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El Holocausto y la colección de documentos de debate de las Naciones Unidas

Documento de debate #8

La historia de los judíos en Europa durante el siglo xix y principios del siglo xx
por la Profesora Monika Richarz
Profesora Emérita de la Universidad de Hamburgo (Alemania) Anterior Directora del Instituto de Historia de los Judíos Alemanes de Hamburgo.

Al debatir la experiencia del pueblo judío, es importante estudiar la vida judía antes de la tragedia del Holocausto. Los judíos eran seres humanos con su propia historia, cultura e individualidades. Considerarlos sólo víctimas implica deshumanizarlos. Este artículo describirá los factores que afectan a la integración de los judíos en la sociedad y las condiciones sociales y económicas que regían sus vidas antes del Holocausto.

1. Emancipación

Los judíos habían vivido en muchas partes de Europa desde que llegaron aquí con los romanos. Se los consideraba una nación especial. Bajo el dominio cristiano en el Sacro Imperio Romano, sus libertades y derechos llegaron a estar muy limitados. En el siglo XVIII en toda Europa, los judíos todavía no tenían libertad de circulación y sólo podían asentarse en territorios donde hubieran recibido permiso especial. Muchos gobernantes cerraron sus países a los judíos por completo. Incluso cuando se los admitía, los judíos en muchos Estados no podían comprar tierras ni viviendas. En algunas ciudades tenían que permanecer en zonas asignadas llamadas "guetos", de las que sólo podían salir durante el día. Además, los judíos sufrían numerosas restricciones en sus trabajos. En la mayoría de los Estados, todos los puestos de trabajo les estaban prohibidos excepto el comercio y el préstamo de dinero.

Los judíos franceses fueron los primeros en emanciparse en Europa. En 1791, el Parlamento revolucionario francés les concedió igualdad jurídica, lo que significaba plena ciudadanía sin ninguna condición. Pero el resto de Europa no siguió este modelo de emancipación instantánea. Aunque en los Estados de Europa occidental y central, entre ellos Inglaterra e Italia, los judíos finalmente llegaron a emanciparse poco a poco durante el siglo XIX, esto no sucedió en la Rusia imperial, donde residía la mayoría de la población judía europea. El Gobierno zarista obligaba a los judíos a asentarse sólo en una zona determinada de Rusia, la llamada "empalizada" o distrito de asentamiento. Aquí y en las zonas de las que Rusia se había apoderado tras la división de Polonia, la mayoría de los judíos vivían en una gran pobreza, apiñados en ciudades donde a menudo formaban la mayoría de los habitantes. Muchos de ellos no tenían ningún trabajo y dependían de limosnas. Sólo a algunos miembros de la reducida clase alta judía se les permitía vivir en Moscú o San Petersburgo. La discriminación jurídica de los judíos incluso aumentó durante el siglo XIX porque el Gobierno zarista consideraba que los judíos eran un elemento revolucionario en potencia. En 1887, se introdujo un sistema de cuotas para estudiantes judíos, lo que provocó que muchos judíos rusos estudiaran en Alemania, Austria o Suiza. Después de que el Zar Alexander II fuera asesinado en 1881, se produjeron muchas revueltas y pogromos contra los judíos en Rusia hasta la primera guerra mundial. Esto y la extrema pobreza de los judíos provocaron su emigración masiva. Entre 1881 y 1914, alrededor de 2 millones de judíos abandonaron Rusia, la mayoría emigró a los Estados Unidos de América. Una vez que la Revolución de Octubre acabó con el dominio zarista, los judíos rusos llegaron a emanciparse finalmente.

Habían hecho falta 125 años para que la emancipación llegara a ser efectiva para todos los judíos de Europa. Pero esto no significaba que realmente disfrutaran de todos los derechos constitucionales. Con bastante frecuencia las administraciones socavaban la constitución. En la Alemania Imperial, por ejemplo, era casi imposible que un judío llegara a ser catedrático de humanidades o miembro de los cuerpos de oficiales, aun cuando estuviera muy cualificado. Estos puestos simplemente no se otorgaban a judíos. Así que, al analizar la situación de una minoría, no basta con considerar su condición jurídica sino que también han de examinarse las prácticas sociales. La emancipación no funciona si la sociedad no acepta a una minoría como igual. Y la aceptación de los judíos era un factor que variaba en gran medida de un Estado a otro y también a lo largo de la historia.

