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Temas del programa

Nota de orientación del Secretario General sobre la democracia

I. Introducción

En la Cumbre Mundial 2005, al igual que en la Declaración del Milenio de 2000, los Estados Miembros renovaron su compromiso de proteger y promover los derechos humanos, el estado de derecho y la democracia, reconociendo que todos ellos estaban relacionados entre sí, se reforzaban mutuamente y se contaban entre los valores y principios fundamentales, universales e indivisibles de las Naciones Unidas. Los Estados Miembros volvieron a reiterar ese compromiso en 2007 en la resolución 62/7 de la Asamblea General.

En la actualidad, la mayoría de los Estados del mundo se autodefinen como democracias. No obstante, la democracia es un sistema político y social dinámico cuyo funcionamiento ideal no se «logra» nunca del todo. Además, la democratización no es un proceso lineal ni irreversible, de modo que las instituciones estatales y los ciudadanos deben supervisar y mantener bajo vigilancia constante ese proceso. Por esa razón, las medidas de fortalecimiento y apoyo de los procesos democráticos no solo resultan beneficiosas para todos los países sino también para la propia comunidad internacional.

En el siglo XXI seguimos enfrentándonos al triple reto de consolidar o restaurar regímenes democráticos, mantener las democracias establecidas y mejorar la calidad de los sistemas democráticos. En ese contexto, los principales retos que se plantean a las Naciones Unidas son: encontrar el modo más eficaz de promover instituciones, prácticas y principios democráticos reconocidos universalmente; responder de manera coherente y predecible a las interrupciones de la democracia causadas por golpes de Estado u otras transferencias de poder anticonstitucionales; y contrarrestar, o aún mejor ayudar a prevenir, la lenta y paulatina erosión de la calidad de la democracia y el debilitamiento de las libertades, prácticas e instituciones democráticas que se registra en algunos casos.

Teniendo presentes esos retos y habida cuenta del intenso debate que suscita la asistencia en pro de la democracia, es más importante que nunca encontrar un marco universal eficaz y aceptable para la prestación de dicho apoyo. Para hacer frente a esa cuestión, en noviembre de 2007, el Secretario General solicitó que se elaborara una estrategia para toda la Organización que definiera mejor el enfoque de las Naciones Unidas para el apoyo a la democracia y que asentara dicho enfoque en los tres pilares de la labor de las Naciones Unidas, a saber, la paz y la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos.

En la presente nota se describe el marco para la asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia, que está basado en principios, normas y modelos universales, hace hincapié en las disposiciones normativas acordadas internacionalmente, aprovecha la experiencia adquirida y se centra en las esferas de apoyo en las que las Naciones Unidas tienen una ventaja comparativa. Ese marco obliga a la Organización a adoptar medidas coherentes, sistemáticas y conformes con sus principios en apoyo de la democracia.

II. Bases normativas y conceptuales

La democracia, cuya base es el estado de derecho, es en última instancia un medio para asegurar la paz y la seguridad, el progreso y el desarrollo social y económico y el respeto de los derechos humanos a nivel internacional, los tres pilares de la misión de las Naciones Unidas consagrados en el Carta de las Naciones Unidas. Los principios democráticos forman parte del entramado normativo de las Naciones Unidas. De hecho, la Carta comienza diciendo «Nosotros los pueblos» y, a continuación, incluye importantes referencias a los fundamentos básicos de la democracia, como los «derechos humanos», las «libertadas fundamentales», la «igualdad de derechos entre el hombre y la mujer», la «vida dentro de un concepto más amplio de la libertad», la «libre determinación» y la eliminación de las diferencias por motivos de «raza, sexo, idioma o religión». Posteriormente, la Asamblea General desarrolló en la Declaración Universal de Derechos Humanos las disposiciones generales relativas a los derechos humanos que figuran en la Carta, incluidas la obligación de la no discriminación, la igualdad ante la ley y las libertades de desplazamiento, pensamiento, opinión, información, expresión, reunión y asociación, que son derechos imprescindibles para la democracia. La Declaración contiene disposiciones explícitas en las que se establece que «[l]a voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto» y que «[t]oda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos», así como «el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas …» (artículo 21). En ella se dispone también que toda limitación de los derechos y las libertades fundamentales deberá ser establecida «por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática» (artículo 29). La Declaración ha adquirido validez jurídica en numerosos tratados e instrumentos posteriores de las Naciones Unidas.

