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Comisión de Consolidación de la Paz de las Naciones Unidas

Discurso del Secretario General

La Comisión de Consolidación de la Paz
de la Paz por la Asamblea General

Nueva York, 23 de junio de 2006

Señor Presidente,
Excelentísimos Señores,
Señoras y señores,

Tengo el gran placer de inaugurar esta primera reunión de la Comisión de Consolidación de la Paz. Deseo felicitar a todos sus miembros por haber sido seleccionados para participar en este histórico nuevo órgano.

Existen pocos temas acerca de los cuales haya mayor consenso o más altas expectativas que respecto de la responsabilidad de las Naciones Unidas de ayudar a los Estados y las sociedades a recuperarse de los estragos de la guerra. Por eso no fue casual que los dirigentes del mundo, en la Cumbre Mundial 2005 de las Naciones Unidas, destacaran el papel esencial de la Organización en las situaciones de transición que siguen a los conflictos y pidieran a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad que establecieran esta Comisión.

La comunidad internacional tiene ahora a su disposición un órgano intergubernamental singular: el primero dedicado concretamente a la consolidación de la paz. El objetivo de esta nueva Comisión será prestar un apoyo más sostenido, mejor coordinado y centrado a los países que salen de un conflicto.

Congregará a todos los agentes pertinentes. Y junto con el nuevo Consejo de Derechos Humanos, el fortalecimiento del Fondo central para la acción en casos de emergencia, el Fondo para la Democracia y otros cambios y reformas que en fecha reciente se han introducido o se han puesto en marcha, la Comisión de Consolidación de la Paz representa otro importante paso adelante hacia unas Naciones Unidas plenamente equipadas para hacer frente a los desafíos de nuestro tiempo.

Comienzan ustedes su trabajo cuando el mundo afronta una paradoja en su empeño por promover la paz duradera, la estabilidad y el desarrollo. Se ha producido una disminución, muy bienvenida, en el número de conflictos en general, y las Naciones Unidas han hecho todo lo posible, mediante las operaciones de mantenimiento de la paz y de otras formas de asistencia, por contribuir a esta tendencia. Al mismo tiempo, no obstante, hemos visto que un número inaceptable de acuerdos de paz se ha desmoronado en un lapso de cinco años después de finalizar una guerra civil y que varios países han vuelto a caer en conflictos destructivos.

Son bien conocidas algunas de las debilidades de que adolecen las respuestas internacionales que se dan en la actualidad a las situaciones posteriores a los conflictos. Una de ellas es la escasez de fondos. Otra es la falta de coordinación internacional. Una tercera es la tendencia de los agentes internacionales a partir con demasiada prisa. Como acabamos de ver en Timor-Leste, el apresuramiento por desentenderse de una situación de transición puede provocar reveses y la necesidad de volver a desplegarse, a un elevado costo para todos, en particular para las víctimas civiles indefensas.

Todos estos problemas se tuvieron en cuenta directamente para el diseño y mandato de la Comisión de Consolidación de la Paz y también para la creación de la Oficina de Apoyo a la Consolidación de la Paz y el Fondo Permanente.

Pero también debemos reconocer que el aumento de los recursos y la mejor coordinación no conseguirán por sí mismos concretar una paz duradera. La consolidación de la paz exige la participación y responsabilidad del país afectado y debe ser un producto local. Los participantes extranjeros, por bien intencionados que estén, no pueden reemplazar el conocimiento y la voluntad del pueblo del país afectado. Es éste quien mejor conoce su propia historia, cultura y contexto político y es el pueblo quien vivirá con las consecuencias de las decisiones adoptadas. Y también es quien debe sentir que la consolidación de la paz es su propio logro, si éste ha de tener la esperanza de subsistir.

La experiencia nos dice que la consolidación de la paz entraña algo más que prevenir que se reiteren los enfrentamientos y asegurar la reconstrucción física. Una tarea esencial es la construcción de instituciones públicas eficaces, dentro de marcos constitucionales y el imperio de la ley.

Con demasiada frecuencia, las poblaciones afectadas por la guerra alimentan sus esperanzas de que se establezcan estructuras de gobernanza nuevas y más equitativas, sólo para ver que las estructuras sociales, económicas y políticas de exclusión permanecen intactas, se perpetúan o incluso se fortalecen involuntariamente. Es esencial que los ciudadanos recuperen la confianza en las instituciones del Estado. La consolidación de la paz puede contribuir a fortalecer el pacto social por el cual los Estados cumplen sus obligaciones hacia los ciudadanos en tanto que éstos ejercen el derecho a participar y se hacen cargo de su destino.

También debemos recordar que la consolidación de la paz es inherentemente política. A veces, la comunidad internacional ha considerado a la consolidación de la paz como una actividad en gran medida técnica, que incluye conocimientos y recursos. La comunidad internacional no sólo debe comprender la dinámica local del poder sino también reconocer que es en sí misma un agente político que entra en un contexto político.

Señor Presidente,

Los miembros de la Comisión de Consolidación de la Paz están bien equipados para dar apoyo a los países que salen de un conflicto, ya que entre ustedes no sólo se encuentran interesados fundamentales, como Estados que aportan contingentes y donantes, sino también países que han experimentado por sí mismos la transición de la guerra a la paz.

Serán llamados a actuar como colaboradores que comparten un punto de vista y como aliados que permanecerán en el país más allá de la duración de una misión de mantenimiento de la paz. Esto significa que hay que controlar las expectativas, ya que muchos elementos de la consolidación de la paz, como la reconciliación, pueden llevar años o décadas, en tanto que la población que sale de un conflicto con sus energías agotadas comprensiblemente desea resultados mucho más rápidos.

Se espera que la Comisión apoye la elaboración de estrategias sobre consolidación de la paz y forje un consenso entre los agentes internacionales para su puesta en práctica. Trabajará en estrecha colaboración con otros órganos de las Naciones Unidas. Y me complace observar que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, al igual que los bancos regionales de desarrollo y otras organizaciones, serán parte de este esfuerzo.

Y naturalmente, será esencial la participación activa de las autoridades nacionales en la labor específica de la Comisión en cada país. Esto dará mayor peso al diálogo en el plano nacional entre las autoridades respectivas y la comunidad internacional. Espero que la Comisión encuentre también el modo de llegar a la sociedad civil local, al sector privado y a otros que estén en condiciones de contribuir.

Por su parte, la Oficina de Apoyo a la Consolidación de la Paz respaldará a la Comisión facilitándole información y análisis y asegurándose de que las recomendaciones que surjan de las deliberaciones de la Comisión se traduzcan en medidas concretas en los países.

Mientras tanto, el Fondo Permanente para la Consolidación de la Paz proporcionará medios adicionales como complemento de otras fuentes de financiación. Hago un llamamiento a los Estados Miembros para que hagan aportaciones generosas y sistemáticas al Fondo.

Señor Presidente,

La Comisión representa un símbolo de esperanza y perseverancia: esperanza para los muchos millones de personas que en todo el mundo luchan por mantener a sus sociedades en el frágil camino hacia la paz; y perseverancia, porque han superado considerables dificultades para poner en marcha esta iniciativa nueva y vital. Estoy seguro de que ustedes mostrarán igual determinación en el desempeño de su mandato, y les deseo el mayor de los éxitos al comenzar esta importante labor.

Muchas gracias.

 

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