En general, se puede decir que la aceptación dependía del impacto que el antisemitismo tenía en una sociedad. En Rusia, la numerosa minoría judía se consideraba a sí misma una nación y estaba menos adaptada a la cultura del lugar que los judíos de Occidente, lo que hizo que su posición en la sociedad corriera incluso mayor peligro. El antisemitismo existía más o menos en todas las sociedades europeas del siglo XIX y siguió en aumento hasta la segunda guerra mundial. Con frecuencia se culpaba a los judíos de los problemas económicos y sociales que acompañaban al auge del capitalismo y la industrialización. Pero, mientras que en Europa oriental el antisemitismo incluso llevó a extensos pogromos, en Europa occidental todavía se expresaba en la mayoría de los casos por escrito y poniendo obstáculos sociales para los judíos. La mejora de la situación social de los judíos occidentales durante el siglo XIX asustaba especialmente a la clase media burguesa que se convirtió en el principal defensor de ideas antisemitas.

2. Aculturación

Como ya se ha dicho, en Europa central la aculturación se consideraba un requisito previo para la emancipación. La aculturación es un término moderno. En el siglo XIX, se usaba el término "asimilación", que implica una adaptación mucho más radical, incluso hasta el extremo de la absorción. Se suponía que los judíos debían renunciar a su cultura nacional a fin de convertirse, desde el punto de vista cultural, en alemanes, franceses, etc. Algunos defensores de la asimilación asumían que la minoría judía acabaría aceptando el cristianismo y finalmente desaparecería a causa del matrimonio mixto. En contraposición a esto, la aculturación es un término menos radical y más académico que implica que las personas aceptan una nueva cultura o parte de ella, pero no renuncian por completo a sus propias tradiciones. Este término describe con mayor precisión lo que pasó en realidad en las sociedades de Europa occidental y también —aunque en menor medida— de Europa oriental. ¿Por qué la cuestión de la aculturación llegó a ser tan importante en Europa occidental durante la emancipación? Antes de la emancipación, los judíos tradicionalmente habían sido una nación separada con su propia cultura. No sólo tenían su propia religión, sino sus propias comunidades, sus propias escuelas y profesiones, y vestían, escribían y hablaban de forma distinta. Esto se consideraba un obstáculo para la ciudadanía plena en muchos Estados naciones modernos. Se esperaba que los judíos se abrieran al mundo que los rodeaba y abandonaran su gueto cultural para convertirse en ciudadanos judíos individuales. Éste era un cambio revolucionario que la mayor parte de los judíos de Europa occidental con el tiempo estuvieron dispuestos a aceptar. Pero en Polonia y Rusia la numerosa población judía en su mayoría mantenía sus tradiciones culturales. Una expresión simbólica de esto era su lengua, llamada yiddish, que se escribe con el alfabeto hebreo pero procede del alemán medieval y contiene influencias de vocabulario hebreo y polaco. En el siglo XVIII, el yiddish todavía lo hablaban judíos de toda Europa en una versión oriental y otra occidental. Eso permitía las conexiones entre todas las comunidades judías europeas. De alguna manera, los judíos de la época premoderna constituían una comunidad europea transnacional. Esto era evidente, por ejemplo, en las redes de matrimonio o en los órganos estudiantiles de las famosas escuelas talmúdicas para estudios religiosos avanzados. Pero nunca existió ninguna organización coordinadora religiosa o política para todas estas comunidades judías europeas. Cada una se gobernaba a sí misma de forma independiente mediante una junta comunitaria que también contrataba a un rabino si la comunidad podía permitírselo.

Naturalmente habían existido diferencias religiosas y culturales entre los judíos de Europa oriental y occidental, pero éstas no eran tan importantes mientras todos los judíos europeos compartieran su vida tradicional y cultura común. Esto acabó en la segunda mitad del siglo XVIII cuando en Alemania surgió la Haskalá, la ilustración judía. Este movimiento abrió por primera vez la mente judía a la cultura de Europa. Moses Mendelssohn (1729 a 1786) en Berlín, siendo él mismo un judío ortodoxo, se convirtió en el representante más conocido de la Haskalá y defendía la emancipación judía. Además tradujo la biblia hebrea al alemán con objeto de enseñar a los judíos la lengua de la cultura que los rodeaba. Esta traducción fue prohibida por los rabinos polacos que creían que la biblia debía leerse únicamente en la sagrada lengua hebrea.

