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El Holocausto y la colección de documentos de debate de las Naciones Unidas

El Judenlager Semlin en Belgrado: una memoria controvertida

Por Jovan Byford Disponible en inglés, Profesor titular de Psicología de la Universidad Open, Reino Unido

Entre 1941 y 1944, aproximadamente 20.000 personas perecieron en el campo de concentración de Semlin en Belgrado (Serbia). Establecido por la Alemania nazi en diciembre de 1941, en los que antes de la ocupación eran los pabellones de la Feria de Belgrado, Semlin (conocido también por su nombre serbio, Sajmište) fue el mayor campo de concentración en territorio serbio y uno de los primeros campos nazis creados en Europa específicamente para el internamiento en masa de judíos. Entre diciembre de 1941 y marzo de 1942, alrededor de 7.000 mujeres, niños y ancianos judíos (casi la mitad de la población judía de la parte de Serbia bajo ocupación alemana directa) fueron traídos a este lugar, conocido entonces como Judenlager Semlin: el campo para judíos.

La reclusión de judíos en Semlin marcó el principio de la segunda fase de la destrucción de los judíos de Serbia. En la primera fase, entre julio y noviembre de 1941, se procedió al fusilamiento de entre 5.000 y 6.000 hombres judíos, como represalia del ejército alemán –la Wehrmacht– contra actos de insurgencia y sabotaje. Los judíos internados en Semlin eran miembros de familias cuya edad, género o condición física impedían que se los usara como rehenes en fusilamientos de represalia. En última instancia, sin embargo, sufrieron igual destino. En solo seis semanas, en abril y mayo de 1942, los prisioneros judíos de Semlin fueron asesinados sistemáticamente con un furgón de gas, enviado especialmente desde Berlín a Belgrado para ese fin.

Poco después de que el furgón de gas finalizara su misión mortífera, Serbia fue declarada “Judenrein” –depurada de judíos– y Semlin se convirtió en un Anhaltelager, un campo de detención temporal para prisioneros políticos, guerrilleros capturados y trabajadores forzados. De los 32.000 prisioneros del Anhaltelager (en su mayoría serbios), aproximadamente una tercera parte perecieron en el campo por inanición, exposición a la intemperie o enfermedad o asesinados por los guardias e integrantes de la administración del campo. Los demás fueron transportados a campos de trabajo a todo lo ancho del Tercer Reich, principalmente en Alemania y en Noruega, ocupada por los nazis(1).

En el contexto de los seis millones de víctimas del Holocausto, el exterminio de 7.000 judíos serbios podría parecer un episodio menor, una tragedia local de relativamente poca importancia en un sentido más amplio. Y sin embargo, el destino de los judíos que perecieron en el Judenlager Semlin ha interesado grandemente a los historiadores del Holocausto, quienes han descrito las matanzas con el furgón de gas de la primavera de 1942 como un hito importante en la escalada de la política nazi respecto a los judíos. Uno de los historiadores más importantes del Holocausto, Christopher Browning, sugiere que “el desarrollo del furgón de gas y su uso para asesinar a los judíos de Semlin, presagiaron la eficiencia y la impersonalidad hecha rutina de los campos de exterminio”(2). En su opinión, las matanzas de Semlin fueron “la consumación, en Serbia, de un plan más amplio para destruir a los judíos europeos”, que culminó más adelante en las grandes matanzas en Auschwitz, Sobibor y Treblinka(3).

