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Día Internacional de las Montañas
11 de diciembre

Tema del 2010: «Pueblos indígenas y minorías de las montañas»

Voces de las montañas para construir un futuro sostenible

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Un patrimonio conectado con la tierra

La cultura de las comunidades indígenas y tradicionales de las montañas es predominantemente agraria y está determinada por climas extremos y terrenos abruptos, así como por los ritmos estacionales de la plantación, la cosecha y la trashumancia. Para estos pueblos la tierra, el agua y los bosques no son simplemente recursos naturales explotados en beneficio de mercados distantes. Al igual que sus antepasados, estas comunidades entienden que su bienestar, su sentido de identidad y el futuro de sus hijos dependen de la gestión cuidadosa del medio ambiente.

Por consiguiente, las comunidades indígenas de las montañas están conectadas con la tierra de modos que a menudo solo se pueden expresar en términos espirituales. El respeto de esta visión del mundo y la conservación de los lenguajes, la música, la artesanía, los cuentos populares y los mitos que la expresan es fundamental para la supervivencia de las comunidades indígenas de zonas montañosas. Este patrimonio intangible también enriquece a la comunidad mundial porque proporciona inspiración e información para hacer realidad una relación más sostenible entre la humanidad y el medio ambiente.

Un profundo legado de biodiversidad agrícola

En términos agrícolas las montañas se consideran tierras marginales, es decir, inadecuadas para la agricultura comercial moderna, y se dedican principalmente al cultivo de una única variedad de producto para mercados de gran tamaño. Si bien un número cada vez mayor de agricultores de montaña han adoptado técnicas agrícolas modernas, muchos hombres y mujeres indígenas continúan empleando prácticas y técnicas tradicionales en sus cultivos, como sistemas sofisticados de bancales (de secano o regadío), sistemas de transporte de agua y riego y una combinación de pastos, silvicultura y agricultura.

De este modo cultivan una gran variedad de productos adaptados a diversas elevaciones del terreno, pendientes y microclimas. Por ello, la población indígena y otras comunidades tradicionales de las montañas actúan como guardianes de los conocimientos tradicionales relativos a los métodos de cultivo en condiciones montañosas difíciles y de reservorios importantes de biodiversidad agrícola.

En los Andes, donde se cultivó la patata por primera vez, los agricultores nativos continúan cultivando unas 200 variedades de patatas indígenas. En las montañas de Nepal los agricultores tradicionales cultivan unas 2.000 variedades de arroz. Dado que la patata y el arroz son dos de los cultivos básicos del mundo, el apoyo a las prácticas agrícolas indígenas que sostienen esta diversidad es especialmente importante. No obstante, muchos otros cultivos «menores» siguen siendo importantes para las comunidades indígenas. Algunos ejemplos de ello son el ulluco, un tubérculo nativo, y la quinoa, un tipo de cereal, en los Andes; el tef, un cereal cultivado en las tierras altas de Etiopía; y las diferentes variedades de mijo que constituyen la base de las dietas de las comunidades del Himalaya.

Resulta importante reconocer que en las comunidades indígenas de montaña los hombres y las mujeres tienen diferentes ámbitos de conocimientos, experiencias y responsabilidades que contribuyen a la conservación de la biodiversidad. En líneas generales las mujeres se suelen centrar en cultivos producidos en huertos familiares para uso doméstico, mientras que los hombres se concentran en cultivos que generan ingresos. Un estudio realizado en 30 huertos familiares de la tribu Marma del distrito de Rangamati Hill en Bangladesh, por ejemplo, reveló que las mujeres eran responsables principalmente de mantener huertos familiares que contribuían a la conservación del patrimonio génico de 19 especies perennes de cultivos alimentarios y frutas, madera y plantas ornamentales.

Apoyo internacional a los sistemas agrícolas indígenas de los Andes

En 2002 la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) puso en marcha una iniciativa para la conservación y la gestión adaptativa de los Sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial (SIPAM). Uno de los lugares donde primero se puso en práctica el proyecto relativo a los SIPAM fueron los Andes en el Perú meridional, en una zona que incluye los paisajes circundantes a Machu Picchu y el lago Titicaca.

Las cuatro comunidades indígenas seleccionadas para llevar a cabo las actividades del proyecto mantenían muchas de sus prácticas agrícolas tradicionales a pesar de la fuerte influencia de la agricultura moderna. A una altitud superior a los 4 000 metros, la tierra se emplea principalmente como pastos, pero también se producen algunos cultivos de altitud elevada. Un ejemplo de los sistemas del patrimonio agrícola empleados en esta zona se sitúa en el altiplano, alrededor del lago Titicaca, donde los agricultores cavan zanjas alrededor de sus campos. Durante el día el sol templa estas zanjas llenas de agua y cuando las temperaturas caen durante la noche, el agua desprende vapor templado que protege a la patata y otros cultivos nativos, como la quinoa, ante la helada.

