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El Holocausto y la colección de documentos de debate de las Naciones Unidas

Documento de debate #3

Hitler, Pol Pot y el poder hutu: Temas característicos de la ideología del genocidio
por el Profesor Ben Kiernan,
Profesor A. Whitney Griswold de Historia,
Profesor de Estudios locales e internacionales,
Director del Programa de Estudios sobre el Genocidio, Universidad de Yale (Estados Unidos de América)

El Holocausto nazi de los judíos fue el caso más extremo de genocidio de la historia. La tentativa del Estado de conseguir el exterminio total mediante el asesinato industrializado de millones de personas desarmadas en menos de cinco años tiene poca comparación. La eliminación masiva de entre 5 y 6 millones de judíos y las invasiones cataclísmicas de la mayor parte de Europa y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que la hicieron posible requerían una economía avanzada y un Estado moderno muy armado. Sin embargo, la máquina de matar nazi tenía una fuente de energía más anticuada. Ésta funcionaba engranando influencias ideológicas que ensalzaban la raza, la historia, el territorio y el cultivo, todas las ideas que pueden surgir en una serie de contextos tecnológicos.

Estas preocupaciones del poderoso agresor también son características de otros genocidios. Los rasgos comunes del pensamiento genocida pueden identificarse incluso en casos que carecían del poder destructivo del Holocausto. De hecho, las preocupaciones ideológicas de los agresores a menudo pueden percibirse en etapas tempranas de sus carreras, antes de que lleguen al poder o acumulen el ejército o el aparato organizativo necesarios para llevar a cabo el genocidio. La descripción de estos rasgos comunes a muchos casos pueden ayudar a la hora de predecir y prevenir futuros genocidios.

Yuxtapondré la ideología nazi a la de otros dos autores de crímenes de genocidio: los gobernantes del Khmer Rouge de Camboya de 1975 a 1979 y el régimen del poder hutu de 1994. Los líderes de los tres regímenes tenían visiones del futuro en parte inspiradas por pasados ancestrales —míticos y prístinos— en los que ellos imaginaban a los miembros de su raza original, pura y agraria, que cultivaba grandes territorios sin judíos ni vietnamitas ni tutsis. Los autores de actos de genocidio contra aquellos grupos de víctimas compartían preocupaciones no sólo respecto a la pureza étnica sino también a la antigüedad, la agricultura y el expansionismo. El pensamiento genocida normalmente es racista, reaccionario, rural e irredentista.

Hitler elogiaba a Arminio ("Hermann"), quien aniquiló a las antiguas legiones romanas, como "el primer arquitecto de nuestra libertad" y también a Carlomagno, el monarca medieval agresivo, como "uno de los hombres más grandes de la historia mundial". En 1924, Hitler instaba a que “el nuevo Reich debe ponerse en marcha siguiendo el camino de los caballeros teutónicos de antaño, para conseguir mediante la espada alemana tierra fértil para el arado alemán”.1

Un segundo modelo era la propia historia romana, que Hitler consideraba "la mejor guía, no sólo para la actualidad, sino probablemente para todos los tiempos". Hitler consideraba el genocidio de Cartago por parte de Roma en el año 146 a.C. "una lenta ejecución de un pueblo mediante sus propios desiertos". La antigua Esparta representaba un tercer modelo nazi. Hitler recomendó en 1928 que un Estado debería "limitar la cantidad de personas a las que se les permite vivir" y añadió: “Los espartanos fueron una vez capaces de una medida así de acertada… La subyugación de 350.000 ilotas por 6.000 espartanos sólo fue posible debido a la superioridad racial de los espartanos.” Ellos habían creado "el primer Estado racista". Al invadir la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1941, Hitler veía a los ciudadanos soviéticos como ilotas para sus espartanos alemanes: "Llegaron como conquistadores y se lo llevaron todo". Un oficial nazi especificó que "los alemanes tendrían que asumir la posición de los espartiatas, mientras que... los rusos eran los ilotas."2

