia Electoral, encabezada por un Oficial Electoral Jefe. Las oficinas de la División de Asistencia Electoral fueron establecidas en Luanda, en las seis regiones angoleñas y en las capitales del total de 18 provincias. Aproximadamente 100 miembros de personal de contratación internacional y el número requerido de personal de contratación local fueron desplegados en los lugares de votación provinciales y regionales.

La función de las Naciones Unidas era la de observar y verificar las elecciones, no la de organizarlas. El proceso electoral fue organizado y dirigido por el Consejo Electoral Nacional (CEN), en el que estaban representados todos los partidos políticos legalizados de Angola y al que prestaban asistencia técnica expertos y consultores del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El proceso electoral comprendía cuatro fases: la inscripción de los votantes, del 20 de mayo al 10 de agosto; la campaña electoral, del 29 de agosto al 28 de septiembre; las elecciones presidenciales y legislativas, el 29 y el 30 de septiembre; y el recuento de votos, investigación de denuncias y anuncio de los resultados finales por el Presidente del CEN el 17 de octubre.

En su informe al Consejo de Seguridad de fecha 9 de septiembre de 1992, el Secretario General declaró que los resultados del proceso de inscripción habían superado las expectativas, y que el CEN había sido informado de la inscripción de 4,8 millones de posibles votantes, que representaban alrededor del 92 por ciento del total de votantes calificados, estimado en 5,3 millones. La campaña electoral se desarrolló sin casos graves de violencia, aunque se recibieron informaciones de actos de intimidación perpetrados por algunos partidos políticos, especialmente la UNITA y el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), así como dificultades de acceso a ciertas áreas, particularmente las que estaban bajo control de la UNITA. Los 18 partidos políticos que habían presentado candidatos participaron de forma activa en la campaña. Hubo denuncias, especialmente desde los partidos más pequeños, por el hecho de que siguieran en existencia los ejércitos del Gobierno y de la UNITA, por el lento progreso de la desmovilización y de la formación de las nuevas Fuerzas Armadas de Angola y por falta de acceso a la radio y la televisión controladas por el Gobierno, cuya imparcialidad fue puesta en tela de juicio.

Los observadores electorales de la UNAVEM II supervisaron la campaña, participaron en programas de educación cívica y proporcionaron información acerca de la función de la UNAVEM II. Además, la UNAVEM II y el PNUD organizaron una operación aérea de apoyo, dotada de 45 helicópteros y 15 aviones, para superar las dificultades logísticas que planteaba el desplazamiento a los lugares de votación de más difícil acceso. Para la observación y la verificación de las elecciones el 29 y el 30 de septiembre de 1992, la UNAVEM II desplegó 400 observadores electorales. Actuando en buena medida como equipos móviles bimembres, los observadores se ocuparon del total de 18 provincias y de la mayoría de las 164 localidades, y visitaron unos 4.000 lugares de votación de un total de 6.000.

En lo que respecta a las cuestiones militares de su mandato, la UNAVEM II continuó desempeñando sus funciones de verificación en las zonas de concentración hasta y tras la anunciada disolución de los dos antiguos ejércitos de la FAPLA (Gobierno) y la FALA (UNITA) el 27 de septiembre de 1992. Conforme se acercaban las elecciones, la desmovilización se aceleró oficialmente. El 7 de octubre, un total de 96.620 soldados del Gobierno habían sido desmovilizados, lo que representaba el 80 por ciento de la cifra proyectada. Sin embargo, en el caso de la FALA, la proporción de antiguos soldados desmovilizados era mucho menor.

Los observadores de policía de las Naciones Unidas continuaron supervisando la neutralidad de la policía. Los grupos conjuntos de supervisión dependieron casi por completo de la UNAVEM II en cuestiones de transporte y comunicaciones. Se realizaron pocos progresos en la formación de una fuerza de policía nacional representativa.

5. La UNITA rechaza los resultados electorales

El 1 de octubre de 1992, la Representante Especial del Secretario General hizo pública una declaración en la que señalaba que la gran mayoría de los votantes inscritos habían votado en condiciones pacíficas y ordenadas, a pesar de las dificultades logísticas y de organización.