El proyecto piloto relativo a los SIPAM, en asociación con el Consejo Nacional del Ambiente (CONAM) del Perú y con la participación de instituciones locales, ayudó a validar y promover estas ingeniosas tecnologías agrícolas. En coordinación con los agricultores indígenas y las instituciones locales el proyecto piloto contribuyó a la producción de semillas de gran calidad de cultivos autóctonos. Se celebraron, asimismo, ferias comunitarias para facilitar los mercados locales de semillas.

Recuperación de las fuentes nutritivas tradicionales

Legumbres

Foto de la FAO

Aunque la inseguridad alimentaria prevalece en muchas comunidades indígenas de las montañas, los alimentos locales cultivados en campos y huertos familiares contribuyen de manera notable a la nutrición familiar. El valor nutricional de estos alimentos no viene determinado únicamente por los diferentes tipos de cultivos locales, sino por el modo en que las hierbas aromáticas y las especias, los aceites, la carne, las hortalizas y los condimentos se combinan y cocinan (casi exclusivamente por parte de las mujeres). Esta cocina tradicional, junto con los conocimientos y habilidades necesarios para prepararla, constituye otro aspecto fundamental del patrimonio cultural intangible de los pueblos de las montañas.

Si bien sabemos poco sobre el valor nutritivo de los sistemas alimentarios indígenas de las montañas, sí sabemos que se encuentran en peligro. Los alimentos elaborados comerciados internacionalmente, relativamente baratos, son cada vez más accesibles para las comunidades de montaña. Los alimentos autóctonos, estigmatizados como los «alimentos de los pobres», suelen abandonarse en favor de alimentos modernos que son más cómodos de cocinar pero que, a menudo, contienen grandes cantidades de azúcar y grasas y tienen un valor nutritivo relativamente bajo. Este fenómeno complica el problema de los índices relativamente elevados de deficiencia de micronutrientes, concretamente yodo y vitamina A, que suelen sufrir las comunidades pobres de las montañas.

Conservación del patrimonio de las minorías de las montañas europeas

Foto de un campesino dedicado a su campo en una ladera de la montaña

Foto de la FAO

Los walser, originarios de la región suiza del Alto Valais, emigraron hace siglos a varios valles alpinos de Austria, Francia, Liechtenstein e Italia. No obstante, en muchas comunidades el dialecto walser-alemán ya no se habla y muchos jóvenes no perciben un futuro próspero para ellos en sus hogares de las montañas.

El proyecto «Alpes Walser», financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, tenía como objetivo fomentar la cooperación y la solidaridad transnacionales entre comunidades walser. Concebido como una oportunidad de evitar que las costumbres walser quedasen relegadas a libros y museos, el proyecto pretendía poner en valor el patrimonio walser como medio de fomentar el turismo sostenible en las comunidades walser. La preservación de las tradiciones walser también se consideró un modo de proteger los conocimientos sobre la gestión sostenible de los entornos de montaña.

El proyecto se dividió en varios paquetes de trabajo que cubrieron las actividades siguientes:

  • la digitalización de documentos e imágenes pertenecientes al patrimonio cultural walser como medio de conectar a los niños con los ancianos;
  • la elaboración de un diccionario de walser y material de enseñanza de este idioma;
  • la creación de un instrumento común para la planificación del uso sostenible de las tierras municipales;
    Tres años después de la finalización del proyecto la red walser sigue estando activa.

Conocimientos indígenas para hacer frente al cambio climático

Los agricultores indígenas y tradicionales de las montañas han diseñado sus sistemas agrícolas específicamente para proteger el suelo de la erosión, conservar los recursos hídricos y reducir las posibilidades de que ocurran catástrofes ocasionadas por riesgos naturales. Dado que los escenarios relativos al cambio climático sugieren firmemente que es probable que los episodios meteorológicos extremos aumenten en frecuencia e intensidad en las zonas de montaña, estos sistemas agrícolas pueden desempeñar una función crucial en las estrategias de adaptación al cambio climático.