"Acabo de descubrir", dijo Hitler, "que la alimentación de los ejércitos romanos se basaba casi por completo en cereales". Entonces añadió que Ucrania y Rusia "serán algún día los graneros de Europa", pero que merecían esa responsabilidad sólo con el asentamiento agrícola alemán. "Los eslavos han nacido para ser una masa de esclavos", afirmaba Hitler, pero bajo el dominio del campesino alemán "cada centímetro de tierra se explota celosamente". Por lo tanto, "durante todo el invierno podríamos mantener nuestras ciudades abastecidas con verduras y frutas frescas. Nada es más hermoso que la horticultura". Los alemanes estaban más adelantados porque "nuestros ancestros eran todos campesinos". Pero el país padeció una industrialización excesiva y "perjudicial", lo que provocó "el debilitamiento del campesino". Hitler consideraba "una clase campesina saludable como cimiento de toda una nación... Una reserva sólida de pequeños y medianos campesinos ha sido siempre la mejor protección contra los males sociales". "El futuro de Alemania", afirmaba en 1933, "depende exclusivamente de la conservación del campesino".3

Los nazis veían a los judíos como habitantes arquetípicos de la ciudad. El pensamiento antiurbano reforzó el antisemitismo virulento. Durante el auge del Holocausto, los ideólogos nazis seguían preocupándose no sólo por la teoría racial, el genocidio y la guerra expansionista, sino también por la antigüedad y el agrarismo.

La guía del régimen de Pol Pot para los antiguos templos de Camboya revelaba su propia preocupación oficial por la antigüedad. Esta comenzaba así: "Angkor Wat se había construido entre 1113 y 1152". Los enemigos como la minoría local de los cham, víctimas del genocidio bajo el gobierno de Pol Pot, eran eternos. El templo de Angkor Thom, continuaba la guía, se construyó "después de la invasión de las tropas de los cham en 1177, que destruyeron completamente la capital". Otra publicación añadía: "Los maravillosos monumentos de Angkor [son] considerados por toda la humanidad una de las obras maestras de esta brillante civilización y el espíritu creativo de los trabajadores de Kampuchea". Como lo expresaba Pol Pot, "Si nuestro pueblo puede hacer Angkor, podemos hacer cualquier cosa". Su victoria en 1975 fue de "mayor importancia que el período de Angkor". El estalinismo y el maoísmo ofrecieron al Partido Comunista de Kampuchea los medios políticos para rivalizar con este modelo medieval y restablecer la tradición rural de una época imaginada en la que, según afirmaba Pol Pot, "nuestra sociedad solía ser buena y limpia".4

El maoísmo reforzó la obsesión del Khmer Rouge por la vida rural. Durante los años sesenta, el régimen del príncipe Sihanouk denunció a los rebeldes del Khmer Rouge por "incitar a la población a boicotear las escuelas y los hospitales, y abandonar las ciudades". Los rebeldes decían de Sihanouk: "Dejadle que trabaje la tierra como nosotros por una vez". En sus memorias el anterior jefe de Estado del Partido Comunista de Kampuchea, Khieu Samphan, recordaba sus encuentros con el comandante guerrillero Mok en la selva. Su relato sugiere que Samphan estaba cautivado por un romance rural. Encontró a Mok vestido "como todos los campesinos", con pantalones cortos negros y camisa de manga corta desabrochada. "No obstante, el brillo difuso de la lámpara nos descubrió los ojos profundos y penetrantes que destacaban en su rostro con barba." Mok "se movía con libertad,... a veces descamisado, descubriendo su pecho y brazos velludos... De hecho, en vista de su actividad, llegué a ser muy consciente de mis límites. Y más profundamente, sentí el orgullo de ver a este hombre que yo consideraba un campesino llegar a ser uno de los líderes importantes de un movimiento nacional de resistencia."5