Pese a su importancia como uno de los lugares en que tuvo lugar el Holocausto, la trágica historia de Semlin ocupó durante el período de posguerra un lugar marginal en la memoria pública yugoslava/serbia. Tanto bajo el comunismo como a partir de la disolución de Yugoslavia, a principios de la década de 1990, las instituciones pertinentes no supieron honrar debidamente a sus víctimas ni preservar la memoria de sus padecimientos. Hoy, a casi 70 años de la liberación de Belgrado, el lugar en el cual se encontraba el campo, que los lugareños llaman Staro Sajmište –la Vieja Feria–, está prácticamente en ruinas(4). El antiguo complejo del campo, a menos de una milla del centro de Belgrado, es un asentamiento empobrecido y en ruinas. Lo habitan unos pocos cientos de familias, que mantienen los edificios en ruinas y los senderos sin pavimentar, a menudo a su propia costa. Dispersos entre las propiedades residenciales hay algunos talleres de artistas (restos de una colonia de artistas que existió allí en la década de 1950), pero también garajes de reparación de automóviles, tiendas, depósitos y talleres y también un colegio secundario, una agencia de turismo, una librería, un restaurante y hasta un pequeño escenario en el cual, durante los últimos diez años, ha habido conciertos de rock, encuentros pugilísticos, obras de teatro y bailes. En su mayoría, los residentes de Belgrado no saben que entre la vegetación de la margen izquierda del río Sava, muy cerca del intenso tráfico del puente Branko, están las ruinas de un campo de concentración nazi. El único indicio de que Sajmište es un lugar de recordación son dos monumentos recordatorios mayormente olvidados y parcialmente dañados, uno de la década de 1980 y el otro de la de 1990, que sobreviven como testigos de intentos inadecuados, en décadas pasadas, de preservar la memoria.

En un libro de reciente publicación, Staro Sajmište: A Site Remembered, Forgotten, Contested (Staro Sajmište: un sitio recordado, olvidado, controvertido), exploro detalladamente la historia posbélica del emplazamiento del Judenlager Semlin y trato de descubrir las raíces de este abandono de larga data(5). Encaro en este libro la “cuestión de Sajmište” desde dos ángulos distintos, pero igualmente importantes: El primero se refiere al sitio como un espacio físico. Sajmište comprende un terreno con una superficie aproximada de 0,2 km2 sobre la ribera izquierda del río Sava. Antes de la Segunda Guerra Mundial, así como durante la ocupación nazi, este sitio estaba en la periferia de la capital, limitado por un lado por el río y por los demás por pantanos inhóspitos que separaban Belgrado de la cercana ciudad de Zemun. Después de la guerra, con la expansión de la ciudad hacia el oeste y la construcción de lo que hoy es la Nueva Belgrado, Sajmište quedó en pleno centro de la metrópoli emergente, marcando el espacio que conecta la parte nueva con la antigua. No ha de sorprender, pues, que desde 1945 haya atraído la atención de expertos en arquitectura y planificación urbana y de autoridades municipales y estatales que veían su futuro en términos, fundamentalmente, del desarrollo urbano y económico de Belgrado. En verdad, la mayoría de los planes de desarrollo del lugar a partir de 1945 buscaban la manera de incorporarlo a la matriz urbana de la capital, dejando en gran medida de lado su trágica historia. Sajmište era y sigue siendo considerado generalmente como un terreno que es simplemente demasiado valioso para ser “solo” un museo recordatorio o un sitio del patrimonio nacional.

Por otra parte, en la década de 1960, Sajmište fue reconocido como espacio simbólico importante y lugar de relevancia histórica. Desde entonces, su trágico destino ha sido tema de recordación oficial e institucionalizada, aunque no siempre marcadamente amplia o pública. La historia de posguerra de Sajmište quedó determinada, en gran medida, por la interacción entre estas dos perspectivas, es decir, los enfrentamientos y también los esfuerzos encaminados a llegar a una avenencia entre quienes deseaban conmemorar la historia trágica del lugar y los que solo veían el destino de Sajmište en el contexto del desarrollo urbano de Belgrado.