Sin embargo, la UNITA y algunas otras partes presentaron denuncias el 3 de octubre y en días posteriores de irregularidades y fraude generalizados, masivos y sistemáticos en las elecciones. El Secretario General instó al líder de la UNITA, el Sr. Jonas Savimbi, a no rechazar los resultados de las elecciones, al estar pendientes de investigación las denuncias presentadas por la UNITA, y puso de relieve la urgencia de una reunión conjunta con el Presidente José Eduardo dos Santos. Las denuncias fueron investigadas por el CEN, con la asistencia activa de la UNAVEM II. Se enviaron comisiones de investigación al total de 18 provincias, pero no encontraron pruebas concluyentes de fraude masivo y sistemático que pudiera tener efectos importantes en los resultados generales de las elecciones.

Entretanto, tuvo lugar una grave violación de los Acuerdos de Paz a principios de octubre, cuando 11 antiguos generales de la UNITA, incluido el jefe del Ejército de la UNITA, se retiraron de las nuevas Fuerzas Armadas unificadas de Angola, en protesta por lo que ellos llamaban "fraude y trampas " en las elecciones.

A la vista de estos acontecimientos, el Consejo de Seguridad envió a Angola, del 11 al 14 de octubre, una comisión especial, compuesta por representantes de Cabo Verde, los Estados Unidos de América, la Federación de Rusia y Marruecos, para apoyar la aplicación de los Acuerdos de Paz. A pesar de todos los esfuerzos diplomáticos, la situación política y militar del país siguió deteriorándose.

El 17 de octubre de 1992, el Presidente del CEN anunció los resultados oficiales de las elecciones. Más del 91 por ciento de los inscritos habían votado. El MPLA había ganado las elecciones legislativas, con un 53,74 por ciento de los votos, frente al 34,1 por ciento obtenido por la UNITA. En las elecciones presidenciales, el Presidente dos Santos había obtenido un 49,57 por ciento de los votos, frente al 40,07 por ciento del Sr. Savimbi. Puesto que ninguno había conseguido el 50 por ciento, la ley electoral exigía una segunda vuelta. La Representante Especial del Secretario General hizo pública una declaración el 17 de octubre, en la que manifestaba que "no había pruebas concluyentes de fraude importante, sistemático o extendido, ni de que las irregularidades fuesen de magnitud suficiente para causar un efecto importante en los resultados anunciados oficialmente el 17 de octubre". Puso de relieve que "habida cuenta de todas las deficiencias existentes, las elecciones celebradas los días 29 y el 30 de septiembre pueden considerarse como libres e imparciales en términos generales".

Tras ser anunciados los resultados de las elecciones, la UNITA lanzó una operación de ámbito nacional para ocupar las diferentes localidades por la fuerza y suprimir las estructuras de administración local del Gobierno. El 27 de octubre, el Secretario General comunicó al Consejo de Seguridad su seria preocupación por la tensión creciente. El Consejo una vez más hizo un llamamiento a ambas partes para que acatasen los compromisos adquiridos en virtud de los Acuerdos de Paz, en particular el confinamiento de sus tropas y la recolecta de armas, la desmovilización y la formación de las Fuerzas Armadas unificadas de Angola. Pidió a la UNITA que respetase los resultados de las elecciones e instó a los líderes de ambas partes a entablar el diálogo de forma inmediata para permitir que se celebrase la segunda vuelta de la elección presidencial.

El 30 de octubre, el Consejo de Seguridad, a la vista de que llegaban inquietantes informaciones de reanudación de las hostilidades en muchas partes del país, aprobó la resolución 785 (1992), en la que se prorrogaba el mandato de la UNAVEM II hasta el 30 de noviembre de 1992, y en la que se apoyaba la declaración de la Representante Especial del Secretario General en la que se certificaba que las elecciones fueron en general libres e imparciales.

Apenas 23 horas más tarde, el 31 de octubre, estallaron fuertes enfrentamientos entre las fuerzas del Gobierno y de la UNITA, especialmente en Luanda. Los esfuerzos del Secretario General, apoyado por una serie de Estados Miembros, se tradujeron en una cesación del fuego que oficialmente se hizo efectiva el 2 de noviembre. La UNAVEM II, que mantenía intacta su presencia militar, policial y civil en 67 puestos de todo el país, trabajó para preservar la cesación del fuego, patrullando en los "puntos problemáticos" y usando sus buenos oficios para promover el diálogo entre las partes.