Cuando el Partido Comunista de Kampuchea se extendió por la zona rural de Camboya, dividió a la sociedad del Khmer en "clases". En teoría, la clase trabajadora era "la líder", pero en la práctica "los tres estratos más bajos de campesinos" formaban "la base" de la revolución rural del Partido. El victorioso Partido Comunista de Kampuchea vació las ciudades de Camboya en 1975 y reconoció: "Concretamente, nosotros no nos basamos en las fuerzas de los trabajadores... ellos no llegaron a ser la vanguardia. De hecho, sólo estaban los campesinos." El planteamiento principal del Partido Comunista de Kampuchea seguía siendo rural. Samphan afirmaba: "el agua fluye libremente y con el agua el paisaje es fresco, las plantas son frescas, la vida es fresca y la gente sonríe... Los pequeños y medianos campesinos pobres están contentos. Así son los medianos campesinos". Pol Pot añadía: "La gente de las anteriores clases medias campesinas inferiores y pobres están abrumadoramente contentas... porque ahora pueden comer durante todo el año y llegar a ser campesinos medianos". Ésa parecía ser la visión que el Partido tenía del futuro. Incluso iba más allá del maoísmo cuando anunciaba que la propia zona rural, no el proletariado urbano, constituía la vanguardia de la revolución: "Hemos evacuado a la población de las ciudades, lo cual es nuestra lucha de clases."7 Al aplastar a los "enemigos", los cuadros del Partido Comunista de Kampuchea recurrían a metáforas agrícolas como "arrancar la hierba y las raíces" y proclamaban que los cadáveres de las víctimas se usarían como "fertilizante".

El expansionismo territorial acompañaba al culto agrícola. El régimen inició ataques contra todos los países vecinos de Camboya: Laos, Tailandia y Viet Nam. Se desconoce el costo en vidas de camboyanos, pero, de acuerdo con Hanoi, el Khmer Rouge mató aproximadamente a 30.000 civiles y soldados vietnamitas en casi dos años de ataques transfronterizos. Pol Pot tenía como objetivo "provocar el odio nacional y el odio de clases hacia el agresivo enemigo vietnamita". Los ataques a Viet Nam "matarían al enemigo a discreción y los despreciables vietnamitas seguro que gritarían como monos chillando por todo el bosque". Camboya declaró la expansión de la frontera marítima y proyectó cambios territoriales en "Baja Camboya" (Kampuchea Krom), territorio perdido que pertenece a Viet Nam desde principios del siglo XIX. Muchos oficiales del Partido Comunista de Kampuchea anunciaron su objetivo de "recuperar Kampuchea Krom". Pol Pot ordenó a las tropas que "entraran y libraran una guerra de guerrillas para atar al enemigo por el cuello". Un informe del Partido Comunista de Kampuchea declaraba que la mayoría de la población de Kampuchea Krom intentaba "unirse al ejército de Kampuchea a fin de matar a todos los vietnamitas [komtech yuon aoy os]". En Camboya, el Partido acusaba a la mayor parte de sus víctimas de Khmer de tener "cuerpos de Khmer con mentes vietnamitas". El régimen inició sus mayores masacres de camboyanos con un llamamiento a "purificar... a las masas de la población". Entre 1975 y 1979, el gobierno del Partido Comunista de Kampuchea provocó la muerte de aproximadamente 1,7 millones de personas, por trabajo excesivo, enfermedad, hambre y asesinatos de "enemigos" políticos y étnicos, como las minorías vietnamita y cham.10 Todas las obsesiones con la raza, la historia, el cultivo y el territorio representaron un papel en el genocidio camboyano.

En la antigüedad, Rwanda había sido un reino hutu pacífico, "antes de la llegada de los tutsis", escribió uno de los principales autores del genocidio de 1994. Éste afirmaba que "los hutus de la gran familia bantú y los twa o pigmeos del grupo étnico más pequeño vivían en armonía desde el siglo IX". Entonces en el siglo XVI llegó una raza de intrusos del norte, los "tutsis de Abisinia".11

En 2003, el Tribunal Penal Internacional para Rwanda condenó por genocidio al historiador chovinista hutu más importante, Ferdinand Nahimana. Nahimana comenzó su investigación en 1978 en el noroeste de Rwanda, tierra natal del entonces presidente Juvénal Habyarimana y su esposa, Agathe Kanziga, una princesa de la anterior corte hutu local de Bushiru. Nahimana escribió que mucho tiempo antes de "la expansión y la instalación del poder tutsi" por toda Rwanda, los hutus del norte se habían organizado en "Estados", cada uno de ellos con una larga historia. A partir de relatos orales de "descendientes directos de los últimos príncipes hutus", Nahimana enumeró nueve reinos y sus gobernantes. Proyectó estos reinos hutus en la historia, añadiendo una generación de 33 años para cada reinado y calculó que todos ellos habían "surgido durante el siglo XVI (seis monarquías) y el siglo XVII (tres monarquías)". Al parecer, el primer rey de Bushiru gobernó de 1600 a 1633; el fundador de Buhoma "reinó entre 1499 y 1532". Después de "429 años (1499 a 1928)", Buhoma cayó ante la "ocupación tutsi".12 En parte, el genocidio de los tutsis fue un intento de invertir las consecuencias históricas.

