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INFORME DE LA CONFERENCIA DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE
EL MEDIO AMBIENTE Y EL DESARROLLO*
(R¡o de Janeiro, 3 a 14 de junio de 1992)
* El presente documento es una versi¢n preliminar del informe de la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y
se
publica en cinco vol£menes. La Declaraci¢n de R¡o sobre el Medio Ambiente y
el
Desarrollo y la secci¢n I (Dimensiones sociales y econ¢micas) del Programa 21
figuran en el volumen I; la secci¢n II (Conservaci¢n y gesti¢n de los recursos
para el desarrollo) del Programa 21 se incluye en el volumen II; y las
secciones III (Fortalecimiento del papel de los grupos principales) y IV
(Medios
de ejecuci¢n) del Programa 21 y la declaraci¢n autorizada, sin fuerza jur¡dica
obligatoria, de principios para un consenso mundial respecto de la ordenaci¢n,
la conservaci¢n y el desarrollo sostenible de los bosques de todo tipo se
incluyen en el volumen III. El volumen IV contiene un resumen de las
deliberaciones de la Conferencia y las declaraciones de apertura y de
clausura.
En el volumen V se incluyen las declaraciones formuladas durante la Cumbre.
9241138S 201092 211092
INDICE*
Cap¡tulo
P gina
II. ASISTENCIA Y ORGANIZACION DE LOS TRABAJOS
3
A.Fecha y lugar de celebraci¢n de la Conferencia
3
B.Consultas previas a la Conferencia
3
C.Asistencia
3
D.Apertura de la Conferencia
7
E.Elecci¢n del Presidente
7
F. Mensajes de Jefes de Estado
7
G.Aprobaci¢n del reglamento
7
H.Aprobaci¢n del programa
8
I.Elecci¢n de los miembros de la Mesa distintos del
Presidente
8
J.Organizaci¢n de los trabajos, incluso el establecimiento
de la Comisi¢n Principal de la Conferencia
9
K.Designaci¢n de los miembros de la Comisi¢n de
Verificaci¢n de Poderes
9
III. DEBATE GENERAL
10
IV. INFORME DE LA COMISION PRINCIPAL Y MEDIDAS ADOPTADAS POR LA
CONFERENCIA
14
A.Informe de la Comisi¢n Principal
14
B.Medidas adoptadas por la Conferencia
18
V. INFORME DE LA COMISION DE VERIFICACION DE PODERES
24
VI. SEGMENTO CUMBRE DE LA CONFERENCIA
27
VII. APROBACION DEL INFORME DE LA CONFERENCIA
28
Anexos
I. Lista de documentos
29
II. Declaraciones de apertura
33
III. Declaraciones de clausura
60
__________
* El cap¡tulo I (Resoluciones aprobadas por la Conferencia) figura en
el
documento A/CONF.151/26 (Vols. I a III). Cap¡tulo II
ASISTENCIA Y ORGANIZACION DE LOS TRABAJOS
A. Fecha y lugar de celebraci¢n de la Conferencia
1. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo se celebr¢ en R¡o de Janeiro, Brasil, del 3 al 14 de junio de 1992,
de conformidad con la resoluci¢n 45/211, de 21 de diciembre de 1990, y la
decisi¢n 46/468, de 13 de abril de 1992, de la Asamblea General. Durante ese
per¡odo la Conferencia celebr¢ 19 sesiones plenarias.
B. Consultas previas a la Conferencia
2. Los d¡as 1ø y 2 de junio de 1992 se celebraron en R¡o de Janeiro
consultas,
previas a la Conferencia, en las que pudieron participar representantes de
todos
los Estados invitados a asistir a la Conferencia, para examinar diversas
cuestiones de procedimiento y de organizaci¢n. Esas consultas y otras
consultas
oficiosas estuvieron presididas por el Excmo. Sr. Celso Lafer, Ministro de
Relaciones Exteriores del Brasil. El informe sobre las consultas
(A/CONF.151/L.1) se present¢ a la Conferencia y sus recomendaciones sirvieron
de
base para la organizaci¢n de sus trabajos.
C. Asistencia
3. En la Conferencia estuvieron representados los Estados y la organizaci¢n
de
integraci¢n econ¢mica regional siguientes:
Afganist n
Albania
Alemania
Angola
Antigua y
Barbuda
Arabia Saudita
Argelia
Argentina
Armenia
Australia
Austria
Azerbaiy n
Bahamas
Bahrein
Bangladesh
Barbados
Belar£s
Blgica
Belice
Benin
Bhut n
Bolivia
Botswana
Brasil
Brunei
Darussalam
Bulgaria
Burkina Faso
Burundi
Cabo Verde
Camboya
Camer£n
Canad
Colombia
Comoras
Comunidad Econ¢mica
Europea
Congo
Costa Rica
Cte d'Ivoire
Croacia
Cuba
Chad
Checoslovaquia
Chile
China
Chipre
Dinamarca
Djibouti
Dominica
Ecuador
Egipto
El Salvador
Emiratos Arabes
Unidos
Eslovenia
Espa¤a
Estados Unidos
de Amrica
Estonia
Etiop¡a
Federaci¢n de
Rusia
Fiji
Filipinas
Finlandia
Francia
Gab¢n
Gambia
Ghana
Granada
Grecia
Guatemala
Guinea
Guinea-Bissau
Guinea Ecuatorial
Guyana
Hait¡
Honduras
Hungr¡a
India
Indonesia
Ir n (Rep£blica
Isl mica del)
Iraq
Irlanda
Islandia
Islas Cook
Islas Marshall
Islas Salom¢n
Israel
Italia
Jamahiriya Arabe
Libia
Jamaica
Jap¢n
Jordania
Kazajst n
Kenya
Kiribati
Kuwait
Lesotho
Letonia
L¡bano
Liberia
Liechtenstein
Lituania
Luxemburgo
Madagascar
Malasia
Malawi
Maldivas
Mal¡
Malta
Marruecos
Mauricio
Mauritania
Mxico
Micronesia
(Estados
Federados de)
M¢naco
Mongolia
Mozambique
Myanmar
Namibia
Nauru
Nepal
Nueva Zelandia
Nicaragua
N¡ger
Nigeria
Noruega
Om n
Pa¡ses Bajos
Pakist n
Panam
Papua Nueva Guinea
Paraguay
Per£
Polonia
Portugal
Qatar
Reino Unido de
Gran Breta¤a e
Irlanda del Norte
Rep£blica Arabe Siria
Rep£blica
Centroafricana
Rep£blica de Corea
Rep£blica Democr tica
Popular Lao
Rep£blica de Moldova
Rep£blica Dominicana
Rep£blica Popular
Democr tica de
Corea
Rep£blica Unida de
Tanzan¡a
Rumania
Rwanda
Saint Kitts y
Nevis
Samoa
San Marino
Santa Luc¡a
Santa Sede
Santo Tom y
Pr¡ncipe
San Vicente y
las Granadinas
Senegal
Seychelles
Sierra Leona
Singapur
Sri Lankaanka
Sud n
Suecia
Suiza
Suriname
Swazilandia
Tailandia
Togo
Trinidad y Tabago
T£nez
Turqu¡a
Tuvalu
Ucrania
Uganda
Uruguay
Vanuatu
Venezuela
Viet Nam
Yemen
Yugoslavia
Zaire
Zambia
Zimbabwe4.El
Observador de Palestina asisti¢ a la Conferencia.
5. Estuvieron representados por observadores los siguientes miembros
asociados
de las comisiones regionales:
Antillas Neerlandesas Niue
Aruba Puerto Rico
Hong Kong Samoa Americana
Islas V¡rgenes de los Estados Unidos
6. Estuvieron representados por observadores los siguientes movimientos de
liberaci¢n nacional:
Congreso Nacional Africano (Sud frica)
Congreso Panafricanista de Azania
7. Estuvieron representados en la Conferencia las siguientes oficinas de
las
Naciones Unidas:
Departamento de Desarrollo Econ¢mico y Social
Secretar¡a del Comit Intergubernamental de Negociaci¢n de un Convenio
sobre la Diversidad Biol¢gica
Secretar¡a del Comit Intergubernamental de Negociaci¢n de una
Convenci¢n
General sobre los Cambios Clim ticos
8. Estuvieron representadas en la Conferencia las secretar¡as de las
siguientes comisiones regionales:
Comisi¢n Econ¢mica para Africa
Comisi¢n Econ¢mica para Amrica Latina y el Caribe
Comisi¢n Econ¢mica y Social para Asia Occidental
Comisi¢n Econ¢mica y Social para Asia y el Pac¡fico
9. Asimismo, estuvieron representados los siguientes ¢rganos y programas de
las Naciones Unidas:
Consejo Econ¢mico y Social
Corte Internacional de Justicia
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo
Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
Fondo de Poblaci¢n de las Naciones Unidas
Organismo de Obras P£blicas y Socorro de las Naciones Unidas para los
Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente
Oficina de las Naciones Unidas para la Regi¢n Sudanosaheliana
Universidad de las Naciones Unidas
Programa Mundial de Alimentos
Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (H bitat)
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Refugiados
Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalizaci¢n Internacional
de Drogas
Consejo Mundial de la Alimentaci¢n
Instituto Internacional de Investigaci¢n y Capacitaci¢n para la
Promoci¢n de la Mujer
Instituto de las Naciones Unidas para Formaci¢n Profesional e
Investigaciones
Instituto de Investigaciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo
Social
10. Estuvieron representados los siguientes organismos especializados y
organizaciones conexas:
Organizaci¢n Internacional del Trabajo
Organizaci¢n de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentaci¢n
Organizaci¢n de las Naciones Unidas para la Educaci¢n, la Ciencia
y la Cultura
Organizaci¢n de Aviaci¢n Civil Internacional
Organizaci¢n Mundial de la Salud
Banco Mundial
Fondo Monetario Internacional
Uni¢n Postal Universal
Uni¢n Internacional de Telecomunicaciones
Organizaci¢n Meteorol¢gica Mundial
Organizaci¢n Mar¡tima Internacional
Organizaci¢n Mundial de la Propiedad Intelectual
Fondo Internacional de Desarrollo Agr¡cola
Organizaci¢n de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial
Organismo Internacional de Energ¡a At¢mica
Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio
11. Estuvieron representadas por observadores las siguientes organizaciones
intergubernamentales:
Agencia de Cooperaci¢n Cultural y Tcnica
Asociaci¢n del Asia Meridional para la Cooperaci¢n Regional
Banco Africano de Desarrollo
Banco Asi tico de Desarrollo
Banco Centroamericano de Integraci¢n Econ¢mica
Banco Europeo de Inversiones
Banco Europeo de Reconstrucci¢n y Fomento
Banco Interamericano de Desarrollo
Centro de Desarrollo Rural Integrado para Asia y el Pac¡fico
Comisi¢n Permanente del Pac¡fico Sur
Comit Internacional de la Cruz Roja
Comit Jur¡dico Consultivo Asi tico-Africano
Comunidad y Mercado Com£n del Caribe
Conferencia de Coordinaci¢n para el Desarrollo del Africa Meridional
Consejo de Europa
Fondo de la OPEP para el Desarrollo Internacional
Fondo Internacional de Indemnizaci¢n de da¤os causados por la
contaminaci¢n
de hidrocarburos
Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agr¡colas Internacionales
Instituto Interamericano de Cooperaci¢n para la Agricultura
International Joint Commission
Liga de los Estados Arabes
Organismo Internacional de Energ¡a
Organizaci¢n Africana de la Madera
Organizaci¢n de Cooperaci¢n y Desarrollo Econ¢micos
Organizaci¢n de la Unidad Africana
Organizaci¢n de la Conferencia Isl mica
Organizaci¢n de los Estados Americanos
Organizaci¢n de Pa¡ses Exportadores de Petr¢leo
Organizaci¢n Internacional de las Maderas Tropicales
Organizaci¢n Mundial del Turismo
Programa cooperativo de Asia meridional para el medio ambiente
Programa Regional del Pac¡fico Sur para el medio ambiente
Secretar¡a del Commonwealth
Secretar¡a del Foro del Pac¡fico Meridional
Sistema Econ¢mico Latinoamericano (SELA)
12. Asisti¢ a la Conferencia un gran n£mero de organizaciones no
gubernamentales. La lista de organizaciones no gubernamentales participantes
figura en el documento A/CONF.151/PC/L.28 y Add.1 a 14.
D. Apertura de la Conferencia
13. El Secretario General de las Naciones Unidas declar¢ inaugurada la
Conferencia.
14. El Secretario General pidi¢ a la Conferencia que guardara dos minutos de
silencio en nombre de la Tierra y agreg¢ que, por iniciativa del Secretario
General de la Conferencia, se guardar¡an tambin al mismo tiempo y en todo el
mundo dos minutos de silencio.
15. El discurso inaugural del Secretario General figura en el anexo II
infra.
E. Elecci¢n del Presidente
16. En su primera sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio, la Conferencia
eligi¢ por aclamaci¢n Presidente de la Conferencia al Excmo. Sr. Fernando
Collor, Presidente de la Rep£blica Federativa del Brasil.
17. El discurso inaugural del Presidente de la Conferencia figura en el
anexo II infra.
Declaraciones inaugurales
18. Hicieron declaraciones inaugurales el Secretario General de la
Conferencia
de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, Sr. Maurice
Strong; Su Majestad el Rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, cuyo pa¡s acogi¢ la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, en 1972; la Excma.
Sra. Gro Harlem Brundtland, Primera Ministra de Noruega, quien habl¢ en su
calidad de Presidenta de la Comisi¢n Mundial sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo; y Su Excelencia el Doctor Mario Soares, Presidente de Portugal,
quien habl¢ por invitaci¢n personal del Presidente de la Rep£blica Federativa
del Brasil (vase el anexo II infra).
F. Mensajes de Jefes de Estado
19. La Conferencia recibi¢ mensajes de buenos augurios del Excmo. Sr.
Mohamed
Boudiaf, Presidente del Alto Comit de Estado de Argelia (A/CONF.151/20) y del
Excmo. Sr. Boris N. Yeltsin, Presidente de la Federaci¢n de Rusia
(A/CONF.151/18).
G. Aprobaci¢n del reglamento
20. En su primera sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio, la Conferencia
aprob¢ el reglamento provisional (A/CONF.151/2) recomendado por el Comit
Preparatorio y aprobado por la Asamblea General en el p rrafo 6 de su
resoluci¢n
46/168, de 19 de diciembre de 1991, y en sus decisiones 46/469, 46/470 y
46/471,
de 13 de abril de 1992.
H. Aprobaci¢n del programa
21. En su primera sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio, la Conferencia
aprob¢ el programa provisional (A/CONF.151/1) recomendado por el Comit
Preparatorio y aprobado por la Asamblea General en el p rrafo 6 de su
resoluci¢n
46/168 de 19 de diciembre de 1991, y en su decisi¢n 46/468, de 13 de abril de
1992. El programa aprobado fue el siguiente:
1. Apertura de la Conferencia.
2. Elecci¢n del Presidente.
3. Aprobaci¢n del reglamento.
4. Aprobaci¢n del programa.
5. Elecci¢n de los miembros de la Mesa distintos del Presidente.
6. Organizaci¢n de los trabajos, inclusive el establecimiento de la
Comisi¢n Principal de la Conferencia.
7. Credenciales de los representantes en la Conferencia:
a)Designaci¢n de los miembros de la Comisi¢n de Verificaci¢n
de
Poderes;
b)Informe de la Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes.
8. Debate general.
9. Adopci¢n de acuerdos sobre el medio ambiente y el desarrollo.
10. Firma de convenciones.
11. Aprobaci¢n del informe de la Conferencia.
22. La Conferencia decidi¢ que los temas 1 a 8 y 11 se examinaran en sesi¢n
plenaria y que los temas 9 y 10 fueran examinados por la Comisi¢n Principal,
que
presentar¡a sus recomendaciones a la Conferencia.
I. Elecci¢n de los miembros de la Mesa distintos del Presidente
23. En la primera sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio, la Conferencia
eligi¢ Vicepresidentes procedentes de los siguientes grupos regionales:
Estados de Africa (12 Vicepresidentes): Benin, Gab¢n,
Guinea-Bissau, Kenya, Mauritania, Mozambique, Nigeria, Rep£blica Unida
de
Tanzan¡a, Senegal, T£nez, Zaire y Zimbabwe;
Estados de Europa oriental (4 Vicepresidentes): Federaci¢n de Rusia,
Polonia, Rumania y Ucrania;
Estados de Amrica Latina y el Caribe (7 Vicepresidentes): Argentina,
Barbados, Costa Rica, Jamaica, Mxico, Per£ y Venezuela;
Estados de Europa occidental y otros Estados (7
Vicepresidentes):
Alemania, Canad , Estados Unidos de Amrica, Finlandia, Francia,
Reino Unido de Gran Breta¤a e Irlanda del Norte y Suiza.
