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El Pacto Mundial

Presentación de la Secretaria de estado de Cooperación Internacional Leire Pajin Iraola

Encuentro Internacional del Global Compact

Barcelona 26, de septiembre de 2006

1. Saludo a los participantes, bienvenida a España

Queridos amigos y amigas, es un placer estar con vosotros y daros la bienvenida en nombre del Gobierno español a nuestro país, para tratar un tema en el que creemos firmemente y al que dedicaremos importantes esfuerzos. La implicación que las empresas privadas están mostrando en el ámbito de la responsabilidad social y, en definitiva, en la búsqueda de un “segundo dividendo” en términos de mejor desarrollo humano y social, además de su crucial contribución al crecimiento y la creación de empleo, es un elemento decisivo para afrontar el gran reto de un desarrollo global e integrador.

De todos es sabido que globalización ha traído un cambio drástico en la gobernanza mundial que ha exigido replantearse el papel que tienen los diferentes actores sociales, en particular a la hora de proveer los bienes y servicios públicos y garantizar un desarrollo digno para toda la humanidad.

En décadas pasadas pudimos asistir a debates polarizados sobre donde radicaba la responsabilidad en los problemas del desarrollo, encontrando argumentos pesados y muy enfrentados que señalaban, por una parte, a la ineficiencia e hipertrofia del sector público, y por otra, a la falta de ética y a la voracidad del sector privado.

Ese debate está siendo superado hoy, y nos encontramos en un escenario en que se entienden como complementarios tanto el desarrollo de instituciones públicas eficaces y transparentes que respondan a las problemáticas de cada lugar, como el dinamismo y la actividad del sector privado. La dialéctica, entonces, entre mercado y estado, ha sido superada. De manera que la necesidad de un estado que funcione mejor, y de una mayor participación del mercado son factores necesarios para el progreso económico y social.

De hecho, hemos podido observar cómo el sector privado se involucra en actividades con sus trabajadores, el medioambiente y las comunidades en las que trabajan que van más allá de la generación de beneficios; cómo algunos gobiernos reducen su participación en la sociedad, privatizando sus servicios y no asumiendo sus principales responsabilidades de garantizar un bienestar social.

El mercado no ha garantizado el acceso de los ciudadanos a servicios básicos y nuestros estados tienen que garantizar políticas públicas que los aseguren.

2. Reflexiones sobre el actual momento del desarrollo y la necesidad de la actuación conjunta de todos los actores hacia el cumplimiento de los ODM.

La Cumbre del Milenio 2005 evidenció que todavía se está muy lejos de lograr los Objetivos del Milenio y conseguir un estado de desarrollo equitativo que garantice una vida digna para todos. Por un lado, Kofi Annan declaraba que “es posible alcanzar los ODM de aquí al año 2015, pero sólo si todas las partes involucradas rompen con su estilo habitual de funcionamiento y ahora mismo drásticamente aceleran y aumentan el alcance de las medidas”. Sin embargo, dieciocho países, que en conjunto suman una población de 460 millones de personas, empeoraron entre 1990 y 2003 sus niveles de desarrollo humano. Ello demuestra que los avances en la reducción de la pobreza han sido parciales, y todavía uno de cada cinco habitantes del mundo sobrevive con menos de un dólar al día, y otros 1.500 millones viven con menos dos, creando una situación donde el 40% de la población mundial vive en un nivel de pobreza tan abyecto que amenaza su propia supervivencia.

Siguiendo el ritmo actual, y sin promover un cambio radical de políticas, la brecha entre los objetivos del milenio de reducir la pobreza a la mitad y los resultados proyectados equivale a 380 millones de personas adicionales en los países en desarrollo cuyos ingresos serán inferiores a un dólar al día en 2015.

Siguiendo las tendencias actuales sino somos capaces cambios y cumplir los compromisos no seremos capaces de reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años, y por lo tanto, en el transcurso de los próximos 10 años, 41 millones de niños morirán por causas fácilmente prevenibles. Por cada niño que muere, millones más se enferman o no asisten a la escuela, atrapados en un círculo vicioso donde la deficiente salud en la infancia se traduce en pobreza en la vida adulta. Igual que las 500.000 mujeres que mueren cada año por causas relacionadas con el embarazo, más del 98% de los niños que mueren son de países pobres.