6. El Secretario General evalúa la situación

El 25 de noviembre de 1992, el Secretario General entregó al Consejo de Seguridad un informe detallado de la situación en Angola, y recomendó que se prorrogara el mandato de la UNAVEM II por un período de dos meses, hasta el 31 de enero de 1993. El Secretario General declaró que aunque era demasiado pronto para analizar las causas del deterioro de la situación en Angola, estaba ya claro que una causa fundamental era el incumplimiento de las disposiciones clave de los Acuerdos de Paz. Entre los fracasos estaban la poca eficacia en el proceso de desmovilización y almacenamiento de armas; el retraso en la creación de las Fuerzas Armadas unificadas de Angola (FAA), que sólo se constituyeron oficialmente dos días antes de las elecciones; el fracaso en el restablecimiento de una administración central eficiente en muchas partes del país y la demora en la formación de una fuerza de policía neutral. También había sido difícil crear en 16 meses, tras tantos años de guerra civil, una atmósfera de confianza, tolerancia y respeto mutuos.

No obstante, puso de relieve el Secretario General, "también es demasiado pronto para desesperarse por el proceso de paz en Angola ", señalando que las partes se habían comprometido de nuevo con el proceso. El 30 de noviembre, el Consejo de Seguridad, en su resolución 793 (1992), prorrogó el mandato de la UNAVEM II hasta el 31 de enero de 1993. Entretanto, los esfuerzos de la Representante Especial del Secretario General dieron como resultado una reunión el 26 de noviembre de 1992 en la capital provincial meridional de Namibe entre delegaciones de alto nivel de ambas partes, en la que se comprometieron a aceptar plenamente la validez de los Acuerdos de Paz, a una cesación del fuego efectiva en todo el país y a la cesación inmediata de todos los movimientos ofensivos, y a la necesidad de una mayor implicación de las Naciones Unidas. Sin embargo, casi inmediatamente, este avance fue seguido de un revés cuando, el 29 de noviembre, fuerzas de la UNITA tomaron la capital provincial septentrional de Uige y una importante base aérea de las inmediaciones, en Negage. Los intentos por restaurar el diálogo entre las dos partes, incluida la invitación personal del Secretario General al Presidente dos Santos y al Sr. Mavimbi a asistir a una reunión conjunta con él en un lugar convenido fracasaron. La situación se deterioró más con los estallidos de fuertes enfrentamientos en al menos 10 capitales de provincia y otros núcleos de población, culpando cada parte a la otra de iniciar esas hostilidades.

En su informe al Consejo de fecha 21 de enero de 1993, el Secretario General declaró que "a decir verdad, Angola está sufriendo nuevamente una guerra civil y probablemente se encuentra en una situación peor que la reinante antes de la firma de los Acuerdos de Paz, en mayo de 1991". El conflicto abarcaba ya ciudades y núcleos de población como nunca lo había hecho durante los 16 años anteriores, y había "informes inquietantes pero no confirmados" de que tal vez estuviesen entrando en el país nuevos suministros de armas. Además, la propagación de los combates y la ausencia de una administración gubernamental en gran parte del interior del país trajeron consigo el hambre generalizada y la huida de las ciudades afectadas por el conflicto de grandes cantidades de personas. "Una ya grave situación humanitaria ha pasado a ser catastrófica en muchas zonas", el Secretario General declaró, y la capacidad para prestar asistencia de los organismos humanitarios internacionales se había visto disminuida considerablemente.

7. El mandato de la UNAVEM II es ajustado

De acuerdo con el informe del 21 de enero, la crisis en Angola hizo que la UNAVEM II pasara a desempeñar una función central de mediación. Sin embargo, señalaba el Secretario General, con el estallido violento y generalizado de hostilidades y el colapso en todos los planos de los mecanismos conjuntos de supervisión, "el mandato original de la UNAVEM II ha pasado a ser cada vez menos pertinente". Incluso su función de mediación se había visto cada vez más debilitada por el deterioro de la situación en materia de seguridad. Al mismo tiempo, los equipos sobre el terreno de la UNAVEM II se enfrentaban a peligros cada vez mayores, y la lucha se expandió tanto que 45 de los 67 puestos de la UNAVEM tuvieron que ser evacuados.