24. En la cuarta sesi¢n plenaria, celebrada el 4 de junio, habida cuenta de
que
en las consultas previas a la Conferencia se hab¡an propuesto 11 Estados de
Asia
para los 9 puestos de Vicepresidente, Bangladesh y el Jap¢n retiraron sus
candidaturas. En consecuencia, la Conferencia eligi¢ los siguientes
Vicepresidentes:
Estados de Asia (9 Vicepresidentes): Arabia Saudita, China, India,
Indonesia, Ir n (Rep£blica Isl mica del), Malasia, Maldivas, Rep£blica
de
Corea y Vanuatu.
25. En la primera sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio, la Conferencia
tambin eligi¢ un Vicepresidente ex oficio del pa¡s anfitri¢n, Su Excelencia
el
Profesor Celso Lafer, Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil.
26. En la misma sesi¢n, la Conferencia eligi¢ Relator General de la
Conferencia
al Sr. Lakhdar Brahimi (Argelia).
27. En la misma sesi¢n, la Conferencia eligi¢ Presidente de la Comisi¢n
Principal al Sr. Tommy Koh (Singapur).
J. Organizaci¢n de los trabajos, incluso el establecimiento
de la Comisi¢n Principal de la Conferencia
28. En la primera sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio, la Conferencia,
de
conformidad con las recomendaciones formuladas en las consultas previas a la
Conferencia, que figuran en los p rrafos 18 a 20 del documento A/CONF.151/L.1,
aprob¢ la organizaci¢n de sus trabajos.
29. En la misma sesi¢n, la Conferencia tom¢ nota de las recomendaciones
formuladas en las consultas previas a la Conferencia, que figuran en los
p rrafos 22 a 25 del documento A/CONF.151/L.1 y que incluyen informaci¢n sobre
los arreglos relativos a la firma de la Convenci¢n Marco de las Naciones
Unidas
sobre el Cambio Clim tico y el Convenio sobre la Diversidad Biol¢gica, los
actos
finales y el informe de la Conferencia.
K. Designaci¢n de los miembros de la Comisi¢n de
Verificaci¢n de Poderes
30. En la primera sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio, la Conferencia,
en
virtud del art¡culo 4 de su reglamento y de la recomendaci¢n formulada en las
consultas previas de la Conferencia, que figura en el p rrafo 21 del documento
A/CONF.151/L.1, estableci¢ una Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes integrada
por
Blgica, Belice, Chile, China, los Estados Unidos de Amrica, la Federaci¢n de
Rusia, Lesotho, Singapur y el Togo, en la inteligencia de que, si uno de esos
Estados no participaba en la Conferencia, ser¡a reemplazado por otro Estado
del
mismo grupo regional.
Cap¡tulo III
DEBATE GENERAL
1. En el debate general, que tuvo lugar en las sesiones plenarias 2a. a
14a.,
celebradas del 3 al 11 de junio de 1992, se trat¢ toda la gama de temas de la
Conferencia, incluida la adopci¢n de acuerdos entre el medio ambiente y el
desarrollo (tema 9 del programa), que era m s espec¡ficamente de la
incumbencia
de la Comisi¢n Principal. Todos los oradores expresaron su reconocimiento por
los esfuerzos realizados por el Gobierno anfitri¢n y por la secretar¡a en la
preparaci¢n de la Conferencia.
2. Pronunciaron discursos ante la Conferencia representantes de Estados,
observadores, organismos especializados, ¢rganos, programas y oficinas de las
Naciones Unidas, organizaciones intergubernamentales y organizaciones no
gubernamentales. Varios ni¤os tambin se dirigieron a la Conferencia en
nombre
de la ni¤ez del mundo.
3. En la segunda sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio, la Conferencia
escuch¢ declaraciones de los representantes del Pakist n (en nombre del Grupo
de
los 77), Portugal (en nombre de los Estados miembros de la Comunidad Econ¢mica
Europea), los Estados Unidos de Amrica, Israel, Alemania y Chile.
4. En la misma sesi¢n, formularon declaraciones los representantes del
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organizaci¢n
Mundial
de la Salud. El Comisionado para las Relaciones Norte-Sur de la Comisi¢n de
las
Comunidades Europeas, una organizaci¢n intergubernamental, hizo una
declaraci¢n.
Tambin formul¢ una declaraci¢n el Alcalde de Montreal, en nombre de la Uni¢n
Internacional de Autoridades Locales, una organizaci¢n no gubernamental.
5. El observador de Palestina formul¢ una declaraci¢n en ejercicio del
derecho
a contestar.
6. En la tercera sesi¢n plenaria, celebrada el 4 de junio, la Conferencia
escuch¢ declaraciones de los representantes de la Santa Sede, Antigua y
Barbuda,
Italia, Francia y Burundi.
7. En la misma sesi¢n, formularon declaraciones los representantes del
Banco
Mundial, el Organismo Internacional de Energ¡a At¢mica y la Organizaci¢n de
las
Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. El representante del Programa
de
las Naciones Unidas para la Fiscalizaci¢n Internacional de Drogas formul¢ una
declaraci¢n. El representante de la Organizaci¢n de Cooperaci¢n y Desarrollo
Econ¢micos, una organizaci¢n intergubernamental, hizo una declaraci¢n.
Tambin
formul¢ una declaraci¢n el representante de la Comunidad Internacional Bah '¡,
una organizaci¢n no gubernamental.
8. El representante de Qatar hizo una declaraci¢n en ejercicio del derecho
a
contestar.
9. En la cuarta sesi¢n plenaria, celebrada el 4 de junio, formularon
declaraciones los representantes de Noruega, el Brasil, Rumania, las Islas
Marshall, Botswana, Om n, Kiribati, Kazajst n, Burkina Faso y el Yemen.
10. En la misma sesi¢n, hicieron declaraciones los representantes del
Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Centro de las Naciones Unidas
para los Asentamientos Humanos (H bitat). Los representantes de la
Organizaci¢n
Mar¡tima Internacional, la Organizaci¢n Internacional del Trabajo y la
Organizaci¢n Mundial de Turismo formularon declaraciones. Tambin hicieron
declaraciones los representantes de las siguientes organizaciones
intergubernamentales: el Banco Interamericano de Desarrollo, el Comit
Jur¡dico
Consultivo Asi tico-Africano y el Organismo Internacional de Energ¡a.
11. En la misma sesi¢n, formul¢ una declaraci¢n el observador de las
Antillas
Neerlandesas, un miembro asociado de la Comisi¢n Econ¢mica para Amrica Latina
y
el Caribe.
12. En la quinta sesi¢n plenaria, celebrada el 5 de junio, hicieron
declaraciones los representantes de Indonesia, Mozambique, Zambia, Belice,
el Sud n, Tailandia, Austria, Ghana y la India.
13. En la misma sesi¢n, formularon declaraciones los representantes de la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo y la Comisi¢n
Econ¢mica y Social para Asia Occidental (en nombre de las cinco comisiones
regionales de las Naciones Unidas). El representante del Fondo internacional
de
indemnizaci¢n de da¤os causados por la contaminaci¢n de hidrocarburos, una
organizaci¢n intergubernamental, hizo una declaraci¢n. Tambin formul¢ una
declaraci¢n el representante de la Sociedad Internacional para el Desarrollo,
una organizaci¢n no gubernamental.
14. En la sexta sesi¢n plenaria, celebrada el 5 de junio, formularon
declaraciones los representantes de Islandia, el Paraguay, el Jap¢n, los
Pa¡ses Bajos, Egipto, Jordania, Polonia, Cuba, la Rep£blica de Moldova, el
N¡ger
y Barbados.
15. En la misma sesi¢n, hicieron declaraciones los representantes de las
siguientes organizaciones intergubernamentales: el Banco Europeo de
Inversiones, el Instituto Interamericano de Cooperaci¢n para la Agricultura y
la
Organizaci¢n Internacional de las Maderas Tropicales. Tambin hizo una
declaraci¢n el representante del Consejo de Empresas para el Desarrollo
Sostenible, una organizaci¢n no gubernamental.
16. En la sptima sesi¢n plenaria, celebrada el 8 de junio, formularon
declaraciones los representantes de la Rep£blica Unida de Tanzan¡a, Suecia,
China, Marruecos, el Uruguay, Bahrein, Namibia, la Argentina y Zimbabwe.
17. En la misma sesi¢n, los representantes del Fondo de Poblaci¢n de las
Naciones Unidas y el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer
hicieron declaraciones. El representante del Fondo Monetario Internacional
formul¢ una declaraci¢n. Tambin hizo una declaraci¢n el representante de la
Uni¢n Interparlamentaria, una organizaci¢n no gubernamental.
18. En la octava reuni¢n plenaria, celebrada el 8 de junio, formularon
declaraciones los representantes de Grecia, la Federaci¢n de Rusia, Turqu¡a,
Ecuador, Mongolia, Guinea-Bissau, el Chad, Guyana, Malta, la Rep£blica
Isl mica
del Ir n, el Camer£n, la Rep£blica Arabe Siria, Benin, Bolivia, Estonia
(en nombre de Estonia, Letonia y Lituania), Sierra Leona y Vanuatu.
19. En la misma sesi¢n, hizo una declaraci¢n el representante del Fondo de
las
Naciones Unidas para la Infancia. El representante del Sistema Econ¢mico
Latinoamericano (SELA), una organizaci¢n intergubernamental, formul¢ una
declaraci¢n. Tambin hicieron declaraciones los representantes de las
siguientes organizaciones no gubernamentales: la Confederaci¢n Internacional
de
Organizaciones Sindicales Libres y la Organizaci¢n Mundial de Legisladores
para
un Medio Ambiente Equilibrado.
20. En la novena sesi¢n plenaria, celebrada el 9 de junio,
formularon
declaraciones los representantes de Mauricio, Mauritania, Myanmar, Hungr¡a,
Dinamarca, Yugoslavia, Eslovenia y Cte d'Ivoire.
21. En la misma sesi¢n, los representantes del Fondo Internacional de
Desarrollo Agr¡cola, el Programa Mundial de Alimentos y el Instituto
Internacional de Investigaci¢n y Capacitaci¢n para el Adelanto de la Mujer
formularon declaraciones. Los representantes de las siguientes organizaciones
intergubernamentales hicieron declaraciones: el Fondo de la OPEP para el
Desarrollo Internacional y la Organizaci¢n de la Conferencia Isl mica.
Tambin
formul¢ una declaraci¢n la representante de la Organizaci¢n de Mujeres para el
Medio Ambiente y el Desarrollo, una organizaci¢n no gubernamental.
22. En la dcima sesi¢n plenaria, celebrada el 9 de junio, formularon
declaraciones los representantes de Mxico, los Emiratos Arabes Unidos,
Etiop¡a,
Sri Lanka (en calidad de Presidente de la Asociaci¢n de Asia Meridional para
la
Cooperaci¢n Regional), T£nez, Belar£s, Nauru, el Iraq, Blgica, Malawi,
Guatemala, Djibouti, el Reino Unido de Gran Breta¤a e Irlanda del Norte,
el Gab¢n, Filipinas y Kenya.
23. En la misma sesi¢n, el representante de la Universidad de las Naciones
Unidas formul¢ una declaraci¢n. Tambin hicieron declaraciones los
representantes de las siguientes organizaciones intergubernamentales: la
International Joint Commission (Estados Unidos de Amrica y el Canad ) y la
Organizaci¢n de Pa¡ses Exportadores de Petr¢leo. Formul¢ asimismo una
declaraci¢n el representante del Consejo Internacional de Uniones Cient¡ficas,
una organizaci¢n no gubernamental.
24. El representante de Yugoslavia hizo una declaraci¢n en ejercicio del
derecho a contestar.
25. En la 11a. sesi¢n plenaria, celebrada el 10 de junio, formularon
declaraciones los representantes de Finlandia, Luxemburgo, el Zaire, los
Estados
Federados de Micronesia, Colombia, Australia, Nigeria, Suiza y Espa¤a.
26. En la misma sesi¢n, el representante de la Organizaci¢n de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentaci¢n hizo una declaraci¢n. Formularon
declaraciones los representantes de las siguientes organizaciones
intergubernamentales: el Banco Europeo de Reconstrucci¢n y Fomento, el Banco
Asi tico de Desarrollo y el Banco Africano de Desarrollo. Tambin formul¢ una
declaraci¢n el representante de la C mara de Comercio Internacional, una
organizaci¢n no gubernamental.
27. En la 12a. sesi¢n plenaria, celebrada el 10 de junio, hicieron
declaraciones los representantes de Bangladesh, Irlanda, Malasia, Arabia
Saudita, Rwanda, las Islas Cook, Liberia, Costa Rica, la Rep£blica Popular
Democr tica de Corea, Croacia, la Jamahiriya Arabe Libia, Gambia y Chipre.
28. En la misma sesi¢n, hicieron declaraciones el observador de
Samoa Americana, un miembro asociado de la Comisi¢n Econ¢mica y Social para
Asia
y el Pac¡fico, y el observador de Puerto Rico, un miembro asociado de la
Comisi¢n Econ¢mica para Amrica Latina y el Caribe. El observador del
Congreso
Nacional Africano de Sud frica tambin formul¢ una declaraci¢n.
29. Tambin en la misma sesi¢n, hicieron declaraciones el Alto Comisionado
de
las Naciones Unidas para los Refugiados y el representante de la Organizaci¢n
de
las Naciones Unidas para la Educaci¢n, la Ciencia y la Cultura. Los
representantes de las siguientes organizaciones intergubernamentales
formularon
declaraciones: la Liga de los Estados Arabes y el Programa Regional del
Pac¡fico Sur para el Medio Ambiente. Tambin formularon declaraciones los
representantes de las siguientes organizaciones no gubernamentales: el Comit
Intertribal, la Asociaci¢n Internacional de Universidades y la Federaci¢n
Internacional de Productores Agr¡colas.
30. El representante de Yugoslavia hizo una declaraci¢n en ejercicio del
derecho a contestar.
31. En la 13a. sesi¢n plenaria, celebrada el 11 de junio, hicieron
declaraciones los representantes de la Rep£blica de Corea, Seychelles,
el Canad , Nueva Zelandia, Bhut n, Ucrania y Nicaragua. El observador
de Palestina tambin hizo una declaraci¢n.
32. En la misma sesi¢n, el representante del Departamento de Desarrollo
Econ¢mico y Social de la Secretar¡a de las Naciones Unidas hizo una
declaraci¢n.
Tambin hicieron declaraciones los representantes de la Organizaci¢n
Meteorol¢gica Mundial y el Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio.
Los representantes de las siguientes organizaciones intergubernamentales
formularon declaraciones: la Organizaci¢n de los Estados Americanos y el
Organismo de Cooperaci¢n Cultural y Tcnica. El representante de la
Organizaci¢n Keniana de J¢venes, una organizaci¢n no gubernamental, formul¢
una
declaraci¢n.
33. En la 14a. sesi¢n plenaria, celebrada el 11 de junio, hicieron
declaraciones los representantes de las Comoras, el Per£, Suriname, El
Salvador,
Sri Lanka, Fiji, el Congo, Honduras, Singapur, Qatar, Checoslovaquia, Trinidad
y
Tabago, Viet Nam, Venezuela, el L¡bano y el Afganist n.
34. En la misma sesi¢n, hicieron declaraciones los representantes de la
Corte
Internacional de Justicia y la Oficina de las Naciones Unidas para la Regi¢n
Sudanosaheliana. Los representantes de las siguientes organizaciones
intergubernamentales formularon declaraciones: la Secretar¡a del Commonwealth
y
el Comit Internacional de la Cruz Roja. Tambin hicieron declaraciones los
representantes de las siguientes organizaciones no gubernamentales: la Uni¢n
Internacional para la Conservaci¢n de la Naturaleza y sus Recursos Naturales y
el Greenbelt Movement.
35. Tambin en la misma sesi¢n, varios ni¤os hicieron declaraciones en
nombre
de la ni¤ez del mundo.
Cap¡tulo IV
INFORME DE LA COMISION PRINCIPAL Y MEDIDAS ADOPTADAS
POR LA CONFERENCIA
A. Informe de la Comisi¢n Principal
1. En su primera sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio de 1992, la
Conferencia aprob¢ la organizaci¢n de sus trabajos que figura en el documento
A/CONF.151/3 y decidi¢ asignar el tema 9 del programa (Adopci¢n de acuerdos
sobre el medio ambiente y el desarrollo) y el tema 10 (Firma de convenciones)
a
la Comisi¢n Principal, que presentar¡a sus recomendaciones a la Conferencia.