En la Cumbre Mundial 2005, todos los gobiernos del mundo reafirmaron que «la democracia es un valor universal basado en la voluntad libremente expresada de los pueblos de determinar su propio sistema político, económico, social y cultural y su participación plena en todos los aspectos de su vida», destacaron que «la democracia, el desarrollo y el respeto de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales son interdependientes y se refuerzan mutuamente», renovaron su «compromiso de apoyar la democracia fortaleciendo la capacidad de los países para aplicar los principios y las prácticas democráticos» y resolvieron «fortalecer la capacidad de las Naciones Unidas para prestar asistencia a los Estados Miembros».

Las Naciones Unidas han defendido desde hace tiempo un concepto holístico de la democracia que abarca: las cuestiones sustantivas y las de procedimiento; las instituciones oficiales y los procesos informales; los grupos mayoritarios y las minorías; los hombres y las mujeres; los gobiernos y la sociedad civil; los temas políticos y los económicos; y los niveles tanto nacional como local. Las Naciones Unidas han reconocido además que, aunque existen normas y modelos universales y esenciales para la democracia, no hay un patrón único: en la resolución 62/7 de la Asamblea General se declara que «si bien las democracias comparten características comunes, no existe un modelo único de democracia, y que ésta no pertenece a ningún país o región». De hecho, el ideal de la democracia está firmemente arraigado en las filosofías y tradiciones de muchas partes del mundo. La Organización no se ha propuesto nunca exportar o promover un modelo nacional o regional concreto de democracia.

El atractivo de la democracia radica en parte en su vinculación con el mejoramiento de la calidad de vida de todos los seres humanos y, por consiguiente, con las labores para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El desarrollo tiene más posibilidades de prosperar si se reconoce a los pueblos el derecho genuino de pronunciarse sobre su gobierno y la oportunidad de compartir los frutos del progreso.

III. Principios rectores para una asistencia eficaz

Las Naciones Unidas han adquirido una gran experiencia durante décadas de participación en las labores de apoyo a la democracia. No obstante, nuestra base de conocimientos debe seguir renovándose y ampliándose constantemente.

Una enseñanza fundamental es que la democracia está intrínsicamente vinculada a los otros tres pilares de las Naciones Unidas, ya que las instituciones y las prácticas genuinamente democráticas son esenciales para fomentar la seguridad y la estabilidad a largo plazo porque posibilitan el diálogo político y la discrepancia pacífica; crean un entorno propicio y legítimo para la buena gobernanza, el desarrollo y la atención de las necesidades humanas básicas; y promueven y protegen los derechos humanos.

Otra enseñanza valiosa es que las Naciones Unidas deben someter su labor a una evaluación activa y constante a fin de encontrar el mejor modo de prestar una asistencia sostenible en pro de la democracia que fortalezca la capacidad a nivel local y promueva una cultura democrática. Pese a su carácter técnico, esa asistencia no se puede disociar de la realidad política.

Teniendo presente ese marco y sobre la base de la experiencia adquirida, la labor de las Naciones Unidas en apoyo de la democracia debe guiarse por los principios siguientes:

Adoptar un enfoque proactivo para contener las amenazas contra la democracia

Las Naciones Unidas deben elaborar un marco para la diplomacia preventiva que sea coherente, predecible y pragmático, y adoptar un enfoque proactivo a fin de recordar constantemente a los Estados Miembros las obligaciones que les incumben de conformidad con las normas y los principios convenidos internacionalmente y facilitar las labores para prevenir o hacer frente a las amenazas contra la democracia, prestando servicios de mediación o apoyo de otro tipo según proceda. El marco de las Naciones Unidas debe servir para hacer frente tanto a las amenazas inmediatas contra la gobernanza democrática como a las causas estructurales o subyacentes de las interrupciones de la democracia. Si bien es cierto que algunos países siguen enfrentándose a amenazas externas contra la democracia, la mayoría de esas amenazas son de carácter interno, como la mala gobernanza, los abusos del poder estatal, la corrupción endémica, la discriminación y la desigualdad profundamente arraigadas, la falta de representación de los pobres y marginados y la vulneración de su derecho a recurrir ante la ley y recibir justicia. Otro motivo de preocupación son las transferencias de poder anticonstitucionales. Las pruebas recabadas en los últimos años demuestran estadísticamente que los golpes de Estado suelen empeorar la situación de los derechos humanos, no contribuyen a mejorar la calidad de la democracia y conducen a una mala gobernanza.

