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El Holocausto y la colección de documentos de debate de las Naciones Unidas

El Holocausto mediante Balas

Por el Padre Patrick Desbois, sacerdote católico y Presidente de la asociación Yahad - In Unum

El anciano mira atentamente a la joven de pie frente a él, en el camino que atraviesa su aldea rural ucraniana. Parece que no le sorprende la pregunta de la joven. «Sí, yo vivía aquí durante la guerra». «Sí, puedo decirle lo que ocurrió aquí»..

Y así comienza otra travesía desandando el tiempo. Es una travesía de recuerdos tan lúgubres como las sombras en el cercano bosque, de un día hace casi 70 años cuando el anciano, a la sazón un muchacho de 18 años de edad, presenció cómo sus vecinos eran fusilados y enterrados en una fosa común, junto a los confines de su aldea. Otra entrevista con otro testigo del «Holocausto mediante Balas».

En julio de 1942, mi abuelo, Claudius Desbois, fue deportado y recluido como preso francés en un campamento alemán de presos soviéticos en Ucrania. Cuando regresó, se mantuvo en silencio. Mucho tiempo después llegué a comprender que lo habían llevado a una región donde muchos judíos habían vivido antes de la guerra y que, en calidad de preso, presenció, día tras día, cómo se fusilaba a los judíos.

A fines del decenio de 1990, viajé a Rawa-Ruska, Ucrania, el poblado donde estaba ubicado el campamento en que mi abuelo había estado detenido, en busca de las fosas comunes de los judíos asesinados. Inesperadamente, el alcalde del poblado reunió a 50 personas que habían presenciado las ejecuciones y nos acompañó hasta el lugar de la fosa común para escuchar su testimonio acerca de los últimos 1.500 judíos de Rawa-Ruska. En ese momento tomé conciencia de que las ejecuciones en Ucrania se habían realizado en público y habían sido presenciadas por ucranianos que ahora estaban dispuestos a hablar para que conociéramos la verdad. Esa misma noche, me encontré a solas en el bosque con el alcalde, quien me dijo: «Patrick, lo que hice por usted en una aldea, lo puede hacer en 100 aldeas». Nunca sabré por qué lo dijo; y nunca sabré por qué yo respondí «De acuerdo».

Así nació la organización Yahad-In Unum, un título formado por las palabras en hebreo y en latín que significan «unidos», o como lo expresó el difunto Cardinal Lustiger: «No diremos ‘unum’, debido a que católicos y judíos no somos ‘unum’, pero estamos ‘in unum’ y ‘unum’ es Dios».

Antes de establecer campamentos de la muerte en Auschwitz, Treblinka y Sobibor, los nazis ya estaban tratando de aniquilar a judíos y gitanos europeos en el territorio de la ex Unión Soviética. Tras los ejércitos invasores del tercer Reich vinieron los Einsatzgruppen, escuadrones móviles de la muerte que iban de aldea en aldea para asesinar en masa a judíos, gitanos y otras víctimas civiles del régimen de Hitler. Las víctimas, algunas todavía vivas, fueron enterradas en fosas y trincheras.

Pero, a diferencia del secreto que rodeaba a los campos de concentración, el genocidio llevado a cabo en los poblados y las aldeas de Europa oriental ocurrió frente al público y fue presenciado por los vecinos de las víctimas. En muchos casos, esas personas, agricultores o leñadores, siguen viviendo actualmente en la misma aldea donde, en su infancia, su adolescencia o su temprana juventud, presenciaron los fusilamientos, y muchas veces fueron obligados por los asesinos a realizar tareas auxiliares: reunir a las víctimas; conducir vehículos; cavar fosas.

A diferencia del Holocausto en los campos de concentración, los cadáveres de las víctimas en Europa oriental no fueron cremados. La «Operación 1005», iniciativa masiva de los nazis para ocultar su crimen exhumando los cadáveres de las fosas comunes e incinerándolos quedó trunca debido a un avance más veloz que lo esperado del Ejército Rojo, que contraatacaba. Los testigos ancianos con quienes nos reunimos en Europa oriental saben dónde están enterrados los cadáveres. Nos guiaron a través de campos y bosques hasta los sitios de las fosas comunes, a menudo cubiertos de malezas y casi siempre sin signos indicadores. «Allí», decían, señalando alguna leve depresión en los suelos, «allí es donde están sepultados los judíos».