2. La Comisi¢n Principal tuvo ante s¡ los documentos siguientes:
a) Nota del Secretario General de la Conferencia sobre el
Programa 21 (A/CONF.151/4 (Part I, Part II y Corr.1,
Part III y Part IV y Corr.1));
b) Nota del Secretario General de la Conferencia relativa a la
Declaraci¢n de R¡o sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
(A/CONF.151/5);
c) Nota del Secretario General de la Conferencia en que figura
una declaraci¢n autorizada, sin fuerza jur¡dica obligatoria,
de principios para un consenso mundial respecto de la
ordenaci¢n, la conservaci¢n y el desarrollo sostenible de
los bosques de todo tipo (A/CONF.151/6);
d) Nota del Secretario General de la Conferencia por la que se
transmite a la Conferencia la Declaraci¢n de Tokio sobre
financiaci¢n del medio ambiente mundial y el desarrollo,
aprobada por la Reuni¢n de Personas Eminentes sobre
financiaci¢n del medio ambiente mundial y el desarrollo,
celebrada en Tokio, del 15 al 17 de abril de 1992
(A/CONF.151/7);
e) Informe del Presidente del Comit Intergubernamental de
Negociaci¢n de una convenci¢n general sobre los cambios
clim ticos, Sr. Jean Ripert (Francia), en nombre del Comit
(A/CONF.151/8);
f) Carta de fecha 4 de junio de 1992 dirigida al Secretario
General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo por el jefe de la delegaci¢n
de Chile a la Conferencia (A/CONF.151/9);
g) Informe del Secretario General sobre la protecci¢n y
preservaci¢n del medio marino (A/CONF.151/10);
h) Carta de fecha 3 de junio de 1992 dirigida al Secretario
General de las Naciones Unidas y al Secretario General de la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y
el Desarrollo por el Presidente del Consejo de Estado de
Viet Nam (A/CONF.151/11);
i) Nota verbal de fecha 5 de mayo de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo por el Representante
Permanente de Sri Lanka ante las Naciones Unidas
(A/CONF.151/12);
j) Nota verbal de fecha 20 de mayo de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo por el Director
Ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para la
Fiscalizaci¢n Internacional de Drogas (A/CONF.151/13);
k) Carta de fecha 30 de mayo de 1992 dirigida al Secretario
General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo por el Ministro de Relaciones
Exteriores del Brasil (A/CONF.151/14);
l) Carta de fecha 21 de mayo de 1992 dirigida al Secretario
General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo por el Representante
Permanente de Mxico ante las Naciones Unidas
(A/CONF.151/15);
m) Nota verbal de fecha 28 de mayo de 1992 dirigida al
Secretario General por el Encargado de Negocios interino de
la Misi¢n Permanente de Barbados ante las Naciones Unidas
(A/CONF.151/16);
n) Carta de fecha 9 de junio de 1992 dirigida al Secretario
General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo por el jefe adjunto de la
delegaci¢n de la Federaci¢n de Rusia (A/CONF.151/18);
o) Carta de fecha 10 de junio de 1992 dirigida al Secretario
General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo por el Representante
Permanente de Venezuela ante las Naciones Unidas
(A/CONF.151/19);
p) Nota verbal de fecha 9 de junio de 1992 dirigida a la
secretar¡a de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo por la Embajada de Argelia
(A/CONF.151/20);
q) Carta de fecha 15 de mayo de 1992 dirigida al Secretario
General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo por el Representante
Permanente de Yugoslavia ante las Naciones Unidas
(A/CONF.151/21);
r) Carta de fecha 9 de junio de 1992 dirigida al Secretario General
de la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo por el Secretario Ejecutivo de la Comisi¢n Econ¢mica
para
Amrica Latina y el Caribe y el Ministro de Vivienda y Urbanismo
de
Chile (A/CONF.151/22);
s) Carta de fecha 12 de junio de 1992 dirigida al Secretario
General de
la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo por el Representante Permanente de Mongolia ante las
Naciones Unidas (A/CONF.151/23);
t) Carta de fecha 11 de junio de 1992 dirigida al Secretario General
de
la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo por el Ministro de Medio Ambiente y Obras P£blicas de
Grecia (A/CONF.151/24);
u) Nota verbal de fecha 12 de junio de 1992 dirigida a la secretar¡a
de
la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo por la Embajada de Marruecos (A/CONF.151/25);
v) Nota del Secretario General de la Conferencia en que figura
una lista de propuestas sobre instituciones derivadas de los
distintos componentes sectoriales e intersectoriales del
Programa 21 (A/CONF.151/CRP.1);
w) Informe del Comit Preparatorio de la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
sobre la labor realizada en su cuarto per¡odo de sesiones
(A/CONF.151/PC/128 y Corr.1);
x) Informe del Secretario General sobre nuevas actividades
sustantivas realizadas por gobiernos y organizaciones del
sistema de las Naciones Unidas en aplicaci¢n de las
resoluciones 42/186 y 42/187 de la Asamblea General
(A/47/121-E/1992/15);
y) Carta de fecha 8 de mayo de 1992 dirigida al Secretario
General por el Encargado de Negocios interino de la Misi¢n
Permanente de Malasia ante las Naciones Unidas (A/47/203).
3. El Presidente de la Comisi¢n Principal fue el Sr. Tommy Koh (Singapur)
quien fue elegido por aclamaci¢n en la primera sesi¢n plenaria de la
Conferencia, celebrada el 3 de junio.
4. En sus sesiones primera y segunda, celebradas los d¡as 3 y 4 de junio,
la
Comisi¢n Principal eligi¢ por aclamaci¢n a los siguientes miembros de la Mesa:
Vicepresidentes: Bedrich Moldan (Checoslovaquia)
Nabil A. Elaraby (Egipto)
J. G. W. Alders (Pa¡ses Bajos)
Vicente S nchez (Chile)
5. En su cuarta sesi¢n, celebrada el 5 de junio, la Comisi¢n Principal, a
propuesta del Presidente, acord¢ el nombramiento de Bedrich Moldan
(Checoslovaquia) como Relator, adem s de sus funciones de Vicepresidente.
6. En la primera sesi¢n, a propuesta del Presidente, la Comisi¢n Principal
decidi¢ establecer ocho grupos de contacto y designar ocho coordinadores sobre
las siguientes cuestiones:
a) Recursos y mecanismos de financiaci¢n: coordinador, Rubens
Ricupero
(Brasil);
b) Transferencia de tecnolog¡a: coordinador, J. G. W.
Alders
(Pa¡ses Bajos);
c) Atm¢sfera: coordinador, Bo Kjelln (Suecia);
d) Principios relativos a los bosques: coordinador, Charles Liburd
(Guyana);
e) Diversidad biol¢gica y biotecnolog¡a: coordinador, Vicente
S nchez
(Chile);
f) Recursos de agua dulce: coordinador, Bukar Shaib (Nigeria);
g) Instrumentos y mecanismos jur¡dicos internacionales: coordinador,
Nabil A. Elaraby (Egipto);
h) Arreglos institucionales internacionales: coordinador, Razali
Ismail
(Malasia).
7. Asimismo en la primera sesi¢n, la Comisi¢n escuch¢ las declaraciones
formuladas por el Presidente del Comit Intergubernamental de Negociaci¢n de
una
convenci¢n general sobre los cambios clim ticos y el Presidente del Comit
Intergubernamental de Negociaci¢n de un convenio sobre la diversidad
biol¢gica.
8. La Comisi¢n Principal examin¢ el tema 9 en sus sesiones segunda a octava
celebradas los d¡as 3 a 6 y 10 de junio. De conformidad con las decisiones
4/4 A a I del Comit Preparatorio de la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre
el Medio Ambiente y el Desarrollo (A/CONF.151/PC/128 y Corr.1, anexo I), la
Comisi¢n Principal examin¢ los proyectos de los cap¡tulos del Programa 21 que
hab¡a aprobado el Comit Preparatorio (A/CONF.151/4 (Part I, Part II y Corr.1,
Part III y Part IV y Corr.1)), con las modificaciones introducidas oralmente y
a
reserva de un examen ulterior de las partes que figuran entre corchetes.
9. La Comisi¢n principal aprob¢ las enmiendas al texto del Programa 21
(A/CONF.151/L.3/Add.1 a 6, Add.6/Corr.1, Add.7 a 12, Add.12/Corr.1., Add.13 a
40, 43 y 44) resultantes de las consultas oficiosas celebradas por los grupos
de
contacto y recomend¢ a la Conferencia que aprobara el texto en su forma
enmendada.
10. En la octava sesi¢n, celebrada el 10 de junio, La Comisi¢n Principal, de
conformidad con la decisi¢n 4/10 del Comit Preparatorio, tambin examin¢ la
propuesta del Presidente del Comit Preparatorio relativa a la Declaraci¢n de
R¡o sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (A/CONF.151/5). A propuesta de su
Presidente, la Comisi¢n Principal aprob¢ por aclamaci¢n la Declaraci¢n de R¡o
sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y la recomend¢ a la Conferencia para
su
adopci¢n. Subsiguientemente la Declaraci¢n fue publicada en el documento
A/CONF.151/5/Rev.1.
11. En la misma sesi¢n, de conformidad con la decisi¢n 4/7 del Comit
Preparatorio, la Comisi¢n Principal examin¢ la nota del Secretario General de
la
Conferencia que conten¡a la declaraci¢n autorizada, sin fuerza jur¡dica
obligatoria, de principios para un consenso mundial respecto de la ordenaci¢n,
la conservaci¢n y el desarrollo sostenible de los bosques de todo tipo
(A/CONF.151/6). El coordinador del grupo de contacto sobre los principios
relativos a los bosques, Sr. Charles Liburd (Guyana), introdujo enmiendas a
los
principios que hab¡an sido convenidas en las consultas oficiosas celebradas
por
el grupo de contacto. La Comisi¢n Principal aprob¢ esas enmiendas y otras
enmiendas propuestas verbalmente y present¢ sus recomendaciones a la
Conferencia. La declaraci¢n de principios en su forma enmendada se distribuy¢
posteriormente con la signatura A/CONF.151/6/Rev.1.
12. El informe de la Comisi¢n Principal se public¢ con las signaturas
A/CONF.151/L.3 y Add.1 a 6, Add.6/Corr.1, Add.7 a 12, Add.12/Corr.1 y
Add.13 a 44.
B. Medidas adoptadas por la Conferencia
13. En su 19a. sesi¢n plenaria, celebrada el 14 de junio, la Conferencia
tuvo
ante s¡ un proyecto de resoluci¢n (A/CONF.151/L.4/Rev.1) titulado "Adopci¢n de
textos sobre el medio ambiente y el desarrollo", patrocinado por la delegaci¢n
del Brasil. Se anexaban al proyecto de resoluci¢n la Declaraci¢n de R¡o sobre
el Medio Ambiente y el Desarrollo, el Programa 21 y la declaraci¢n autorizada,
sin fuerza jur¡dica obligatoria, de principios para un consenso mundial
respecto
de la ordenaci¢n, la conservaci¢n y el desarrollo sostenible de los bosques de
todo tipo.
14. La Conferencia aprob¢ el proyecto de resoluci¢n, cuyo texto definitivo
figura como resoluci¢n 1 en el cap¡tulo I.
15. Antes de la aprobaci¢n del proyecto de resoluci¢n, hicieron
observaciones o
expresaron reservas los representantes de los Estados siguientes:
Estados Unidos de Amrica, Arabia Saudita, Argentina, Kuwait, Filipinas,
Pakist n (en nombre de los Estados Miembros de las Naciones Unidas que son
miembros del Grupo de los 77 y en nombre de China), Colombia, Francia,
Portugal
(en nombre de los Estados miembros de la Comunidad Econ¢mica Europea) y
Mauricio. El observador de Palestina formul¢ una declaraci¢n.
16. El Gobierno de los Estados Unidos de Amrica present¢ la siguiente
declaraci¢n escrita:
Declaraci¢n de R¡o
Principio 3
La adhesi¢n de los Estados Unidos al consenso sobre la
Declaraci¢n de
R¡o no modifica su oposici¢n de larga data al denominado "derecho al
desarrollo". El desarrollo no es un derecho. Por el contrario, el
desarrollo es una meta que todos nos hemos propuesto, cuya consecuci¢n
depende en gran medida de la promoci¢n y protecci¢n de los derechos
humanos
enunciados en la Declaraci¢n Universal de Derechos Humanos.
Los Estados Unidos aceptan la finalidad del principio 3 en
el sentido
de que las metas y los objetivos del desarrollo econ¢mico deber n
alcanzarse teniendo en cuenta las necesidades en materia de desarrollo y
medio ambiente de las generaciones presentes y futuras. Los Estados
Unidos
no pueden convenir en ninguna interpretaci¢n del principio 3 que acepte
un
"derecho al desarrollo" o que incluso vaya m s all de esa
interpretaci¢n,
de la que se desvincular¡a.
Principio 7
Los Estados Unidos aceptan el principio 7 en el sentido de
que destaca
el papel especial de liderazgo que corresponde a los pa¡ses
desarrollados,
en funci¢n de su desarrollo industrial, su experiencia en materia de
pol¡ticas y medidas de protecci¢n del medio ambiente, y su riqueza y
conocimientos y capacidad tcnicos.
Los Estados Unidos no aceptan ninguna interpretaci¢n del
principio 7
que entra¤e un reconocimiento o aceptaci¢n por los Estados Unidos de
cualesquiera obligaciones o responsabilidades internacionales, o
cualquier
disminuci¢n de las responsabilidades de los pa¡ses en desarrollo.
Principio 12
Los Estados Unidos entienden que, en determinadas
circunstancias, las
medidas comerciales pueden constituir un medio eficaz y apropiado de
atender a las preocupaciones ambientales, incluidas las preocupaciones
relacionadas con la ordenaci¢n sostenible y a largo plazo de los bosques
y
las preocupaciones ambientales fuera de la jurisdicci¢n nacional, con
sujeci¢n a determinadas disciplinas.
Principio 23
Los Estados Unidos entienden que nada en la presente
Declaraci¢n
prejuzga o determina por adelantado el estatuto de cualquier territorio
bajo ocupaci¢n o de los recursos naturales que correspondan a esos
territorios. Los Estados Unidos entienden adem s que la Declaraci¢n no
prejuzga las negociaciones para lograr una paz justa y duradera en el
Oriente Medio, ni las cuestiones relacionadas con los recursos naturales
y
su ordenaci¢n. Los Estados Unidos tambin entienden que la presente
Declaraci¢n no afecta los derechos y deberes de las Potencias ocupantes
con
arreglo a las leyes de la guerra.
El Programa 21 y la declaraci¢n autorizada sobre los principios
relativos a
los bosques
Medidas comerciales adoptadas con fines ambientales
Los Estados Unidos aceptan las referencias que se hacen en
el Programa
21 y en los principios relativos a los bosques a las medidas comerciales
adoptadas con fines ambientales con sujeci¢n a la misma interpretaci¢n
que
han dado respecto del principio 12 de la Declaraci¢n de R¡o.
Cooperaci¢n en materia de tecnolog¡a
Los Estados Unidos creen firmemente que la protecci¢n
adecuada y
eficaz de los derechos de propiedad intelectual es un componente
esencial
de todo esfuerzo internacional de cooperaci¢n en materia de tecnolog¡a
encaminado a la protecci¢n del medio ambiente y/o a la asistencia para
el
desarrollo. Tal protecci¢n es indispensable a fin de proporcionar
incentivos para la innovaci¢n en materia de desarrollo de tecnolog¡as
apropiadas y ecol¢gicamente racionales y para facilitar el acceso a esas
tecnolog¡as y su transferencia y difusi¢n.
Los Estados Unidos entienden que las disposiciones de los
principios
relativos a los bosques y del Programa 21 que se refieren al acceso a la
tecnolog¡a y a la transferencia de sta significan que, en el caso de
las
tecnolog¡as y los conocimientos especializados sujetos a derechos de
propiedad intelectual, dicho acceso y dicha transferencia tendr n lugar
en
condiciones libremente negociadas y mutuamente convenidas que reconozcan
la
protecci¢n adecuada y eficaz de esos derechos y sean compatibles con esa
protecci¢n.
Biotecnolog¡a
Los Estados Unidos entienden que la biotecnolog¡a no es de
ninguna
forma un proceso intr¡nsecamente inseguro. Los Estados Unidos aceptan
considerar la necesidad y viabilidad de directrices internacionalmente
convenidas sobre la seguridad de las liberaciones de la biotecnolog¡a, y
considera asimismo la posibilidad de estudiar la viabilidad de
directrices
que faciliten la promulgaci¢n de la legislaci¢n nacional sobre la
responsabilidad y la indemnizaci¢n, con sujeci¢n al presente
entendimiento.
Compartimiento de los beneficios derivados de los recursos
biol¢gicos
y los recursos genticos
Los Estados Unidos entienden que las referencias en el
Programa 21 a
medidas apropiadas para el compartimiento justo y equitativo de los
beneficios derivados de los recursos biol¢gicos y los recursos genticos
tienen que ver con aquellas medidas que puedan ser mutuamente convenidas
entre las fuentes y los usuarios de esos recursos, en condiciones que
reconozcan la protecci¢n adecuada y eficaz de los derechos de propiedad
intelectual y sean plenamente compatibles con dicha protecci¢n. Adem s,
entienden que las referencias al compartimiento de los beneficios
derivados
de la utilizaci¢n de los recursos biol¢gicos y los recursos genticos no
tienen en cuenta la fuente de esos recursos.
