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Historia de las Naciones Unidas


Conclusión

Los CAPÍTULOS PRECEDENTES definen la estructura y funciones de la organización internacional más vasta que se haya creado. No se necesita decir que la Carta, tal como resulto de los debates agotadores de San Francisco, no satisfizo en todos sus puntos a ninguno de los delegados. La conferencia se esforzó por armonizar los puntos de vista de cincuenta delegaciones.

Grandes y pequeñas potencias -las que preconizaban cautela y «realismo,» y las que opinaban que había llegado el momento de decidirse por dotar a la organización internacional de una estructura aún más extensa-, todas tuvieron que transigir para llegar a un acuerdo. En su forma actual, la Carta de las Naciones Unidas representa, pues, el acuerdo máximo posible en el momento de su redacción.

La Carta establece, en todo caso, con detalle, el modo de enmendarla, ya sea por medio de la Asamblea General, o por una conferencia general convocada especialmente con este objeto.

La Asamblea General -cabe subrayar- puede enmendar cualquier disposición de la Carta por el voto de dos terceras partes de todos sus miembros, y no, como se precede en otras decisiones importantes, por dos terceras partes de los «miembros presentes y votantes.» Toda enmienda así introducida entrara en vigor al ser ratificada -de acuerdo con sus respectivos reglamentos constitucionales- por dos terceras partes de los miembros de las Naciones Unidas y de todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Para revisar la Carta se puede también adoptar el procedimiento más formal de una conferencia general de los miembros de las Naciones Unidas, a condición de que la propuesta cuente con el voto de dos terceras partes de los miembros de la Asamblea General y logre la aprobación de cualesquiera siete miembros del Consejo de Seguridad, que constituyen la mayoría. La Carta dispone que, si no se hubiese celebrado antes tal conferencia, la propuesta de su convocación será incluida automáticamente en el temario de la décima reunión anual de la Asamblea General, en 1955.

La Asamblea General decidió en noviembre de 1955, en principio, que se celebre una conferencia general para revisar la Carta. Estableció una comisión compuesta de todos los miembros de las Naciones Unidas y dispuso que esta informara a la Asamblea en su duodécimo periodo de sesiones sobre la cuestión de fijar la fecha y lugar oportunos para la conferencia. Después de considerar el informe de la comisión, la Asamblea decidió en octubre de 1957 que aquella continúe existiendo y que presente un informe con recomendaciones a la Asamblea a más tardar en su decimocuarto periodo de sesiones.

En la Conferencia General, como en la Asamblea General, cada miembro de las Naciones Unidas tendrá un solo voto. Toda reforma de la Carta deberá ser aprobada por una mayoría de dos tercios y entrara en vigor después de ser ratificada por las dos terceras partes de los miembros de las Naciones Unidas y de todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Hay así dos procedimientos disponibles para introducir reformas en la Carta. Pero cabe señalar que el buen éxito de las instituciones humanas depende no tanto de la letra de la ley, como del espíritu de los pueblos que las apoyan. Algunas de las mejores constituciones del mundo son de carácter notablemente amorfo: valen porque los pueblos interesados están empeñados en que sirvan.

El mecanismo de las Naciones Unidas permite estudiar todos los problemas que obstaculizan la paz y la seguridad y la consecución de un mejor» nivel de vida dentro de un concepto más amplio de libertad. «Proporciona los medios para que los representantes de estados soberanos puedan a la vez hablar y escuchar, y conciliar, en discusiones libres y negociaciones pacientes sus puntos de vista en provecho del interés general. El mecanismo funciona; cumple su misión; pero la sagacidad de las decisiones adoptadas y la forma en que se las aplique dependen de la comprensión reciproca y de la buena voluntad de los miembros de las Naciones Unidas.

Así, la clave del éxito de las Naciones Unidas esta en manos, realmente, de los ciudadanos de los países miembros, de ciudadanos que sepan que pertenecen tanto a la comunidad mundial como a sus propios países. Las primeras palabras de la Carta, la frase inicial del preámbulo: «Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas» son las más importantes. Depende de nosotros, de cada uno de nosotros, el hacer buen uso de esta organización a fin de alcanzar los propósitos que la lanzaron al mundo.

El Secretario General, Sr. Dag Hammarskjöld, dijo en una reunión de la asociación noruega pro Naciones Unidas, en la universidad de Oslo, el 3 de junio de 1958, que «las Naciones Unidas son necesarias porque ya no bastan las formas clásicas de la diplomacia bilateral en nuestro mundo actual. La organización es necesaria, además, porque las organizaciones regionales no pueden por si solas llenar las lagunas que deja la diplomacia bilateral. La organización es necesaria, finalmente, como una etapa en la evolución hacia formas más definitivas de cooperación internacional de alcance universal que yo, entre otros, estoy convencido de que deben venir pero que no empezaran a existir antes de muchos experimentos y largos preliminares.»

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