Mensaje del Secretario General de 2017

El Día Internacional de la Democracia es una oportunidad para renovar nuestro compromiso con un mundo definido por los valores consagrados en la Carta de las Naciones Unidas: paz, justicia, respeto, derechos humanos, tolerancia y solidaridad. Sin embargo, en muchas sociedades alrededor del mundo ha sobrevenido una crisis de confianza. La globalización y el progreso tecnológico han sacado a muchos de la pobreza, pero también han contribuido a la desigualdad y la inestabilidad. Hay una disparidad creciente y cada vez más profunda entre las personas, así como entre las personas y las instituciones políticas establecidas para que las representen. El miedo rige demasiadas decisiones, lo cual supone un peligro para la democracia.

Ha llegado el momento de reconstruir las relaciones entre las personas y los dirigentes, nacionales e internacionales. Es hora de que los mandatarios escuchen y demuestren que se preocupan, por su propio pueblo y por la estabilidad y la solidaridad mundial de la que todos dependemos. Es hora también de que la comunidad internacional en su totalidad afronte una de sus más graves deficiencias: la incapacidad de prevenir las crisis.

Una prevención convincente exige todo nuestro apoyo a los esfuerzos de los países por fortalecer sus instituciones democráticas y lograr sociedades más resilientes. En algunos países se ha impuesto una idea falsa y peligrosa de que la democracia es incompatible con la estabilidad o la prevención de los conflictos. Antes al contrario: con la destrucción de las instituciones democráticas, la eliminación de la sociedad civil y el menoscabo del estado de derecho y los derechos humanos, los regímenes autoritarios crean las condiciones para que prosperen las ideologías extremistas y las actividades terroristas; impiden que las sociedades desarrollen cauces pacíficos e instrumentos eficaces para atender reivindicaciones y otros desafíos. Del mismo modo, la caída de un dictador, o la celebración de elecciones después de un conflicto, no es garantía de que la democracia vaya a prosperar por sí misma: se requiere liderazgo para asegurar que las democracias emergentes y en desarrollo reciben apoyo, con el fin de que estas puedan afianzarse. Es necesario fortalecer la sociedad civil, empoderar a las mujeres y hacer valer el estado de derecho.

Estas son las condiciones propicias para que la democracia, la estabilidad y la paz prevalezcan. En este Día, dediquémonos a los valores consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, sin dobles raseros, plenamente comprometidos y con total transparencia.