Derecho al desarrollo socioecon¢mico sobre una base
sostenible
Los Estados Unidos interpretan las palabras "derecho al
desarrollo
socioecon¢mico en forma sostenible" que figuran en los principios
relativos
a los bosques en el mismo sentido con que han interpretado el principio
3
de la Declaraci¢n de R¡o.
Metas de la asistencia oficial para el desarrollo
Los Estados Unidos no se encuentran entre los pa¡ses que han
establecido una meta para la asistencia oficial para el desarrollo.
Una
meta de esa ¡ndole distraer¡a la atenci¢n de las cuestiones m s
importantes
de la eficacia y calidad de la ayuda y de las pol¡ticas en el pa¡s
receptor. Los Estados Unidos hacen hincapi, con respecto al p rrafo 15
del cap¡tulo 33 [p rrafo 33.13 del texto definitivo], en que son uno de
los
"otros pa¡ses desarrollados" que "convienen en hacer todos los esfuerzos
posibles por aumentar" su nivel de asistencia oficial para el
desarrollo,
"en armon¡a con su apoyo a los esfuerzos reformadores de los pa¡ses en
desarrollo". Los Estados Unidos han sido tradicionalmente el donante
m s
importante en cifras absolutas y continuar n proporcionando ayuda de
gran
calidad teniendo en cuenta las circunstancias de cada caso y de una
forma
que fomente los esfuerzos de reforma en los pa¡ses en desarrollo.
17. El Gobierno de la Arabia Saudita present¢ las siguientes observaciones
escritas:
El Reino de la Arabia Saudita ha participado en las
deliberaciones de
la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo con el fin de llegar a conclusiones de amplio alcance,
equilibradas y equitativas. Las conclusiones a que se ha llegado no
tienen
el alcance, la equidad y el equilibrio entre el medio ambiente y el
desarrollo que son necesarios. Muchas secciones del Programa 21 y la
declaraci¢n autorizada, sin fuerza jur¡dica obligatoria, de principios
para
un consenso mundial respecto de la ordenaci¢n, la conservaci¢n y el
desarrollo sostenible de los bosques de todo tipo adolecen de graves
deficiencias y disparidades.
A continuaci¢n se incluyen algunos ejemplos de graves
disparidades y
deficiencias que son inaceptables:
1.Programa 21:
a)El texto del Programa 21 promueve un criterio que no tiene
en
cuenta la gran importancia de la certeza cient¡fica como fundamento de
cualquier medida internacional necesaria para ocuparse de la atm¢sfera y
el
cambio clim tico;
b)En consecuencia, el texto fomentar la adopci¢n de medidas
que,
en nuestra opini¢n, conducir n a un grave desequilibrio en la econom¡a
mundial y en las econom¡as de los pa¡ses en desarrollo;
c)La gran disparidad de los enfoques atinentes a las
cuestiones
interrelacionadas del medio ambiente y la energ¡a llevar a una
discriminaci¢n contra el petr¢leo, como se desprende claramente del
texto;
d)La promoci¢n del uso de tecnolog¡as y fuentes de energ¡a,
como la
energ¡a nuclear, poco seguras y ecol¢gicamente no racionales;
e)La promoci¢n de medidas antiecon¢micas desde el punto de
vista de
la relaci¢n costo-eficacia;
f)El criterio dispar que se aplica a los sumideros.
2.Declaraci¢n autorizada, sin fuerza jur¡dica obligatoria,
de
principios para un consenso mundial respecto de la ordenaci¢n, la
conservaci¢n y el desarrollo sostenible de los bosques de todo tipo:
La omisi¢n intencional de los principios b sicos
que reconocen la
funci¢n importante de los bosques en la conservaci¢n del
equilibrio
ecol¢gico, en particular el papel de la fijaci¢n del carbono.
18. El Gobierno de la Argentina present¢ las siguientes observaciones
escritas:
El Gobierno de la Argentina desea destacar la importancia
del objetivo
indicado en el p rrafo 9.23 b) del Programa 21 y de las declaraciones
conexas en los programas sobre la reducci¢n de los riesgos para la salud
de
la contaminaci¢n y los peligros ambientales (p rr. 6.42 i)), la
evaluaci¢n
de los efectos sobre las plantas y los animales de la radiaci¢n
ultravioleta causada por el agotamiento de la capa de ozono
estratosfrico
(p rrs. 14.102 y 14.104), y la soluci¢n de las principales
incertidumbres
que se plantean respecto de la ordenaci¢n del medio marino y el cambio
clim tico (p rrs. 17.98, 17.100 e) y 17.111). El Gobierno tambin desea
se¤alar que considera que los p rrafos 9.24 d) y 17.107 se refieren al
concepto de reparaci¢n y que las "medidas correctivas apropiadas"
incluyen
una indemnizaci¢n adecuada.
El Gobierno desea indicar asimismo que la conferencia
intergubernamental a que se hace referencia en el p rrafo 17.49 e) del
Programa 21 deber¡a considerar la pesca en la alta mar, las poblaciones
de
peces compartidas y las poblaciones de peces altamente migratorias que
se
encuentran en la alta mar, en el rea adyacente a la zona econ¢mica
exclusiva. La conferencia deber¡a dar especial consideraci¢n a los
intereses de los Estados ribere¤os, como se prev en el art¡culo 63.2 de
la
Convenci¢n de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
19. El Gobierno de Kuwait present¢ la siguiente declaraci¢n escrita:
El Programa 21 es un conjunto convenido de recomendaciones
que se
ocupan de las cuestiones del medio ambiente y el desarrollo a escala
mundial y, por consiguiente, deber¡a tener en cuenta las preocupaciones
de
todos los Estados y abstenerse de recomendar medidas que podr¡an tener
un
car cter discriminatorio, perjudicar los intereses sociales, econ¢micos
y
otros intereses nacionales de cualquier Estado o limitar sus
posibilidades
de desarrollo econ¢mico y social. El Programa 21 no se ajusta a estos
criterios en algunas de las reas principales, como por ejemplo las
siguientes:
1.El cap¡tulo 9 no se ajusta al esp¡ritu y los objetivos de
la
Conferencia, porque no incluye la afirmaci¢n expl¡cita de que todas las
fuentes de energ¡a deben ser ecol¢gicamente inocuas y racionales y
porque
propugna por la utilizaci¢n de determinados tipos de tecnolog¡as y
fuentes
de energ¡a sin calificarlas concretamente de ecol¢gicamente inocuas y
racionales.
2.No se ha destacado suficientemente el hecho de que la
viabilidad
econ¢mica de las tecnolog¡as y las fuentes de energ¡a es una condici¢n
indispensable para lograr el m ximo de beneficios del aprovechamiento de
todos los recursos. Ese criterio va en desmedro de la eficiencia
econ¢mica
y ser perjudicial para el desarrollo sostenible.
3.La promoci¢n de un mayor uso de medidas econ¢micas y de
instrumentos de mercado, as¡ como de la fijaci¢n de precios, conducir n
a
distorsiones econ¢micas y comerciales y a la aplicaci¢n de pr cticas
discriminatorias contra algunas fuentes de energ¡a. Esto ser
perjudicial
para la econom¡a mundial. Estimamos que las pol¡ticas y medidas que
corresponda adoptar deber¡an quedar libradas a los gobiernos y no se
deber¡an indicar en el Programa 21, en especial en los cap¡tulos 4, 8 y
9.
4.Para reducir al m¡nimo los efectos perjudiciales para la
atm¢sfera, es indispensable considerar y tratar del mismo modo a las
fuentes, los sumideros y los dep¢sitos de gases de efecto invernadero.
Lamentablemente, en el Programa 21 se hace demasiado hincapi en las
fuentes y no se tienen en cuenta debidamente los sumideros y los
dep¢sitos.
Estimamos que es de la mayor importancia promover la ordenaci¢n,
conservaci¢n y mejoramiento sostenibles de todos los sumideros y
dep¢sitos.
A este respecto, hay una necesidad urgente de limitar y reducir las
tasas
de deforestaci¢n. Consideramos que estas cuestiones no han sido
tratadas
en el Programa 21, en especial en el cap¡tulo 9.
5.Se da demasiada importancia a un mayor aprovechamiento de
las fuentes y los sistemas nuevos y renovables de energ¡a. Las crecientes
necesidades de energ¡a de los pa¡ses en desarrollo ser n atendidas de
manera m s eficaz mediante la promoci¢n de las mejores fuentes de
energ¡a
disponibles que sean ecol¢gicamente inocuas y racionales y
econ¢micamente
viables, especialmente las que ofrezcan m s posibilidades que las
fuentes
nuevas y renovables.
6.Al tratarse el tema del cambio
clim tico, en el cap¡tulo 9 no se
tienen debidamente en cuenta las consecuencias sociales y econ¢micas de
las
medidas de mitigaci¢n y de las medidas de respuesta al posible cambio
clim tico. Para evitar que se adopten medidas costosas y prematuras, es
prudente crear una mayor comprensi¢n de todas las cuestiones pertinentes
relacionadas con el cambio clim tico.
Por estas razones, el Estado de Kuwait deja expresada sus
reservas
respecto de los cap¡tulos 4, 8 y 9.
20. El Gobierno de Filipinas present¢ la siguiente declaraci¢n escrita:
La posici¢n de la delegaci¢n de Filipinas respecto de los
establecimientos militares a que se hace referencia en el inciso h) del
p rrafo 23 [inciso h) del p rrafo 20.22 del texto definitivo] del
cap¡tulo 20 del Programa 21 es que dichos establecimientos incluyen las
instalaciones militares extranjeras bajo el completo control operacional
de
los gobiernos, en particular las que no est n abarcadas por acuerdos que
contienen disposiciones concretas sobre el tratamiento y la eliminaci¢n
de
desechos peligrosos.
21. El Gobierno de Francia present¢ la siguiente declaraci¢n escrita:
Por lo que se refiere al cap¡tulo 26 del Programa 21,
referente a las
poblaciones ind¡genas, la delegaci¢n de Francia tal como hizo en el
cuarto
per¡odo de sesiones del Comit Preparatorio de la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, desea recordar
solemnemente que en lo relativo a las normas y medidas particulares
propuestas en ese documento y en otros cap¡tulos del Programa 21 para
las
poblaciones ind¡genas y de conformidad con el art¡culo 2 de la
Constituci¢n
francesa, las leyes de la Rep£blica se aplican a todos los ciudadanos
franceses en condiciones de igualdad, sin distinciones por motivo de
origen, raza o religi¢n.
Esta declaraci¢n se refiere igualmente al principio
correspondiente de
la Declaraci¢n de R¡o sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y de la
declaraci¢n de principios relativos a los bosques.
22. La delegaci¢n de Palestina present¢ la siguiente declaraci¢n escrita:
La delegaci¢n de Palestina desea dejar constancia de su
agradecimiento
por la inclusi¢n en el p rrafo 1.5 [p rrafo 1.6 del texto definitivo]
del
Programa 21 de la oraci¢n siguiente: "Con plena observancia de todos
los
principios que figuran en la Declaraci¢n de R¡o sobre el Medio Ambiente
y
el Desarrollo". Esto significa en particular, para el pueblo palestino
bajo ocupaci¢n israel¡, los principios enunciados en el p rrafo 23 de la
Declaraci¢n y el pleno reconocimiento de la aplicabilidad de
instrumentos
internacionales como el Cuarto Convenio de Ginebra, relativo a los
pueblos
bajo ocupaci¢n extranjera.
Cap¡tulo V
INFORME DE LA COMISION DE VERIFICACION DE PODERES
1. En la primera sesi¢n plenaria, celebrada el 3 de junio de 1992, la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
nombr¢, de conformidad con el art¡culo 4 del reglamento de la Conferencia, una
Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes basada en la Comisi¢n de Verificaci¢n de
Poderes de la Asamblea General de las Naciones Unidas en su cuadragsimo sexto
per¡odo de sesiones e integrada por los siguientes nueve miembros: Blgica,
Belice, Chile, China, Estados Unidos de Amrica, Federaci¢n de Rusia, Lesotho,
Singapur y Togo.
2. La Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes celebr¢ una sesi¢n, el 9 de junio
de 1992.
3. El Sr. Michel Delfosse (Blgica) fue elegido Presidente de la Comisi¢n
por
unanimidad.
4. La Comisi¢n tuvo ante s¡ un memorando del Secretario General de fecha 8
de
junio de 1992 sobre la situaci¢n de las credenciales de los representantes que
participan en la Conferencia. El Secretario de la Comisi¢n suministr¢ a sta
informaci¢n adicional sobre las credenciales recibidas por el Secretario
General
despus de la publicaci¢n del memorando.
5. Como se indic¢ en el p rrafo 1 del memorando del Secretario General
actualizado con la informaci¢n adicional recibida, el Secretario General hab¡a
recibido, con arreglo al art¡culo 3 del reglamento, las credenciales
oficiales,
expedidas por el Jefe de Estado o de Gobierno o por el Ministro de Relaciones
Exteriores, de los representantes de los 95 Estados siguientes que participan
en
la Conferencia: Afganist n, Alemania, Antigua y Barbuda, Argelia, Armenia,
Azerbaiy n, Bahamas, Bahrein, Bangladesh, Barbados, Belar£s, Belice, Bhut n,
Botswana, Brasil, Brunei Darussalam, Burkina Faso, Burundi, Cabo Verde,
Camer£n,
Colombia, Cte d'Ivoire, Cuba, Chad, Checoslovaquia, Chile, China, Chipre,
Dominica, Emiratos Arabes Unidos, Estonia, Etiop¡a, Federaci¢n de Rusia,
Finlandia, Francia, Ghana, Granada, Grecia, Guinea Ecuatorial, Hungr¡a, India,
Indonesia, Ir n (Rep£blica Isl mica del), Islandia, Israel, Jamahiriya Arabe
Libia, Jamaica, Jap¢n, Jordania, Kazajst n, Lesotho, Letonia, Liberia,
Lituania,
Luxemburgo, Malasia, Malawi, Malta, Marruecos, Mxico, Micronesia (Estados
Federados de), Mozambique, Myanmar, Nauru, Nepal, N¡ger, Noruega, Pa¡ses
Bajos,
Per£, Polonia, Rep£blica Arabe Siria, Rep£blica Popular Democr tica de Corea,
Rumania, Rwanda, Saint Kitts y Nevis, Santa Luc¡a, Santa Sede, Singapur, Sri
Lanka, Sud n, Suecia, Suiza, Swazilandia, Tailandia, Togo, Trinidad y Tabago,
T£nez, Tuvalu, Ucrania, Uruguay, Venezuela, Viet Nam, Yemen, Yugoslavia, y
Zimbabwe. Adem s, en el caso de la Comunidad Econ¢mica Europea, el Presidente
de la Comisi¢n Europea hab¡a comunicado las credenciales de sus
representantes.
6. Como se indic¢ en el p rrafo 2 del memorando, en su versi¢n actualizada,
los 83 Estados siguientes que participan en la Conferencia hab¡an comunicado
el
nombramiento de representantes en la Conferencia por facs¡mile, telegrama, o
carta o nota verbal de ministerios, misiones permanentes ante las Naciones
Unidas u otras dependencias o autoridades gubernamentales: Albania, Angola,
Arabia Saudita, Argentina, Australia, Austria, Blgica, Benin, Bolivia,
Bulgaria, Camboya, Canad , Comoras, Congo, Costa Rica, Croacia, Dinamarca,
Djibouti, Ecuador, Egipto, El Salvador, Espa¤a, Estados Unidos de Amrica,
Eslovenia, Fiji, Filipinas, Gab¢n, Gambia, Guatemala, Guinea, Guinea-Bissau,
Guyana, Hait¡, Honduras, Iraq, Irlanda, Islas Cook, Islas Marshall,
Islas Salom¢n, Italia, Kenya, Kiribati, Kuwait, L¡bano, Liechtenstein,
Madagascar, Maldivas, Mal¡, Mauricio, Mauritania, Moldova, M¢naco, Mongolia,
Namibia, Nicaragua, Nigeria, Nueva Zelandia, Om n, Pakist n, Panam , Papua
Nueva
Guinea, Paraguay, Portugal, Qatar, Reino Unido de Gran Breta¤a e Irlanda del
Norte, Rep£blica Centroafricana, Rep£blica de Corea, Rep£blica Democr tica
Popular Lao, Rep£blica Dominicana, Rep£blica Unida de Tanzan¡a, Samoa, San
Marino, Santo Tom y Pr¡ncipe, San Vicente y las Granadinas, Senegal,
Seychelles, Sierra Leona, Suriname, Turqu¡a, Uganda, Vanuatu, Zaire y Zambia.
