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[Artículo de opinión] Es necesario y posible llegar a un acuerdo universal sobre el cambio climático

Christiana Figueres
Foto de CARE/David Rochkind, Diseño de Kim Conger.

Bonn, 14 de diciembre de 2012, por la secretaria ejecutiva de la UNFCCC Christiana Figueres

Los resultados de la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que se clausuró recientemente en Doha, Qatar, muestran una vez más que las negociaciones internacionales avanzan sin pausa en la dirección correcta, aunque resulta preocupante que sea a un ritmo tan lento.

En el núcleo de estas negociaciones está nada más y nada menos que la transformación energética más difícil que el mundo haya visto jamás. En el pasado las transiciones energéticas han sido muy largas. La leña era la primera fuente de energía de la humanidad y no fue desplazada por el carbón hasta el siglo XVIII. Con la aceleración del avance tecnológico, solo tuvo que pasar un siglo para que el petróleo reemplazase al carbón como principal fuente de energía en todo el mundo. El cambio climático no es la única motivación para utilizar más energías renovables y alcanzar una mayor eficiencia energética, pero ha dado un carácter inequívocamente urgente a una evolución que por lo demás es normal.

Dado el desafío evidente de la renovación del capital de equipo en nuestros actuales sistemas energéticos, el tiempo no está de nuestra parte. La ciencia nos dice que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben llegar a su punto máximo esta década y a partir de entonces disminuir rápidamente. Lo que es más importante, la llegada al nivel máximo de emisiones globales debe ocurrir pronto si queremos reducir los costes humanos. Los fenómenos meteorológicos extremos que se producen en todas las regiones del mundo demuestran ampliamente los crecientes costes humanos, sobre todo para los más vulnerables.

La ONU es la única plataforma que garantiza a todos los países, grandes o pequeños, acceso a un proceso mundial de toma de decisiones. La transición hacia las bajas emisiones de carbono requiere una participación global porque el cambio climático ya ha afectado a todos y cada uno de los países y porque es necesario guiar deliberadamente un cambio global acelerado. Es más, la escala y el ritmo del desarrollo económico impulsado por la tecnología y el libre movimiento de capital hacen que la participación global sea esencial. Las economías con bajas emisiones de hoy en día, incluso las que tienen bajas emisiones per cápita, pueden convertirse y se convertirán en economías con altas emisiones del mañana más rápidamente de lo que nunca ha sido posible a no ser que sean apoyadas y alentadas adecuadamente a forjarse futuros de energía limpia para ellas mismas.

Después de los importantes pasos dados estos dos últimos años en Cancún y Durban, en Doha 37 países (todos los miembros de la Unión Europea, Australia, Belarús, Croacia, Islandia, Kazajistán, Noruega, Suiza y Ucrania) adoptaron metas jurídicamente vinculantes de reducción de las emisiones que a lo largo de los próximos 8 años los llevarán colectivamente a un nivel de emisiones un 18% inferior a los niveles de referencia de 1990. Las metas están respaldadas por reglas de contabilidad más estrictas y podrían ser endurecidas en los próximos dos años.

Además en Doha todos los países confirmaron su determinación de llegar a un acuerdo aplicable a todos y basado en los últimos avances de la ciencia en diciembre de 2015 como muy tarde. Los gobiernos se están dirigiendo claramente hacia una gran transformación, pero todavía no han demostrado su intención mediante una implementación contundente e inmediata de lo que ya se ha prometido. Los gobiernos deben y pueden acelerar las acciones para afrontar el cambio climático, no por razones altruistas, sino por el interés nacional.

La ONU es el marco para tomar decisiones mundiales, pero no es el impulsor de las decisiones nacionales. Los intereses nacionales en la sostenibilidad de los recursos, la estabilidad y la competitividad son los poderosos impulsores de acciones para afrontar el cambio climático. El proceso de la ONU es el centro de la participación internacional, pero no es la circunferencia de las acciones para afrontar el cambio climático. En respuesta al lento pero continuo progreso de las negociaciones internacionales, y para capitalizar la nueva economía con bajas emisiones de carbono, 33 países y 18 jurisdicciones subnacionales pondrán precios al carbono en 2013, cubriendo un 30% de la economía mundial y un 20% de las emisiones. En 2011 un total de 118 países tenían legislación aplicable al cambio climático o metas de energía renovable, más del doble que en 2005. El número de esfuerzos voluntarios locales para reducir la deforestación y las emisiones no cubiertas por el marco de la ONU está aumentando. En 2010 a las energías renovables les correspondía un 20,3% de la electricidad generada en todo el mundo, frente a un 3,4% en 2006. La inversión en energía limpia ha sobrepasado el billón de USD y cabe esperar que aumente hasta casi 400 000 millones de USD anualmente.

Los signos de movimiento hacia bajos niveles de emisiones se pueden ver por todas partes, pero aún son insuficientes. Las bajas emisiones de carbono deben ser pronto la norma, no la novedad. Los gobiernos han trazado la trayectoria, pero avanzan muy despacio. Ninguno lo hace a su máximo potencial. Ni ellos ni nadie. El sector privado puede y debe avanzar con más determinación. El sector financiero puede y debe invertir con más agresividad. La tecnología puede y debe avanzar más rápido. Nadie está exento de responsabilidad, y todos tenemos la oportunidad de contribuir a la solución.

Necesitamos el máximo esfuerzo por parte de todos. Necesitamos dejar atrás la mentalidad ganador-perdedor y cooperar en pos de un objetivo compartido urgente.

Necesitamos esfuerzos que se refuercen mutuamente para acelerar el impulso hacia una economía con bajas emisiones. Juntos podemos migrar de la política de la culpabilidad a la política de la oportunidad.

El acuerdo de 2015 debe asegurar la participación equitativa de todas las naciones y responder a las exigencias de la ciencia. Sobre todo debe ser testimonio de la voluntad de actuar de nuestra generación. La historia acabará juzgando si hemos reducido los gases de efecto invernadero lo suficiente como para evitar los peores efectos del cambio climático. El hecho es que podemos hacerlo ahora mismo de formas que no solo refuerzan la sostenibilidad económica de todos sino que al mismo tiempo salvaguardan a los más vulnerables de los efectos adversos del cambio climático. Y por eso es necesario y posible llegar a un acuerdo universal.

 

Alianzas con las Naciones Unidas sobre el cambio climático