El destino de Sajmište después de 1945 se complicó aún más por el hecho de que hasta entre quienes buscaban transformar este espacio en un complejo conmemorativo, existían (y existen) opiniones discrepantes acerca de qué simboliza Sajmište. Dicho de otra manera, durante gran parte de la era de posguerra, Sajmište fue un lugar controvertido, no solo en términos de si debía ser un sitio de recordación, sino también de qué es lo memorable de su pasado. Solo para la comunidad judía del lugar, cuya opinión sobre el futuro del lugar ha tenido tradicionalmente poco peso, Sajmište ha sido siempre, primero y fundamentalmente, uno de los lugares en que se desarrolló el Holocausto. Otros, sin embargo, no lo veían así. Durante el período comunista, al igual que en el resto de Europa oriental, las víctimas judías del Holocausto fueron subsumidas en la categoría de “víctimas del fascismo” y rememoradas únicamente en el contexto de la recordación más general de la Guerra de Liberación Popular, la resistencia antifascista y, en el caso de Yugoslavia, la Revolución Socialista que coincidió con la Segunda Guerra Mundial. En las ceremonias conmemorativas celebradas en Sajmište, así como en la historiografía oficial del campo, predominaban los motivos de la “resistencia”, la “unidad yugoslava”, el “heroísmo” y la “revolución”, a expensas del Holocausto. La inscripción en la primera placa conmemorativa, develada en Sajmište en 1974, mencionaba a “cuarenta mil personas de todas partes de nuestro país” que habían sido “brutalmente torturadas y muertas” en ese sitio. Así, el sufrimiento de los judíos fue interpretado tan solo como una manifestación del “reino del terror” más generalizado que habían instituido los nazis contra la población civil de Yugoslavia. La placa no hacía referencia alguna al Judenlager Semlin o al hecho de que los judíos fueron el único grupo de prisioneros del campo (y la única comunidad en la Serbia ocupada por los nazis) que fue objeto de una destrucción sistemática y total. En un segundo recordatorio erigido en Sajmište en 1984 (que todavía existe) aparece una inscripción idéntica.

Con la llegada del poscomunismo, a fines de la década de 1980 y principios de la de 1990, surgió una interpretación nueva y muy diferente de la historia de Sajmište. El final de la década de 1980 fue un período en el cual el culto del “héroe caído en la Guerra de Liberación Popular”, dominante durante la era comunista, fue sustituido por una nueva interpretación de la Segunda Guerra Mundial. Su médula era el relato del martirologio colectivo de los serbios en el Estado Independiente de Croacia entre 1941 y 1945. En particular, los historiadores de Serbia, sus políticos, autoridades eclesiásticas y medios de comunicación social centraron su atención en los crímenes cometidos por las unidades de la Ustacha croata contra serbios, judíos y romaníes en el campo de concentración de Jasenovac(6). Como lugar en el cual sufrieron sobre todo los serbios, Jasenovac se convirtió rápidamente en el foco de la memoria nacional serbia. Lamentablemente se convirtió también, en el contexto de las guerras de sucesión de Yugoslavia, en un objeto de instrumentalización y se transformó en una fuente de movilización nacionalista serbia. La evolución ideológica general en cuanto a la recordación de la Segunda Guerra Mundial influyó directamente en la interpretación de Sajmište. Al reescribir la historia del campo de Semlin, la élite nacionalista serbia destacó los posibles vínculos entre este campo y Jasenovac; transformó así a Sajmište en un lugar para conmemorar, no el Holocausto en Serbia, sino el sufrimiento serbio en el Estado Independiente de Croacia. Las conmemoraciones anuales celebradas en Sajmište en la década de 1990, frente al gran “monumento a las víctimas del genocidio” erigido allí en 1995, muchas veces excluyeron toda mención de la historia del campo que otrora había estado allí y del destino de la comunidad judía de Serbia. En cambio, se usó el lugar como “puesto avanzado” de recordación de Jasenovac, un campo ubicado a unos 300 km al oeste, en Croacia.

Con el correr de los años, las dos interpretaciones muy distintas de Sajmište –una derivada de las tradiciones del culto a la Guerra de Liberación Popular, y la otra de la ideología promovida a fines de la década de 1980 y principios de la de 1990 por los nacionalistas serbios– han generado un rico acervo de motivos, imágenes y símbolos que persisten hasta nuestros días y caracterizan los debates en curso sobre el futuro de Sajmište como espacio recordatorio utilizable. Su continua presencia y persistencia son importantes, porque comparten la omisión de reconocer adecuadamente la importancia concreta de Sajmište como uno de los escenarios del Holocausto. El hecho de que en la Serbia actual el Holocausto no se considere, por lo general, como objeto de recordación diferenciado y caso singular de padecimiento humano, es un legado de cómo fueron recordados los sucesos de Semlin, tanto durante el comunismo como durante el período poscomunista.