7. El representante de los Estados Unidos dijo que su delegaci¢n no cre¡a
que
existiera la Rep£blica Federativa Socialista de Yugoslavia. Adem s, su
delegaci¢n no consideraba que Serbia y Montenegro fuera la continuaci¢n ni la
£nica sucesora de la Rep£blica Federativa Socialista de Yugoslavia. Sin
embargo, su delegaci¢n estar¡a dispuesta a aceptar a Yugoslavia en la presente
Conferencia con una salvedad, en el sentido de que Serbia y Montenegro no
tuviera derecho a ocupar el lugar de la antigua Rep£blica Federativa
Socialista
de Yugoslavia en las organizaciones internacionales, entre ellas las Naciones
Unidas. No obstante, los Estados Unidos estimaban que los ¢rganos adecuados
para resolver la cuesti¢n de la condici¢n de miembro de Serbia y Montenegro en
las Naciones Unidas eran el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de las
Naciones Unidas. As¡ pues, si bien no formulaba objeciones en el presente
foro,
la delegaci¢n de los Estados Unidos deseaba dejar constancia de su reserva.
8. El representante de la Federaci¢n de Rusia indic¢ que su delegaci¢n
tambin
cre¡a que la cuesti¢n de la composici¢n de las Naciones Unidas era de la
exclusiva competencia del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General. Su
delegaci¢n estaba dispuesta a reconocer las credenciales de Yugoslavia para
los
efectos de la presente Conferencia.
9. El Presidente propuso que, teniendo en cuenta la reserva expresada, la
Comisi¢n aceptara las credenciales de todos los representantes mencionados en
el
memorando del Secretario General, en el entendimiento de que las credenciales
oficiales de los representantes mencionados en el p rrafo 2 del memorando del
Secretario General se comunicar¡an al Secretario General a la brevedad
posible.
El Presidente propuso el siguiente proyecto de resoluci¢n para su aprobaci¢n
por
la Comisi¢n:
La Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes,
Habiendo examinado las credenciales de los representantes en
la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo
mencionados en los p rrafos 1 y 2 del memorando del Secretario General
de
fecha 8 de junio de 1992,
Teniendo en cuenta la reserva expresada durante el debate,
Acepta las credenciales de los representantes interesados.
10. La Comisi¢n aprob¢ el proyecto de resoluci¢n sin someterlo a votaci¢n.
11. Posteriormente, el Presidente propuso que la Comisi¢n recomendara a la
Conferencia la aprobaci¢n de un proyecto de resoluci¢n (vase el
p rrafo 12 infra). La Comisi¢n aprob¢ la propuesta sin votaci¢n.
Recomendaci¢n de la Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes
12. La Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes recomienda a la Conferencia la
aprobaci¢n del siguiente proyecto de resoluci¢n:
"Credenciales de los representantes en la Conferencia
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y
el Desarrollo,
Aprueba el informe de la Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes."
Medidas adoptadas por la Conferencia
13. En la 13a. sesi¢n plenaria, celebrada el 11 de junio de 1992, la
Conferencia examin¢ el informe de la Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes
(A/CONF.151/17).
14. El representante de Portugal, haciendo uso de la palabra en nombre de la
Comunidad Econ¢mica Europea, manifest¢ que la Comunidad y sus miembros no
hab¡an
aceptado la continuidad autom tica de la Rep£blica Federativa de Yugoslavia en
las organizaciones internacionales, entre ellas las Naciones Unidas, y se
reservaban su posici¢n respecto de esta cuesti¢n. El representante de la
Rep£blica Federativa de Yugoslavia hizo una declaraci¢n de respuesta.
15. La Conferencia aprob¢ a continuaci¢n el proyecto de resoluci¢n
recomendado
por la Comisi¢n, cuyo texto definitivo se incluye como resoluci¢n 3 en el
cap¡tulo I.
Cap¡tulo VI
SEGMENTO CUMBRE DE LA CONFERENCIA
El Segmento Cumbre de la Conferencia se celebr¢ los d¡as 12 y 13 de
junio
de 1992. Formularon declaraciones ciento dos Jefes de Estado o de Gobierno o
sus representantes personales. Las declaraciones figuran en el volumen V del
presente informe.
Cap¡tulo VII
APROBACION DEL INFORME DE LA CONFERENCIA
1. El Relator General present¢ el informe de la Conferencia (A/CONF.151/L.2
y Add.1 a 3) en la 19a. sesi¢n plenaria, celebrada el 14 de junio de 1992.
2. En la misma sesi¢n, la Conferencia aprob¢ el proyecto de informe y
autoriz¢
al Relator General a completarlo, de conformidad con la pr ctica de las
Naciones
Unidas, con miras a su presentaci¢n a la Asamblea General en su cuadragsimo
sptimo per¡odo de sesiones.
3. Tambin en la misma sesi¢n, el representante del Pakist n, en nombre de
los
Estados Miembros de las Naciones Unidas que son miembros del Grupo de los 77 y
en nombre de China, present¢ un proyecto de resoluci¢n (A/CONF.151/L.5) por el
que se expresaba el agradecimiento de la Conferencia al pa¡s anfitri¢n.
Seguidamente, Australia (en nombre de los Estados de Europa occidental y otros
Estados) y la Federaci¢n de Rusia (en nombre de los Estados de Europa
oriental)
formularon declaraciones y se unieron a los patrocinadores del proyecto de
resoluci¢n.
4. La Conferencia aprob¢ a continuaci¢n el proyecto de resoluci¢n, cuyo
texto
definitivo se incluye como resoluci¢n 2 en el cap¡tulo I.
Clausura de la Conferencia
5. En la 19a. sesi¢n plenaria, formularon declaraciones los representantes
del
Pakist n (en nombre de los Estados de Asia), la Federaci¢n de Rusia (en nombre
de los Estados de Europa oriental), Mxico (en nombre de los Estados de
Amrica
Latina y el Caribe), Australia (en nombre de los Estados de Europa occidental
y
otros Estados), la India, los Estados Unidos de Amrica, la Rep£blica Arabe
Siria (en nombre de la Oficina Ejecutiva de los Ministros Arabes encargados
del
Medio Ambiente y el Desarrollo), el Jap¢n, China, el Canad (tambin en nombre
de Australia y Nueva Zelandia), Croacia, la Rep£blica Unida de Tanzan¡a (en
nombre de los Estados de Africa), T£nez, Malasia, el L¡bano e Islandia (en
nombre asimismo de Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia).
6. Tras declaraciones formuladas por el Secretario General de las Naciones
Unidas y el Secretario General de la Conferencia, el Presidente de la
Conferencia hizo una declaraci¢n de clausura y declar¢ clausurada la
Conferencia.
Anexo I
LISTA DE DOCUMENTOS
Signatura T¡tulo o descripci¢n
A/CONF.151/1 y Corr.1 Programa provisional
A/CONF.151/2 Reglamento provisional: nota del Secretario
General
de la Conferencia
A/CONF.151/3 Organizaci¢n de los trabajos, inclusive el
establecimiento de la Comisi¢n Principal de la
Conferencia: nota de la Secretar¡a
A/CONF.151/4 Adopci¢n de acuerdos sobre el medio ambiente
(Part I, Part II y y el desarrollo: Programa 21: nota del
Corr.1, Part III y Secretario General de la Conferencia
Part IV y Corr.1)
A/CONF.151/5 Declaraci¢n de R¡o sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo: nota del Secretario General de la
Conferencia
A/CONF.151/5/Rev.1 Declaraci¢n de R¡o sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo
A/CONF.151/6 Declaraci¢n autorizada, sin fuerza jur¡dica
obligatoria, de principios para un consenso
mundial
respecto de la ordenaci¢n, la conservaci¢n y el
desarrollo sostenible de los bosques de todo
tipo:
nota del Secretario General de la Conferencia
A/CONF.151/6/Rev.1 Declaraci¢n autorizada, sin fuerza jur¡dica
obligatoria, de principios para un consenso
mundial
respecto de la ordenaci¢n, la conservaci¢n y el
desarrollo sostenible de los bosques de todo tipo
A/CONF.151/7 Adopci¢n de acuerdos sobre el medio ambiente y el
desarrollo: nota del Secretario General de la
Conferencia
A/CONF.151/8 Informe del Comit Intergubernamental de
Negociaci¢n
de una Convenci¢n General sobre los Cambios
Clim ticos, Sr. Jean Ripert (Francia) en nombre
del
Comit
A/CONF.151/9 Carta de fecha 4 de junio de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia por el jefe
de
la delegaci¢n de Chile ante la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo
A/CONF.151/10 Protecci¢n y preservaci¢n del medio marino:
informe
del Secretario General
Signatura T¡tulo o descripci¢n
A/CONF.151/11 Carta de fecha 3 de junio de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Presidente del Consejo de Estado de Viet Nam
A/CONF.151/12 Nota verbal de fecha 5 de mayo de 1992 dirigida
al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Representante Permanente de Sri Lanka ante las
Naciones Unidas
A/CONF.151/13 Carta de fecha 20 de mayo de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Director Ejecutivo del Programa de las Naciones
Unidas para la Fiscalizaci¢n Internacional de
Drogas
A/CONF.151/14 Carta de fecha 30 de mayo de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil
A/CONF.151/15 Carta de fecha 21 de mayo de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Representante Permanente de Mxico ante las
Naciones Unidas
A/CONF.151/16 Nota verbal de fecha 28 de mayo de 1992 dirigida
al
Secretario General por el Encargado de Negocios
interino de la Misi¢n Permanente de Barbados ante
las
Naciones Unidas
A/CONF.151/17 Informe de la Comisi¢n de Verificaci¢n de Poderes
A/CONF.151/18 Carta de fecha 9 de junio de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
jefe adjunto de la delegaci¢n de la Federaci¢n
de Rusia
A/CONF.151/19 Carta de fecha 10 de junio de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Representante Permanente de Venezuela ante las
Naciones Unidas
A/CONF.151/20 Nota verbal de fecha 9 de junio de 1992 dirigida
a la
secretar¡a de la Conferencia de las Naciones
Unidas
sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo por la
Embajada de Argelia
Signatura T¡tulo o descripci¢n
A/CONF.151/21 Carta de fecha 15 de mayo de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Representante Permanente de Yugoslavia ante las
Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra
A/CONF.151/22 Carta de fecha 9 de junio de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Secretario Ejecutivo de la Comisi¢n Econ¢mica
para
Amrica Latina y el Caribe y el Ministro de
Vivienda
y Urbanismo de Chile
A/CONF.151/23 Carta de fecha 12 de junio de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Representante Permanente de Mongolia ante las
Naciones Unidas
A/CONF.151/24 Carta de fecha 11 de junio de 1992 dirigida al
Secretario General de la Conferencia de las
Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por el
Ministro de Medio Ambiente y Obras P£blicas de
Grecia
A/CONF.151/25 Nota verbal de fecha 12 de junio de 1992 dirigida
a
la secretar¡a de la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
por la
Embajada de Marruecos
A/CONF.151/L.1 Informe sobre las consultas previas a la
Conferencia
celebradas en el Centro de Conferencias R¡ocentro
A/CONF.151/L.2 Proyecto de informe de la Conferencia de las
y Add.1 a 3 Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo
A/CONF.151/L.3 y Add.1 Informe de la Comisi¢n Principal
a 6, Add.6/Corr.1,
Add.7 a 12, Add.12/
Corr.1 y Add.13 a 44
A/CONF.151/L.4/Rev.1 Adopci¢n de acuerdos sobre el medio ambiente y el
desarrollo: proyecto de resoluci¢n presentado
por el
Brasil
A/CONF.151/L.5 Expresi¢n de agradecimiento al pa¡s anfitri¢n:
proyecto de resoluci¢n presentado por China y el
Pakist n (en nombre de los Estados Miembros de
las
Naciones Unidas que son miembros del Grupo de los
77)
A/CONF.151/L.6 Proyecto de cap¡tulo 33 del Programa 21
A/CONF.151/CRP.1 Lista de propuestas sobre instituciones derivadas
de
los distintos componentes sectoriales e
intersectoriales del Programa 21: nota del
Secretario General de la Conferencia
Signatura T¡tulo o descripci¢n
A/CONF.151/INF/1 Informaci¢n para los participantes
A/CONF.151/INF/2 Lista provisional de delegaciones a la
y Add.1 a 7 Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio
Ambiente y el Desarrollo
A/CONF.151/INF/3 Lista de documentos distribuidos con fines
y Add.1 a 4 de informaci¢n
A/CONF.151/PC/128 Informe del Comit Preparatorio de la Conferencia
y Corr.1 de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y
el
Desarrollo sobre la labor realizada en su cuarto
per¡odo de sesiones
A/47/121-E/1992/15 Nuevas actividades sustantivas realizadas por
gobiernos y organizaciones del sistema de las
Naciones Unidas en aplicaci¢n de las
resoluciones 42/186 y 42/187 de la Asamblea
General:
informe del Secretario General
A/47/203 Carta de fecha 8 de mayo de 1992 dirigida al
Secretario General por el Encargado de Negocios
interino de la Misi¢n Permanente de Malasia ante
las
Naciones Unidas
Anexo II
DECLARACIONES DE APERTURA
Declaraci¢n del Sr. Boutros Boutros-Ghali, Secretario General
de las Naciones Unidas
En relaci¢n con los temas de que vamos a ocuparnos en la Conferencia que
tengo el gran honor de inaugurar en este momento, nada ser¡a m s peligroso que
ceder a la tentaci¢n de contentarnos con palabras. Nada ser¡a m s peligroso
que
creer o pretender que, por el simple hecho de enunciar los problemas, stos
quedan solucionados. Y sin embargo, no creo estar dej ndome arrastrar por el
peso de las f¢rmulas si digo que el momento actual es hist¢rico. Y es que,
efectivamente, estoy convencido de que se trata de un momento hist¢rico por
tres
razones, cada una de las cuales es suficiente para suscitar en nosotros una
emoci¢n profunda en momentos en que se inicia una Conferencia de la que va a
estar pendiente el mundo entero.
Tengamos bien claro desde el principio lo que significa esta Cumbre para
la
Tierra: se trata de una asamblea de naciones, unidas ante nosotros,
representadas al nivel m s alto por sus dirigentes, sostenidas por una
movilizaci¢n excepcional de los pueblos y decididas a reflexionar y a actuar
de
consuno para proteger el planeta. Esta reuni¢n prueba que hemos comprendido
hasta qu punto es fr gil nuestra Tierra y, con ella, la vida que sustento.
Es principalmente por eso que esta reuni¢n es hist¢rica, ya que se¤ala un
cambio
radical de la manera en que el hombre se ve a s¡ mismo.
Antes el ser humano se encontraba rodeado de una naturaleza abundante
hasta
el punto de ser amenazadora por su inmensidad; as¡ ocurr¡a todav¡a a
principios
de este siglo. Toda conquista era una victoria sobre la naturaleza, desde las
fieras que amenazaban a los hombres de las cavernas hasta las distancias que
separaban a las comunidades. Las fieras han sido vencidas, las distancias han
sido conquistadas y, entre esas dos conquistas, se puede decir que toda la
ciencia se ha basado en la oposici¢n entre el hombre y la naturaleza, es
decir,
el progreso del hombre en ir dominando poco a poco una naturaleza infinita.
Ahora bien, en la actualidad hemos llegado al momento del mundo finito,
un
mundo en el que todos estamos inevitablemente confinados. Esto significa
simplemente que ya no existe la naturaleza en el sentido cl sico de la
expresi¢n, sino que, de ahora en adelante, la naturaleza estar en manos de
los
hombres. Esto significa tambin que el hombre ha conquistado su medio, pero
se
trata de una conquista sumamente peligrosa. Esto significa, por £ltimo, que
ya
no queda ning£n oasis por descubrir, ninguna "nueva frontera", y que cada
conquista de la naturaleza que concretemos en lo sucesivo se volver en
realidad
en contra nuestra. El progreso ya no es m s forzosamente compatible con la
vida; no tenemos m s derecho a la l¢gica del infinito. Esa es la gran ruptura
epistemol¢gica que simbolizar tal vez, a los ojos de los historiadores, la
Cumbre para la Tierra.
Esta reuni¢n es hist¢rica por una segunda raz¢n, no menos enaltecedora:
aqu¡ estamos en efecto frente a una escala de tiempo que supera con mucho a la
de la vida de cada uno de nosotros. La reflexi¢n, y sobre todo la acci¢n, de
la
que debemos fijar aqu¡ los primeros hitos pol¡ticos, no la iniciamos para
nosotros, ni siquiera para nuestros contempor neos, pues todav¡a podr¡amos
seguir despilfarrando los recursos del planeta al ritmo actual durante unos
cuantos decenios. Todav¡a podr¡amos vivir varios a¤os o varios decenios con
las
lluvias cidas que destruyen lentamente los bosques, los lagos, las obras de
arquitectura e incluso a los seres humanos. Podemos tolerar que la
temperatura
aumente algunos grados poco a poco, que disminuya la diversidad biol¢gica del
planeta, que prosiga la contaminaci¢n de las aguas y que se acelere la
desertificaci¢n del planeta, ya que para nosotros siempre habr bosques
suficientes, agua suficiente, recursos naturales suficientes. Pero es preciso
recordar que un d¡a, cuando cada uno de nosotros haya desaparecido de la faz
de
la Tierra, ya no ser posible mantener esa desaprensiva actitud de "dejar
hacer"
y, sin duda alguna, despus de nosotros sobrevendr el diluvio: para las
generaciones venideras ser ya demasiado tarde.