A partir de entonces las diferencias culturales y religiosas entre los judíos orientales y occidentales llegaron a ser mucho más fuertes y pronto se distanciaron unos de otros. En Europa occidental, los judíos adoptaron la cultura contemporánea con rapidez. Aunque Mendelssohn había estado combinando la cultura judía y europea, la siguiente generación comenzó a desatender las tradiciones judías y defendía la introducción de reformas religiosas en el judaísmo. Dejaban de hablar yiddish occidental, aprendían menos hebreo y se convertían culturalmente en alemanes. La religión judía, que anteriormente había dominado casi todos los aspectos de sus vidas, era objeto de reformas para ajustarse mejor a la vida moderna. Éste fue el nacimiento del judaísmo liberal.

Esta revolución cultural que tuvo lugar a lo largo de tan sólo dos generaciones impactó a la mayoría de judíos de Europa oriental aunque una minoría de ellos se sentía atraída por ella. Pero en Lituania, Polonia y Rusia la Haskalá nunca llegó a arraigar. Las masas pobres seguían su vida tradicional respetando las leyes rituales judías. El Gobierno zarista intentó con poco éxito obligarlos a que se adaptaran a la vida moderna fundando escuelas judías con asignaturas laicas en el plan de estudios. Los judíos de Europa oriental seguían hablando yiddish y se desarrolló una literatura importante en esta lengua. No obstante, a finales del siglo XIX, incluso aquí los cambios llegaron a ser evidentes. La ausencia extrema de trabajo obligó a algunos judíos a trabajar en fábricas y convertirse así en trabajadores industriales. Aquí se encontraron con ideas socialistas y vida sindical. En 1897, los judíos fundaron el Bund, la federación de trabajadores judíos de Lituania, Polonia y Rusia. Esta organización servía de sindicato y llegó a formar parte del Partido Socialista ruso. Además de este movimiento laboral judío, el movimiento nacional judío también tuvo su origen en Europa oriental. La opresión producida por la pobreza y los pogromos hizo que muchos judíos buscaran una solución. Millones de judíos emigraron a los Estados Unidos de América. Puesto que los judíos orientales se percibían a sí mismos como una nación judía distinta, algunos veían la solución en el regreso a Sion y la fundación de un Estado judío.

En Europa occidental, el movimiento sionista se enfrentaba a una fuerte oposición por parte de la mayoría de los judíos. Éstos no solo habían llegado a adaptarse a la cultura del lugar sino que ya eran ciudadanos patrióticos de sus países y, en gran medida, llegaron a ser clase media. Se sentían amenazados por el sionismo porque tenían mucho que perder. No querían que se cuestionase su lealtad a su país ni poner en peligro su ciudadanía. Por lo tanto, en Europa occidental el movimiento sionista crecía muy lentamente y en su mayor parte lo hacía entre los jóvenes. Muy pocos judíos occidentales emigraron a Palestina antes de 1933.

3. Demografía, urbanización y migración

Hasta la segunda guerra mundial, Europa fue el centro de todos los judíos del mundo. En 1939, a principios de la guerra, el 58% de la población judía mundial todavía residía en Europa: el Holocausto puso en peligro a más de la mitad de los judíos del mundo.

La distribución de la población judía en Europa era muy desigual. Antes de 1880, alrededor de 4,2 millones de judíos vivían en Europa oriental, la mayor parte en pequeñas ciudades de Lituania, Polonia y Rusia, frente a los 2,5 millones que vivían en los Estados de Europa central y occidental. Alrededor de medio millón de judíos vivía en la Alemania Imperial, lo que tan sólo representaba menos del 1% de la población alemana. En Francia y Gran Bretaña, la población judía era aún menor. Hasta 1918, Polonia había dejado de existir como Estado independiente, pero cuando apareció de nuevo contaba con unos 3,3 millones de ciudadanos judíos que representaban el 10% de la población polaca. Éste era el Estado europeo con mayor densidad de población judía.