No hacer daño

La asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia ha de ser proactiva e innovadora pero, ante todo, no debe ser perjudicial. Por ejemplo, la presión de la comunidad internacional alentando la celebración de elecciones inoportunas o prematuras en sociedades frágiles ha contribuido a veces al asentamiento en el poder de grupos antidemocráticos, nacionalistas o extremistas y a la radicalización del debate político. Asimismo, la adopción de programas mal diseñados o de conceptos poco claros y la promoción de modelos externos inapropiados pueden poner en peligro la transición hacia la democracia y en algunos casos han contribuido a la intensificación de la violencia y los conflictos sociales.

Promover la implicación a nivel local

El objetivo de la asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia ha de ser apoyar a las fuerzas democráticas legítimas, crear una plataforma para la expresión de diferentes opiniones y puntos de vista, poner en contacto a esas fuerzas con los conocimientos y la experiencia en todo el mundo, en particular mediante la colaboración Sur-Sur, y propiciar un entorno nacional abierto al debate político democrático y transparente y a la transición y el cambio. Es preciso tener en cuenta las normas y prácticas locales e incorporarlas en la medida de lo posible en las instituciones y los procesos democráticos emergentes, al mismo tiempo que se promueven las normas y los principios convenidos internacionalmente. Además, la asistencia de las Naciones Unidas ha de ser solicitada explícitamente por los agentes locales y en ningún caso ha de ser impuesta. La responsabilidad primordial de la transición hacia la democracia y de su consolidación incumbe a las fuerzas de la sociedad nacional; por intensa que sea, la asistencia externa no basta por sí sola para crear democracia.

Ampliar la contribución y participación nacional en la consolidación de la democracia

Las Naciones Unidas deben apoyar un enfoque amplio e incluyente que abarque todos los sectores y movimientos de la sociedad nacional a fin de incorporarlos al diálogo sobre la democracia, en particular a las mujeres, las minorías, las poblaciones indígenas, los adolescentes y los jóvenes, las personas desplazadas, las comunidades vulnerables y desfavorecidas y otros grupos pobres, excluidos y marginados. Las Naciones Unidas deben esforzarse por lograr la participación activa de los grupos tradicionalmente marginados y excluidos y de los menos predispuestos hacia la transición democrática en vez de centrarse, como suele ser el caso, en la colaboración con un pequeño grupo de agentes nacionales de ideas afines.

Hacer frente explícitamente a los efectos de la discriminación contra la mujer

El empoderamiento de la mujer y la promoción de sus derechos deber ser parte integral de todas las actividades de las Naciones Unidas en pro de la democracia, haciendo frente explícitamente a la discriminación por motivos de género que contribuye a la exclusión de la mujer y a la desatención de sus intereses. Aunque hoy en día se ha reducido el número de mujeres a quienes no se les reconocen sus derechos civiles y políticos por ley, en la práctica muchas mujeres siguen estando lejos de poder disfrutar de esos derechos en pie de igualdad con el hombre. Los beneficios de la participación democrática siguen fuera del alcance de un gran número de mujeres. La discriminación por motivos de género, que se perpetúa por medio de instituciones y prácticas jurídicas, económicas y sociales sesgadas, y que se puede ver agravada por otras formas de exclusión, impide que la mujer participe efectivamente en los procesos democráticos.

Desarrollar estrategias de apoyo a la democracia con un horizonte a largo plazo

La asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia debe estar basada en un compromiso a largo plazo con las sociedades en transición e incluir objetivos y plazos realistas adaptados a cada contexto particular. También es esencial que el fomento de la capacidad forme parte desde un principio de las actividades de asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia, a fin de asegurar la sostenibilidad a largo plazo y la implicación local. A menudo la comunidad internacional ha mostrado su impaciencia con el ritmo de la transición democrática en determinadas sociedades porque esperaba que se produjeran cambios complejos rápidamente. La comunidad internacional esperaba, por ejemplo, que países fragmentados y de escasos recursos, incluidos los devastados por conflictos, lograran avances que habían tardado décadas en hacerse realidad en países más desarrollados. El incumplimiento de unas expectativas demasiado elevadas puede provocar una crisis de confianza en el seno de la sociedad respecto de su capacidad para avanzar hacia la democracia y dar lugar a conclusiones prematuras sobre la eficacia de la asistencia en pro de la democracia.

