DECLARACIÓN DEL REPRESENTANTE PERMANENTE ALTERNO DE LA REPÚBLICA DE CUBA,
EMBAJADOR ORLANDO REQUEIJO, EN EL DEBATE GENERAL DEL 24 PERIODO DE SESIONES
DEL COMITÉ DE INFORMACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS,
NUEVA YORK, 23 DE ABRIL DEL 2002

Señor Presidente:

Ante todo permítame expresarle la complacencia de mi delegación al verlo presidir nuestros trabajos. Quisiera también trasladar nuestro reconocimiento al Señor Shashi Tahroor, Director en funciones del Departamento de Información Pública, por los comentarios y observaciones que nos ofreciera en relación con la labor de este Departamento.

Mi delegación se asocia totalmente y comparte las preocupaciones expresadas por el distinguido delegado de la República Bolivariana de Venezuela a nombre del G-77 y China.

Señor Presidente:

Nos encontramos en el vórtice de una profunda revolución tecnológica y del conocimiento que influye en todas las áreas del quehacer humano. Los avances científicos, tecnológicos y en el campo de la información son sorprendentes, pero lamentablemente no son igualmente distribuidos entre todos los habitantes de nuestro planeta.

Resulta trágico observar que ya en pleno Siglo XXI seguimos encarando la terrible realidad de que las diferencias entre las naciones ricas y las pobres se profundizan cada día más.

El proceso de globalización que ocurre hoy en el mundo tiene como soporte importante los adelantos tecnológicos y científicos que se han registrado en la información y las comunicaciones, que reportan enormes beneficios que lamentablemente no se dirigen al incremento del desarrollo económico y social de todos los pueblos.

Como se reconoce cada vez que abordamos este tema, el impetuoso desarrollo de la información y las comunicaciones traen implícito una amarga contradicción: a mayor desarrollo, más se amplía la brecha tecnológica entre los países desarrollados y los subdesarrollados.

Mientras que en el mundo desarrollado se habla de novedosas innovaciones al uso de la Internet y otros medios de comunicación, para la inmensa mayoría de los habitantes de nuestro planeta la preocupación esencial no es el último software que salió al mercado sino el pedazo de pan que hay que llevarse a la boca. Tal parece que los habitantes de este planeta vivieran en sistemas solares diferentes, a varios años luz de distancia entre sí.

Este desequilibrio se hace cada vez más patente en la esfera de la diseminación de la información. Las situaciones que experimentamos todos los días nos llevan a ratificar nuestra convicción de la necesidad de crear un Nuevo Orden Mundial de la Información y las Comunicaciones.

Este ha sido un reclamo que cuenta ya con varios años. A pesar de esto, los dueños de los grandes aparatos de control y manipulación de la información ubicados en los países más desarrollados tratan de convencernos de que no podemos luchar contra la corriente y que debemos aceptar con total obediencia la magra ración de veneno y distorsión que nos corresponde per cápita. Pretenden que nos conformemos con el carácter pasivo de consumidor obnubilado ante la supuestamente sacra e incontestable palabra de los que nos bombardean con imágenes y estereotipos para cumplir intereses de dominación política, económica e ideológica.

Por ello, nuestros países debemos tratar de encontrar alternativas viables, en las cuales pudiera tener un papel muy importante nuestra organización, para pasar a la acción y poder reclamar el papel de contraparte activo que nos corresponde en el empleo de los recursos mediáticos.

Señor Presidente:

Mi delegación desea aprovechar esta intervención para elogiar los esfuerzos que desarrollan las Naciones Unidas, y en especial el Departamento de Información Pública, en el desarrollo de los sitios web de Naciones Unidas, así como para tratar de que la Internet y otros medios modernos puedan llegar hasta los más remotos rincones de la Tierra.

Por ello lo esencial aquí no es recortar antojadizamente los escasos fondos que se dedican a la realización y promoción de los programas de televisión y radio de las Naciones Unidas. Asimismo, deben mantenerse los esfuerzos e iniciativas para continuar el mejoramiento del sitio web no solamente en inglés, sino en todos los idiomas oficiales de las Naciones Unidas, sin distinción ni discriminación entre ellos, algo que todavía está bastante lejos de satisfacer los intereses de un mundo verdaderamente multilingüe.