Lo que hacemos aqu¡, por consiguiente, lo hacemos para nuestros
descendientes y, m s all todav¡a, para las generaciones venideras. Nuestra
presencia en este foro demuestra que estamos dispuestos a hacer predominar el
tiempo pol¡tico, es decir, la historia, sobre nuestra historia individual.
Estamos aqu¡ funcionando en una escala cronol¢gica larga, que se mide en
decenios y siglos. Esa es la parte m s noble de la acci¢n colectiva que
emprendemos hoy en R¡o.
El momento presente es hist¢rico por una tercera raz¢n, que procede de
las
dos anteriores y concierne a la Organizaci¢n, que tengo el honor de dirigir.
Las Naciones Unidas enfrentan aqu¡ una gran prueba y, con ellas, todos los que
han puesto sus esperanzas en el universalismo. ¨Seremos capaces de demostrar
que los hombres pueden enfrentar colectivamente, dejando atr s diferencias de
otra poca, los inmensos desaf¡os que se les presentan? El escritor espa¤ol
Unamuno dijo, a t¡tulo de humorada, que siempre podemos contar con que lo peor
ciertamente ocurra. As¡ ocurrir¡a si dentro de una semana nos separ ramos sin
haber tomado las decisiones dif¡ciles pero indispensables que se esperan de
nosotros. Ser preciso ir m s all de lo habitual y dar a nuestro sistema una
dimensi¢n superior. Cualesquiera sean los caminos que sigamos, estamos
condenados a acercarnos, aunque m s no sea en un paso, al planeta virtuoso,
"Al Maamoura Al Fadela", preconizado por el pensador isl mico Al Farabi.
Cabe dejarse tentar por el optimismo: en primer lugar, cuando se piensa
en
las circunstancias favorables que han rodeado a la cooperaci¢n internacional
en
los £ltimos a¤os; en segundo lugar, cuando se pasa revista a los esfuerzos, la
imaginaci¢n y el entusiasmo que nuestra Organizaci¢n ha logrado movilizar para
la preparaci¢n de una reuni¢n de este tipo; y, por £ltimo, cuando se observa
la
proyecci¢n misma de esta Conferencia. Las Naciones Unidas ya han avanzado
mucho. Despus de la reuni¢n de Estocolmo, en que se debatieron por lo menos
algunas de las cuestiones que volvemos a tratar hoy, las Naciones Unidas
adquirieron una experiencia formada por un c£mulo de competencia, estudios y
conclusiones sin precedentes, que han tenido repercusiones en todo el mundo.
Hay que recordar que en 1972 ramos pioneros. Sig moslo siendo, apoy ndonos
en
los logros y las lecciones de nuestros primeros esfuerzos. Me refiero
especialmente a los del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo,
pero
tambin a los representantes de un gran n£mero de organizaciones del sistema
de
las Naciones Unidas que se han esforzado por cooperar estrechamente, a las
organizaciones no gubernamentales, a comisiones independientes que a menudo
agrupan a personalidades, y al conjunto incomparable de trabajos
preparatorios,
conferencias de comunidades regionales o ling¡sticas, coloquios, seminarios,
art¡culos y obras que han sentado las bases de nuestros trabajos en todos los
puntos del universo. Todas esas energ¡as han convergido en R¡o, y por eso
quisiera ahora dar las gracias al Brasil, nuestro anfitri¢n, a su Gobierno y a
su pueblo cordial que estos d¡as nos brindan su vibrante hospitalidad. Desde
el
comienzo de los trabajos preparatorios, el Gobierno y el pueblo del Brasil han
dado prueba de su deseo sincero y resuelto de lograr que nuestra Conferencia
se
vea coronada por el xito.
No puedo, lamentablemente, dar las gracias a todo el mundo.
Sin embargo,
perm¡taseme citar el informe de la Sra. Brundtland, cuyos postulados te¢ricos
han sido observados por todos; al Presidente de la Comisi¢n Preparatoria,
Embajador Tommy Koh, cuya habilidad diplom tica ha sido, una vez m s,
invalorable; al Sr. Maurice Strong y a su equipo, que han llevado a cabo una
especie de decimotercer trabajo de Hrcules. Tanto entusiasmo y devoci¢n dan
lugar al optimismo: por ejemplo, una publicaci¢n habl¢ de "R¡o, tarea
desmesurada". Desmesurada, s¡, como el desaf¡o al que responde. Porque
estamos
fatalmente condenados al hero¡smo. Si triunfamos, las Naciones Unidas habr n
superado la prueba de fuego y habr n dejado una marca indeleble en la
historia.
Antes de pasar revista a las medidas propiamente dichas incluidas en el
programa, quisiera en primer lugar tratar de recapitular los avances te¢ricos
que me parece que ya hemos hecho.
No s si las ideas gu¡an al mundo, pero de todas maneras nada es posible
sin ellas. Es preciso comenzar por este esfuerzo de reflexi¢n colectiva, que
es
parte de la misi¢n de las Naciones Unidas, y armarnos de coraje, por cuanto la
reflexi¢n encierra un riesgo: el de hacernos abandonar mitos, ideas c¢modas y
principios econ¢micos sagrados. Nuestra reflexi¢n tiene un denominador com£n,
el concepto central de nuestra Conferencia, el del desarrollo. La palabra
desarrollo ha tenido una fortuna sin par. Y sin embargo, a mi juicio ha
adquirido su sentido pleno gracias a los trabajos preparatorios de esta
Conferencia. Sabemos actualmente que si no logramos hacer evolucionar el
concepto de desarrollo, llegaremos a una paradoja que nos podr¡a hacer sonre¡r
si no encerrara tantos sufrimientos y tantos peligros: la Tierra est a la
vez
enferma de subdesarrollo y enferma de desarrollo excesivo.
Es preciso, por lo tanto, enriquecer la vieja palabra de desarrollo a la
luz de la evoluci¢n de la ciencia y de los problemas que hoy se plantean. Yo
creo que actualmente este enriquecimiento se ha producido en dos direcciones.
La primera es la que se ha convenido en denominar el desarrollo sostenible; la
segunda es la que propongo denominemos el desarrollo planetario. Una vez m s,
estos conceptos abarcan, a mi modo de ver, al mundo entero, es decir, tanto el
Norte como el Sur, el Este como el Oeste.
En primer lugar, el desarrollo sostenible podr¡a definirse como un
desarrollo que responda a las necesidades del presente al ritmo de la
renovaci¢n
de los recursos, es decir, que no comprometa el de las generaciones futuras.
Es
un nuevo concepto de desarrollo, que tiene en cuenta las condiciones de su
perdurabilidad. Tambin es evidente que, de la misma manera que los pa¡ses
del
Sur enfrentan problemas de protecci¢n del medio ambiente, los pa¡ses del Norte
deben, a su vez, enfrentar los problemas del desarrollo excesivo. Esos pa¡ses
del Norte, al igual que los del Sur, no respetan el esp¡ritu del desarrollo
sostenible. Se sabe, por ejemplo, que el calentamiento de la atm¢sfera es
provocado por gases que proceden de las ra¡ces mismas de las sociedades
industrializadas. Esto significa que el estilo de vida de las naciones ricas
es
ecol¢gicamente irracional, y que su desarrollo no puede actualmente
calificarse
de "sostenible". Tambin es sabido que es en los pa¡ses pobres donde la
degradaci¢n de los recursos ha asumido las dimensiones m s tr gicas, dado que
esos pa¡ses se ven obligados a explotar en exceso los recursos naturales de
los
que depende su supervivencia. Se ven obligados a sacrificar el porvenir para
asegurar una vida cotidiana precaria en el presente.
Tambin es necesario dejar bien en claro una cuesti¢n: no se puede
proteger un recurso natural neg ndose a que lo utilicen aqullos cuya
supervivencia depende de ese recurso. El v¡nculo entre la protecci¢n del
medio
ambiente y la pobreza no pasa solamente por la producci¢n en gran escala, sino
tambin por la vida cotidiana, particularmente de las mujeres que deben
subvenir
a las necesidades domsticas de agua o de le¤a. Por esa raz¢n, en muchos
pa¡ses
combatir la pobreza contribuye a proteger el medio ambiente.
Quisiera pedir a todos ustedes que dej ramos de hacer diferencias entre
los dos aspectos de una misma cuesti¢n, la econom¡a por un lado y la ecolog¡a
por el otro. Toda cat strofe ecol¢gica es una cat strofe econ¢mica. Las dos
palabras tienen una ra¡z griega com£n, eco, que significa "la casa". El
Sr. Gorbachev hab¡a propuesto que hiciramos de Europa una "casa com£n".
Pero
el universo entero debe ser nuestra "casa com£n"! Ecolog¡a: okos-logos,
"ciencia de la casa"; econom¡a: okonomia, "administraci¢n de la casa". Son
pr cticamente lo mismo. La ecolog¡a, por su propia ¡ndole, est contenida en
la
econom¡a.
Este principio tiene consecuencias microecon¢micas y macroecon¢micas.
Tiene consecuencias fundamentalmente en el mtodo de fijaci¢n de precios.
Dado
que la degradaci¢n del medio ambiente representa una prdida de capital
social,
as¡ como un costo social, es preciso tener en cuenta esa prdida de la misma
manera que la amortizaci¢n de una inversi¢n. Teniendo en cuenta que de ahora
en
adelante la naturaleza estar enteramente en manos del hombre, ser l¢gico
considerarla no ya como algo que nos es dado sino como una adquisici¢n, una
inversi¢n que hay que renovar y amortizar incesantemente, igual que los dem s
costos, sueldos, gastos financieros, materias primas, etc. Al incluir el
"costo
de la naturaleza", se hace algo m s que proteger los recursos a largo plazo.
Se mejora la calidad y la duraci¢n de los productos, se reciclan los desechos
y,
por £ltimo, se economiza. Producir, consumir, pero tambin reciclar. Es el
tr¡ptico del porvenir.
Quisiera insistir en este segundo avance te¢rico que deriva del primero
y
que se denomina "la nueva seguridad colectiva" o "el desarrollo planetario".
Los hombres siempre han debido enfrentar amenazas que pesaban sobre su
seguridad. Pero la seguridad evoluciona. En pocas palabras, yo dir¡a que la
seguridad es cada vez menos una cuesti¢n militar, ya que, en un mundo en v¡as
de
unificarse, toda guerra pasa a ser una especie de guerra civil, con una
dimensi¢n econ¢mico-ecol¢gica. Veamos lo que esto significa. En primer
lugar,
significa que una parte de los gastos denominados "de seguridad", en su
sentido
antiguo, es decir, gastos militares, deben imperativamente reconvertirse y
volcarse en proyectos de desarrollo planetario. El desarrollo planetario
supone
asimismo mecanismos de conversi¢n de la deuda en proyectos relacionados con el
medio ambiente. Por £ltimo, el desarrollo planetario supone un tercer tipo de
esfuerzos: la transferencia de medios tecnol¢gicos y financieros, inspirada
fundamentalmente en el principio de que quien contamina paga. A ese respecto
no
faltan los proyectos, entre los que cabe mencionar la creaci¢n o el
fortalecimiento de instituciones o, por lo menos, de mecanismos de
distribuci¢n,
y entre los cuales no me corresponde elegir, pero cuyas ventajas e
inconvenientes deben examinarse con el objetivo constante de lograr resultados
claros y concretos.
Eso es lo que es absolutamente necesario: resultados concretos. Tengo
plena conciencia de que al menos algunos de esos resultados podr n a veces
perjudicar a intereses establecidos y poderosos; perm¡taseme decir que esos
intereses, al igual que los dem s, deber n tener presente el futuro a largo
plazo, deber n tener en cuenta la fuerza del sentimiento de igualdad que anima
a
todos los pueblos del planeta, as¡ como, sencillamente, la necesidad. Es
evidente que cuando m s rico se es, mayores son las responsabilidades que se
tienen y que, en lo que respecta a la financiaci¢n y a la tecnolog¡a, los
pa¡ses
del Norte y principalmente su opini¢n p£blica, a la que me dirijo en este
instante, deben comprender que su participaci¢n es indispensable. Eso es lo
que
he denominado desarrollo planetario, complemento del desarrollo sostenible. Y
todo eso constituye el "nuevo desarrollo": un esp¡ritu y algunos principios
de
trabajo. Ha de ser nuevo en la consideraci¢n que los seres humanos presten a
las cosas, a las plantas, a los animales, desde el simple vaso de agua que se
tira tras beber distra¡damente hasta los animales cuyo n£mero de especies est
disminuyendo r pidamente. Todo eso, todas las riquezas del mundo no son
nuestras, sino que, como dijo Saint Exupry, "las tomamos prestadas de
nuestros
hijos".
Me ocupar ahora brevemente de algunos asuntos concretos que figuran en
su
programa. Mi amigo y colega, el Sr. Maurice Strong, Secretario General de la
Conferencia, har observaciones m s pormenorizadas al respecto.
Los progresos que se han hecho hasta ahora para llegar a un acuerdo
respecto del Programa 21 constituyen un logro notable. Ponen de manifiesto
una
buena voluntad universal, as¡ como la importancia que se asigna a este
ambicioso
instrumento. El Programa 21 seguir siendo un punto clave de referencia
durante
el resto del decenio para los gobiernos, las organizaciones internacionales,
la
comunidad no gubernamental y el p£blico en general.
Me es grato tambin que el Comit Preparatorio haya podido transmitirles
por consenso la Declaraci¢n de R¡o. Brinda un marco pol¡tico importante para
el
programa de acci¢n fundamental incorporado en el Programa 21. Espero que
ustedes puedan aprobar aqu¡ esta Declaraci¢n, y si las reservas expresadas por
algunos gobiernos requieren que ustedes las negocien en mayor medida, espero
que
los resultados de los esfuerzos de ustedes realcen su contenido.
M s en general, me es grato que el Comit Preparatorio haya logrado
acuerdos respecto de tantos asuntos importantes. Ser tarea de ustedes
resolver
los asuntos que el Comit Preparatorio no haya podido negociar y perfeccionar
aquellos a cuyo respecto s¢lo se lleg¢ a un entendimiento amplio.
Uno de esos asuntos es el de la transferencia de recursos. S que se
han
sugerido cifras respecto del monto total de recursos adicionales requerido por
los pa¡ses en desarrollo. Lo que se necesita en primer lugar es voluntad
pol¡tica. Si ella existe, los recursos necesarios las seguir n aunque no se
cuente inmediatamente con todo el conjunto de medidas financieras. Espero que
al terminar esta Conferencia se haya dado un primer paso decisivo que
demostrar
en forma visible la buena voluntad y el firme prop¢sito de los pa¡ses donantes
de lanzar el concepto del desarrollo planetario.
Estimo que la cuesti¢n de la transferencia de tecnolog¡a debe
considerarse
desde el mismo punto de vista. Los pa¡ses en desarrollo deben tener acceso a
la
tecnolog¡a necesaria a fin de iniciar la nueva era del desarrollo planetario.
Y
no se trata s¢lo de transferir conocimientos de un pa¡s a otro o de una
empresa
a otra. Se trata de fortalecer la capacidad, tanto tecnol¢gica como
institucional. Se trata de asegurar la investigaci¢n cooperativa en materia
de
ciencia y tecnolog¡a. Los insto a que presten especial atenci¢n al progreso
relativo a esta cuesti¢n fundamental.
Espero tambin que los progresos hechos acerca de la cuesti¢n muy
importante de los bosques, y muy concretamente el proyecto de principios a su
respecto, cristalice aqu¡ en un acuerdo. En mi opini¢n, esos principios
constituyen un microcosmos de las cuestiones relativas al medio ambiente y el
desarrollo en general. Los progresos que ya se han hecho al respecto
demuestran
nuevamente la disposici¢n de todos los gobiernos a encontrar una f¢rmula de
transacci¢n viable en una esfera en que es dif¡cil conciliar las posiciones.
Finalmente, deseo congratular a los gobiernos por los acuerdos
logrados
respecto de la Convenci¢n Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Clim tico
y del Convenio sobre la Diversidad Biol¢gica, que se abrir n en breve aqu¡ a
la
firma. Deseo aprovechar en particular esta oportunidad para encomiar al Sr.
Jean Ripert y al Embajador Vicente S nchez por los esfuerzos excepcionales que
han hecho a fin de propiciar un resultado exitoso.
S que las negociaciones relativas a esos textos fueron largas y
complejas
y en ocasiones controvertidas. No olvidemos, sin embargo, que ambas
constituyen
una primicia para la Tierra. En el caso de la diversidad biol¢gica, el
Convenio
reafirma claramente el hecho de que nosotros, la comunidad de naciones,
estamos
empe¤ados en conservar la obra de creaci¢n y en no deshacerla. Constituye un
hito en la protecci¢n de las formas de vida que nutren a la Tierra.
