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Día Mundial de las Madres y los Padres
1 de junio

Antecedentes

La Asamblea General, en su resolución A/RES/66/292 Documento PDF, decide proclamar el 1 de junio Día Mundial de las Madres y los Padres para que se observe anualmente en honor de las madres y los padres en todo el mundo a partir de 2013. El Día Mundial ofrece una oportunidad para apreciar a todos los padres en todas partes del mundo por su dedicación desinteresada a los niños y su sacrificio de toda la vida hacia la consolidación de esta relación.

En su resolución, la Asamblea General también señaló que la familia tiene la responsabilidad primordial de la crianza y protección de los niños y que los niños, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en un entorno familiar y en un ambiente de felicidad, amor y comprensión.

Tiene por objetivo rendir homenaje a las valiosas contribuciones que hacen las madres y los padres en todo el mundo, que pertenecen a todas las religiones, culturas y sociedades. De hecho, la función que desempeñan las madres y los padres, que son las principales personas encargadas de la crianza de los niños, así como sus maestros y proveedores para la crianza y el desarrollo del niño, está bien reconocida en la Convención sobre los Derechos del Niño.

La resolución reconoce el papel de los padres en la crianza de los hijos e invita a los Estados Miembros a que celebren el Día Mundial de las Madres y los Padres colaborando plenamente con la sociedad civil, en particular haciendo participar a los jóvenes y los niños

Los padres y los derechos de los niños

Los principios que se señalan en el marco internacional de derechos humanos se aplican tanto para los niños como para los adultos. La infancia está mencionada concretamente en muchos de los instrumentos de derechos humanos; las normas se modifican o se adaptan específicamente cuando las necesidades y preocupaciones en torno a un derecho se aplican concretamente a la niñez. La Convención sobre los Derechos del Niño reúne los derechos humanos de la infancia que estaban articulados en otros instrumentos internacionales. Esta Convención articula los derechos de un modo más completo y proporciona una serie de principios rectores que conforman el concepto fundamental que tenemos de la infancia.

Todos los niños y niñas tienen los mismos derechos. Todos los derechos están mutuamente relacionados y tienen la misma importancia. La Convención hace hincapié en estos principios y se refiere la responsabilidad de los niños y niñas de respetar los derechos de los demás, especialmente sus progenitores. Por el mismo motivo, la comprensión que tienen los niños de los temas que se suscitan en la Convención depende de su edad. Ayudar a la niñez a comprender sus derechos no significa que los progenitores deben obligarles a tomar decisiones cuyas consecuencias no puede asumir aún debido a su edad.

La Convención reconoce expresamente que la función principal en la crianza de los niños recae en sus progenitores. El texto alienta a padres y madres a abordar con sus hijos cuestiones relacionadas con sus derechos «en consonancia con la evolución de sus facultade» (artículo 5). Los progenitores, que conocen intuitivamente el nivel de desarrollo de su hijo, llevan a cabo esta tarea de forma natural. Los temas que debatan, la forma en que respondan a las preguntas, o los métodos disciplinarios que utilicen, dependerán de si el niño o niña tiene 3, 9 o 16 años.

Padres

Tradicionalmente, en muchas sociedades, el padre ha sido quien imparte las enseñanzas morales, impone disciplina y trae el pan al hogar. En muchos países se da ahora una importancia mayor al papel del padre como coprogenitor, como alguien que participe plenamente en los aspectos emocionales y prácticos de la crianza de los hijos. Investigaciones recientes han afirmado los efectos positivos de la participación activa de los padres en el desarrollo de sus hijos.

Sin embargo, todavía se plantean desafíos para los padres y, por ende, para la sociedad y la política social. Son demasiados los hombres que tienen dificultades para asumir las responsabilidades de la paternidad, lo cual suele tener consecuencias perjudiciales para la familia e, inevitablemente, para la sociedad en general. Algunos padres cometen actos de violencia doméstica o incluso de abuso sexual, lo cual es devastador para las familias y deja en los hijos hondas cicatrices físicas y emocionales. Otros sencillamente abandonan a sus familias y no les proporcionan sustento. Los investigadores siguen estudiando de qué forma la presencia o ausencia de los padres afecta a sus hijos en esferas tales como el rendimiento escolar y la delincuencia.

A nivel internacional, la migración obliga a muchos padres a separarse de sus familias. Puede ser que los padres migrantes encuentren en el país de destino conceptos de la paternidad totalmente diferentes de los de sus países de origen, y hasta pueden llegar a ser rechazados por los hijos que crecen en una sociedad nueva. La crisis del VIH/SIDA plantea un desafío a los padres de todo el mundo y demuestra la importancia crucial de la responsabilidad sexual de los padres y de los hombres en general. La crisis también plantea a los hombres el desafío de tener que convertirse en figuras paternas para los niños que han quedado huérfanos a causa de esa enfermedad.

Todos estos desafíos ponen de relieve la necesidad profunda y universal de que haya figuras paternas positivas en las familias. A medida que aumenta nuestra comprensión del significado de la paternidad, se plantea la oportunidad de que los hombres vuelvan a visualizar imaginativamente lo que significa ser padre y busquen formas de hacer una aportación positiva en la comunidad.

Madres

Las madres tienen un rol decisivo en las familias, que son una fuente potente de cohesión social e integración. La relación madre-hijos es fundamental para el desarrollo sano de los niños. Las madres, además, no son únicamente fuente de cuidados: también contribuyen al sustento de sus familias. Sin embargo, la maternidad sigue causando para las mujeres problemas serios e incluso peligro para su vida.

El nacimiento de un hijo, que tiene que ser causa de regocijo, es un riesgo grave para la salud para demasiadas mujeres en los países en desarrollo. La mejora de la salud de las madres es el Objetivo de Desarrollo del Milenio para el que se ha registrado el grado de progreso más bajo. Una mujer que vive en uno de los países menos adelantados corre un riesgo 300 veces mayor de morir dando a luz o a causa de complicaciones resultantes del embarazo que una mujer que vive en uno de los países desarrollados. Debemos reducir los peligros del embarazo y el parto preparando a los sistemas de salud para que presten servicios de planificación familiar, asistencia profesional durante el parto y atención obstétrica de emergencia.

Los actos de violencia contra las mujeres, muchas de las cuales son madres, siguen figurando entre las infracciones más frecuentes de los derechos humanos en la actualidad. Tienen consecuencias de gran alcance, porque ponen en peligro la vida de mujeres y niñas, causan daños a sus familias y comunidades y corroen la estructura misma de la sociedad. Poner fin a la violencia contra las mujeres y prevenirla debe ser una prioridad clave para todos los países.

También debemos asegurar el acceso universal a la educación. La educación de las mujeres y las niñas tiene beneficios no sólo para cada familia sino también para los países en su totalidad, porque moviliza la contribución que las mujeres pueden hacer al esfuerzo general en pro del desarrollo. Las estadísticas también demuestran que es mucho más probable que las madres que han recibido educación aseguren la asistencia de sus hijos a la escuela, lo que significa que los beneficios de la educación trascienden las generaciones.

Para apoyar a las madres en su misión de prestar cuidados a sus familias, tenemos que desarrollar y ampliar políticas y servicios de asistencia familiar, como guarderías infantiles, que alivien parte de la carga de trabajo que tienen las mujeres. Tanto las mujeres como los hombres necesitan un apoyo público más eficaz para compartir por igual las responsabilidades laborales y familiares. Las familias constituidas sobre la base del reconocimiento de la igualdad entre mujeres y hombres ayudarán a crear sociedades más estables y productivas.

Sección de Servicios de Internet, Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas