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El Holocausto y la colección de documentos de debate de las Naciones Unidas

Documento de debate #4

La Shoah: El recuerdo de una superviviente, el legado del mundo
por Simone Veil
Presidenta Honoraria de la Fundación para la Memoria de la Shoah, París (Francia).

Como deportada y superviviente de los campos de concentración, creo que es mi deber hablar sobre la Shoah y explicar continuamente a las generaciones más jóvenes, a las personalidades influyentes en la opinión pública de las naciones y a nuestros políticos cómo 6 millones de hombres y mujeres, incluidos 1 millón y medio de niños, murieron simplemente porque habían nacido judíos.

Hace cinco años, el Consejo de Europa decidió organizar un Día europeo en memoria del Holocausto y para la prevención de crímenes de lesa humanidad. El Consejo escogió el 27 de enero, el día que una unidad de soldados soviéticos llegó a Auschwitz. En las instalaciones, estos soldados sólo encontraron fantasmas, unos pocos miles de personas moribundas y aterrorizadas, abandonadas porque las SS pensaron que el hambre, la sed, el frío o la enfermedad harían su trabajo con mayor rapidez. Diez días antes, a la mayoría de los supervivientes se los había obligado a caminar fuera del campo, bajo la nieve, arriesgándose a ser ejecutados a cada paso. Éstas eran las "marchas de la muerte", donde sucumbieron tantos de nuestros compañeros.

El 1º de noviembre de 2005, las Naciones Unidas decidieron instituir un "Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto", permaneciendo fieles a sus principios originales. Fue una decisión sumamente simbólica para esta institución, la cual surgió de las ruinas y cenizas de la segunda guerra mundial. No hablamos de una imagen, sino de una realidad. Fue en un país europeo, admirado durante mucho tiempo por sus filósofos y sus músicos, donde se tomó la decisión de gasear y quemar a millones de hombres, mujeres y niños en hornos crematorios. Sus cenizas también descansan en el fondo de tumbas en Belarús, Lituania, Polonia, Ucrania y otros lugares. Éstas eran tumbas que los judíos tuvieron que cavar con sus propias manos, antes de verse arrojados a ellas por las balas de los Einsatzgruppen y después quemados, con objeto de borrar todos los rastros de los crímenes.

Con esta decisión, que hoy afecta a todo el mundo, las Naciones Unidas nos recuerdan el carácter específico y universal de la Shoah, el exterminio planificado dirigido a eliminar a todo un pueblo: el pueblo judío. Este objetivo se consiguió en gran medida y desobedeció los fundamentos de nuestra humanidad.

Para aquellos a los que se había deportado, incluida yo misma, no pasa un solo día en que no pensemos en la Shoah. Más que las palizas, el agotamiento, el hambre, el frío o la fatiga, son las humillaciones lo que siguen siendo, hasta el día de hoy, el peor de nuestros recuerdos. Ya no teníamos nombres, solo un número tatuado en el brazo que servía como identificación. Lo que también nos persigue es el recuerdo de aquellas personas de quienes se nos separó brutalmente a nuestra llegada al campo y a las que, según nos contaron poco tiempo después, se las llevó directamente a las cámaras de gas.

A mí me deportaron junto a mi madre y mi hermana a Auschwitz en abril de 1944. Después de pasar una semana en Drancy, un campo de tránsito para judíos franceses, nos amontonaron durante tres días horribles en vagones de animales cerrados, prácticamente sin comida ni agua y sin saber nuestro destino. A mi padre y a mi hermano los deportaron a Kaunas en Lituania en un convoy de 850 hombres, del cual sólo sobrevivieron unos 20. Nunca llegamos a conocer el paradero de los otros hombres, entre ellos mi padre y mi hermano.

Llegamos a Auschwitz en mitad de la noche. Todo estaba preparado para aterrorizarnos: focos cegadores, los ladridos de los perros de las SS, los deportados vestidos como reclusos que nos arrastraban desde los vagones.

El Dr. Mengele, el experto de selección de las SS, decidía quién entraría al campo y a quién se enviaría directamente a las cámaras de gas. Milagrosamente, nosotras tres pudimos entrar al campo.

Trabajábamos más de 12 horas al día en un trabajo de excavación que demostraba ser en su mayor parte inútil. Apenas nos alimentaban. Pero nuestro destino no era la peor. Durante el verano de 1944, llegaron 435.000 judíos procedentes de Hungría. En cuanto se bajaron del tren, se llevó a la mayoría de ellos a la cámara de gas. Para aquellos de nosotros que sabíamos lo que les esperaba, fue una visión de horror. Todavía recuerdo sus caras, esas mujeres llevando a sus hijos, esas masas ignorantes de su destino. Esto es lo peor que presencié en Auschwitz.

