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El Holocausto y la colección de documentos de debate de las Naciones Unidas

Conmemorar a los muertos, documentar la resistencia, honrar a los héroes

Por Ethel Brooks, Universidad Rutgers

En octubre de 2012, se inauguró en Berlín el “Monumento a los sintis y romaníes de Europa exterminados bajo el régimen nacional socialista”, directamente enfrente del Reichstag en el Tiergarten. El Monumento, construido 30 años después de que Alemania reconociera oficialmente los prejuicios raciales que motivaron el exterminio de sintis y romaníes, se inauguró casi 40 años después de que los primeros activistas comenzaron a señalar a la atención las pérdidas que habían padecido las comunidades de sintis y romaníes, cuya persecución no se reconoció durante las décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial. En la inauguración del Monumento a los sintis y romaníes, Romani Rose, Presidente del Consejo Alemán de Sintis y Romaníes y activista sinti que perdió 13 familiares en Auschwitz-Birkenau, dijo: “No hay en Alemania ni una sola familia de sintis y romaníes que no haya perdido familiares directos; esa pérdida aún marca nuestra identidad hasta nuestros días”. Las estimaciones de los estudiosos respecto del número de muertes por el genocidio de sintis y romaníes oscilan entre 220.000 y 500.000. Sin embargo, debido a que las cifras de la población de sintis y romaníes antes del Holocausto no son fiables y a la exigüidad de las investigaciones, especialmente en lo que respecta a su destino fuera de Alemania durante el Holocausto, es difícil estimar el número y porcentaje de los que perecieron(1).

Los romaníes son originarios del noroeste de la India —muy probablemente de la región de Punjab— y, al principio, llegaron a Europa en grupos, entre los siglos VIII y X (EC). Los subgrupos romaníes incluyen a los romaníes, los sintis, los kalés y los manushes, entre otros. La palabra “gitanos” es un exónimo que se aplicaba a los grupos romaníes porque se pensaba, erróneamente, que provenían de Egipto. En Europa Central y Oriental, la palabra “gitano” adquiere un cariz más peyorativo, pues en muchos idiomas —como zigeuner en alemán o tsigan en rumano— el término deriva de la palabra griega que significa “intocable”. Si bien han vivido en toda Europa durante siglos, sintis y romaníes han sido objeto de persecución, violencia y exclusión durante gran parte de esa historia(2).

La persecución de sintis y romaníes precedió a la era nazi; hay pruebas historiográficas de pogromos, acoso y genocidio incluso desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Aunque el artículo 109 de la Constitución de Weimar acordaba a los sintis y romaníes iguales y plenos derechos de ciudadanía en Alemania, para 1926, Baviera exigía la inscripción de todos los sintis y romaníes e instituía medidas para “combatir a gitanos, vagabundos y holgazanes”. En 1936 se abrió en Múnich una oficina central para “Combatir la plaga gitana”, y el Ministerio del Interior adoptó directivas que autorizaban a la policía a realizar redadas contra los gitanos como parte de los preparativos para los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Berlín. A los romaníes también se les aplicaron las Leyes raciales de Núremberg(3) de 1935, y muchos romaníes que cayeron bajo el control del Estado fueron sometidos a esterilización forzada. El primer campo de concentración para sintis y romaníes (llamado zigeunerlager o “campo para gitanos” por los nazis) fue establecido el 6 de julio de 1936 en Marzahn, en las afueras de Berlín. Situado entre un colector de aguas residuales y un cementerio, en el campo se recluyó a sintis y romaníes que habían sido detenidos en redadas durante los preparativos para los Juegos Olímpicos de 1936. Inmediatamente después, los municipios locales establecieron, dentro y fuera de Alemania, campos de concentración para los sintis y romaníes, con el concurso de los nazis y sus colaboradores en Europa(4).