Invertir en un enfoque amplio de apoyo a la democratización

La asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia debe centrarse en el fomento de la confianza entre los distintos sectores sociales, el desarrollo de las instituciones públicas necesarias para gestionar la transición pacífica hacia la democracia y su consolidación, y el fomento de una sociedad civil y unos mecanismos de participación civil dinámicos. La promoción de cambios democráticos en entornos en los que las instituciones estatales son demasiado débiles para hacer frente a las diferencias de opinión y a las demandas encontradas puede acarrear consecuencias negativas. Por otro lado, también puede resultar inútil, e incluso contraproducente, realizar fuertes inversiones concentradas en las instituciones estatales cuando éstas son intrínsecamente autocráticas o tienen deficiencias graves e irrevocables. Por último, hay que evitar que el apoyo se centre excesivamente en los vencedores de las elecciones.

IV. Asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia: esferas de atención y ventajas comparativas de las Naciones Unidas

Todo posible programa de asistencia de las Naciones Unidas debe comenzar con una evaluación exhaustiva y participativa de las necesidades, las capacidades y las aspiraciones nacionales y públicas del país de que se trate. En la medida de lo posible, las evaluaciones y los exámenes de la democracia deben ser realizados por agentes e interesados nacionales. Esos procesos pueden propiciar el diálogo democrático dentro del país, mejorar los conocimientos sobre los valores y las normas de la democracia, y alentar y apoyar el aumento de la implicación nacional. El fomento de la capacidad nacional en esa esfera es fundamental.

La democracia necesita unas instituciones de gobierno fuertes, transparentes, sujetas a rendición de cuentas y basadas en el estado de derecho, en particular, un poder ejecutivo que rinda cuentas, un poder legislativo eficaz y un poder judicial independiente e imparcial, además de una administración pública eficaz e incluyente y una sociedad civil y una población informadas, empoderadas y políticamente activas. Teniendo en cuenta esa gran variedad de necesidades, cabe preguntarse cuáles son las esferas en las que las Naciones Unidas, aprovechando su legitimidad universalmente reconocida, deberían concentrar su labor con miras a aplicar los instrumentos y las declaraciones universales aprobados por sus miembros. A continuación, se indican una serie de esferas conceptuales que sirven para determinar los aspectos más provechosos de la asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia. Esas esferas están relacionadas entre sí y deben reforzarse mutuamente. Además de fomentar prácticas, instituciones y principios democráticos, la asistencia en esas esferas contribuye también al mejoramiento de la paz y la seguridad y a la creación de un ambiente propicio para el desarrollo y el respeto de los derechos humanos. Es importante tener siempre presente que, si bien la asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia suele ser de carácter técnico, la democracia es en última instancia un proceso político.

1. Prestar servicios de facilitación política

El apoyo de la comunidad internacional a los esfuerzos de democratización a nivel nacional puede tener una importancia estratégica e incluso fundamental. Los servicios de facilitación política prestados por las Naciones Unidas y otros interesados en la asistencia en pro de la democracia pueden ayudar a desbloquear los procesos de transición estancados, fomentar la confianza y crear una sensación de estabilidad en situaciones delicadas. La facilitación política puede adoptar muchas formas, como la mediación y la negociación, la organización de foros de debate político, el apoyo a procesos incluyentes y el fomento del diálogo nacional basado en valores y principios democráticos. Esas iniciativas pueden ayudar a reducir las tensiones y estabilizar el ambiente político y, de ese modo, preparar el camino para la transición hacia la democracia y su consolidación. Las Naciones Unidas, gracias a su capacidad para prestar apoyo de manera imparcial, están particularmente bien preparadas para asumir ese papel. En las directrices para los representantes de las Naciones Unidas sobre determinados aspectos de las negociaciones para la resolución de conflictos, publicadas en 2006, se incluyen algunas disposiciones claves, como la necesidad de respetar los principios y propósitos de las Naciones Unidas y de prestar una atención especial al desarrollo de instituciones y el fomento de la capacidad, así como la importancia de las cuestiones relativas a la reforma de la gobernanza y los sectores legal, electoral y socioeconómico, y se destaca la necesidad de que los representantes de las Naciones Unidas informen a las partes sobre los recursos del sistema de las Naciones Unidas en esas esferas e incluyan a todos los asociados del sistema de las Naciones Unidas en las actividades de apoyo.