El Secretario General determinó tres opciones posibles para el futuro de la UNAVEM II. La primera opción era mantener la misión con los efectivos entonces autorizados; la segunda era reducir el despliegue en las provincias de la UNAVEM II a aproximadamente seis localidades. La opción preferida por el Secretario General era la de limitar el despliegue de la UNAVEM II a la capital, Luanda, y a una o dos estaciones exteriores, pero con capacidad para desplegarse a seis puestos provinciales en caso necesario, para apoyar los esfuerzos para el mantenimiento de la paz de su Representante Especial. El 29 de enero, el Consejo de Seguridad, en su resolución 804 (1993), prorrogó el mandato de la UNAVEM II por un período de tres meses, hasta abril de 1993. Como medida provisional basada en motivos de seguridad, el Secretario General fue autorizado a concentrar el despliegue de la UNAVEM II a Luanda y, a su discreción, en otros puestos provinciales, con los niveles de personal y equipo que juzgase apropiados para permitir el pronto redespliegue ulterior de la UNAVEM II tan pronto como fuese factible. En virtud de otras disposiciones de la resolución, el Consejo exigió, inter alia, que las dos partes establecieran una cesación del fuego inmediatamente, restauraran el diálogo continuo y significativo y convinieran en un calendario preciso para la plena aplicación de los Acuerdos de Paz.

Ulteriormente, el Secretario General decidió reducir provisionalmente los efectivos de la Misión. Durante los meses siguientes, el mandato de la UNAVEM II fue prorrogado por el Consejo de Seguridad en varias ocasiones para permitir que la Misión ayudase a ambas partes a alcanzar un acuerdo sobre los modos de completar el proceso de paz y, al mismo tiempo, negociar y ayudar a aplicar las cesaciones del fuego en el ámbito nacional o local.

8. Otros esfuerzos por restaurar la paz

Conforme Angola se sumergía en una nueva guerra civil, el Secretario General y su Representante Especial reanudaron su labor de mediación. Se mantuvieron conversaciones en Addis Abeba (Etiopía) para debatir las condiciones necesarias para el relanzamiento definitivo del proceso de paz en Angola. Durante la primera ronda de las conversaciones, que se celebró del 27 al 30 de enero de 1993, el Gobierno y la UNITA alcanzaron un acuerdo sobre una serie de cuestiones, pero algunos asuntos clave quedaban aún por resolver antes de que pudiera acordarse una cesación del fuego. La segunda ronda en Addis Abeba tuvo que suspenderse, dado que la UNITA no envió a su delegación. Después de que el Consejo de Seguridad exigiese que se reanudara el diálogo y tras repetidos esfuerzos de la Representante Especial del Secretario General para acordar una reunión entre ambas partes, las conversaciones de paz se reanudaron en Abril en Abidján (Côte d'Ivoire), pero se malograron de nuevo en mayo.

El 15 de septiembre de 1993, el Consejo de Seguridad, en su resolución 864 (1993) , prorrogó el mandato de la UNAVEM II por un período de tres meses. Reiteró su disposición a considerar el aumento de la presencia de las Naciones Unidas en Angola de forma considerable en el caso de que se lograsen progresos significativos en el proceso de paz. En aquel momento, la UNAVEM II fue desplegada a cinco puestos, y sus observadores militares y de policía patrullaron las respectivas zonas, mantuvieron el contacto necesario con las autoridades locales, prestaron apoyo en las operaciones de asistencia humanitaria, y llevaron a cabo investigaciones y otro tipo de actividades.

En la misma resolución, el Consejo condenó a la UNITA por la continuación de sus acciones militares, y, actuando con arreglo al Capítulo VII de la Carta, impuso un embargo sobre el suministro de armas y derivados del petróleo a la UNITA. El Consejo insistió en que la UNITA respetase los Acuerdos de Paz de 1991, y en que las partes hicieran todos los esfuerzos posibles para reanudar las negociaciones.

