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Mensaje del Secretario General con motivo del Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto

27 de enero de 2015

Hace exactamente setenta años, las fuerzas aliadas liberaron el campo nazi alemán de concentración y exterminio de Auschwitz Birkenau.

Más de un millón de prisioneros, en su mayoría judíos, fueron asesinados de manera brutal y sistemática en el lugar en que los nazis introdujeron el monstruoso concepto de «matanza industrializada». Entre las víctimas había también polacos no judíos, presos políticos, prisioneros de guerra soviéticos, miembros de las comunidades sinti y romaní, homosexuales, personas con discapacidad y testigos de Jehová.

Sin precedentes en la historia de la humanidad, este asesinato en masa estuvo motivado por la perversa ideología de los nazis, basada en la raza, cuyo objeto era perseguir y asesinar a todos los judíos y a cualesquiera otras personas que consideraran inferiores.

La humanidad entera se unió para vencer la amenaza nazi. Hoy en día, nuevamente somos puestos a prueba. En todas partes, las minorías a menudo deben enfrentarse al fanatismo. Las tensiones sectarias y otras formas de intolerancia están intensificándose. Continúan los ataques antisemitas; muchos judíos son asesinados únicamente por ser judíos. Las comunidades vulnerables de todo el mundo siguen enterrando a sus muertos y viviendo con temor a una mayor violencia.

La misión de las Naciones Unidas se forjó a raíz de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Nos hemos comprometido a proteger a las personas vulnerables, promover los derechos humanos fundamentales y defender la libertad, la dignidad y el valor de todas las personas.

En el último decenio, el Programa de Divulgación sobre el Holocausto y las Naciones Unidas ha movilizado a estudiantes y educadores de todo el mundo y los ha impulsado a ayudarnos a lograr esos objetivos. Damos las gracias a nuestros numerosos asociados, en particular los supervivientes del Holocausto, que han contribuido a esta labor que, solo en el último año, abarcó 42 países.

La violencia y los prejuicios que observamos diariamente son un crudo recordatorio del largo camino que nos queda por recorrer hacia la promoción de los derechos humanos, la prevención del genocidio y la defensa de nuestra humanidad común. Debemos redoblar nuestros esfuerzos para eliminar las profundas raíces del odio y la intolerancia. Las personas de todo el mundo deben unirse para poner fin a los ciclos de la discordia y crear un mundo en el que imperen la inclusión y el respeto mutuo.