2. Alentar la participación popular y apoyar la celebración de elecciones libres y limpias

La participación popular, el diálogo colectivo y la igualdad política son elementos esenciales para la democracia y se deben hacer efectivos mediante un marco o una estructura de instituciones accesibles, representativas, transparentes y sujetas a la rendición de cuentas y a renovaciones y cambios periódicos. La democracia es un reflejo de la libre determinación y, por lo tanto, debe estar basada en la voluntad libremente expresada de todas las personas, tanto hombres como mujeres, y en el respeto de las libertades de información, opinión, expresión, asociación y reunión. Sobre la base del respeto de todos los derechos humanos, la democracia debe proteger los derechos, los intereses y la opinión de las minorías, las poblaciones indígenas, los niños, las mayorías sin poder, y las personas y los grupos vulnerables, desfavorecidos e impopulares.

Un tipo de apoyo consiste en prestar asistencia a los procesos electorales y la celebración de elecciones, entre otras cosas, apoyando las instituciones o los mecanismos independientes encargados de la gestión de las elecciones y los procesos de observación y vigilancia de las elecciones a nivel nacional. La asistencia electoral debe promover la confianza en los procesos y la credibilidad de los resultados de las elecciones. Otro derecho relacionado con el derecho de voto es el de presentarse como candidato a las elecciones y, a ese respecto, las Naciones Unidas proporcionan asesoramiento sobre la aplicación de medidas especiales para ofrecer las mismas oportunidades políticas a todos y asegurar que la voz de las personas excluidas o marginadas sea escuchada y que esas personas estén representadas.

No obstante, la participación de los ciudadanos no termina con la celebración de elecciones periódicas. Es importante que los ciudadanos estén incluidos y participen activamente en todos los procesos de gobernanza, en particular en las deliberaciones sobre decisiones públicas y en el diseño, la aplicación y la supervisión de las políticas públicas y la evaluación de sus resultados. Por ello, las Naciones Unidas apoyan activamente todas esas formas de participación.

3. Fomentar el desarrollo de una cultura de democracia

El desarrollo de una cultura de democracia es esencial, sobre todo en las nuevas democracias. Es preciso fomentar y reforzar la incorporación gradual de los principios democráticos en el entramado social, teniendo en cuenta al mismo tiempo las normas, prácticas y tradiciones sociales existentes. La «educación para la democracia» es un concepto amplio que puede ayudar a inculcar los valores y principios democráticos en la sociedad, alentar a los ciudadanos para que se informen de sus derechos y de las leyes y las políticas vigentes diseñadas para protegerlos, y capacitar a las personas para que asuman funciones de liderazgo democrático en sus comunidades. La educación para la democracia debe comenzar con los jóvenes, a fin de promover los valores y principios democráticos desde una etapa temprana, y debe centrarse también en la formación de los jóvenes para el ejercicio de funciones directivas en un sistema democrático. Asimismo, la educación es crucial para empoderar a los ciudadanos y lograr que exijan rendición de cuentas a las instituciones encargadas de aplicar las leyes y políticas que salvaguardan sus derechos. A ese respecto, las Naciones Unidas prestan asistencia en una gran variedad de actividades de apoyo, como programas de educación cívica y de capacitación de los votantes, actividades de asesoramiento técnico y apoyo de otro tipo para los medios de difusión e iniciativas de promoción política, todas las cuales son necesarias para reforzar la ciudadanía democrática y asegurar una participación popular eficaz.

4. Apoyar el pluralismo político

Para que exista pluralismo político es preciso que más de un partido político participe en las elecciones y en la gobernanza. El papel de los partidos políticos es esencial en la democracia porque aglutinan intereses e integran a los ciudadanos en el proceso político. Las decisiones que se adopten tienen más posibilidades de ser aceptadas, incluso por quienes se oponen a ellas, si los ciudadanos consideran que sus opiniones han estado representadas en el proceso. Las Naciones Unidas, en su calidad de agente imparcial e independiente que defiende la inclusión, el pluralismo y la tolerancia, tienen una ventaja comparativa única en la prestación de apoyo para el desarrollo de estructuras multipartidistas fuertes, transparentes e incluyentes.