Entre otras pruebas que acreditan la intención asesina de los nazis y sus colaboradores hay fotos que documentan las experiencias de la vida de sintis y romaníes antes del Holocausto, tales como documentos de identidad con datos antropométricos y categorizaciones étnicas y redadas e internaciones que comenzaron en la Alemania nazi a mediados de la década de 1930. Las fotos muestran personas, familias y comunidades, cuyos destinos desconocemos completamente y cuyas historias no figuran en los libros de historia ni están documentadas en los archivos nacionales.

Aunque los campos de concentración son los sitios mejor documentados de las atrocidades cometidas durante la guerra por los nazis y sus colaboradores —en donde los prisioneros eran torturados, explotados hasta la muerte, gaseados o exterminados por otros medios— solo muestran una faceta del proyecto genocida del Holocausto en Europa en esos campos. Los sintis y romaníes frecuentemente eran forzados a usar un parche triangular negro o un distintivo con la letra “z”, de ziguener (“gitano”), que se les asignaba por motivos raciales. En Europa se establecieron aproximadamente 20.000 campos de concentración: algunos con fines de traslado, otros para trabajo forzoso y otros para masacres. Además de los campos de concentración en los que se recluía a millones de personas, se establecieron guetos en las principales ciudades —separados mediante muros, alambres de púa y guardias armados—, que albergaban a judíos, sintis y romaníes y otras personas. En Polonia, la República Checa y otros países, el ejército (Wehrmacht) y la policía alemanes exterminaron a innumerables sintis y romaníes, a quienes luego enterraron en fosas comunes en la campiña(5).

Además de los pogromos que tuvieron lugar en toda Europa, se desplegaron escuadrones de la muerte itinerantes (einsatzgruppen) en zonas rurales a medida que los nazis avanzaban hacia el Este, con la mira puesta en la Unión Soviética. El número de sintis y romaníes que perecieron en los campos es solo parte de la historia: la excavación de fosas comunes y la identificación de las personas enterradas en ellas es actualmente un proceso continuo en Europa. Mucho queda por hacer para documentar las experiencias romaníes del Holocausto, y mucho más aún para estimar con precisión el número de asesinatos perpetrados tanto dentro de los campos como por parte de los escuadrones de la muerte itinerantes, los pogromos y otras formas de violencia. Setenta años han transcurrido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y aún se desconoce el número exacto de vidas de sintis y romaníes que se cobró el Holocausto, especialmente en el Este, en donde la población romaní era más numerosa y, por lo que podemos suponer, hubo mayor número de muertos.

Creo que es crucial que celebremos ceremonias de recordación y dediquemos espacios y monumentos a las víctimas del exterminio, a quienes perdieron a su familia, a sus seres queridos y a su comunidad, a quienes, al volver de los campos o de los lugares donde se ocultaban, se encontraron con una cultura diezmada, y a los sobrevivientes del genocidio. El tema del Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto en 2013, “Auxilio y rescate durante el Holocausto: el valor de ayudar”(6), no solo nos alienta a recordar a los muertos y conmemorar a los sobrevivientes, sino también a celebrar a los héroes del Holocausto, aquellos que trascendieron a sus familias y comunidades y que, al salvar otras vidas, pusieron en peligro la suya propia.

Muchas veces se me hacen preguntas acerca de la resistencia de los romaníes y los sintis al terror y destrucción perpetrados por los nazis y sus colaboradores. Uno de los actos de resistencia más importantes —pero poco estudiado— de los prisioneros sintis y romaníes ocurrió entre el 15 y el 16 de mayo de 1944 en el zigeunerlager de Auschwitz-Birkenau. Los prisioneros sintis y romaníes habían sido deportados a Auschwitz en grupos familiares y, como mínimo, 23.000 fueron exterminados allí en cámaras de gas. En la red de campos de muerte y unidades gaseadoras itinerantes, judíos y gitanos fueron los dos grupos sistemáticamente escogidos para el exterminio(7). Para el fin de 1943, los nazis habían recluido a 18.736 sintis y romaníes en el campo de concentración de gitanos sintis y romaníes de Birkenau; para mayo de 1944, solo quedaban 6.000. El resto habían sido gaseados o deportados a otros campos, donde fueron sometidos a trabajo forzoso(8). El 15 de mayo de 1944, los prisioneros del zigeunerlager descubrieron que los nazis planeaban gasear a los 6.000 prisioneros restantes; cuando los guardias de la SS(9), armados con ametralladoras, rodearon el campo para trasladar a los prisioneros a las cámaras de gas:

…[S]e encontraron con una resistencia armada. Tras hurtar desechos de chapas, los prisioneros habían transformado el metal en burdas pero filosas cuchillas. Los gitanos se defendieron con estas armas improvisadas y con caños, palos y piedras. Los guardias mataron a algunos de ellos.(10)

Héroes anónimos fueron los protagonistas de esta acción de resistencia armada contra los guardias de la SS durante esos dos días de mayo. Sus valientes actos permitieron demorar unos meses la liquidación del campo. Sin embargo, el 2 de agosto de 1944, los guardias gasearon a los 2.897 prisioneros restantes —hombres, mujeres y niños— en mitad de la noche. Aun en este último momento hubo resistencia. Según documentos exhibidos en el Museo Conmemorativo de Auschwitz-Birkenau, “Los prisioneros intentaron resistir, pero la SS aniquiló brutalmente su resistencia”(11). Los casi imposibles levantamientos de sintis y romaníes en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau forman parte de una historia más amplia de levantamientos y otras formas de resistencia en las que participaron sintis y romaníes. No contamos con documentación que acredite una participación de los romaníes en levantamientos de guetos, pero los sintis y romaníes participaron de manera activa en actos de resistencia, levantamientos en campos y acciones para salvar vidas del exterminio por parte de los nazis y sus colaboradores.

Como mujer y académica romaní estadounidense, la investigación y la narración de los testimonios de los sobrevivientes romaníes del Holocausto a veces me resultan una experiencia extraña y novedosa. Me crié en una comunidad romaní en que no se hablaba de las pérdidas que nuestro pueblo había padecido en Europa durante el Holocausto. Mi comunidad, que ha vivido en los Estados Unidos desde la década de 1880, desconocía el alcance y los pormenores del sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas en Europa en esa época, pero desde entonces todos vivimos bajo la sombra de ese genocidio del que no se hablaba. Mi padre y mis tíos(12) lucharon contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Nunca se me ocurrió preguntarles, antes de que murieran, si habían participado en la liberación de algún campo, ni sobre las cosas de las que habían sido testigos durante ese período de sus vidas, ni sobre su acción cuando eran miembros de las fuerzas armadas. También ellos fueron parte de la resistencia contra los nazis. Sin embargo, de esto tampoco se hablaba.

Como miembros de la comunidad, académicos y encargados de la adopción de políticas, es importante que registremos, analicemos y publiquemos los hechos históricos de la persecución y el genocidio de sintis y romaníes, muchos de los cuales siguen ocultos e indocumentados. También debemos contar esta historia de lucha y resistencia, de héroes y heroínas, y decir que la compasión común que tenemos por el prójimo puede ayudar a combatir las peores formas de opresión. El análisis de los actos de auxilio y rescate y del “valor de ayudar” puede ayudarnos a todos a descubrir y emular la valentía de aquellos que se alzaron contra la deshumanización y el genocidio. Este tema señala a nuestra atención lecciones que podemos aprender de aquellos cuya bondad y humanidad permanecían incólumes, aun cuando el fascismo y la barbarie arrasaban Europa.

Tomemos, por ejemplo, la historia del sobreviviente romaní neerlandés Zoni Weisz. A los siete años, Zoni Weisz fue salvado, junto con su tía, gracias a la bondad de un guardia que les permitió quedarse en la plataforma de la estación mientras los padres, hermanos y hermanas de Weisz eran forzados a subir al tren que los trasladaría a los campos de concentración y, finalmente, a su muerte. En la ceremonia inaugural del Monumento de Berlín, Weisz recordó lo último que vio de su familia antes de que el tren se la llevara, y el azul vívido y la suavidad del abrigo de lana de su hermana, al que él se aferraba mientras su familia subía al tren. Ese fue el último recuerdo de su familia, que lo perseguía aun cuando recordaba los silenciosos actos heroicos del guardia de la plataforma.