Al igual que los nazis y el Khmer Rouge, la ideología genocida del poder hutu combinaba conceptos de historia y raza con ideas de agricultura y territorio.

Nahimana llegó a la conclusión, por ejemplo, de que el término umuhinza, aplicado a los gobernantes hutus del noroeste sometidos a la monarquía tutsi, derivaba de una palabra que indicaba "prosperidad agrícola" y "seguridad territorial". Estos príncipes hutus del noroeste conservaban el prestigio ritual local mediante su título, lo que significaba en parte "el agricultor por excelencia que gobernaba un pueblo de cultivadores" o "Presidente de las Cosechas". Los regímenes dominados por los hutus veían a la minoría tutsi de Rwanda no sólo como opresores históricos, sino también como habitantes de la ciudad o pastores dedicados a la cría de ganado, no como fuertes campesinos cultivadores como los hutus. La vida y el trabajo rural se convirtieron en un fetiche del poder hutu. Nahimana hablaba con gran entusiasmo de los intelectuales que "tomaron la azada, la podadera o cualquier otra herramienta manual y se unieron a las masas de campesinos para mover la tierra con sus manos y vivir la realidad efectiva del trabajo manual... Juntos, ellos han restaurado el valor de la azada". Como director de la Oficina de Información de Rwanda desde 1990, Nahimana estaba decidido a permitir "por fin, que se publicara la 'verdad rural'".13

La emisora de radio del poder hutu, Radio Télévision Libre des Milles Collines (RTLM), combinaba temas agrícolas con racismo violento. Esta emisora proclamaba en 1993: "Los tutsis son nómadas e invasores que vinieron a Rwanda en busca de pasto". El editor jefe de RTLM anunciaba tres semanas antes de que comenzara el genocidio en abril de 1994: "Tenemos una radio aquí, si algún campesino quiere decir algo puede venir y le daremos la palabra. Así, otros campesinos podrán escuchar lo que piensan los campesinos". En plena matanza a mediados de mayo, la RTLM instaba a continuar con los esfuerzos por "exterminar a los tutsis del mundo" y "hacerlos desaparecer de una vez por todas". Un oyente que se convirtió en un asesino le contaba al investigador Charles Mironko que se retransmitían declaraciones como la siguiente: "Mientras un hutu cultiva, lleva un arma" y "Cuando el enemigo aparece, os disparáis mutuamente. ¡Cuando él se retira, entonces tomas tu azada y cultivas!" La caza de tutsis se expresaba en eslóganes como "limpiar los arbustos" o "separar la hierba del mijo" y "sacar la hiedra venenosa junto con sus raíces". El locutor de la radio oficial, Radio Rwanda, también instaba a cazar tutsis, por ejemplo el 12 de abril: "Colabora con la comunidad limpiando arbustos, buscando casas, empezando por aquellas que están abandonadas, buscando las zonas pantanosas para asegurarte de que no se ha introducido ningún inyenzi [cucarachas, esto es, tutsis]." El Prefecto de Kigali más tarde describía los asesinatos de 1994 como el resultado de la provocación de los ataques étnicos tutsis en un paraíso agrícola hutu. El Prefecto culpaba de las masacres supuestamente "entre los grupos étnicos" al "Ejército monoétnico tutsi" de la oposición, que había trastornado "los dulces años de la Segunda República, cuando la leche y la miel fluían en abundancia".14

La visión del mundo del poder hutu también era territorial, con un expansionismo que era interno y estaba orientado a traspasar las fronteras de Rwanda. El golpe de Habyarimana de 1973, escribe Gérard Prunier, no sólo había llevado al poder a una princesa Bushiru, sino que también marcó el comienzo de "la venganza del norte" por parte de una facción "ferozmente hutu" contra las comunidades hutus del sur que eran más liberales y tolerantes. Tras la muerte de Habyarimana el 6 de abril de 1994, los chovinistas del norte inmediatamente trataron de llevar a cabo el genocidio de los tutsis. Prunier los llama "'los auténticos habitantes del noroeste', los representantes de la 'pequeña Rwanda' que había conquistado a la grande". Su campaña sugiere que ellos intentaban extender por toda Rwanda la pureza étnica hutu de Bushiru, convirtiendo una identidad regional en una forma de irredentismo nacional organizado en función de la raza.