5. Promover mecanismos de transparencia y rendición de cuentas

En una democracia, de conformidad con el estado de derecho, los cargos elegidos y nombrados y las instituciones en las que trabajan son responsables de sus actos y deben rendir cuentas a la población. Para que ello funcione, la población tiene que ser consciente de lo que está pasando en el gobierno de su país. Por consiguiente, se debe asegurar la transparencia y el acceso a la información sobre los asuntos públicos y alentar a los Estados a que adopten y apliquen leyes que garanticen un acceso público y amplio a la información. Para que sean eficaces, esas instituciones deben estar libres del control gubernamental, gozar de poderes específicos para adoptar decisiones, realizar investigaciones y presentar información, y contar con recursos suficientes. Un modo de cumplir esos objetivos es utilizando el gobierno electrónico, gracias al cual se pueden proporcionar servicios públicos e información pertinente a los ciudadanos de forma instantánea.

Las Naciones Unidas prestan apoyo a instituciones como oficinas de los defensores de los derechos de los ciudadanos, comisiones electorales, comisiones anticorrupción, observatorios o comisiones de igualdad de género, comisiones de derechos humanos, inspectores generales, servicios de auditoría y otros órganos similares en sus labores de vigilancia del respeto de los derechos humanos, supervisión de la celebración de elecciones, auditoría de los gastos de los gobiernos, inspección de los servicios gubernamentales, e investigación de las denuncias de corrupción y abuso de poder, y formulan recomendaciones sobre maneras de reformar y mejorar la gobernanza. Las Naciones Unidas también desempeñan un papel alentando a los Estados a adoptar y aplicar leyes encaminadas a informar sobre la labor realizada en ese sentido y asegurar a la población un acceso amplio a la información. En los casos necesarios y según proceda, las Naciones Unidas despliegan también misiones de vigilancia, determinación de los hechos, investigación o buenos oficios, prestando atención en particular al respeto de los derechos humanos, la celebración de elecciones libres y limpias y otros elementos esenciales del proceso democrático.

6. Promoción del estado de derecho

Las Naciones Unidas entienden el estado de derecho como un principio de gobernanza en el que todas las personas, instituciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Estado, están sometidas a unas leyes que se promulgan públicamente, se hacen cumplir por igual y se aplican con independencia, además de ser compatibles con las normas y los principios internacionales de derechos humanos. Ese principio exige también que se adopten medidas para garantizar el respeto de los principios de primacía de la ley, igualdad ante la ley, rendición de cuentas ante la ley, equidad en la aplicación de la ley, separación de poderes, participación en la adopción de decisiones, legalidad, no arbitrariedad, y transparencia procesal y legal. Las Naciones Unidas aportan conocimientos técnicos y apoyo fundamentales para la elaboración de legislación y, en particular, para el fortalecimiento de las instituciones legislativas, ejecutivas y judiciales en el marco de esos principios, a fin de asegurar que tengan la capacidad, los recursos y la independencia necesaria para desempeñar sus respectivas funciones. En la nota de orientación del Secretario General sobre el enfoque de las Naciones Unidas de la asistencia en el ámbito del estado de derecho, publicada en 2008, se exponen unos principios rectores generales y se presenta un marco normativo para orientar las actividades de las Naciones Unidas relacionadas con el estado de derecho a nivel nacional. Por otro lado, en la nota de orientación del Secretario General sobre la asistencia de las Naciones Unidas a los procesos constitucionales, publicada en 2009, se establecen también los principios que deben regir la participación de las Naciones Unidas en los procesos de elaboración de constituciones y se describen los componentes de esos procesos, reconociendo el carácter central que tienen los procesos constitucionales en las transiciones democráticas.

7. Alentar una gobernanza incluyente y adaptada a las necesidades

Para avanzar hacia niveles más elevados de desarrollo humano, o lo que es lo mismo para mejorar la disponibilidad y el acceso a oportunidades y capacidades a fin de que las personas puedan adoptar decisiones fundadas, se necesita la intervención del Estado que, por lo general, corre a cargo de la administración pública a nivel nacional y subnacional. El modo en que la administración pública funciona, proporciona o restringe la información, presta servicios de manera equitativa o discriminatoria, y fomenta o limita las oportunidades de las personas para que expresen su opinión en el debate sobre políticas afecta directamente a la percepción de los ciudadanos sobre el grado de legitimidad del sistema democrático. La existencia de instituciones democráticas fuertes y eficaces a nivel local es la base fundamental de una democracia sana. Cuando las instituciones y el gobierno están más cerca del pueblo, es más probable que respondan a las necesidades y rindan cuenta de sus actos. Las instituciones democráticas a nivel local son más accesibles y permiten que los ciudadanos cuestionen y vigilen la labor de las autoridades locales, expongan sus intereses y preocupaciones y resuelvan sus controversias de manera limpia, justa e imparcial. Además, pueden servir para atraer a nuevos actores hacia la política, en particular a mujeres y jóvenes.