Tal como lo relata el fotógrafo belga Jan Yoors en su autobiografía, los sintis y romaníes de toda Europa participaron en las actividades de los partisanos y de la resistencia. Yoors vivió en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, con una familia romaní del subgrupo lovari, y su autobiografía narra la vida cotidiana durante ese período y los actos que los sintis y romaníes que no habían sido deportados llevaban a cabo junto con los partisanos. Yoors documenta las formas en que los sintis y romaníes pudieron ayudar a la Resistencia:

Los romaníes… usaban sus vehículos para transportar refugiados y contrabandear armas pequeñas y explosivos. El movimiento frecuente de esos gitanos les permitía también acumular tarjetas de racionamiento bajo diferentes nombres, en distintos lugares. Las tarjetas cumplieron una función importante en el abastecimiento de alimentos a los luchadores de la resistencia. Cuando las autoridades alemanas comenzaron a ejercer un control más estricto de las raciones, el grupo de Yoors se unió a los partisanos en el saqueo de puestos de distribución de raciones. También comunicaban a los partisanos las noticias que oían en las transmisiones de radio de la BBC.(13)

Otra forma de resistencia contra los nazis fue el ocultamiento de niños para salvarles la vida. Alfreda Markowska, una romaní polaca, nació en 1926 en una caravana en Stanilawów (Polonia)(14). Como dijo el Presidente de Polonia en 2006:

En 1941, su familia fue exterminada y ella, capturada... Tras escapar de la prisión, ella y su esposo vivieron primero en el gueto de Lublin y luego en Łódź y Bełżec. Cuando escapó de estos dos lugares, se llevó a niños judíos y romaníes para salvarles la vida. Cada vez que recibía noticias de que habría un nuevo pogromo, visitaba los campos de exterminio en busca de niños sobrevivientes. Luego transportaba a los niños a su “base” y les procuraba documentos falsos. Restituyó a algunos de estos niños a sus… tutores, y puso a otros al cuidado de familias [romaníes] o los crió ella misma.(15)

La Sra. Markowska salvó a casi 50 niños judíos y romaníes durante el transcurso de la guerra. El 17 de octubre de 2006, el Presidente de la República de Polonia condecoró a Alfreda Markowska con la Cruz de Comandante con Estrella de la Orden de Polonia Restituta por su heroísmo y su excepcional valentía, y por el mérito sobresaliente de sus actos para salvar vidas(16). La vida de Markowska ha estado marcada por su valor para ayudar y su resistencia frente a obstáculos aparentemente insuperables. Alfreda Markowska figura entre nuestros auténticos héroes, pues demostró un auténtico heroísmo al salvar su propia vida frente al exterminio de su familia y luego dedicarse a salvar las vidas de otros.

Cuando empezamos a buscar ejemplos de salvadores en las notas de la historia y en los cientos de testimonios orales y vídeos de sobrevivientes sintis y romaníes, encontramos otras historias de compasión y actos heroicos. Pensemos, ejemplo, en los sintis y romaníes que formaron parte del movimiento de la resistencia, como Amilcare Debar, que trabajó en el grupo de resistencia comunista italiano, la Brigada Garibaldi, en actividades de reconocimiento, recogiendo y entregando mensajes, procurando armas y ejecutando emboscadas y otras operaciones militares. Otro ejemplo es Iosif Teifel, un romaní de Checoslovaquia, que operó clandestinamente en el gueto de Mukacevo. Su acción con los partisanos le permitió ocultar personas, proveer ayuda alimentaria y realizar actividades de resistencia dentro y fuera del gueto durante la guerra(17).

Cuando pienso en lo mucho que tuvo que soportar mi pueblo para sobrevivir al exterminio masivo, simplemente me complace repetir los nombres de esos verdaderos héroes: Zoni Weisz. Amilcare Debar. Iosif Teifel. Alfreda Markowska.