De modo que, después de más de cuatro décadas de políticas de cooperación, parece razonable indicar que la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), incluso después del compromiso del G8 en Gleneagles de aumentarla a US$ 100.000 millones anuales, no podrá, por sí sola, generar el cambio suficiente para erradicar la pobreza. Y esto pone en evidencia que existe la necesidad de buscar nuevas formas de interacción entre los agentes sociales para poder potenciar sus contribuciones y alcanzar objetivos sostenibles de desarrollo. Debemos añadir mecanismos innovadores de financiación del desarrollo, que complementen la Ayuda Oficial al Desarrollo y que no la sustituyan.

3. Una creciente implicación público – privada en el desarrollo.

El Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, tuvo mucha claridad a la hora de plantear la necesidad de este entendimiento entre los sectores público y privado para conseguir el desarrollo. En el Foro Económico Mundial de Davos, en 1998, se refirió al “cambio fundamental” que había tenido lugar en la organización, siendo conscientes de que no podía alcanzarse la paz y la prosperidad sin una alianza entre los gobiernos, las organizaciones internacionales, los círculos empresariales y demás componentes de la sociedad civil. Kofi Annan añadió que, aunque las Naciones Unidas y el sector privado trataban todavía de “superar un legado de sospechas”, podía “allanar esas diferencias y convertir lo que habían sido incipientes mecanismos de cooperación en una fuerza aún más poderosa”.

El año siguiente, en el Foro Económico Mundial de 1999, el Secretario General inauguró el Pacto Mundial, solicitando a las empresas que colaborasen demostrando ser parte de la ciudadanía mundial allá donde operasen, adoptando y promulgando nueve principios emanados de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaración de la Oficina Internacional del Trabajo sobre los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo, de la Cumbre de Copenhague, y la Cumbre de la Tierra de 1992.

En junio de 2004, se añadió el décimo principio sobre anti-corrupción, basado en la Convención de Naciones Unidas contra la corrupción corporativa, que proponía no solamente evitar el soborno, la extorsión y otras formas de corrupción, sino también desarrollar políticas y programas concretos para abordar el tema.

El Pacto Mundial fue seguramente la iniciativa más notable a la hora de involucrar al sector privado en alianzas para el desarrollo, no tanto por la invitación a las empresas de adherirse y cumplir con los diez principios propuestos, ya que se proponen sin ningún tipo de obligatoriedad ni sistemas de evaluación de cumplimiento, y son de carácter voluntario, sino por el foro de diálogo que se ha creado entre los diferentes sectores. Por primera vez, líderes empresariales, directores de grupos sociales, representantes gubernamentales y técnicos de agencias internacionales comparten una agenda común y discuten regularmente los principales retos del desarrollo y cómo trabajar conjuntamente para resolverlos.

El Consenso de Monterrey, suscrito en la Conferencia Intergubernamental sobre Financiación del Desarrollo en marzo de 2002 profundizó en estos mismos planteamientos, señalando que “si bien los gobiernos son quienes establecen el marco en que se desenvuelven las actividades comerciales, las empresas, por su parte, tienen la responsabilidad de participar en el proceso de desarrollo de manera que inspiren confianza y se pueda contar con ellas. Instamos a las empresas a que tengan en cuenta no sólo las consecuencias económicas y financieras de sus actividades sino también los aspectos sociales, ambientales, de desarrollo y de género. En este espíritu, invitamos a los bancos y a otras instituciones financieras de los países en desarrollo y desarrollados a que promuevan enfoques innovadores de financiación para el desarrollo. Acogemos con beneplácito todos los esfuerzos que se hagan por promover el espíritu cívico en los círculos empresariales y tomamos nota de la iniciativa de las Naciones Unidas tendiente a promover asociaciones a nivel mundial” y afirmó que apoyarán “la creación de nuevos mecanismos de financiación en los que participen los sectores público y privado y en que se utilicen instrumentos de deuda y valores, tanto en los países desarrollados como en los países con economías en transición, y que beneficien en particular, a los pequeños empresarios, las empresas pequeñas y medianas y los servicios de infraestructura.

Después de la Conferencia se presentó el informe Financiación para el Desarrollo: propuestas del sector empresarial, describiendo cómo ejecutivos de empresas y representantes de la sociedad civil pueden trabajar conjuntamente con países desarrollados y en desarrollo para aumentar la financiación en áreas como el microcrédito y la financiación de proyectos de gran envergadura; las cuestiones de género, pobreza y eliminación de la brecha digital; los entornos mundiales para la inversión; la fiscalidad nacional e internacional; o la expansión del comercio.