Por consiguiente, las Naciones Unidas consideran que la existencia de una administración pública eficaz, adaptada a las necesidades a nivel nacional y local, no solo es esencial para la gestión de los recursos y la dirección del desarrollo social y económico sino que también es un instrumento clave para las relaciones democráticas entre el Estado y la sociedad y para la buena gobernanza. La asistencia y el apoyo de las Naciones Unidas para el desarrollo de la administración pública incluye una gran variedad de actividades, desde programas de recuperación rápida a programas de desarrollo a más largo plazo tanto a nivel nacional como local.

8. Apoyar una sociedad civil fuerte y dinámica

La existencia de una sociedad civil libre, bien organizada, dinámica y responsable es esencial para la democracia. Para que eso ocurra, es preciso contar con la participación activa de organizaciones no gubernamentales, grupos de reforma democrática, grupos de derechos humanos, grupos de mujeres y de jóvenes, movimientos sociales, sindicatos, representantes de las minorías, asociaciones profesionales, grupos comunitarios, asociaciones fiscalizadoras y otros grupos similares. A lo largo de la historia, la contribución de esos grupos ha sido muy importante para la formulación, promoción y defensa de los derechos democráticos. El respeto de la libertad de los medios de difusión para que puedan cumplir su papel esencial y, de ese modo, garantizar el derecho de la población a tener acceso a la información también es crucial para el proceso democrático. Las Naciones Unidas proporcionan asistencia y apoyo activos a todos esos elementos vitales de la sociedad.

V. Conclusión: mejorar la coherencia y la coordinación

Las Naciones Unidas deben asegurar que sus mensajes y actividades en apoyo de la democracia sean coherentes, consistentes y conformes con sus principios, y que complementen las iniciativas de los otros muchos agentes que trabajan en esa esfera. Respaldadas por las aspiraciones de sus miembros, las Naciones Unidas ocupan una posición privilegiada para reunir a asociados fundamentales a nivel mundial, regional y nacional a fin de intensificar el apoyo a la democracia y el estado de derecho y promover el consenso sobre determinados mecanismos para lograr resultados sostenibles. La Organización debe mejorar también su capacidad para aprovechar la gran cantidad de conocimientos disponibles como resultado de los estudios sobre la democracia que se llevan a cabo dentro y fuera del sistema de las Naciones Unidas.

Muchos miembros del sistema de las Naciones Unidas participan en uno o más aspectos de la asistencia en pro de la democracia. Por ello, es esencial que se mejore la coherencia entre las diversas iniciativas de las Naciones Unidas en esa esfera, en particular las relaciones con los interesados, los asociados y la comunidad internacional en general. El mejoramiento de la coherencia requiere la adopción de un enfoque que garantice una integración más eficaz de la asistencia en pro de la democracia con los tres pilares principales de la labor de la Organización: la paz y la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos.

La presente nota debe servir de base para la colaboración, partiendo de principios compartidos, análisis conjuntos y estrategias determinadas por la demanda, a fin de asegurar que nuestra labor no solo sea coherente y sinérgica sino también eficaz y adaptada a las necesidades. El portal sobre democracia que se inaugurará próximamente en el sitio web de las Naciones Unidas será un instrumento esencial a ese respecto. La presente nota se publicará en dicho portal y se distribuirá entre los distintos asociados del sistema de las Naciones Unidas como una herramienta útil para fomentar la coherencia y el entendimiento común de los principios y las esferas de concentración de la asistencia de las Naciones Unidas en pro de la democracia. Asimismo, se seguirá manteniendo un debate interinstitucional sobre el tema por medio del Grupo de trabajo sobre democracia del Comité Ejecutivo de Paz y Seguridad, que se encargará de recoger las evaluaciones y observaciones sobre la presente nota.