Estas no son más que algunas de las vidas que quedaron marcadas por la enormidad del Holocausto.

Son tan solo algunos de los sobrevivientes romaníes cuyas historias nos permiten comprender el poder y el significado de la bondad y la compasión que salvaron vidas durante el Holocausto. Coincido plenamente con lo que expresó en hebreo el arquitecto del Monumento de Berlín a los sintis y romaníes de Europa exterminados bajo el régimen nacional socialista, Dani Karavan, con ocasión de su inauguración:

Siento como si mi familia hubiera sido asesinada y cremada con los sintis y romaníes en esas mismas cámaras de gas, y que sus cenizas hubieran sido llevadas por el viento hacia la campiña. Estamos, pues, juntos. Es nuestro destino. Nuestro destino está documentado en la labor de rememorar a los muertos, escuchar a los sobrevivientes y honrar a los héroes.

Aunque los especialistas estiman que el número de sintis y romaníes exterminados durante el Holocausto oscila entre 220.000 y 500.000, creo que esta cifra sería mucho mayor si se tomaran en cuenta los muertos que yacen bajo las fosas comunes. Agradezco la oportunidad de hablar y recordar los nombres de algunos de nuestros sobrevivientes sintis y romaníes, de algunos de nuestros héroes, y también de resaltar el lugar que ocupamos en la resistencia contra los nazis. Es hora de que el mundo oiga nuestra historia, como parte de la historia del Holocausto y de la historia de Europa.

Nosotros, los historiadores, líderes y activistas sintis y romaníes, aún tenemos mucho por hacer para documentar exhaustivamente nuestras pérdidas y honrar a las víctimas y sobrevivientes de este genocidio en conmemoraciones oficiales y actos cotidianos de recordación. Debemos reconocer a nuestras víctimas y lo que perdimos, pero también el heroísmo que salvó vidas y preservó aunque sea una pequeña parte de nuestra historia. Este reconocimiento entraña una lucha constante contra la discriminación, la persecución y la violencia étnica y racial, que los sintis y romaníes todavía padecen en muchos lugares de Europa.

Las ceremonias conmemorativas, los eventos de recordación y los artículos académicos son lugares apropiados para señalar esas preocupaciones: todos debemos estar alertas y alzar nuestras voces contra la xenofobia, los delitos motivados por prejuicios y la discriminación. Así como la bondad y la compasión pudieron ayudar a salvar vidas durante el Holocausto, la solidaridad, la compasión y el heroísmo siguen siendo necesarios en estos tiempos difíciles, en que algunos políticos y grupos extremistas de Europa están clamando una vez más por nuestra destrucción.

Cuando recordamos a los muertos, honramos a los vivos —nuestros sobrevivientes y héroes— y renovamos nuestro compromiso de documentar, oír e invocar nuestra historia como parte de la historia del Holocausto y de la historia de Europa y del mundo. De este modo, también renovamos nuestro compromiso con el legado de quienes se alzaron frente a la reclusión, las cámaras de gas y los escuadrones de la muerte; con el legado de personas como Amilcare Debar, Iosif Teifel y Alfreda Markowska; con el legado de incontables héroes anónimos que se pusieron a la altura de las circunstancias y arriesgaron sus vidas frente a la xenofobia, la intolerancia, la violencia extremista y el exterminio en masa. Tengamos, como ellos, el valor de ayudar.

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Preguntas

  1. ¿Quiénes son los sintis y los romaníes?
  2. ¿Qué les sucedió a los sintis y a los romaníes durante el Holocausto? ¿Por qué motivo fueron discriminados por los Nazis?
  3. ¿De qué forma se organizaron los sintis y romaníes para resistir a los Nazis?
  4. ¿Por qué cree la Profesora Brooks que es importante celebrar ceremonias conmemorativas y crear espacios especiales y monumentos en honor de quienes murieron durante el Holocausto?
  5. ¿Qué puede hacer la juventud para oponerse a los delitos motivados por prejuicios, la xenofobia, el racismo y la discriminación?