Mi delegación ha rechazado y seguirá rechazando los recortes inconsultos a los servicios informáticos que perjudican a la inmensa mayoría de las delegaciones aquí presentes, cuyos montos son realmente ínfimos. Por ello resulta totalmente injustificada esta acción por parte de los que diseñan y administran el presupuesto de nuestra organización.

Sobre este asunto mi delegación está deseosa de participar en los intercambios previstos en los grupos de trabajo que analizarán el tema y contribuir con sus opiniones e ideas en los mismos.

Señor Presidente:

Uno de los grandes problemas que enfrentan los países menos desarrollados es la escasez de recursos para mantener servicios informativos amplios, democráticos y equilibrados. Todos los días somos víctimas de agresiones informativas a través de las cuales se nos quiere imponer no solamente cómo debemos vestirnos o viajar, sino también como debemos pensar, de manera uniforme y disciplinada, como autómatas consumidores de productos destinados a inmovilizar nuestra capacidad de raciocinio.

Todos los días vemos cuáles son las noticias que debemos conocer, cuáles son los comentarios que debemos compartir, cuáles deben ser nuestros patrones de reacción y de obediencia. Y en esto no solamente somos víctimas los habitantes de los países más pobres, muchos de los cuales aún no saben ni lo que es un teléfono, sino también los que viven en países del llamado primer mundo desarrollado.

A veces ni siquiera sospechamos lo que está ocurriendo en el país vecino o en nuestros propios países o en nuestros vecindarios, pero estamos al tanto del último chisme, de la última mediocridad, de la última ocurrencia del pensamiento minusválido del mandatario de un país poderoso cuya validez resultaría cuestionable pero que se nos repite hasta el cansancio como ejemplo de verdad absoluta e indiscutible. La fuerza no está en la justeza de lo que se expresa sino en el poderío y alcance de los medios que la trasladan y diseminan.

Otro ejemplo es la manipulación y tergiversación de las realidades. Hace poco más de una semana hemos vivido una situación compleja en la cual la burda tergiversación se impuso durante algunas horas a los desarrollos que realmente estaban ocurriendo en un vano intento de confundir y desorientar, de querer tratar de tapar el sol con un dedo.

Me refiero al golpe de estado perpetrado contra el Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. Mientras las cadenas internacionales de información difundían a toda velocidad cómo se instalaba en el poder un presidente de pacotilla, también mentían con plena conciencia para presentar ante el mundo una imagen distorsionada al mencionar que el presidente Chávez había presentado su renuncia voluntariamente y que había destituido a su Vicepresidente.

Mientras esto ocurría, la radio y la televisión cubanas estuvieron informando minuto a minuto, incluso a través de la Internet, lo que estaba realmente ocurriendo en ese país y que era totalmente ignorado por la llamada gran prensa libre. Las noticias de las decenas y decenas de miles de pobladores de los cerros más humildes de Caracas y de otras regiones venezolanas que acudían hacia el Palacio presidencial reclamando el respeto a la Constitución y la restauración de su Presidente fueron demoradas durante horas o sencillamente totalmente ocultadas.

Quienes tenían que conformarse con las imágenes de las grandes cadenas norteamericanas de alcance mundial jamás se hubieran podido imaginar las reales escenas de lo que ocurrió en esas horas en Venezuela. Solamente se hacía llegar en breves cintillos el mensaje de salutación enviado a los golpistas por parte del vocero de la casa presidencial que se pretende erigir como paladín universal de la democracia y del respeto a los derechos humanos. Incluso cuando ya los golpistas huían en estampida, el mensaje seguía siendo el mismo, como si la mentira pudiera hacerse duradera gracias a la repetición, como trató de hacer hace unas cuantas décadas atrás un siniestro personaje que pasó a las páginas más tristes de la historia de la humanidad por el uso selectivo y vicioso que hizo de la maquinaria de propaganda de su régimen.

Hoy nos podemos preguntar qué diferencia existe entre aquel dirigente hitleriano y los que pretenden controlar la actividad de nuestras neuronas y el rumbo de nuestro intelecto. Y este ejemplo que acabamos de mencionar es sólo uno más.