Desde entonces los judíos de Europa occidental consiguieron emanciparse y pudieron desplazarse libremente, emigraron a las ciudades donde tenían mejores oportunidades para ganarse la vida, ampliar sus negocios, estudiar o comenzar una profesión. Esto dio lugar a que la urbanización judía creciera rápidamente. Tras la primera guerra mundial, se habían desarrollado grandes comunidades judías en las capitales. La concentración de la población judía en grandes ciudades tuvo un fuerte impacto en su estilo de vida y la hizo más visible en la economía y en la cultura. Los recién llegados a la vida de la ciudad se adaptaban culturalmente con mucha rapidez porque en su mayoría pertenecían a la generación más joven que a menudo se mudaba a la ciudad para obtener mejor formación. Mejoró la situación social y muchos judíos, excepto los inmigrantes recientes, ascendían a la clase media burguesa. Cada vez eran más los judíos occidentales que abandonaban todas las prácticas religiosas. Muchos desarrollaron una identidad judía laica, uniéndose a organizaciones judías y casándose sólo con judíos.

4. La estructura laboral judía

Los trabajos de los judíos en Europa oriental y occidental mostraban similitudes pero también diferencias obvias. En el siglo XX, al menos la mitad o más de los judíos de Oriente y Occidente permanecían en sus trabajos tradicionales de comercio. Este sector de la economía ofrecía nuevas oportunidades desde que la industrialización había aumentado mucho la producción de bienes de consumo. Mientras que en Europa oriental la mayoría de los judíos apenas conseguían ganarse la vida con un comercio insignificante, los judíos occidentales desarrollaban nuevas profesiones en el comercio. Los judíos que habían sido vendedores ambulantes ahora llegaban a ser tenderos, representantes comerciales o incluso mayoristas. Los judíos también fundaron los primeros grandes almacenes y las primeras empresas de compra por correo. Algunos incluso pasaron del comercio a la producción, abrieron imprentas y editoriales, y se introdujeron con mucho éxito en la industria de la confección. En Alemania, los judíos también se convirtieron en empresarios de las industrias metalúrgica, química y eléctrica, así como en la minería de carbón. Los judíos europeos seguían trabajando en el sector bancario y en la financiación de la industrialización.

En muchas ciudades occidentales como Berlín, Hamburgo o Viena, se desarrolló una amplia clase media judía en el siglo XIX. Los judíos accedían cada vez más a las universidades y llegaban a ser profesionales. La mayoría de los estudiantes judíos estudiaban medicina o se formaban para convertirse en abogados y trabajar por cuenta propia a fin de evitar el posible antisemitismo por parte de empleadores. La proporción de judíos que estudiaba en las universidades y accedía a las profesiones aumentaba, lo cual, comparado con la población judía de aquella época, era muy significativo. Por ejemplo, en 1925 en Alemania, el 26% de todos los abogados y el 15% de todos los médicos eran judíos, aunque los judíos representaban sólo el 1% de la población general.

Aunque la estructura laboral judía en la Rusia zarista seguía siendo mucho más tradicional, se produjo cierta modernización. No obstante, la mayoría de los judíos eran pequeños comerciantes o artesanos pobres, a menudo trabajaban como sastres y algunos se dedicaban a la manufacturación y llegaban a ser empresarios importantes en determinados sectores de la economía. Pero en Europa oriental, la clase media y alta judía seguía siendo reducida y sólo estaba adaptada en parte a la cultura del lugar.

5. Los judíos como creadores de la cultura europea

Desde el principio de la Haskalá, los judíos no sólo llegaron a ser consumidores de la cultura europea sino que también participaron en su creación. Pronto hubo judíos de gran talento que llegaron a destacar en las artes, las ciencias y las humanidades. A finales del siglo XIX, Viena, Berlín y Praga se convirtieron en centros culturales con la sólida participación de sus élites judías adaptadas culturalmente. Había personas de procedencia judía muy destacadas en la escena literaria vienesa, especialmente entre los dramaturgos, poetas y periodistas. En algunos campos, en particular la psicología y la música, los judíos rompieron con las tradiciones de la profesión. Entre ellos, el más conocido es Sigmund Freud (1856 a 1939), el creador vienés del psicoanálisis. El escritor checo Franz Kafka (1883 a 1924) alcanzó la fama mundial. Al igual que Viena, Berlín era un centro de escritores y periodistas judíos, así como de actores y directores de teatro. Pero en Berlín, los judíos también participaban en gran medida en los campos de la física, la química y la biología. Entre los científicos de Berlín, Albert Einstein (1879 a 1955) llegó a ser conocido en todo el mundo. Mientras que los judíos occidentales habían llegado a ser de los más innovadores en la cultura europea, su propia cultura judía perdió importancia para muchos de ellos.