Las Naciones Unidas prosiguieron sus esfuerzos para facilitar la reanudación del proceso de paz en consultas con las partes angoleñas y los países interesados, entre los que se encontraban, especialmente, los Estados observadores de los Acuerdos de Paz - los Estados Unidos de América, la Federación de Rusia y Portugal. El 15 de noviembre de 1993, tras amplias consultas y conversaciones de tanteo, el Gobierno de Angola y la UNITA emprendieron conversaciones en Lusaka (Zambia), presididas por el Representante Especial del Secretario General, el Sr. Alioune Blondin Beye (Malí). [El Sr. Beye sucedió a la Srta. Anstee el 28 de junio de 1993]. El acuerdo sobre los asuntos militares del programa se alcanzó en diciembre de 1993. El acuerdo sobre la policía se alcanzó en enero de 1994; sobre la conclusión del proceso electoral, en mayo; sobre el nuevo mandato de las Naciones Unidas y sobre la función de los tres Estados observadores (los Estados Unidos de América, la Federación de Rusia y Portugal), en octubre. La cuestión de la reconciliación nacional resultó ser la más difícil, ya que implicaba cuestiones como la concesión de importantes cargos gubernamentales a la UNITA, incluidas las gobernaciones provinciales. Tras laboriosas negociaciones, se llegó a un acuerdo en octubre de 1994.

Entretanto, a principios de septiembre de 1994, el Secretario General envió una misión especial a Angola, encabezada por el antiguo Secretario General Adjunto, el Sr. James O. C. Jonah. La misión evaluó los esfuerzos de las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz y el socorro humanitario en un momento en el que las conversaciones de paz de Lusaka estaban en su fase final, estando negociando las partes el último punto del programa, a saber, el nuevo mecanismo para aplicar los Acuerdos de Paz y el próximo Protocolo de Lusaka. Las Naciones Unidas debían proporcionar un importante elemento de este mecanismo.

El 20 de octubre de 1994, con la esperanza de que se firmase un acuerdo el 31 de octubre, el Secretario General recomendó al Consejo de Seguridad que se prorrogase el mandato de la UNAVEM II hasta el 30 de noviembre de 1994 . También sugirió que el Consejo deseara tal vez estudiar la posibilidad de autorizar el reestablecimiento de los efectivos de la UNAVEM II a su nivel precedente de modo que la misión pudiera asegurar la aplicación del acuerdo de paz en su inicial y más crítica fase. El 27 de octubre, el Consejo de Seguridad, en su resolución 952 (1994), prorrogó el mandato de la UNAVEM II hasta el 8 de diciembre de 1994, y autorizó a que se aumentasen los efectivos de la Misión a su anterior nivel de 350 observadores militares y 156 observadores de policía, una vez que el Secretario General informase de que se había rubricado un acuerdo de paz y de que se había establecido una cesación del fuego eficaz. El Consejo también reafirmó su disposición a examinar prontamente, una vez que el protocolo de Lusaka hubiese sido firmado oficialmente, cualquier recomendación del Secretario General para prorrogar la presencia de las Naciones Unidas en Angola.

9. El Protocolo de Lusaka

Un amplio acuerdo de paz, el Protocolo de Lusaka, fue rubricado el 31 de octubre y firmado el 20 de noviembre de 1994 en Lusaka por el Ministro de Relaciones Exteriores de Angola, el Sr. Venâncio de Moura, y por el Secretario General de la UNITA y su negociador jefe en Lusaka, el Sr. Eugénio Manuvakola, en presencia del Presidente dos Santos. La ceremonia fue presenciada por varios jefes de estado y de gobierno, varios ministros extranjeros y otros dignatarios. Alegando motivos de seguridad, el Sr. Savimbi no se desplazó a la capital de Zambia.

El protocolo de Lusaka constaba de 8 anexos , cada uno de ellos referente a un tema concreto del programa de las conversaciones de paz, que abarcaban asuntos jurídicos, militares y políticos. Los principales asuntos militares se centraban en el restablecimiento de la cesación del fuego; el retiro, acuartelamiento y desmilitarización de todas las fuerzas militares de la UNITA; el desarme de civiles; y la formación de las FAA. Los principales asuntos políticos incluían la neutralidad de la policía nacional y la integración de las células de la UNITA en sus filas; el mandato de las Naciones Unidas y la función de los observadores de los Acuerdos de Paz; la conclusión del proceso electoral; y la cuestión de la reconciliación nacional.

