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Las mujeres campesinas

Las mujeres agricultoras producen menos que sus homólogos varones, pero no porque sean menos eficientes. Una gran cantidad de datos empíricos muestran que la diferencia de productividad entre los agricultores de sexo masculino y femenino se debe a diferencias en el uso de insumos.

El cierre de la brecha de género en la agricultura generaría beneficios considerables para el sector agrícola y la sociedad. Si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres podrían incrementar el rendimiento de sus explotaciones agrícolas en un 20-30 %. De este modo, la producción agrícola total en los países en desarrollo podría aumentar en un 2,5-4 %. Un aumento de la producción de este calibre permitiría reducir el número de personas hambrientas en el mundo entre un 12 y un 17 %.

Una mujer corta pasto para alimentar el ganado en Lamaku (Nepal)

Los posibles beneficios variarían según la región en función de cuántas mujeres se dedican actualmente a la agricultura, cuánta producción o tierras controlan y la amplitud de la brecha de género a la que se enfrentan. Estos aumentos potenciales de la productividad no son sino la primera serie de beneficios sociales que se derivarían del cierre de la brecha de género. Cuando las mujeres controlan más ingresos, gastan más que los hombres en alimentos, salud, vestido y educación para sus hijos. Ello tiene consecuencias positivas para el bienestar inmediato, así como para la formación de capital humano y el crecimiento económico.

Por sí solo, el cierre de la brecha de género en el ámbito de los insumos agrícolas podría sacar del hambre a entre 100 millones y 150 millones de personas. No existe una pauta concreta para cerrar la brecha de género, pero algunos principios básicos son universales: los gobiernos, la comunidad internacional y la sociedad civil deben trabajar juntos para eliminar las discriminaciones en el ámbito legal, promover la igualdad de acceso a los recursos y oportunidades, garantizar que las políticas y los programas agrícolas tengan en cuenta la dimensión del género, y hacer oír la voz de las mujeres en pie de igualdad en aras del desarrollo sostenible. Lograrlo no solo es justo; también es crucial para el desarrollo agrícola y la seguridad alimentaria.

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