(1) Para mayor información sobre los romaníes y los sintis en Europa, véase USHMM, Roma (Gypsies) in Prewar Europe. http://www.ushmm.org/wlc/en/article.php?ModuleId=10005395 [2 de agosto de 2013]. Véase también “Sinti and Roma”, http://www.sintiundroma.de/en/sinti-roma.html [2 de agosto de 2013].

(2) Para un relato histórico de las leyes contra los gitanos y de su persecución y opresión, véase Ian Hancock, The Pariah Syndrome: An account of anti-Gypsy slavery and persecution (Ann Arbor, 1987, Karoma Publishers, 1987).


(3) Las Leyes raciales de Núremberg, sancionadas bajo el régimen nazi en 1935, institucionalizaron muchas de las teorías raciales que caracterizaban a la ideología nazi. Esas leyes privaron a los judíos alemanes de los derechos de ciudadanía y de los derechos humanos básicos. A los grupos considerados inferiores en razón de su etnia también se les prohibieron el matrimonio o las relaciones sexuales. Véase USHMM, The Nuremberg Race Laws.


(4) Museo de los Estados Unidos para Conmemorar el Holocausto (USHMM). Sinti and Roma: Victims of the Nazi Era. http://www.ushmm.org/education/resource/roma/roma.php [16 de julio de 2013]; en adelanto citado como “Sinti and Roma”.


(5) Gerhard Baumgartner. Concentration Camps. Project Education of Roma Children in Europe, Council of Europe. https://www.un.org/en/holocaustremembrance/docs/Roma%20concentration-camps%20OSCE%20.pdf [13 de junio de 2013].


(6) Para más información sobre el calendario de eventos para 2013, véase el sitio web
del Programa de Divulgación sobre el Holocausto y las Naciones Unidas: https://www.un.org/en/holocaustremembrance/2013/calendar2013.html [13 de junio de 2013].


(7) USHMM, Resistance During the Holocaust (54 páginas). http://www.ushmm.org/education/foreducators/resource/pdf/resistance.pdf [16 de julio de 2013]; en adelante citado como “Resistance”.


(8) Ibíd.


(9) SS es la sigla de Schutzstaffel. La SS o “los escuadrones de protección” se convirtieron en un Estado dentro de otro Estado en la Alemania nazi, integrado por hombres que creían pertenecer a una “élite racial”. Véase Museo de los Estados Unidos para Conmemorar el Holocausto, Holocaust Encyclopedia. http://www.ushmm.org/wlc/en/ [16 de julio de 2013]


(10) Resistance.


(11) Teresa Wontor-Cichy, “Sinti and Roma (Gypsies) in Auschwitz;” Internet; http://en.auschwitz.org/h/index.php?option=com_content&task=view&id=11&Itemid=3; 13 de junio de 2013.


(13) Los miembros de mi familia que sirvieron en las fuerzas armadas de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial fueron mi padre y mis tíos de ambas ramas de la familia, tanto romaníes como no romaníes.


(14) Resistance.


(15) Agradezco a Andrzej Mirga por haberme elegido para compartir por primera vez la historia de Alfreda Markowska.


(16) Bronisław Komorowski, Presidente de Polonia. Outstanding Heroism. http://www.president.pl/en/archive/news-archive/news-2006/art,158,outstanding-heroism.html [17 de enero de 2013].


(17) Ibíd.


(18) Los testimonios completos de Amilcare Debar y Iosif Teifel pueden consultarse en el Archivo de Historia Visual del Instituto de la Fundación de la Shoá de la Universidad de California del Sur. http://sfi.usc.edu/

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La serie de documentos de debate brinda un foro en el que académicos especializados en el holocausto y la prevención del genocidio generan temas de debate y estudio sobre estas cuestiones. Se les solicitó a estos autores, que provienen de una variedad de culturas y formaciones, elaborar documentos de debate basados en sus propias perspectivas y experiencias en particular. Los puntos de vista expresados por estos autores no necesariamente reflejan la posición de las Naciones Unidas respecto de estos temas.


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