10. Se establece la UNAVEM III

Incluso después de que la cesación del fuego se hiciese efectiva oficialmente el 22 de noviembre, la situación militar en muchas partes de Angola continuó siendo tensa, y se recibieron informaciones de algunos enfrentamientos entre fuerzas del Gobierno y de la UNITA. A fin de incrementar la capacidad de verificación de la UNAVEM II y como medida adicional para el fomento de la confianza, el Representante Especial decidió desplegar en el interior del país pequeños equipos de personal militar y de policía que ya estaban sirviendo en la Misión. En consecuencia, del 27 al 29 de noviembre, se establecieron cuarteles generales regionales para la UNAVEM II en las ciudades de Huambo, Luena, Menongue, Saurimo y Uige, además del ya existente en Lubango. El Secretario General también envió un pequeño grupo de especialistas de la Secretaría de las Naciones Unidas a Angola para que realizasen un estudio técnico. A partir de las propuestas del equipo, tenía intención de presentar ulteriormente al Consejo de Seguridad recomendaciones amplias sobre la función general de las Naciones Unidas en la aplicación del Protocolo de Lusaka.

En su informe al Consejo de Seguridad entregado el 4 de diciembre de 1994, el Secretario General reiteró que una vez que su Representante Especial le hubiese informado de que la cesación del fuego era efectiva, procedería a aumentar los efectivos de la UNAVEM II a su nivel anterior. El Secretario General recomendó que, entretanto, el mandato de la Misión fuese prorrogado por más tiempo, hasta el 31 de enero de 1995. Al mismo tiempo, continuaría preparando recomendaciones al Consejo sobre el posible mandato para una nueva operación de las Naciones Unidas en Angola. El 7 de diciembre, el Secretario General declaró en un informe que su Representante Especial le había informado de que la cesación del fuego se estaba preservando en términos generales, a pesar de algunas dificultades iniciales. El Secretario General, por tanto, manifestó su intención de proceder a restaurar los efectivos de la UNAVEM a su nivel anterior y al despliegue de la misión por todo el país. Además de las tareas existentes, la misión vigilaría y verificaría todos los elementos importantes del Protocolo de Lusaka y proporcionaría buenos oficios a las partes, incluidas las de ámbito local.

El 8 de diciembre, el Consejo de Seguridad, en su resolución 966 (1994), decidió prorrogar el mandato de la UNAVEM II hasta el 8 de febrero de 1995 a fin de capacitarla para vigilar la cesación del fuego establecida por el Protocolo, y acogió complacido la intención del Secretario General de restaurar la UNAVEM II a su nivel anterior, dependiendo de la estricta observancia de una cesación del fuego efectiva y de que se garantizase la seguridad del personal de las Naciones Unidas. El Consejo señaló la intención del Secretario General de entregar un informe sobre un posible mandato para una nueva operación de las Naciones Unidas en Angola, y acogió complacido que se continuasen los planes al respecto.

El 1 de febrero de 1995, el Secretario General presentó al Consejo General el posible mandato para una nueva operación de las Naciones Unidas en el país, la UNAVEM III. Al mismo tiempo, informó de que los efectivos de la UNAVEM II se habían aumentado de forma constante. A 31 de enero, el número de observadores militares había aumentado de 50 a 171, y los observadores de policía civil habían aumentado de 18 a 122. El 8 de febrero de 1995, en su resolución 976 (1995), el Consejo autorizó el establecimiento de la UNAVEM III para asistir a las partes en la restauración de la paz y en la consecución de la reconciliación nacional conforme a los Acuerdos de Paz, el Protocolo de Lusaka y las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad.

11. Situación humanitaria

Un aspecto particularmente duro de la situación en Angola era el gran número de víctimas que el conflicto provocaba entre la población civil. Según cálculos, durante 1993 cerca de 1.000 personas murieron cada día por los efectos directos o indirectos de la guerra. Los niños, las mujeres y los ancianos estaban entre los más afectados. A pesar de las dificultades planteadas por la guerra, las Naciones Unidas intensificaron su acción humanitaria para llegar a unos dos millones de personas gravemente afectadas por el conflicto. Con este fin, se creó una Dependencia de Coordinación de la Asistencia Humanitaria de las Naciones Unidas, encabezada por un alto funcionario con amplia experiencia en operaciones, en Luanda a finales de abril de 1993, bajo la autoridad general del Representante Especial del Secretario General.

