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Cultura

La devastación humana y material ocasionada por la Segunda Guerra Mundial estaba fresca en las mentes de los fundadores de las Naciones Unidas. Como todas las guerras, también causó una devastación cultural. Los rasgos espirituales, materiales, intelectuales y afectivos de la sociedad se habían alterado gravemente. Los modos de vida y las maneras de vivir juntos se modificaron de forma radical. Los sistemas de valores se pusieron a prueba, y las tradiciones y las creencias de la sociedad a menudo se desafiaron o se suprimieron por completo. Las grandes obras de arte sufrieron graves daños o se robaron. La grandes obras arquitectónicas se destruyeron. Ciudades enteras quedaron pulverizadas.

Cuadro titulado «Hermandad» de Rufino Tamayo, donado por el gobierno de México a las Naciones Unidas.

Y, sin embargo, las tradiciones culturales de un pueblo proporcionaron con frecuencia la fortaleza necesaria para perseverar en los momentos más difíciles. Su arte, sus tradiciones, su espiritualidad, sus canciones. Fue una gran lección de guerra: el patrimonio cultural de un pueblo y del planeta debe honrarse y conservarse, ya que es la representación de nuestro espíritu colectivo: la historia de nuestras pasiones más nobles y nuestras aspiraciones más altas.

Como resultado de esta toma de conciencia, en 1946 se fundó la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), uno de los primeros órganos del sistema de las Naciones Unidas. Su mandato es preservar y promover todo aquello que contribuya al diálogo entre las civilizaciones, a saber: educación, ciencia y cultura. Esta es una tarea en la que participa la totalidad del sistema de las Naciones Unidas.

En marzo de 2001, la facción talibán en Afganistán destruyó dos estatuas de Buda que habían sido talladas hace 1.300 años en los acantilados de arenisca del Valle de Bamiyan.Una de ellas era la estatua de Buda más grande del mundo. Seis meses después, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos y sus repercusiones, una oleada de intolerancia pareció extenderse por todo el mundo, como si de un tsunami cultural se tratase.

En este clima, la UNESCO adoptó su Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural el 2 de noviembre de 2001. La Declaración reiteraba «que la amplia difusión de la cultura y la educación de la humanidad para la justicia, la libertad y la paz son indispensables para la dignidad del hombre y constituyen un deber sagrado que todas las naciones han de cumplir con un espíritu de responsabilidad y de ayuda mutua». Dos años más tarde, «recordando la trágica destrucción de los Budas de Bamiyan», aprobó por unanimidad la Declaración de la UNESCO relativa a la Destrucción Intencional del Patrimonio Cultural.

«La cultura debe ser considerada el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias».

Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural (2001)

Ese mismo día, el 17 de octubre de 2003, la UNESCO adoptó una Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial Documento PDF. Incluía, en el ámbito del trabajo de la UNESCO, elementos culturales tales como las tradiciones orales, las costumbres, los idiomas, las artes del espectáculo, los usos sociales, los rituales, los actos festivos, los conocimientos y técnicas artesanales tradicionales, la protección de idiomas en peligro de desaparecer y el fomento de la diversidad lingüística.

Pero esto no era nuevo para la UNESCO, la cual había estado protegiendo y salvaguardando el patrimonio cultural y promoviendo el diálogo intercultural desde sus comienzos. Y esto se había ampliado de manera considerable con la aprobación en 1972 de su famosa Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural. Desde diciembre de 2008, 185 Estados han ratificado esta Convención, comprometiéndose a cooperar en la protección de los 878 sitios culturales de 145 países que forman parte actualmente de la Lista del Patrimonio Mundial.

En una era en la que el impulso de la intolerancia cultural es todavía fuerte en muchas partes, la UNESCO ha seguido encabezando los esfuerzos del sistema de las Naciones Unidas para promover la diversidad. Su Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, aprobada en 2005, afirma que «la diversidad cultural es una característica esencial de la humanidad». «Crea un mundo rico y variado que acrecienta la gama de posibilidades y nutre las capacidades y los valores humanos, y constituye, por lo tanto, uno de los principales motores del desarrollo sostenible de las comunidades, los pueblos y las naciones». Por tanto, la Convención se esfuerza por fortalecer la creatividad, la producción, la distribución y el disfrute de los bienes y servicios culturales, especialmente mediante la preservación de las industrias relacionadas en los países en desarrollo.

La totalidad del sistema de las Naciones Unidas también ha permanecido bastante activa en la preservación y protección de las expresiones culturales y del patrimonio, y más recientemente con respecto a los pueblos indígenas y a la creación de la «Alianza de Civilizaciones». El Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo de las Naciones Unidas se celebra el 21 de mayo de cada año.


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El contenido de esta página es una traducción no oficial, elaborada con la participación de la Facultad de Traducción de la Universidad de Salamanca.