Además, solamente existen registros a largo plazo fiables de los climas de montaña de unas cuantas zonas, entre ellas los Alpes. Los conocimientos ambientales locales sobre episodios hidrológicos y la capacidad de predecir avalanchas pueden, por ejemplo, reducir los riesgos en las montañas, al tiempo que el recuerdo de episodios pasados y las historias transmitidas a través de generaciones pueden ayudar a los investigadores a entender las variaciones históricas de las condiciones meteorológicas en zonas sobre las que se dispone de escasa información científica.

Reactivación del sistema de Nawa en Nepal

Hace siglos, cuando los agricultores y pastores comenzaron a cultivar productos y a practicar el pastoreo en Nepal, las comunidades locales crearon el «sistema Dee» para regular el uso de la tierra. En virtud de este sistema se designaba anualmente un jefe de la aldea, con el título de Nawa, para supervisar las leyes relativas principalmente a la protección de los cultivos ante el ganado. Toda persona que demostrarse cualidades de liderazgo podía ser el Nawa de una aldea, independientemente de su sexo. Con el paso del tiempo el Nawa asumió mayores responsabilidades sociales en la toma de decisiones relativas al uso de la tierra.

A causa de la creación del Parque Nacional Sagarmatha en Nepal y la consiguiente avalancha turística, los recursos forestales se degradaron drásticamente. Los habitantes de las aldeas talaron el bosque rápidamente para obtener leña y madera, ya que consideraban que el bosque que habían heredado durante generaciones les había sido arrebatado por el gobierno. El turismo, cada vez mayor, consumió grandes cantidades de leña, lo que ejerció una presión todavía mayor sobre los recursos forestales. Al mismo tiempo el puesto de Nawa pasó a ostentar mucha menos autoridad y quedó reducido a una mera formalidad: en la actualidad está en peligro de desaparecer completamente.

La mayor parte de la población local reconoce en la actualidad la importancia de los sistemas tradicionales para la gestión de los recursos naturales. Además, están a favor de devolver al sistema da Nawa la importancia que tenía antes de la creación del Parque Nacional Sagarmatha. WWF-Nepal, que ha estado trabajando en el Parque Nacional Sagarmatha y la franja de protección con instituciones locales y autoridades del parque en la conservación de especies, la restauración de bosques y pastos y la creación de capacidad, está colaborando en la actualidad con grupos de usuarios y con un comité local para reactivar el sistema de Nawa.

El camino por recorrer

La inclusión de las comunidades indígenas y tradicionales de las montañas es una condición previa indispensable para el desarrollo sostenible de las zonas de montaña. Por ello, a medida que los gobiernos trabajan para abordar las prioridades en cuanto al desarrollo de estas zonas, es fundamental que cumplan los compromisos que adquirieron en virtud de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. Entre ellos el derecho más importante se recoge en el artículo 2 de la Declaración, y establece que «Los pueblos y las personas indígenas son libres e iguales a todos los demás pueblos y personas y tienen derecho a no ser objeto de ningún tipo de discriminación...».

Los puntos y actividades más importantes a los que se debería otorgar prioridad son los siguientes:

  • El respaldo del derecho de la población indígena a la autodeterminación y, concretamente, su derecho a determinar y elaborar prioridades y estrategias para el desarrollo o uso de sus tierras o territorios y otros recursos naturales.
  • La inclusión de la voz de los pueblos indígenas en la elaboración de políticas, el gobierno y los planes nacionales.
  • El incremento de la concienciación acerca de la importancia de la biodiversidad agrícola de las zonas de montaña para las comunidades indígenas y la comunidad mundial. Es necesario ampliar el alcance de la biodiversidad agrícola para incluir estudios que incluyan cuestiones de género relativos a los cultivos tradicionales de montaña, los animales de granja, las prácticas agrícolas locales y los sistemas alimentarios.
  • La orientación de los esfuerzos internacionales hacia la inclusión de los sistemas agrícolas y las dietas de las comunidades indígenas de las montañas en la lista del patrimonio cultural intangible de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), del mismo modo que Italia, Grecia, España y Marruecos están trabajando conjuntamente para promover y proteger la dieta mediterránea. Así se mejoraría la nutrición y se protegerían las culturas alimentarias indígenas y tradicionales de las zonas de montaña.
  • El fomento de la participación activa de las comunidades indígenas y tradicionales de las montañas en los esfuerzos nacionales e internacionales para entender el cambio climático y adaptarse a él en las zonas de montaña. Sus conocimientos sobre la gestión de los recursos naturales y sus perspectivas históricas sobre la variabilidad climática deben integrarse en las estrategias de adaptación al cambio climático.
  • La vinculación de los conocimientos indígenas tradicionales y científicos en los programas de agrobiodiversidad.

Fuente: FAO

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