Antecedentes

El final de los primeros cien años de control de las drogas, que comenzó en Shanghái en 1909, coincidió con el término del decenio dedicado a la acción común para contrarrestar el problema mundial de las drogas, iniciado en 1998 en un periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General. Estos aniversarios fomentaron la reflexión acerca de la eficacia y las limitaciones de las políticas sobre drogas. El examen concluyó con la reafirmación de que las drogas ilícitas siguen planteando un peligro para la salud pública. Este es el motivo por el que las drogas están, y deben seguir estando, controladas. Habida cuenta de ello, los Estados Miembros confirmaron su apoyo inequívoco a los convenios y convenciones de las Naciones Unidas relacionados con el control internacional de las drogas.

La Asamblea General reconoció que, pese a los redoblados esfuerzos de la comunidad internacional, el problema mundial de las drogas seguía poniendo en grave peligro la salud pública; la seguridad y el bienestar de la humanidad, en particular de los niños y los jóvenes; la seguridad nacional y la soberanía de los Estados; la estabilidad socioeconómica y política; y el desarrollo sostenible. También alentó a la Comisión y a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito a que prosiguieran su labor de fiscalización internacional de las drogas e instó a todos los Gobiernos a que les prestasen el máximo apoyo financiero y político posible, para que pudieran proseguir, ampliar y afianzar sus actividades operacionales y de cooperación técnica, en el marco de sus mandatos.