En julio, mi madre, mi hermana y yo tuvimos la suerte de ir a un campo pequeño menos severo respecto al trabajo y la disciplina. Y la tarde del 18 de enero de 1945, abandonamos el campo, obligadas a caminar más de 70 kilómetros bajo amenaza de los rifles de las SS. Tras dos días de espera en Gleiwitz en un campo enorme, nos amontonaron en vagones descubiertos, que cruzaron Checoslovaquia, Austria y Alemania, hasta el campo Bergen-Belsen. Cuando llegamos, casi la mitad de nosotros se había muerto de frío o hambre. En Bergen-Belsen, no había ni cámaras de gas ni selecciones. En su lugar, el tifus, el frío y el hambre mataron, en sólo unos pocos meses, a decenas de miles de las personas deportadas.

Finalmente, el 15 de abril, el ejército británico nos liberó. Todavía puedo ver las caras aterrorizadas de los soldados que, mirando desde sus tanques, descubrían los cuerpos amontonados a los lados de la carretera y los esqueletos tambaleantes en que nos habíamos convertido. No hubo gritos de alegría por nuestra parte, sólo silencio y lágrimas. Pensaba en mi madre, que hacía un mes que había fallecido de agotamiento y tifus. Durante las semanas que siguieron a la liberación, muchos más de nosotros murieron por falta de atención médica.

Cuando regresé a casa en Francia con mi hermana, hacía meses que el país había sido liberado. Nadie quería oír hablar de las deportaciones, de lo que habíamos visto y a lo que habíamos sobrevivido. En cuanto a los judíos que no habían sido deportados, aproximadamente tres cuartas partes de los judíos que vivían en Francia por aquel entonces, la mayoría no podía soportar escucharnos. Otros preferían no saber. Es cierto que no éramos conscientes de la horrible naturaleza de nuestras historias. Así pues, era entre nosotros, los que habíamos sido deportados, entre quienes hablábamos sobre los campos. Incluso hoy en día, esto nutre nuestro espíritu e incluso diría que también nuestras conversaciones, porque de una forma extraordinaria, cuando hablamos de los campos, tenemos que reírnos para no llorar.

La Shoah no fue sólo lo que ocurrió en Auschwitz. Cubrió a todo el continente europeo de sangre. El proceso de deshumanización inspira una reflexión inagotable sobre la conciencia y la dignidad de las personas, recordándonos que lo peor siempre es posible.

A pesar de la promesa tantas veces expresada de "nunca más", nuestras advertencias fueron en vano. Tras las masacres de Camboya, es África la que más ha rendido homenaje a las locuras del genocidio durante los últimos 15 años. Tras Rwanda, se trata de Darfur y su dramático número de víctimas: 200.000 muertos y casi 2 millones de refugiados. Es hora de encontrar soluciones para que las resoluciones y los principios de las Naciones Unidas por fin se respeten en todas las situaciones de conflicto.

Pasando de ayer a hoy, no puedo evitar discutir con aquellos que ahora dicen que el Holocausto nunca sucedió, que niegan la realidad de la Shoah y piden la destrucción de Israel. Ahora sabemos hasta qué punto es realmente preocupante un Irán con armas nucleares y cuán urgente resulta que este país vuelva al seno de la comunidad internacional respetando las leyes establecidas por las Naciones Unidas y el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares del cual es signatario2.

En el núcleo del Islam radical se realizan llamamientos sumamente inquietantes a la destrucción de Israel, la tierra ancestral de los judíos que se ha convertido en una tierra de refugio para muchos supervivientes de la Shoah. Al decir que la Shoah es una mentira perpetuada por los judíos para justificar la creación de Israel, estas personas faltan a la verdad para justificar su voluntad de destruir este Estado. Esta negación del Holocausto, utilizada únicamente con fines políticos, les permite justificar sus esfuerzos por poner fin al Estado de Israel. Esta nueva negación encuentra una resonancia considerable en espíritus fanáticos e ignorantes. En la actualidad las nuevas tecnologías de comunicaciones, entre otros medios, se usan para difundir estas ideas, especialmente entre los jóvenes, algunos de los cuales llegan a estar convencidos de que la Shoah nunca sucedió a pesar de todas las pruebas que indican lo contrario. Esperemos que la divulgación y la publicidad sobre el registro histórico que contienen los archivos de Arolsen los convenzan, si desean creer en los archivos. Asimismo, esperemos que la creación de un Estado palestino junto a un Estado israelí, cada uno viviendo en paz dentro de sus fronteras según los términos de una negociación justa, ponga fin a las campañas llevadas a cabo contra la existencia de Israel.

