Bienvenidos a las Naciones Unidas. ¡Es su mundo!

Mensaje del Presidente de la Asamblea General en el Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto

27 de enero de 2009

Excelencias,
Señora Vicesecretaria General,
Invitados especiales,
Hermanas y hermanos todos,

Les doy a todos la bienvenida a las Naciones Unidas, donde, en 2005, la Asamblea General aprobó la resolución sobre la recordación del Holocausto que nos reúne hoy aquí.

El tema de nuestra solemne conmemoración de hoy, “recordación y educación”, pone de relieve nuestro recuerdo personal y compartido de las víctimas y nuestra labor dirigida a evitar que se cometa cualquier acto de genocidio en la actualidad y en el futuro. Nos honra contar hoy con la presencia de invitados muy especiales, quienes nos darán su testimonio como víctimas y testigos. Recordamos que el término “genocidio” fue acuñado por Raphael Lemkin, un judío polaco, cuando el mundo se esforzaba por encontrar las palabras con que expresar la magnitud de los crímenes que estaban saliendo a la luz. Sin embargo, a medida que se desvanecen nuestros vínculos directos con el holocausto perpetrado por el régimen nazi, debemos intensificar nuestros esfuerzos por inculcar en las nuevas generaciones la importancia que reviste esa horrenda experiencia para el mundo actual y dar significado al grito de “!Nunca más!”.

A fin de cumplir estos objetivos, debemos ir más allá de nuestras declaraciones de pesar y recordación, aunque las sintamos poderosamente, y trabajar para desarrollar nuevas formas de pensar en el Holocausto, el genocidio, y, en definitiva, la capacidad aparentemente infinita del ser humano de ser cruel con el prójimo. Esta es una capacidad que todos compartimos. En su esencia, todos los genocidios, todos los holocaustos, empiezan por la alienación, demonización y marginación del “Otro”, de los ciudadanos de una religión, raza, etnia, ideología política u orientación sexual distintas de las nuestras.

El Holocausto perpetrado por los nazis tuvo lugar en la que era considerada una de las sociedades más avanzadas del planeta. No se trató simplemente de una serie horrorosa de asesinatos; comenzó con políticas y campañas que reflejaban una forma de pensar sobre los Otros. Era una campaña de propaganda dirigida a convencer a los ciudadanos comunes de Alemania, Polonia y otros lugares de que sus problemas se derivaban de la presencia en sus países de los Otros: los romaníes, los comunistas, los homosexuales y las lesbianas y, sobre todo, los judíos. Su lógica conducía inexorablemente a la norma de que se podía vilipendiar, despojar de sus bienes, apiñar en guetos, arrestar, torturar y, finalmente, matar a los Otros con total impunidad.

Si nos tomamos en serio el “Nunca más” y la necesidad de impedir que se cometan otros genocidios y cualquier otro Holocausto en el futuro, debemos inculcar en nuestros jóvenes los valores que comparten prácticamente todas las tradiciones religiosas y éticas: la conciencia de que todos somos hermanos y hermanas y debemos exigir que se respete a los “Otros” que viven entre “nosotros”. En efecto, debemos ir más allá de la recordación y luchar contra la intolerancia y en favor de relaciones que reemplacen el concepto de “nosotros y ellos” por el de “nosotros y lo nuestro”.

Celebramos junto con el pueblo de los Estados Unidos el gran hito que han alcanzado en la larga historia de lucha contra el racismo. La elección de un presidente afroamericano es prueba de una determinación colectiva de superar el miedo y desprecio del otro, profundamente arraigados, que son la base del racismo. Utilicemos este inspirador ejemplo para impulsar avances similares en otras sociedades atormentadas por la animosidad, el odio y la demonización del otro, sea en naciones devastadas por la pobreza o en sociedades privilegiadas e instruidas que consienten que se cometan crímenes de lesa humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, reflexionemos sobre estas posibilidades. Vayamos más allá de la recordación y trabajemos juntos para alcanzar más victorias sobre el racismo, la intolerancia étnica y religiosa y el antisemitismo. Esta labor empieza por nosotros, en nuestras familias, nuestras comunidades, en los niveles nacional y mundial. Recordemos los crímenes del pasado y aprendamos de ellos, para poder evitar que se repitan hoy y en el futuro.

Gracias.