Sin embargo, en los últimos años otra interpretación de Sajmište ha adquirido mayor vigencia en el discurso público en Serbia. En ella no se hace hincapié en la historia de Sajmište durante la guerra, sino en su función antes de 1941. La Feria de Belgrado, cuyos pabellones fueron convertidos en campo de concentración en 1941, se celebra hoy muchas veces como una joya de la arquitectura yugoslava de preguerra y un símbolo del espíritu empresarial de la élite de los negocios de Belgrado de esa época. Este aspecto del pasado de Sajmište se presenta como de importancia igual a su trágica historia de tiempos de guerra o incluso mayor que esta. Así, varias iniciativas recientes relativas al futuro de Sajmište, incluidas las apoyadas por el concejo municipal o por organismos profesionales como el Instituto de Urbanismo de Belgrado o el Instituto para la Protección de Monumentos Culturales de la municipalidad, han subrayado la historia de “múltiples capas” de Sajmište y aducido que no podrá jamás ser solo un monumento recordatorio a las víctimas del campo de concentración que allí existió. En cambio, se ha instado a que Sajmište sea reintegrado, al menos parcialmente, a su función original y “auténtica”, como emplazamiento de ferias comerciales, actos culturales, actividades comerciales y entretenimiento popular. Según estas propuestas, uno o dos de los edificios menores alojarían un museo dedicado al campo de Semlin y al Holocausto, mientras que el resto de Sajmište quedaría libre para usos que poco tienen que ver con la recordación del Holocausto.

Pocos en Serbia han alzado su voz contra el concepto de que la aniquilación de judíos en Semlin o el sufrimiento de las 20.000 víctimas del campo no representan más que uno de varios aspectos de Sajmište igualmente merecedores de recordación. Conviene recordar en este contexto que Semlin no es el único campo de concentración con una historia de preguerra. El campo de Dachau en Alemania, por ejemplo, fue construido en una antigua fábrica de municiones. Antes de su conversión en campamento de detención para judíos, Risiera de San Sabba (en Trieste (Italia)), había sido un molino de arroz. Parte del campo de Jasenovac, en Croacia, estaba en los talleres y fábricas que antes de 1941 pertenecían a un acaudalado empresario local, Ozren Bačić. Sin embargo, es inconcebible que alguien propugne que los monumentos en Dachau, Trieste o Jasenovac sean dedicados en igual medida a las distintas “fases” de la historia de estos lugares, o que sean reintegrados, al menos en parte, a su función original de preguerra. Toda sugerencia de esa índole sería justamente considerada como un intento inaceptable por borrar las huellas de un pasado trágico y como un insulto a las víctimas. Independientemente de lo ocurrido antes del surgimiento del nazismo o del comienzo de la ocupación de Europa por Alemania en los lugares ocupados por los campos de concentración en Europa, desde el momento en que las primeras víctimas fueron traídas a esos campos no habido más que un único objeto de recordación pertinente.

A todas luces, los mismos criterios no parecen aplicarse a Sajmište. Esto se debe, sobre todo, a su ubicación céntrica y “exclusiva”, sobre la ribera del Sava, por lo cual Sajmište no fue nunca considerado por las autoridades como un sitio único perteneciente al patrimonio nacional y de la humanidad, que se ha de preservar de acuerdo con las normas que rigen la conservación y la dedicación al recuerdo de los emplazamientos auténticos de los campos de concentración nazis. Por lo tanto, pese a sus pretensiones de ser nuevas, innovadoras y originales, las iniciativas recientes que prometen “renovar”, “remozar” o “aburguesar” a Sajmište y convertirlo en un “espacio funcional” no son otra cosa que una continuación de una arraigada tradición de abandono.