Señor Presidente:

Nuevamente nos vemos obligados a denunciar en este foro la agresión radial y televisiva que Cuba recibe diariamente desde territorio de los Estados Unidos de América.

Hacia Cuba se dirigen semanalmente procedentes de Estados Unidos 2215 horas de transmisiones de radio y televisión por 24 diferentes frecuencias a partir de 13 emisoras de ondas media, corta, FM y TV. En conjunto, se generan desde ellas entre 309 y 315 horas diarias de una programación que nada tiene que ver con la cultura, el desarrollo científico, el sano esparcimiento, ni siquiera con la información equilibrada y objetiva. De estas 13 emisoras once pertenecen a organizaciones promotoras o vinculadas directamente con conocidos elementos terroristas que residen, operan y actúan en territorio norteamericano con pleno conocimiento y consentimiento de las autoridades federales de este país.

De este número, un total de 7 existen únicamente para transmitir propaganda anticubana contra Cuba. Una de estas emisoras es propiedad del gobierno de los Estados Unidos. Se trata de las tristemente célebres Radio y Televisión Martí, auspiciadas, financiadas y controladas por el gobierno de los Estados Unidos que dedica más de 22 millones de dólares anuales, extraídos de los bolsillos de los contribuyentes norteamericanos, a esta "guerra radioelectrónica" contra Cuba.

Estas transmisiones no solamente atentan contra la soberanía de mi país, sino que además constituyen flagrantes violaciones del Derecho Internacional y de las regulaciones establecidas por la Junta Internacional de Registro de Frecuencias de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

Todos aquí conocemos que el empleo de la información con un marcado interés en subvertir el orden interno de otros estados, violar su soberanía y realizar actos de intromisión e interferencia en sus asuntos internos resulta una acción ilegal y ha concitado el rechazo de la comunidad internacional.

A pesar de que las Naciones Unidas han aprobados diferentes resoluciones que resaltan la idea de que es imperioso impedir el mal uso o la explotación de la información para propósitos criminales o terroristas, el gobierno de los Estados Unidos sigue haciendo caso omiso de todo esto y ha continuado dirigiendo, financiando, facilitando y estimulando estas transmisiones ilegales hacia Cuba en las que se tergiversa de manera grosera la realidad de mi país, se alienta la emigración ilegal y en condiciones peligrosas, se incita a la violencia y a las acciones terroristas, se compele a violar las leyes y el estado de derecho y se exhorta al desacato y a la indisciplina.

En la guerra radioelectrónica contra Cuba, como parte esencial de su enfermiza obsesión por destruir a la Revolución Cubana y su ejemplo, los Estados Unidos han utilizado todos los medios imaginables: reforzamiento de las potencias de transmisión, mejoramiento de antenas, cambio de las transmisiones de televisión de VHF a UHF, invasión de bandas de transmisión, adquisición e instalación de aeróstatos, para solamente mencionar algunos.

Toda esta parafernalia de medios sofisticados se ha estrellado contra la pericia y las habilidades de nuestros técnicos y especialistas que han logrado, con una impresionante eficacia, interferir todas las transmisiones televisivas y una buena parte de las transmisiones en onda media. Pero sobre todo, han chocado con la decisión y convicción de todo un pueblo que rechaza y repudia este tipo de agresión.

Señor Presidente:

Hoy, ante este Comité de Información, Cuba reitera su condena a esta agresión y rechaza tajantemente la pretensión del Gobierno de Estados Unidos de mantener e incrementar las transmisiones de radio y televisión hacia Cuba. La decisión del tipo de información que desea recibir el pueblo cubano le corresponde de manera soberana a Cuba y no a los trasnochados que desde oficinas gubernamentales norteamericanas estafan a los contribuyentes de este país y conspiran con elementos terroristas y corruptos de la peor calaña en una de las tantas infames acciones que se perpetran a diario contra el pueblo cubano.

Por ello, como hemos hecho hasta ahora, Cuba continuará ejerciendo su soberanía y su independencia y proseguirá adoptando cuanta medida esté a nuestro alcance para repeler estas acciones agresivas.

Muchas gracias.