Esto era muy distinto en Europa oriental, donde la mayoría todavía vivía de acuerdo con la tradición judía, hablaba yiddish y se consideraba a sí misma una nación independiente. Pero el fuerte antisemitismo en Polonia y Rusia contribuyó a mantener a los judíos separados y los hizo más radicales desde el punto de vista político. Muchas escuelas judías de la República de Polonia enseñaban en yiddish. Los judíos polacos fundaron varios partidos políticos, entre ellos uno ortodoxo, uno liberal y otro de trabajadores, así como varios partidos sionistas. La cultura yiddish florecía, en especial en la literatura, el teatro yiddish y la prensa judía. Muchos escritores destacados, como el ganador del Premio Nobel Isaac Bashevis Singer (1902 a 1991), escribían en yiddish. En 1925, en Berlín se fundó un Instituto para el estudio académico de la lengua y la cultura yiddish (YIVO) y pronto se trasladó a Vilna, que por aquel entonces pertenecía a Polonia.

Los judíos de la Rusia zarista habían sufrido muchos pogromos. Cuando se creó la Unión Soviética, los judíos se convirtieron por primera vez en ciudadanos con igualdad de derechos. Pero la política del Gobierno soviético obligó a la población judía a cambiar por completo su estructura social y a abandonar su identidad religiosa. Muchos de los 2,7 millones de judíos de la Unión Soviética perdieron sus ingresos porque la producción y el comercio se socializaron y el comercio privado entonces era ilegal. Estos judíos se vieron obligados a formar parte de los nuevos colectivos agrícolas. El partido socialdemócrata judío y el movimiento sionista quedaron prohibidos. Durante las campañas antirreligiosas hasta 1939, las comunidades judías, las escuelas talmúdicas y la mayoría de las sinagogas se disolvieron. Incluso se hacía muy difícil el uso laico del yiddish. En estas condiciones, no podían sobrevivir ni el judaísmo tradicional ni una identidad judía positiva. Se obligaba a los judíos a la asimilación completa. Por otro lado, aprovechaban las oportunidades profesionales que ahora tenían al acceder al partido y las instituciones estatales. Los judíos estuvieron bien representados por los principales funcionarios del partido bolchevique durante los primeros años de la Unión Soviética. Más adelante, numerosos funcionarios judíos se convirtieron en víctimas del terror estalinista. La gran cantidad de matrimonios mixtos que existían en la Unión Soviética demostraba que este país había tenido éxito al asimilar a los judíos hasta el extremo de la absorción. Paradójicamente, el antisemitismo era lo único que, a largo plazo, mantenía viva la idea de ser judío en el Estado soviético. La vida judía había llegado a ser muy distinta en Europa oriental y occidental en los últimos tiempos. Los judíos occidentales se habían integrado social y culturalmente hasta tal punto que no podían imaginar que un genocidio pudiera llegar a ocurrir en la cultura occidental a la que ellos sentían que pertenecían. En Polonia, los judíos seguían siendo una nación aparte, que luchaba por los derechos de las minorías, mientras que, en la Unión Soviética, el propio judaísmo se vio casi extinguido por la política gubernamental. La cada vez mayor influencia del antisemitismo y los partidos antidemocráticos de muchos países europeos desestabilizaron la existencia judía incluso antes del Holocausto.

Temas de debate

1. ¿Qué impacto tuvo la emancipación de los judíos de Europa occidental en sus vidas? ¿En qué medida era diferente esta situación para los judíos de Europa oriental?

2. ¿Cómo se expresaba el antisemitismo generalmente en el siglo XIX en Europa occidental? ¿En qué se diferenciaba de Europa oriental?

3. ¿Cuál era la diferencia entre la aculturación y la asimilación de los judíos? ¿Cómo influía esto en sus vidas?

4. ¿Qué consecuencias tuvo la urbanización judía? ¿Qué papel podría haber desempeñado este aspecto en el Holocausto?

5. ¿Cuáles fueron algunas de las contribuciones culturales y políticas del pueblo judío en Europa?

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La serie de documentos de debate brinda un foro en el que académicos especializados en el holocausto y la prevención del genocidio generan temas de debate y estudio sobre estas cuestiones. Se les solicitó a estos autores, que provienen de una variedad de culturas y formaciones, elaborar documentos de debate basados en sus propias perspectivas y experiencias en particular. Los puntos de vista expresados por estos autores no necesariamente reflejan la posición de las Naciones Unidas respecto de estos temas.

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