Sin lugar a dudas, el sector privado es un motor económico fundamental y su desarrollo es un factor importante en la erradicación de la pobreza, ya que su impacto no sólo tiene la capacidad de generar empleo, aumentar el ingreso per cápita y la productividad, sino que puede también mejorar el acceso a bienes y servicios básicos de las comunidades pobres, erradicando los efectos devastadores de la pobreza.

Aunque el impacto general que ejerce el crecimiento económico sobre la pobreza depende de varios factores, los estudios demuestran que, en general, su efecto es claramente positivo para la reducción de la pobreza.

A pesar de ello, los efectos de este crecimiento no siempre han sido capaces de mitigar la pobreza, y por lo tanto, se debe poner especial énfasis en que el crecimiento y desarrollo económico se traduzca en mejoras sociales para el conjunto de las poblaciones y en particular en ingresos para los más pobres.

4. La generación de un marco multilateral a través del Global Compact

El Pacto Global de Naciones Unidas ha supuesto, en este ámbito, un proceso de evolución permanente y que requiere de un activa implicación de todos los sectores con influencia sobre el desarrollo. Se plantea, no ya un discurso de objetivos o deseos si no que se propone un partenariado sincero y en pie de igualdad y respeto mutuo entre la ONU y las empresas, incorporando en la iniciativa, además, a todas las partes interesadas y, en particular a la sociedad civil.

La llamada del Secretario General en 1999 “unamos el poder de los mercados con el valor la autoridad de principios universales” puede considerarse un éxito: hoy casi 4000 entidades en todo el mundo, la mayoría empresas, participan del Global Compact. Hay redes activas en mas de 60 países y se ha producido una respuesta positiva en los mercados financieros, respaldando mediante la iniciativa “Principios para una Inversión Responsable” lanzada por Kofi Annan el 27 de Abril en la Bolsa de Valores de Nueva York, a las empresas que invierten un comportamiento responsable en torno a valores como los del Pacto Mundial. El Pacto Mundial, se ha convertido ya en la mayor iniciativa en el terreno de la Responsabilidad Social de la Empresa en el mundo.

El Pacto, como todos ustedes saben bien tiene dos finalidades: que las empresas adopten los 10 principios en sus estrategias y en sus operaciones diarias, en toda su área de influencia incluida su cadena de aprovisionamiento; y que las empresas, a través de alianzas partenariados público privados realicen acciones en apoyo de los objetivos del desarrollo y la lucha contra la pobreza global.

Efectivamente, en la medida en que las empresas se convierten en ciudadanos corporativos conscientes de sus responsabilidades con la sociedad, pasan a ser aliados estables y estratégicos de organismos multilaterales como Naciones Unidas o de nuestro Gobierno, dispuestos a trabajar decididamente en la consecución de los Objetivos del Milenio y en que los Derechos Humanos sean respetados de modo efectivo en todo el planeta.

5. Las alianzas público privadas para el desarrollo.

Las Alianzas público - privadas para el desarrollo definidas por la Fundación Naciones Unidas. Son, como decíamos, el segundo objetivo del Global Compact, y pueden ser una fuente adicional a recursos financieros, técnicos y de conocimientos para los gobiernos: aportan apoyo técnico, material y financiación adicional (tanto pública como privada) a la sociedad; y al sector privado le permite compartir la gestión de riesgos y expectativas, acceder a nuevos contratos y desarrollar productos y servicios orientados a la base de la pirámide, además de ayudarle a mejorar su conocimiento y experiencia en el acceso a comunidades de países empobrecidos.

El Gobierno español, y la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional en particular tiene un interés especial en el fomento de este tipo de alianzas, y pretende fomentarlas mediante instrumentos e iniciativas concretas. Existe ya una iniciativa público – privada, financiada y promovida por diferentes ministerios y un grupo de importantes empresas, muy vinculadas al Pacto Mundial. Se trata de la Fundación Carolina, especializada en el área cultural, educativa y científica, y que es una experiencia significativa en este ámbito.

6. Mención al proceso en España

Quiero dedicar algunas palabras a la parte española del Global Compact, pues considera que ha seguido un proceso importante y en algunos aspectos ejemplar. En el caso español desde un primer momento hubo un convencimiento general de que esta es una iniciativa dirigida a las empresas, pero en la que es importante el diálogo entre diferentes sectores. Así, se constituyó la llamada mesa cuadrada, una mesa miltisectorial, que incluye a cuatro sectores en diálogo permanente: las propias empresas, la administración, los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil. El diálogo abierto en esa mesa, y la generación de confianza que ha propiciado –en la que precisamente Manuel Escudero ha jugado un importante rol- constituyen un importante activo en este escenario de búsqueda conjunta de soluciones y acciones ante las carencias de la sociedad global, que son carencias de todos nosotrosy cada uno de sus ciudadanos y ciudadanas, de todos nosotros.