La Convenci¢n Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Clim tico
inicia
un proceso de cooperaci¢n encaminado a mantener dentro de l¡mites seguros en
la
atm¢sfera a los gases de efecto invernadero. El nivel inicial en que se ha
transado no es tan alto como habr¡an deseado muchos. Pero un umbral bajo debe
lograr un grado m ximo de participaci¢n, que es una condici¢n para su
eficacia.
Y el proceso de revisi¢n de las pol¡ticas debe mejorar con el tiempo en sus
niveles de transacci¢n. Los Estados esperan ahora que las Naciones Unidas
organicen la labor complementaria inmediata. Esto demuestra que la
Organizaci¢n
puede satisfacer bien las necesidades de los Estados Miembros para hacer
frente
a cuestiones fundamentales de econom¡a y ecolog¡a que afectan a los intereses
nacionales reales.
He dicho que este es un momento hist¢rico. Sin embargo, s¢lo ser as¡
si
nuestros esfuerzos en pro del planeta perduran. S¢lo ser as¡ si la
Conferencia
de R¡o, la culminaci¢n de largas deliberaciones, marca tambin un nuevo
inicio.
Y con ello quiero decir un nuevo punto de partida para el sistema de las
Naciones Unidas, para las medidas adoptadas por los Estados y para la
movilizaci¢n de todos los pueblos del mundo.
Los preparativos de la Secretar¡a para esta Conferencia han implicado la
participaci¢n de todo el sistema de las Naciones Unidas en una actividad
autnticamente interinstitucional. Los mismos criterios deben guiar e
inspirar
la labor complementaria de la Conferencia.
El papel del sistema de las Naciones Unidas en la aplicaci¢n de los
resultados de la Conferencia se examin¢ detenidamente en una reuni¢n reciente
- la primera celebrada bajo mi Presidencia - del Comit Administrativo de
Coordinaci¢n, el ¢rgano que re£ne a los Jefes Ejecutivos de todos los
organismos
especializados del sistema de las Naciones Unidas bajo la direcci¢n del
Secretario General. El Comit tiene clara conciencia de las grandes
responsabilidades que le competen a este respecto.
Los organismos consideran que la labor complementaria de la Conferencia
constituye a la vez un gran reto y una nueva e importante oportunidad para
hacer
progresos en sus respectivas esferas de competencia, ya se trate de la
promoci¢n
de la salud, la alimentaci¢n y la agricultura, el adelanto de la ciencia y la
educaci¢n, la capacitaci¢n, la construcci¢n de infraestructura o la
financiaci¢n
para el desarrollo.
Lo que es igualmente importante, todas las organizaciones del sistema
consideran que la labor complementaria de la Conferencia constituye una nueva
e
importante oportunidad para la acci¢n colectiva eficaz. Desde este punto de
vista, el resultado de esta Conferencia, y muy en particular del Programa 21,
constituir un punto com£n de referencia para asegurar que las medidas
adoptadas
por los organismos en los diferentes sectores - y la capacidad disponible para
el conjunto del sistema en materia de investigaci¢n y an lisis de pol¡ticas,
financiaci¢n del desarrollo y asistencia tcnica - se complementen y refuercen
verdaderamente entre s¡ en la promoci¢n de la causa del desarrollo sostenido y
sostenible.
Avanzar hacia el logro de esos objetivos - orientar todo el potencial
del
sistema de las Naciones Unidas para hacer frente a los problemas cr¡ticos del
futuro - constituir una de las principales preocupaciones de mi mandato.
Al mismo tiempo, cabe insistir en que ser n los Estados los principales
instrumentos del cumplimiento de las decisiones y directrices aqu¡ aprobadas.
Adem s, la protecci¢n del planeta debe ser un esfuerzo universal en el que
participen todos los que viven en l.
En este contexto, es especialmente alentador que la labor preparatoria
de
esta Conferencia se haya caracterizado por una cooperaci¢n tan estrecha entre
pa¡ses en diferentes etapas de desarrollo, entre los gobiernos y las
comunidades
cient¡ficas y acadmicas, y entre ellos y los agentes no gubernamentales.
Habr
que mantener y reforzar esas redes.
En esta esfera del desarrollo sostenible, m s que en otras, nos hallamos
en
una situaci¢n en que debemos tomar medidas en una situaci¢n de incertidumbre.
Ello ocurre porque no comprendemos plenamente la forma en que funcionan los
ecosistemas, porque a veces tenemos que trabajar en una escala de tiempo muy
grande, y porque con frecuencia causa y efecto se hallan separados en el
espacio. En consecuencia, ser importante velar por que se preste plenamente
atenci¢n en el proceso de adopci¢n de decisiones a las opiniones que comienzan
a
surgir entre cient¡ficos y expertos. Debemos hallar formas innovadoras de
propiciar un di logo entre la ciencia y la pol¡tica en el contexto de la labor
complementaria de esta Conferencia.
En el mismo contexto deseo rendir homenaje especial a la comunidad no
gubernamental. M s de 1.000 organizaciones no gubernamentales se han
acreditado
en la Conferencia. Han hecho una gran aportaci¢n al proceso preparatorio, han
trabajado duramente y esperan mucho de las deliberaciones de ustedes. Han de
jugar tambin un papel cr¡tico en la labor complementaria.
Esas organizaciones representan a los pueblos del mundo cuya voz se oye
tan
claramente en el Pre mbulo de la Carta de las Naciones Unidas. Representan a
hombres y mujeres - y observo que hay un art¡culo 20 del proyecto de
Declaraci¢n
centrado justamente en la mujer - a gerentes y trabajadores, a escritores y
artistas, y a individuos de todos los sectores.
Yo veo a esta Conferencia como una gran empresa a escala de todo el
planeta. En el proceso preparatorio participaron actores de todo tipo
- autoridades nacionales y locales, productores y consumidores, grupos de la
comunidad y muchos m s - para forjar el consenso que esta Conferencia debe
cimentar ahora. S¢lo si todos los que vivimos en este planeta adoptamos
medidas
podr n stas tener xito para lograr nuestros objetivos.
Nuestra reuni¢n de R¡o ya ha despertado inters sin precedentes en todo
el
mundo. Ha concitado la imaginaci¢n de los pueblos de todas partes.
Como Secretario General, nuevo en el cargo pero con todo muy
consciente de
las limitaciones de las facultades de los gobiernos y tambin de las
organizaciones internacionales, mi esperanza es que lo que se puede llamar
"esp¡ritu de R¡o" - es decir, el esp¡ritu del planeta Tierra - se difundir
por
todo el mundo. El esp¡ritu de R¡o debe incorporar la conciencia plena de la
fragilidad de nuestro planeta. El esp¡ritu de R¡o debe llevarnos a pensar
constantemente en el futuro, en el futuro de nuestros hijos.
Por ello, al inaugurar esta Conferencia, experimento una emoci¢n
profunda
al desearles xito en su labor. Perm¡tanme que concluya con estas palabras
sencillas: nunca depender tanto de lo que ustedes hagan o no hagan aqu¡ -
por
ustedes mismos, por otros, por sus hijos y nietos, por el planeta - por la
vida
en todas sus formas interdependientes.
Declaraci¢n del Sr. Fernando Collor, Presidente del Brasil
y Presidente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre
el Medio Ambiente y el Desarrollo
En nombre del pueblo brasile¤o, les doy la bienvenida a nuestro pa¡s.
Recibimos con los brazos abiertos a cada uno de los participantes en la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.
Es para m¡ un gran honor y una profunda responsabilidad el presidir las
deliberaciones de esta Conferencia, que se convertir , de ello estoy seguro,
en
un acontecimiento decisivo en la historia de la humanidad.
Merecen especiales palabras de agradecimiento el Se¤or Boutros
Boutros-Ghali, Secretario General de las Naciones Unidas, y el Se¤or Maurice
Strong, Secretario General de la Conferencia, por la incansable labor que han
realizado, la cual ha hecho posible la celebraci¢n de esta trascendental
reuni¢n
en colaboraci¢n con el Gobierno del Brasil.
Pertenezco a la generaci¢n que hizo la primera advertencia contra un
modelo
de crecimiento que estaba conduciendo ciegamente a la extinci¢n de la vida en
la
Tierra.
A ra¡z de mi investidura, promet¡ dar prioridad y urgente consideraci¢n
a
las cuestiones ambientales, para responder a las demandas cada vez m s
enrgicas
de la poblaci¢n del Brasil y de todo el mundo.
Ahora, al inaugurar en este acto solemne la Conferencia de R¡o, me
embarga
la emoci¢n de haber cumplido un compromiso contra¡do con mis contempor neos,
mis
compatriotas y la comunidad internacional.
El 14 de junio, cuando retornemos a nuestros lugares de procedencia, el
mundo no ser el mismo que el de esta ma¤ana del 3 de junio de 1992.
Tendremos mayor conciencia de nuestros deberes, nuestra voluntad de
cumplirlos se habr afianzado, y se habr n determinado y definido con mayor
claridad los derroteros hacia la cooperaci¢n.
Los m£ltiples caminos que nos han tra¡do a R¡o estuvieron plenos de
incertidumbre.
Despus de todo, estamos negociando algo verdaderamente nuevo; estamos
concibiendo nuevas instituciones internacionales, nuevos modelos de relaciones
entre los Estados.
Utilizando datos provisionales e instrumentos imperfectos,
estamos tratando
de hacer un inventario de los aciertos y desaciertos del pasado, determinar
los
problemas del presente y prever los problemas que puedan surgir en el futuro.
Porque lo que aqu¡ nos trae es la voluntad de los pueblos que
representamos.
La cuesti¢n del medio ambiente es fruto de la era de democracia en que
vivimos; dimana de movimientos sociales que se multiplican espont neamente en
todas partes.
No podemos dejar sin respuesta las aspiraciones de los pueblos que
abrigan
la esperanza de que se adopten decisiones que mejoren nuestro mundo.
El primer logro fundamental de esta Conferencia es que ella se est
celebrando; es el mero hecho de que hoy, en esta sala, representantes de
180 pa¡ses, de todas las organizaciones internacionales competentes y de una
inmensa variedad de organizaciones no gubernamentales puedan iniciar el examen
de un conjunto de textos sobre los cuales ya existe acuerdo o que est n a
punto
de concluirse.
En nuestras manos est la tarea de promover y ampliar el consenso que se
logr¢ durante el prolongado proceso de negociaciones.
Como bien lo indica el nombre de la Conferencia, estamos aqu¡ para
tratar
de llevar adelante una cooperaci¢n que encierra dos ideas fundamentales:
el desarrollo y el medio ambiente.
Aceptamos el compromiso hist¢rico y el deber moral de forjar un nuevo
modelo, en el que el progreso ser necesariamente sin¢nimo de bienestar para
todos y de preservaci¢n de la naturaleza.
Como he dicho en ocasiones anteriores, no podemos tener un planeta
ecol¢gicamente racional en un mundo socialmente injusto.
Esos son objetivos que se complementan en cada comunidad, en cada pa¡s,
en
todo el mundo.
Y podr¡a poner como ejemplo al Brasil, un pa¡s que todav¡a tiene tanto
por
hacer en trminos de desarrollo y de conservaci¢n.
En resumen, propugnamos por que se hagan realidad de manera arm¢nica las
aspiraciones plasmadas en la expresi¢n "desarrollo sostenible", el concepto
clave que est llamado a unir a pa¡ses ricos y pobres, grandes y peque¤os,
para
que todos podamos prosperar y salvar las distancias que a£n nos separan.
Hallaremos nuevos caminos, e ingresaremos a una era en que las
sociedades
comprender n que la naturaleza existe no s¢lo para que la consumamos sino
tambin para que la disfrutemos.
En lugar de los actuales indicadores del producto nacional bruto y el
producto interno bruto, tendremos algo que se asemejar a un indicador del
bienestar interno bruto, en que se combinar n datos sobre el ingreso nacional
con elementos que mostrar n claramente el grado de satisfacci¢n de las
aspiraciones de los pueblos, como las de libertad y armon¡a social, diversidad
cultural, integraci¢n racial y respeto por el medio ambiente.
Tras dos a¤os de ardua labor, mi Gobierno no s¢lo se ha
mostrado propenso
al di logo, a la cooperaci¢n e incluso a asumir funciones de liderazgo en el
tratamiento a nivel internacional de las cuestiones relativas al medio
ambiente,
sino que adem s ha adoptado importantes decisiones en el plano nacional.
Entre ellas, quisiera se¤alar las medidas que han dado lugar a una
reducci¢n considerable de la deforestaci¢n en la regi¢n amaz¢nica, como lo
muestran las im genes captadas por satlite, y la demarcaci¢n en gran escala
de
tierras ocupadas por comunidades ind¡genas, como la zona de m s de
94.000 kil¢metros cuadrados del pueblo yanomami.
Como una prueba m s de la adhesi¢n del Brasil a la causa del medio
ambiente, ofrecemos nuestro pa¡s como sede de una instituci¢n internacional
encargada de promover los objetivos que nos tracemos en esta ocasi¢n.
Al destacar todo lo que compartimos y todo lo que nos acerca, no
quisiera
dar la impresi¢n de que esta es una Conferencia dedicada solamente a festejos
y
el logro de una mayor comprensi¢n.
Desafortunadamente, todav¡a quedan graves y persistentes problemas que
resolver, antes de que las medidas que se tomen en el plano internacional
atiendan a los dictados de la raz¢n y tomen el recto sendero de la solidaridad
y
el inters com£n.
En el Brasil salta a la vista que el enemigo m s acrrimo es la pobreza
y
el adversario m s tenaz es la falta de oportunidades.
Desempe¤arse como Presidente de este enorme pa¡s es motivo diario de
satisfacci¢n, debido a sus posibilidades latentes, y plantea asimismo diarios
dilemas, debido a la dif¡cil situaci¢n nacional e internacional.
Sin embargo, no cedo a la tentaci¢n de reprender a quienes tienen m s, y
mucho menos tengo la intenci¢n de resucitar expresiones de confrontaci¢n que,
afortunadamente, la historia ha dejado atr s.
La magnitud de nuestra responsabilidad es tal, que alcanza para
adjudicar a
cada uno de nosotros una parte de ella. No obstante, ser¡a in£til hacerlo.
Lo
que necesitamos es abrigar la esperanza de que no se olviden ni sean
infructuosas las lecciones del pasado, tanto remoto como reciente.
Con todo, en nombre de todos aquellos que a£n tienen que vivir en la
pobreza, debo decir que podemos y debemos pedir a los pa¡ses ricos pruebas m s
contundentes de sus sentimientos de fraternidad.
Mientras no reine un orden mundial en que prevalezca una mayor justicia,
no
podr haber prosperidad serena para nadie, pues ser imposible alcanzar la
estabilidad necesaria que posibilite el disfrute duradero de las riquezas
producidas por la humanidad.
Para todos aquellos que se consideran miembros de una comunidad humana
m s
amplia, la aspiraci¢n de reducir las desigualdades tiene que convertirse en
una
lucha permanente.
A pesar de todos los objetivos alcanzados durante la labor preparatoria,
a£n quedan muchas tareas que realizar y ajustes definitivos que introducir, y
ello nos impondr , seguramente, un programa de trabajo muy recargado para los
pr¢ximos 12 d¡as.
El camino que hemos recorrido desde la reuni¢n de 1972 en
Estocolmo es una
fuente de inspiraci¢n y nos dar incentivos adicionales durante esta
Conferencia.
En esa reuni¢n, con la energ¡a incontenible de las verdades cuyo momento
de
revelarse ha llegado, surgieron por primera vez ideas y expresiones que hoy en
d¡a son del dominio com£n.
En el informe de la comisi¢n internacional presidida por la Sra. Gro
Harlem
Brundtland, Primera Ministra de Noruega, se a¤adi¢ a esas ideas el concepto
fundamental de desarrollo sostenible.
El salto que daremos desde R¡o hacia el futuro ser a£n mayor que el que
dimos en los £ltimos 20 a¤os.
Liberados de las cadenas con que la guerra fr¡a mantuvo trabadas las
negociaciones internacionales, podemos ahora debatir a nivel mundial las
cuestiones de inters universal.
Nuestras inquietudes relativas al clima y a la atm¢sfera, nuestra
preocupaci¢n por la biodiversidad, nos remiten a la esencia misma de la vida.
Para hacer frente a cuestiones de tan amplias repercusiones y de tanta
diversidad, debemos guiarnos por un criterio inequ¡voco, que est basado en el
respeto al ser humano y a su dignidad.
No me caben dudas de que las generaciones futuras considerar n que esta
Conferencia constituy¢ una muestra de sabidur¡a y previsi¢n.
La humanidad se ha ganado el derecho a una Conferencia como sta, como
reacci¢n ante el consumo abusivo de la naturaleza y sus recursos, renovables o
no; la contaminaci¢n generalizada; los da¤os ocasionados por las guerras
mundiales y regionales; la acumulaci¢n de armas nucleares y qu¡micas; y el
fracaso de los modelos depredadores de desarrollo.