En los últimos nueve años, equipos de personas mayormente jóvenes, miembros de Yahad – In Unum, recorrieron caminos rurales de Ucrania, Belarús, la Federación de Rusia y Polonia y registraron en videofilme sus entrevistas con los testigos no judíos a fin de arrojar más luz sobre el Holocausto en Europa oriental. Estamos focalizados en encontrar los sitios de las fosas comunes del genocidio; no estamos buscando a los asesinos ni tratando de asignar culpabilidad. En cambio, vamos en procura de las víctimas, tan a menudo marginadas y olvidadas en la reconstrucción histórica de lo sucedido. Pacientemente, halamos los hilos de la memoria de los testigos para establecer cómo fueron los escenarios de los crímenes y determinar la ubicación precisa de las fosas comunes, mientras todavía podemos lograrlo.

Estamos, en verdad, en una carrera contra el tiempo para entrevistar a tantos testigos como sea posible; ellos, en su mayoría, tienen entre 80 y 90 años de edad, de modo que debemos entrevistarlos antes de que ellos y sus recuerdos desaparezcan. Hasta la fecha, los equipos de Yahad – In Unum han recorrido aproximadamente de un 60% a un 70% del territorio de Ucrania, han ubicado más de 650 fosas comunes, muchas de ellas anteriormente desconocidas, que contienen los restos de más de 1 millón de víctimas. Los videofilmes de nuestras entrevistas de 1.850 testigos pueden verse en la sede de Yahad – In Unum en París, en el Museo en Memoria del Holocausto ubicado en Washington, Estados Unidos y, dentro de poco, en línea en www.yahadinunum.org.

Las historias que relatan los testigos durante las entrevistas son a veces aterradoras e inimaginables. No obstante, el entrevistador sigue formulando preguntas. Cuando finaliza la entrevista, el equipo se traslada para entrevistar a otro testigo. Una vez que queda confirmada la historia de los sitios de fosas comunes en una aldea, la búsqueda continúa en una aldea vecina. Este año, los equipos de Yahad – In Unum efectuarán 15 viajes de investigación de dos semanas, y entrevistarán a entre 40 y 50 nuevos testigos en cada viaje.

A veces, alguien me pregunta: «Pero, ¿por qué hace usted esto, Padre?» Es una pregunta que puede comprenderse. El Holocausto no ocupa nuestros pensamientos cuando despertamos por la mañana. Es terrible, trágico, estremecedor, repugnante. Cuando hay tantas cosas para las cuales vivir, ¿por qué focalizarse en las terribles muertes que ocurrieron hace tanto tiempo?

Parte de la respuesta se encuentra en la reacción de los ancianos con quienes nos reunimos; a veces, preguntan «¿Por qué tardaron tanto en venir?» Es como si hubieran estado esperándonos. Los eventos que presenciaron han quedado sellados en sus mentes; muchos nos dicen que es la primera vez que han hablado de ese tema. Por primera vez se escuchan las voces de quienes pueden confirmar los hechos por haberlos presenciado directamente, lo cual aporta otra perspectiva del Holocausto en Europa oriental y agrega un poderoso elemento a las pruebas objetivas acumuladas. Con frecuencia, sus recuerdos completan los detalles que hemos recogido en los archivos soviéticos y alemanes acerca de investigaciones sobre los crímenes de guerra, detalles que, de otra manera, quedarían perdidos para siempre.

Esos son detalles acerca de personas reales. Los judíos, los gitanos y las demás personas cuya existencia los nazis trataron de borrar de la faz de la Tierra, fueron arrojados como si fueran animales en fosas comunes anónimas que están desapareciendo bajo las malezas y los árboles. Se afirmó que esas víctimas sufrieron la muerte dos veces, la primera vez como seres humanos asesinados por los nazis y sus aliados y la segunda vez, como muertos olvidados por el mundo. El proverbio ruso de que una guerra no ha terminado hasta que los muertos están enterrados expresa la idea que nos impulsa. Nuestra labor trata de preservar el recuerdo de las vidas de esas personas y asegurar que no se los olvide. Al individualizar las fosas comunes, posibilitamos que se restaure la dignidad y el respeto a las víctimas y el recuerdo de su existencia, reintegrándolas a la humanidad.

La labor de Yahad también abarca la educación, la creación de conciencia y comprensión del Holocausto en Europa oriental y el fomento de la resistencia humana contra el genocidio. El hecho de que el Holocausto mediante Balas ocurrió a la vista de todos, que la prueba objetiva de las atrocidades existe y no en algún lugar alejado de nuestras vidas cotidianas, sino más bien «detrás de esa pared» y que, como cabe lamentar, el genocidio no finalizó con los nazis, todo eso debería servir de advertencia de que se trata de un peligro sempiterno que requiere continua vigilancia, acciones enérgicas y el poder de la conciencia, para prevenirlo. Además, localizar las fosas comunes también tiene importancia para toda la humanidad: si los cementerios militares son una lección contra la guerra, las fosas comunes son una lección contra el genocidio. Al no actuar, al no recordar, se proporciona al próximo asesino en masa licencia para que cometa otros actos de genocidio.