Los organismos y los programas de las Naciones Unidas realizaron denodados esfuerzos para proporcionar asistencia humanitaria a la población civil necesitada, pero a menudo resultaba imposible llegar a quienes se encontraban en el interior del país. No fue hasta octubre de 1993, tras intensas negociaciones con ambas partes sobre el acceso a la asistencia humanitaria y sobre la disminución general de la intensidad de los enfrentamientos en todo el país, cuando los vuelos para la prestación de socorro pudieron llegar a las ciudades sitiadas, como Kuito y Huambo, cuyas respectivas poblaciones habían pasado muchos meses sin recibir asistencia internacional. En muchas de estas comunidades previamente inaccesibles se descubrió que la gente estaba muriendo de inanición y que las tasas de desnutrición en muchos casos superaban el 35 por ciento. Las Naciones Unidas comenzaron un programa masivo de asistencia humanitaria. El PMA encabezó el esfuerzo proporcionando transporte aéreo para los suministros de socorro de otros organismos de las Naciones Unidas, como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Tras seis meses de estabilidad relativa y progreso constante en los esfuerzos de prestación de socorro entre noviembre de 1993 y abril de 1994, se produjo una intensificación del conflicto y una interrupción casi total de la asistencia humanitaria en las zonas críticas del país. Los funcionarios de las Naciones Unidas entablaron negociaciones con las dos partes del conflicto a fin de asegurar el acceso para la población civil necesitada. Pero entre mediados de mayo y mediados de agosto de 1994, el suministro de socorro humanitario disminuyó enormemente, debido al aumento de los problemas de seguridad y a la reducción o la suspensión de los vuelos para la prestación de socorro.

En junio de 1994, el Secretario General llamó la atención del Consejo de Seguridad sobre el aumento espectacular en el número de violaciones graves del derecho humanitario en Angola, sobre el rápido deterioro de la situación humanitaria en lugares donde se estaba negando el acceso a la asistencia y sobre las amenazas a la seguridad del personal de prestación de socorro. El Consejo lamentó que la situación humanitaria estuviera empeorando e instó a las partes a conceder todas las garantías de seguridad necesarias y a abstenerse de perpetrar acciones que pusieran en peligro al personal de prestación de socorro o que interrumpieran la asistencia humanitaria.

A pesar de las importantes dificultades logísticas, los programas de socorro de las Naciones Unidas sí consiguieron proporcionar socorro a la población civil necesitada accesible. En las provincias costeras y otras zonas consideradas seguras, organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales trabajaron con las Naciones Unidas en la provisión de alimentos y otra asistencia de emergencia a un número importante de angoleños desplazados por la guerra o afectados por el declive económico en todo el país. La Dependencia de Coordinación de la Asistencia Humanitaria de las Naciones Unidas desempeñó una importante función en ese proceso. El 21 de mayo de 1993, el Departamento de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas realizó un llamamiento interinstitucional para Angola, pidiendo 226 millones de dólares de los EEUU para asistencia humanitaria de emergencia para 2 millones de angoleños necesitados. Los donantes habían proporcionado casi el 50 por ciento de esa cifra a finales de enero de 1994.

Entre febrero y septiembre de 1994, el Departamento de Asuntos Humanitarios en dos ocasiones revisó y actualizó los llamamientos interinstitucionales unificados para las actividades de apoyo humanitario en Angola. Un llamamiento para el período de febrero a junio pidió inicialmente 179 millones de dólares de los EEUU. A mediados de agosto, los donantes habían proporcionado casi el 70 por ciento de esa suma y habían respondido particularmente bien a los compromisos del sector agrario. No se estaban facilitando fondos para socorro básico no alimentario y artículos de emergencia, sin embargo, y la población afectada que estaba recibiendo asistencia era un 10 por ciento mayor que la cifra prevista en febrero. En septiembre, el Departamento de Asuntos Humanitarios volvió a actualizar este llamamiento, pidiendo 61 millones de dólares de los EEUU para cubrir el déficit estimado en la financiación de actividades de prestación de socorro hasta finales de ese año y calculó en 188 millones de dólares de los EEUU las necesidades totales para la asistencia humanitaria en Angola para el período de febrero a diciembre de 1994. La mayor parte de esa suma era para ayuda en alimentos, seguida por asistencia destinada especialmente a niños y madres. Los compromisos hacia este total general supusieron aproximadamente el 70 por ciento de las necesidades a finales de 1994.