Las ambiciones étnicas y territoriales del poder hutu también eran exteriores. Nahimana señalaba que el reino tutsi precolonial de Rwanda también había "extendido su influencia" hasta el este del Congo y el sur de Uganda, aunque "esta influencia no siempre significó la sumisión política y administrativa" de los sistemas de gobierno locales. Al igual que los reinos hutus del noroeste de Rwanda, "estos territorios más allá de la Rwanda moderna nunca dejaron de estar gobernados por sus propias autoridades". Por consiguiente, existía un potencial histórico para una alianza en contra de los tutsis que trascendía las fronteras de Rwanda. Nahimana se quejaba de que los regímenes coloniales europeos también habían "asesinado y mutilado" a Rwanda y la habían "amputado" transfiriendo los distritos de habla kinyarwanda a sus colonias en el Congo y Uganda. Cuando se produjo la derrota del poder hutu en julio de 1994, las reclamaciones tradicionales hutus en el noroeste se extendieron más allá del resto de Rwanda y después fuera de sus fronteras también. El poder hutu introdujo su violencia genocida en países vecinos y atacó a sus minorías tutsis. Como ha señalado Rick Orth, ellos "no sólo continuaban matando tutsis en Rwanda sino que también tenían como objetivo a los tutsis banyarwanda que vivían en el este del Congo". Allí, las milicias hutus se desplazaron por las provincias de Kivu, masacraron a los pastores de ganado tutsis locales y penetraron en la meseta de Masisi para intentar "eliminar a los tutsis Banyamasisi". Prunier explica que de esta forma ellos podían crear "una especie de 'Hutulandia' que podía ser la base para la reconquista de Rwanda o, si eso fallaba, una nueva Rwanda fuera de la antigua".16

Una breve comparación de tres genocidios del siglo XX demuestra que la historia del Holocausto nazi incluye señales de aviso que arrojan luz sobre casos posteriores y posibles casos futuros. Además del racismo violento o el prejuicio religioso, las obsesiones con la antigüedad, la agricultura y el expansionismo a menudo pueden llegar a ser señales indicadoras del genocidio.

Temas de debate

1. Aunque estos genocidios ocurrieron en distintos contextos sociales e históricos, ¿cuáles son las semejanzas y las diferencias entre ellos, según el Profesor Kiernan?

2. ¿Cuál sería la ventaja de adoptar un enfoque temático general del estudio del genocidio en lugar de analizar cada caso por separado?

3. ¿Cómo pueden las distintas características de la ideología genocida definidas por el Profesor Kiernan aplicarse a otros genocidios que no sean el Holocausto, Rwanda o Camboya?

4. ¿En qué medida podría el sentimiento de inseguridad económica y social crear las condiciones previas para el desarrollo de la ideología genocida? ¿De qué formas la educación puede prevenir el miedo irracional?

5. ¿Qué mecanismos intergubernamentales serían necesarios para identificar las señales de alerta de un genocidio inminente y actuar ante ellas?