La acción educacional de Yahad abarca ahora todo el mundo. El año pasado, Yahad llevó su mensaje a América Latina, Asia y Australia. Aun cuando pueda parecer que esos públicos están muy alejados del Holocausto en los campos de concentración y las tierras de Europa, su interés y su involucramiento en el tema pone de manifiesto los valores universalmente compartidos. Nos recuerdan que la historia y las lecciones del Holocausto no son privativos de una parte determinada del mundo. Yahad trata de conectar con el sufrimiento padecido en todos los países; al hablar frente a estudiantes en 14 escuelas de Hong Kong a comienzos de este año, comencé cada presentación evocando los horrores de Nanking.

Quienes participan en la labor de Yahad encuentran un propósito autopropulsado, ya sea en la investigación, la búsqueda, la educación, o el trabajo para recordar a las víctimas o asumir una posición contra el genocidio. Parecería que esto lo comprenden bien los ancianos testigos que están esperando a nuestros equipos cuando vamos a entrevistarlos; y nadie que haya escuchado la narración de un testigo sobre lo que ocurrió el día que llegaron los alemanes me pregunta jamás «¿Por qué?».

Después de recorrer miles de kilómetros a través de Ucrania, Belarús, Rusia y Polonia, me parece evidente que el genocidio es una tentación de la humanidad. No es solamente una cuestión nacional; es un problema humano. En Europa oriental, Yahad prosigue su labor para encontrar a cada una de las víctimas: judíos, gitanos, presos soviéticos, partisanos… Es imposible construir una Europa moderna sobre miles de fosas comunes donde yacen las desconocidas víctimas del genocidio.

Después de una guerra, por lo general hay un cementerio militar. Después de un genocidio, no hay ningún cementerio. Si logramos enterrar adecuadamente y proteger las fosas comunes de cada una de las víctimas del genocidio ocurrido en el territorio de Europa, esto fortalecerá a Europa, a una Europa que podrá decir que no somos predadores, que somos naciones nobles y que nos esforzaremos y hacemos lo posible para contribuir a restaurar la dignidad y el honor de quienes hasta hoy han sido olvidados.

Enterrar a las víctimas y proteger las fosas comunes es la mayor barrera que podremos establecer contra futuros genocidios. Himmler solía decir: «¿Quién recuerda el genocidio de los armenios? ¡Nadie!». Es preciso que nunca nadie, y en ningún lugar, pueda decir que nadie recuerda a las víctimas del Holocausto. Europa está dispuesta a detenerse, no por encima, sino ante las fosas comunas de las víctimas de genocidio ocurrido en nuestro territorio, y anunciar ante el mundo «acá estamos, las víctimas y los sobrevivientes, y todos juntos, decimos: ‛es hora de poner fin a esto’».

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Preguntas para el intercambio de ideas

  1. Durante el Holocausto, las políticas de los nazis respecto de los judíos y otras minorías en Europa oriental ¿en qué difirieron con respecto a sus políticas en Europa occidental?
  2. ¿Por qué dice el Padre Desbois que «las víctimas en Europa oriental sufrieron la muerte dos veces»?
  3. A diferencia de Polonia o Alemania, donde el Holocausto mantiene su visibilidad gracias a los símbolos que constituyen los campamentos de exterminio, los horrores de la guerra permanecieron ocultos en casi toda la Europa oriental. ¿Por qué piensa usted que esto ocurrió?
  4. El Padre Desbois dedicó los últimos 10 años a entrevistar a testigos y ubicar fosas comunes en Europa oriental. ¿Por qué piensa usted que esta investigación es importante?
  5. ¿Cómo puede la comprensión del Holocausto, en la forma ocurrida en Europa oriental, contribuir a fomentar la conciencia y la educación sobre el Holocausto en otras partes del mundo?

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La serie de documentos de debate brinda un foro en el que académicos especializados en el holocausto y la prevención del genocidio generan temas de debate y estudio sobre estas cuestiones. Se les solicitó a estos autores, que provienen de una variedad de culturas y formaciones, elaborar documentos de debate basados en sus propias perspectivas y experiencias en particular. Los puntos de vista expresados por estos autores no necesariamente reflejan la posición de las Naciones Unidas respecto de estos temas.


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