Ante la cuestión de la conmemoración de la Shoah y la existencia del Estado de Israel, la comunidad internacional y los distintos Estados deben asumir su responsabilidad. También deben adoptar las medidas necesarias para luchar contra otros genocidios, los cuales deben identificarse y a cuyas víctimas se debe escuchar. Se debe juzgar y castigar a quienes han cometido o cometen crímenes masivos.

Más allá de los Estados y las instituciones, sigue existiendo la parte de responsabilidad que recae sobre cada uno de nosotros. Esto se le recordaba a la población francesa en la ceremonia celebrada el 18 de enero de 2007 en el Panteón de París, cuando el Presidente Jacques Chirac, siguiendo mi sugerencia, rindió homenaje a los "justos de Francia". Los "justos" son millones de personas no judías a las que rinde homenaje Yad Vashem, la Dirección de Conmemoración de los Mártires y Héroes del Holocausto, por haber salvado a judíos de la deportación durante la segunda guerra mundial. En Francia, se deportó a 76.000 judíos. Pero las otras tres cuartas partes de judíos que se salvaron deben su salvación en parte al millar de justos que los ayudaron y encarnaron el honor de nuestro país.

Los "justos" nos demostraron que siempre habrá hombres y mujeres, de todos los orígenes y en todos los países, capaces de lo mejor. Basándome en el ejemplo de los "justos", me gustaría creer que la fortaleza moral y la conciencia individual pueden vencer.

En conclusión, y alegrándome de que la resolución 61/255, aprobada en enero de 2007 y que condena la negación del Holocausto, fuera aprobada de forma tan abrumadora por la Asamblea General de las Naciones Unidas, deseo sinceramente que este día, creado por las Naciones Unidas, nos inspire a todos a respetarnos los unos a los otros y a rechazar la violencia, el antisemitismo, el racismo y el odio, así como todas las demás formas de discriminación.

La Shoah es "nuestro" recuerdo, pero también es "vuestro" legado.

Temas de debate

1. En su artículo, Simone Veil habla sobre las masacres y los genocidios en Camboya, Rwanda y Darfur. ¿Qué puede aprenderse del Holocausto para comprender y combatir los actuales genocidios, así como prevenir futuros genocidios?

2. En vista de la experiencia personal del Holocausto de la autora, ¿qué papel representaba la humillación en la estrategia de los nazis para exterminar a los judíos?

3. ¿Cuáles son las posibles soluciones mencionadas por la Sra. Veil que pueden contribuir a la lucha contra la negación del Holocausto? ¿Qué podría hacer la comunidad internacional para combatir la negación del Holocausto?

4. ¿Cómo describe la autora las reacciones de la gente ante los testimonios de los supervivientes del Holocausto justo después de la segunda guerra mundial? ¿Cómo demuestra esto la importancia de estos testimonios, todavía en la actualidad?

5. Como demostraron los "justos" de Francia, ¿en qué medida es la responsabilidad de las personas, más allá de los Estados y las instituciones, vital a la hora de ayudar a luchar contra el genocidio? ¿Cómo se puede fomentar mediante la enseñanza un mayor sentido de la responsabilidad individual?

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1 Las “Schutzstaffel”, o “SS”, era la organización paramilitar elitista dentro del partido nazi encargada de aplicar las políticas de seguridad y población del Tercer Reich y en particular el asesinato masivo sistemático de judíos, conocido como la Solución Final. Sus principales formas de actuación eran la represión, el terror y el asesinato.
2 La República Islámica del Irán firmó el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares cuando éste se concertó el 1º de julio de 1968.

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La serie de documentos de debate brinda un foro en el que académicos especializados en el holocausto y la prevención del genocidio generan temas de debate y estudio sobre estas cuestiones. Se les solicitó a estos autores, que provienen de una variedad de culturas y formaciones, elaborar documentos de debate basados en sus propias perspectivas y experiencias en particular. Los puntos de vista expresados por estos autores no necesariamente reflejan la posición de las Naciones Unidas respecto de estos temas.

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