Además del Global Compact, otras iniciativas, tanto vinculadas al Parlamento español -que ha tratado y seguirá tratando con interés y buscando medidas concretas y legislativas para dar impulso a la Responsabilidad Social- como a grupos multisectoriales de diálogo entre expertos, han sido promovidos y seguirán siendo respaldados por este Gobierno.

Por eso el gobierno español apoya el Pacto Global de Naciones Unidas, y espera su consolidación, su extensión y que cada día tenga mayor impacto modernizador en las sociedades en las que opera. Apoyándolo estamos contribuyendo de un modo decisivo a consolidar los partenariados públicos privados. Todos sabemos ya que la riqueza y el bienestar no se extiende de modo automático, que la globalización no es aun convergente, y que no lo será dejada de la mano exclusiva de los mercados: la alianza entre los poderes públicos, la sociedad civil y las empresas responsables puede realmente ayudar a resolver los problemas planteados.

7. Algunos retos de futuro.

Quisiera terminar con unas palabras relativas a los importantes retos que considero habrán de afrontarse en un futuro muy cercano, para avanzar en las mejores políticas posibles de responsabilidad social y en acuerdos lo más amplios que puedan alcanzarse para potenciar alianzas para el desarrollo, alianzas público – privadas.

Constituye un reto muy importante afianzar grupos de trabajo del Global Compact en los países en desarrollo que reciben una fuerte inversión extranjera. Esa será, a todas luces la forma más eficaz para conseguir que los diez principios trasciendan de la estrategia de una matriz que gobierna a miles de kilómetros acciones de fuerte impacto local. Hemos vivido en estos últimos tiempos algunos conflictos entre gobiernos de países en desarrollo y empresas privadas. La recuperación de la confianza y el respeto mutuo requieren no pocos cambios. Hoy, que nos encontramos en un foro eminentemente enfocado al papel de la empresa, quiero decir que un compromiso firme y transparente de las empresas con los diez principios del Pacto Mundial, contribuirá sin duda a evitar esos conflictos y a ganarse la confianza de los estados y las poblaciones del mundo en desarrollo. Ello exige al sector privado, al igual que a los Gobiernos, una cierta capacidad de autocrítica y voluntad de cambio cuando sea pertinente para cumplir esos diez principios.

Igualmente en esta misma línea, es preciso un trabajo de ajuste de los principios a la realidad local de cada país. Los principios son, claro está, universales, pero su traducción no puede obviar las diferencias de todo tipo que existen en todos los países. No se trata de establecer un doble rasero en este punto, sino de garantizar que conseguimos hacer del Pacto Mundial mucho más que una declaración de principios, para convertirlo en un elemento dinamizador y operativo de las inversiones responsables y de un diálogo permanente franco y abierto entre los diferentes sectores que intervienen en el desarrollo local y global, incluyendo a la sociedad civil, cuya mirada vigilante y dispuesta al diálogo es muy trascendente hoy.

8. Saludo de despedida

El Forum que hoy se inaugura es, sin duda, expresión del camino ya recorrido por el Pacto Global de Naciones Unidas. Los representantes de las redes de país, y en consecuencia de las empresas que se han agrupado en torno al Pacto, que se han dado cita en Barcelona vienen de todos los puntos del planeta, y hablan con elocuencia de la extensión alcanzada por el Pacto Global. Hoy están representadas aquí las empresas responsables, las empresas que ya han abrazado el camino de ser ciudadanos corporativos, de 67 países de todos los continentes. Es la ONU, sin duda, la que puede tener este poder de convocatoria, esta realidad genuinamente global, y estamos sin duda orgullosos de colaborar a que esta iniciativa siga la senda de rápido crecimiento que ha recorrido en sus escasos seis años de existencia. Me han comentado, y estoy de acuerdo, que el Pacto Global es global precisamente porque esta floreciendo de modo local, en todas las regiones del planeta.

Se que tenéis muchos retos planteados por delante, dos días intensos de debates, de aprendizaje mutuo y de mirar hacia el futuro. Os deseo todo el éxito en vuestro trabajo.