A principios de 1995, unos 3,5 millones de angoleños que vivían en zonas accesibles estaban recibiendo asistencia humanitaria. Los suministros llegaban por aire y carretera a un promedio de 15 ciudades cada semana. Aproximadamente 112.000 retornados y otros grupos vulnerables que vivían cerca de zonas de reasentamiento estaban recibiendo asistencia del ACNUR. Se preveía que unos 280.000 refugiados angoleños en el Congo, Namibia, el Zaire y Zambia empezasen a retornar a medida que las circunstancias mejorasen en Angola. Un problema concreto era el planteado por las minas terrestres. Según informes, Angola, con una población estimada en 11 millones, era el país "más contaminado de minas del mundo ", y se calculaba que había unos 10 millones de piezas de artillería sin explotar repartidas por todo el territorio. El 1 de febrero de 1995, el Departamento de Asuntos Humanitarios hizo público un llamamiento interinstitucional unificado para Angola por cantidad de 213 millones de dólares de los EEUU. De esa cantidad, 55,8 millones de dólares eran para la desmovilización y la reintegración y 12,4 millones de dólares para las actividades antiminas.

12. Conclusión

La UNAVEM II actuaba en una situación de conflicto peligrosa y compleja que exigía flexibilidad e innovación. Aunque su campo de acción estaba limitado por los Acuerdos de Paz, la UNAVEM II, desde el momento mismo de su establecimiento, tuvo que tomar la iniciativa en la prestación de asistencia activa a las partes para que éstas superasen los obstáculos a la aplicación de los Acuerdos. Su función política, sin embargo, permaneció limitada. La UNAVEM II también contribuyó de forma importante al impresionante logro que supuso la celebración con éxito de elecciones supervisadas por observadores internacionales en un país devastado por la guerra. Tras la reanudación de las hostilidades, la UNAVEM II mantuvo su presencia política y militar y se convirtió en factor esencial tanto del esfuerzo constante de las Naciones Unidas por facilitar la reanudación de las negociaciones para el avance del proceso de paz como de la supervisión de la dramática evolución de la situación del país. Como cuerpo neutral, la UNAVEM II fue un canal imprescindible para las comunicaciones y repetidamente consiguió que las partes beligerantes reanudasen el proceso de negociación, al tiempo que desempeñó otras funciones vitales, como el apoyo a las actividades humanitarias. Hasta un cierto punto, la Misión cobró importancia como medida de prevención ante una posible intensificación del conflicto.

Al mismo tiempo, los reveses experimentados por la UNAVEM II son una muestra de los riesgos que afrontan las Naciones Unidas cuando su mandato y sus recursos son insuficientes en relación con la complejidad de la misión, especialmente en circunstancias en las que las partes no demuestran la voluntad necesaria para la paz. El breve plazo previsto para el acantonamiento y la desmovilización de las tropas y para la reconciliación nacional, y el estrecho margen de actuación de las actividades de las Naciones Unidas encaminadas a asegurar el cumplimiento de las disposiciones importantes de los Acuerdos de Paz, tuvieron un efecto negativo en la situación general. Tras las secuelas de las elecciones, el Secretario General observó que "la función deliberadamente limitada que ambas partes y los observadores de los Acuerdos de Paz habían encomendado a la UNAVEM II en cuestiones militares, consistente sólo en verificar la eficacia de los mecanismos conjuntos de supervisión que habían de ser establecidos y presididos por las propias partes, obstaculizaron su capacidad para impedir el no cumplimiento de lo previsto".

 

 

Preparado y mantenido en español por la Sección del Sitio Internet de la ONU de la División de Noticias y Medios de Información del Departamento de Información Pública, en colaboración con el Departamento de Operaciones de Paz.
El contenido de esta página es una traducción no oficial, elaborada con la participación de la Facultad de Traducción de la Universidad de Salamanca. © Las Naciones Unidas 2003.
 
 
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