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1 Hitler’s Table Talk, 1941-44 (Londres, 1973), 78, 25, 289; Adolf Hitler, Mein Kampf (Nueva York, 1999) 140, 654. Puede encontrarse más información y citas en Blood and Soil: A World History of Genocide and Extermination from Sparta to Darfur de Ben Kierman (New Haven, 2007), caps. 11, 15.
2 Adolph Hitler, Mein Kampf, 423, 612, 668; Hitler’s Table Talk, 118; Adolf Hitler, Hitler’s Second Book (Nueva York, 2003), xxi, 21; Der Generalplan Ost, en Vierteljahrshefte für Zeitgeschichte 6 (1958), 296.
3 Hitler’s Table Talk, 26, 28, 33, 26, 116; Mein Kampf, 233-34, 138; J.E. Farquharson, The Plough and the Swastika (Londres, 1976), 216.
4 Kampuchea Democrática, Angkor (copia mecanografiada, 1976), 11; Democratic Kampuchea is Moving Forward (Phnom Penh, 1977), 6, 2; David P. Chandler y Ben Kiernan, eds., Revolution and Its Aftermath in Kampuchea (New Haven, 1983), 35; Pol Pot, Toussena: sopheapkar padevatt kampuchea baccabon, 13 (?) de julio de 1978, 16.
5 BBC Summary of World Broadcasts (SWB), FE/2784/A3/2; Ben Kiernan, How Pol Pot Came to Power: Colonialism, Nationalism and Communism in Cambodia, 1930-1975 (New Haven, 2004), 287-88; Khieu Samphan, Prowattisat kampuchea thmey thmey nih ning koul chomhor rebos khnyom cia bontor bontoap (Phnom Penh, 2004), 27, 35.
6 Rien saut daoy songkep nu prowatt chollana padevatt kampuchea kraom kar duk noam rebos paks kommunis kampuchea, trad. en Chandler, D.P., Kiernan, B., and Boua, C., Pol Pot Plans the Future: Confidential Leadership Documents from Democratic Kampuchea, 1976-1977 (New Haven, 1988), 219.
7 Ben Kiernan, The Pol Pot Regime: Race, Power, and Genocide in Cambodia under the Khmer Rouge, 1975-1979 (New Haven, 2008), 204; CIA de los Estados Unidos, Foreign Broadcast Information Service, 29 de septiembre de 1977, H4; Tung Padevat (Sept.-Oct. 1976), 40, 52.
8Far Eastern Economic Review, 14 de julio de 1988, 14.
9Pol Pot, Sekkedei nae noam rebos 870, 3 de enero de 1978, 12, 15-16, 4-8; Mam Nay, Ompi sopheapkar niw srok phnom 7 (Svay Tong) kampuchea kraom, 19 de marzo de 1978, 5; Phnom Penh Radio, 10 de mayo de 1978, BBC SWB, FE/5813/A3/2, 15 de mayo de 1978.
10Ben Kiernan, The Pol Pot Regime, 458; y “The Demography of Genocide in Southeast Asia: The Death Tolls in Cambodia, 1975-79, and East Timor, 1975-80”, Critical Asian Studies 35:4, 2003, 585-97.
11Théoneste Bagosora, L’assassinat du Président Habyarimana; ou, L’ultime opération du Tutsi pour sa reconquête du pouvoir par la force au Rwanda (Yaundé, 30 de octubre de 1995), 14.
12Ferdinand Nahimana, “Les principautés Hutu du Rwanda septentrional”, en La civilisation ancienne des peuples des grand lacs (París y Bujumbura, 1981), 125, 119, 115-16, 128-31, 134.
13Ferdinand Nahimana, “Les principautés Hutu”, 123-24; Ferdinand Nahimana, Conscience chez-nous, confiance en nous: Notre culture et la base de notre développement harmonieux (Ruhengeri, 1998), 58; Charles Mironko, Social and Political Mechanisms of Mass Murder: An Analysis of Perpetrators in the Rwandan Genocide (Tesis doctoral de la Universidad de Yale, Departamento de Antropología, 2004), 148-49.
14Alison Des Forges, Leave None to Tell the Story: Genocide in Rwanda (Nueva York, 1999), 68-69, 249; Charles Mironko, Social and Political Mechanisms, 153, 151, 170; International Monitor Institute, “Kantano Habimana”, www.imisite.org/rwanda.php#3 (visitada el 13 de enero de 2006); Tharcisse Renzaho, Guerre civile et les massacres inter-ethniques d’avril 94 (copia mecanografiada sin fecha), 14.
15Gérard Prunier, The Rwanda Crisis (Nueva York, 1997), 86, 222.
16Richard Orth, “Rwanda’s Hutu Extremist Insurgency: An Eyewitness Perspective”, en Susan E. Cook, ed., Genocide in Cambodia and Rwanda: New Perspectives (New Brunswick [NJ], 2006), 224; Prunier, The Rwanda Crisis, 381.

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La serie de documentos de debate brinda un foro en el que académicos especializados en el holocausto y la prevención del genocidio generan temas de debate y estudio sobre estas cuestiones. Se les solicitó a estos autores, que provienen de una variedad de culturas y formaciones, elaborar documentos de debate basados en sus propias perspectivas y experiencias en particular. Los puntos de vista expresados por estos autores no necesariamente reflejan la posición de las Naciones Unidas respecto de estos temas.

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