Staro Sajmište en Belgrado merece ser convertido en un monumento propiamente dicho, que sirva de recordatorio continuo y potente del vacío que dejó en la vida de la capital de Serbia la casi total destrucción de su comunidad judía. Belgrado y Serbia deben este monumento también a los miles de otras víctimas, no judías, que fueron muertas en Semlin entre 1941 y 1944. Sin embargo, antes de poder cumplir con este propósito de larguísima data, se debieran volver a examinar y evaluar algunos supuestos (que se podrían calificar de ilusiones) firmemente arraigados sobre qué es o debería ser Sajmište. De lo contrario se repetirán los errores del pasado: el Holocausto seguirá en los márgenes de la memoria pública de Serbia, mientras que sus víctimas seguirán sin ser reconocidas como dignas de recordación y respeto.

 

Jovan Byford es Profesor Adjunto de Psicología de la Universidad Abierta del Reino Unido. Es autor de cuatro libros, entre ellos Staro Sajmište: un lugar recordado, olvidado, controvertido (en serbio, 2011); Conspiracy Theories: A Critical Introduction (Palgrave, 2011) y Denial and Repression of Antisemitism: Post-Communist Remembrance of the Serbian Bishop Nikolaj Velimirović (CEU Press, 2008). Es también autor de numerosos artículos y capítulos de libros sobre teorías conspirativas, antisemitismo y la recordación del Holocausto en Serbia. En 2010/2011 fue becario/investigador de la Fundación Charles H. Revson en el Centro de Estudios Avanzados sobre el Holocausto del Museo Recordatorio del Holocausto de los Estados Unidos), donde trabajó en un proyecto dedicado a examinar los testimonios de yugoslavos sobrevivientes del Holocausto registrados en las décadas de 1980 y 1990.

 

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Preguntas

  1. ¿Qué ocurrió en el campo de concentración de Semlin en abril y mayo de 1942, y por qué fue de particular importancia para la historia del Holocausto?
  2. ¿Por qué le parece que existieron y existen opiniones distintas sobre qué simboliza Semlin, tomando en cuenta la historia de la región?
  3. ¿Está usted de acuerdo con Jovan Byford en que es importante convertir lugares como Semlin en un lugar de recordación del Holocausto? ¿Por qué?
  4. ¿Le parece que se puede o debe llegar a una avenencia en cuanto a la conservación del lugar? ¿Por qué?
  5. ¿Cómo encararía usted la conservación del lugar, tomando en cuenta al propio tiempo el valor del terreno, su ubicación y su importancia histórica?

(1) Para más información sobre el campo de Semlin y el Holocausto en Serbia, véase el sitio web “Semlin Judenlager in Serbian Public Memory” en www.semlin.info.

(2) Christopher Browning, Fateful Months: Essays on the Emergence of the Final Solution (Londres, Holms & Meieir, 1985), pág. 84.

(3) Christopher Browning, The Origins of the Final Solution (Londres, William Heinemann, 2010), pág. 423.

(4) En el presente documento se reservará el término “Semlin” para el campo de concentración nazi, mientras que el término serbio “Sajmište” o “Staro Sajmište” servirá para referirse al lugar en el cual estuvo el campo.

(5) Jovan Byford, Staro Sajmište: Mesto sećanja, zaborava i sporenja (Belgrado, Beogradski centar za ljudska prava, 2011).

(6)Entre 1941 y 1945, perecieron en Jasenovac unos 80.000 prisioneros. La mayoría eran serbios, aunque entre el total de víctimas hubo también hasta 17.000 judíos croatas y bosnios y unos 10.000 romaníes. Véase Ivo Goldstein, Holokaust u Zagrebu (Zagreb, Novi Liber, 2001).

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La serie de documentos de debate brinda un foro en el que académicos especializados en el holocausto y la prevención del genocidio generan temas de debate y estudio sobre estas cuestiones. Se les solicitó a estos autores, que provienen de una variedad de culturas y formaciones, elaborar documentos de debate basados en sus propias perspectivas y experiencias en particular. Los puntos de vista expresados por estos autores no necesariamente reflejan la posición de las Naciones Unidas respecto de estos temas.


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