Esta Conferencia se¤alar la concertaci¢n de un nuevo contrato social
internacional, gracias al cual podremos concluir el presente siglo y arribar
al
pr¢ximo milenio de manera segura y racional.
En el nombre y la finalidad del Programa 21 han quedado reflejados los
objetivos que se intentar n alcanzar en esta Conferencia.
M s que ning£n otro asunto, el medio ambiente requiere que se realice
una
labor de planificaci¢n a largo plazo.
Toda negligencia que se cometa hoy puede causar ma¤ana da¤os
irreparables.
Tenemos la responsabilidad de poner en pr ctica lo que sabemos, a fin de
velar por un futuro mejor para toda la humanidad.
Ojal que la Conferencia de R¡o sea precursora de una nueva era en que
la
ciencia y la tecnolog¡a no sigan "tecnificando" la vida, sino que, por el
contrario, la humanicen, consolidando todo lo que han hecho en pro de nuestro
bienestar y compens ndonos por el da¤o que han causado a la naturaleza y por
su
papel en el aumento de las disparidades entre ricos y pobres.
Ojal que esta Conferencia constituya, adem s, una exhortaci¢n a la paz.
No habr medio ambiente sano ni desarrollo equitativo si no
somos capaces
de concertar una paz verdadera y permanente entre las naciones; una paz que no
sea simplemente una precaria ausencia de conflictos, sino el resultado de la
satisfacci¢n y la abundancia.
Tenemos el deber de lograr que la comunidad de Estados haga suyo el
principio de la solidaridad.
Dar la bienvenida a mis colegas, los Jefes de Estado y de Gobierno, en
la
reuni¢n en la Cumbre que se celebrar los d¡as 12 y 13 de junio, con la
seguridad de que estaremos en condiciones de presentarles, en sus versiones
definitivas y completas, los importantes textos que debemos preparar en
cumplimiento del mandato que se nos ha conferido. Conf¡o en que la
Conferencia
tendr la visi¢n y el alcance que la causa de la supervivencia requiere.
La imagen de la estatua del Cristo Redentor que se puede divisar en el
horizonte, se proyecta sobre este edificio en que nos hemos reunido.
En nombre de todos y cada uno de los brasile¤os, les vuelvo a dar la
bienvenida a R¡o de Janeiro, donde el continente americano, 500 a¤os m s
tarde,
no aguarda ser descubierto, sino que tiene ahora la misi¢n de descubrir y
revelar lo que el ser humano es capaz de lograr, siempre que la causa sea
justa;
la urgencia, grande; y la esperanza, motivo de inspiraci¢n.
Ojal que el nuevo mundo sea la cuna de los nuevos tiempos a que todos
aspiramos; que Dios nos proteja y nos bendiga.
Declaraci¢n del Sr. Maurice F. Strong, Secretario General
de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio
Ambiente y el Desarrollo
En primer lugar, deseo expresar mi calurosa felicitaci¢n a Su Excelencia
el
Se¤or Presidente por haber sido elegido Presidente de esta Conferencia.
Asimismo deseo expresar a Su Excelencia, al Gobierno y al pueblo del Brasil
nuestra profunda gratitud por la destacada labor que han realizado en los
preparativos de esta Conferencia en la Cumbre, la m s importante que jam s se
haya realizado, y por la calidez y generosidad con que nos han acogido.
Deseamos expresar nuestro agradecimiento, asimismo, al Gobernador Sr. Brizola
y
al Alcalde Sr. Alencar, que tambin han brindado un apoyo entusiasta a esta
labor.
Deseo felicitar a Su Excelencia y al Secretario General Boutros-Ghali
por
sus importantes declaraciones, en las que han destacado los enormes desaf¡os
que
enfrenta esta Conferencia. De hecho, la Conferencia definir el estado de la
voluntad pol¡tica para salvar a nuestro planeta y, con arreglo a lo expresado
en
la Promesa de Proteger a la Tierra, convertirlo, en un lugar seguro y
hospitalario para las generaciones presentes y futuras.
Esta no es una Conferencia dedicada a tratar una sola cuesti¢n, sino a
examinar el sistema general de causas y efectos en el que la interacci¢n de
una
amplia gama de actividades humanas confirmar nuestro futuro.
Hace 20 a¤os, en la ciudad de Estocolmo, los representantes de 113
naciones
del mundo dieron los primeros pasos de un nuevo derrotero de esperanza para
nuestro futuro en "Una sola Tierra". En un d¡a como hoy, en esta hermosa
ciudad
de R¡o de Janeiro, ustedes, representantes de m s de 178 naciones, se han
reunido en esta asamblea parlamentaria sin precedentes en el planeta para
adoptar las decisiones que han de reavivar esa esperanza y darle nuevo rumbo y
nuevos impulsos. A pesar de los apreciables progresos realizados desde 1972
en
muchas esferas, en gran medida las esperanzas que se hab¡an despertado en
Estocolmo siguen sin realizarse.
Como se¤al¢ claramente la Comisi¢n Mundial sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo en su informe hist¢rico titulado, Nuestro futuro com£n, han seguido
deterior ndose el medio ambiente, los recursos naturales y los sistemas
sustentadores de la vida de nuestro planeta, mientras otros problemas
mundiales,
como los del cambio clim tico y el agotamiento de la capa de ozono han
adquirido
m s gravedad y un car cter m s inmediato. Sin embargo, todo el deterioro y
todos los riesgos ecol¢gicos que hemos experimentado hasta la fecha han
ocurrido
a niveles de poblaci¢n y de actividades humanas mucho m s bajos que en el
futuro. Cabe a¤adir tambin que las causas que han originado este problema
siguen siendo las fuerzas principales que conforman nuestro futuro y que
amenazan nuestra supervivencia.
Los aspectos fundamentales de las cuestiones que vamos a tener que
tratar
son las pautas de producci¢n y de consumo del mundo industrial que est n
agotando los sistemas sustentadores de la vida de la Tierra; la explosi¢n
demogr fica, fundamentalmente en el mundo en desarrollo, que representa un
aumento diario de un cuarto de mill¢n de seres humanos; el aumento de las
diferencias entre ricos y pobres que hace que el 75% de la humanidad deba
luchar
tan solo para sobrevivir; y un sistema econ¢mico en que no se tienen en cuenta
los costos ecol¢gicos ni el da¤o ecol¢gico, y cuyo concepto de progreso es de
un
crecimiento desenfrenado. Hemos sido la especie que m s logros ha conseguido;
en la actualidad somos una especie que ha perdido todo control.
La concentraci¢n del crecimiento demogr fico en los pa¡ses en desarrollo
y
el crecimiento econ¢mico en los pa¡ses industrializados se han agudizado,
creando desequilibrios insostenibles en lo ecol¢gico y en lo econ¢mico. A
partir de 1972, la poblaci¢n mundial ha aumentado en 1.700 millones de
personas,
cifra casi equivalente a la poblaci¢n total del mundo a comienzos del siglo
XX;
1.500 millones viven en los pa¡ses en desarrollo, que son los que tienen menos
capacidad para mantenerlos. No es posible que contin£e este estado de cosas;
es
preciso que se estabilice cuanto antes la poblaci¢n. Si no lo hacemos
nosotros,
los seres humanos, lo har la naturaleza de una manera mucho m s brutal.
En los mismos 20 a¤os, el PNB a nivel mundial aument¢ en 20 billones de
d¢lares. Sin embargo, s¢lo el 15% del aumento fue recibido por los pa¡ses en
desarrollo: m s del 70% fue a dar a los pa¡ses ricos, lo que aument¢ a£n m s
la
presi¢n desproporcionada que ejercen esos pa¡ses en el medio ambiente, los
recursos y los sistemas sustentadores de la vida de nuestro planeta. Esta es
la
otra cara del problema demogr fico: cada ni¤o que nace en el mundo
desarrollado
consume una cantidad de recursos del planeta 20 a 30 veces superior a la que
consume un ni¤o del tercer mundo.
Los mismos procesos de crecimiento econ¢mico que han producido esos
niveles
sin precedentes de riqueza y de poder para la minor¡a rica son los que han
originado, adem s, los riesgos y desequilibrios que ahora amenazan por igual
el
futuro de ricos y pobres. Este modelo de crecimiento y las pautas de
producci¢n
y consumo que lo han acompa¤ado no son sostenibles para los ricos ni pueden
aplicarse a los pobres. Si se contin£a por ese camino se puede llegar a la
destrucci¢n de nuestra civilizaci¢n.
Sin embargo, los pobres necesitan el desarrollo econ¢mico y social,
£nico
medio de superar el c¡rculo vicioso de la pobreza en que se encuentran
atrapados. No se les puede negar su derecho al desarrollo; tampoco se puede
obstaculizar el ejercicio de ese derecho imponiendo medidas unilaterales a las
corrientes financieras o al comercio de los pa¡ses en desarrollo.
Los ricos deben ser los primeros en regular sus actividades de
desarrollo,
en disminuir considerablemente los efectos nocivos de esas actividades en el
medio ambiente y en dejar "espacio" ecol¢gico para el crecimiento de los
pa¡ses
en desarrollo. Los estilos de vida destructivos y dispendiosos de los ricos
no
se pueden mantener a expensas de la naturaleza ni de la vida y subsistencia de
los pobres.
En el caso de los ricos, la transici¢n a un desarrollo sostenible no
obliga
a volver a estilos de vida dif¡ciles o primitivos. Muy por el contrario,
puede
llevar a una vida m s rica, con mayores oportunidades de perfeccionamiento y
realizaci¢n personal. Ese tipo de vida ser m s satisfactorio y seguro por el
hecho de ser sostenible, y ser m s sostenible porque las oportunidades que d
y
los beneficios que reporte se compartir n en un plano m s universal.
El desarrollo sostenible que no destruye ni socava la base ecol¢gica,
econ¢mica o social de que depende la continuidad del desarrollo, es el £nico
medio viable de lograr un futuro m s seguro y de mayor esperanza tanto para
los
pobres como para los ricos. Esta Conferencia debe establecer los cimientos de
la transici¢n al desarrollo sostenible. Ello s¢lo se podr hacer
introduciendo
cambios fundamentales en nuestra vida econ¢mica y en las relaciones econ¢micas
internacionales, en especial entre los pa¡ses industrializados y
desarrollados.
Se debe integrar al medio ambiente en todos los aspectos de nuestra pol¡tica
econ¢mica y de adopci¢n de decisiones, as¡ como en la cultura y los sistemas
de
valores en que se origina el comportamiento econ¢mico.
En las negociaciones que entablemos, la naturaleza deber ocupar un
lugar
de preferencia, ya que ella siempre tendr la £ltima palabra. En las
decisiones
que adoptemos se deber n respetar las condiciones que imponga la naturaleza,
as¡
como la rica gama de recursos y oportunidades que pone a nuestra disposici¢n.
Tendremos que ocuparnos incluso de las espantosas posibilidades de las
advertencias que formulan los cient¡ficos. Estas indican posibilidades reales
de que nuestro planeta pronto deje de ser habitable por los seres humanos. Si
a
ello respondemos s¢lo con gastos vanos o con ret¢rica es posible que esas
posibilidades se hagan realidad.
Los preparativos de la Conferencia se han centrado en las medidas
concretas
que hay que llevar a cabo para que haya una transici¢n a la sostenibilidad.
Bajo la h bil direcci¢n de su Presidente, el Excmo. Sr. Tommy Koh, el Comit
Preparatorio de esta Conferencia, en m s de dos a¤os de intensas negociaciones
y
preparativos. ha dado forma a las propuestas que ha presentado a ustedes.
Para
ello ha contado con la amplia y extraordinaria colaboraci¢n de todo el sistema
de las Naciones Unidas, de conferencias preparatorias celebradas en las
distintas regiones, de numerosas conferencias sectoriales, de informes
nacionales y de la participaci¢n, en diversas formas, de un n£mero sin
precedentes de instituciones, expertos y organizaciones gubernamentales y no
gubernamentales. Deseo subrayar, en modo especial, que nunca ha habido una
conferencia internacional de gobiernos que haya contado con una gama tan
amplia
de colaboraci¢n, ni que haya recibido tantas contribuciones de las
organizaciones no gubernamentales, raz¢n por la que los felicito
calurosamente.
Los resultados de esa labor preparatoria est n ante ustedes. En la
mayor¡a
de las propuestas formuladas figura una recomendaci¢n, formulada por consenso,
del Comit Preparatorio. Sin embargo hay algunas cuestiones sumamente
importantes que a£n est n pendientes y que tendr n que resolver ustedes en
esta
oportunidad. Desear¡a referirme a continuaci¢n a algunas de las cuestiones
m s
importantes.
Los 27 principios de la Declaraci¢n de R¡o, basados en la Declaraci¢n de
Estocolmo, representan sin duda un avance importante para formular los
principios b sicos que habr n de regir la conducta entre las naciones y los
pueblos y la de stos con la Tierra a fin de garantizar un futuro seguro y
sostenible. Recomiendo que sean aprobados en su forma actual y que se
utilicen
como base para las negociaciones futuras sobre una Carta de la Tierra que
podr¡a
aprobarse con ocasi¢n del quincuagsimo aniversario de las Naciones Unidas.
El Programa 21 es resultado de amplios preparativos en el plano
profesional
y de negociaciones en el plano pol¡tico. En l se establece, por primera vez,
un marco para las medidas generales de cooperaci¢n necesarias para la
transici¢n
al desarrollo sostenible. En sus 115 reas de programas se definen las
medidas
concretas que habr que tomar para llegar a esa transici¢n. En lo
concerniente
a las cuestiones a£n sin resolver, insto a ustedes a que velen por que los
acuerdos que se concierten en esta hist¢rica reuni¢n en la Cumbre representen
un
avance respecto de las posiciones acordadas por los gobiernos en foros
anteriores.
Es cr¡tico y crucial contar con nuevos y adicionales recursos
financieros
para que los pa¡ses en desarrollo ejecuten el Programa 21. Esta cuesti¢n, m s
que ninguna otra, pondr a prueba la voluntad pol¡tica y la adhesi¢n de todos
los pa¡ses a los objetivos y metas fundamentales de esta Cumbre para la
Tierra.
La necesidad de iniciar ese proceso es tan apremiante y urgente que
conf¡o
en que los gobiernos, en particular los de los pa¡ses de ingresos altos, hayan
venido preparados para contraer los compromisos iniciales que se necesiten
para
ello. Es evidente que el Norte debe comenzar a hacer mayores inversiones en
el
progreso para el mundo en desarrollo. Al finalizar la Conferencia, los pa¡ses
en desarrollo deber n partir con el convencimiento de que cuentan con el apoyo
y
los incentivos necesarios para introducir las grandes y nuevas orientaciones
de
pol¡tica y de redistribuci¢n de sus propios recursos a que se insta en el
Programa 21.
Espero, asimismo que ustedes concuerden en que esos fondos nuevos y
adicionales se distribuyan, por lo menos en un comienzo, por conducto de
diversas instituciones y programas existentes, incluido el Fondo para el Medio
Ambiente Mundial, debidamente modificado.
Esto exige un nuevo concepto de autntica colaboraci¢n. Los conceptos
tradicionales de la ayuda extranjera y el s¡ndrome de pa¡s donante y pa¡s
receptor han dejado de ser una base adecuada de las relaciones Norte-Sur. La
comunidad mundial deber utilizar un sistema m s objetivo y coherente para
hacer
transferencias de recursos que sea an logo a los que se utilizan para
rectificar
los desequilibrios y asegurar la equidad en los distintos pa¡ses.
La financiaci¢n de la transici¢n a un desarrollo sostenible no debe
considerarse tan solo un costo extra, sino m s bien una inversi¢n
indispensable
para la seguridad ecol¢gica mundial.
Esas inversiones tambin dan buenos resultados econ¢micos. No es mera
casualidad que los pa¡ses y empresas que utilizan le energ¡a y los materiales
con m xima eficacia sean tambin los de rendimiento econ¢mico. A la inversa,
tambin se observa que el rendimiento econ¢mico deficiente va acompa¤ado casi
invariablemente de un rendimiento ecol¢gico deficiente. La importancia de la
eficiencia ecol¢gica fue el tema central del importante informe Changing
Course
(Cambio de rumbo) que prepar¢ para la Conferencia el Consejo de las Empresas
para el Desarrollo Sostenible.
No hay sector en que el rendimiento sea m s importante que en la
utilizaci¢n de la energ¡a. La transici¢n a una econom¡a en que se incremente
el
uso eficiente de la energ¡a y nos libere de nuestra dependencia excesiva de
los
combustibles f¢siles es fundamental para el logro del desarrollo sostenible.
La eliminaci¢n de las barreras comerciales y de los subsidios
discriminatorios har que los pa¡ses en desarrollo reciban cantidades mucho
mayores que las que perciben en la actualidad por conducto de la asistencia
oficial para el desarrollo. La disminuci¢n en gran escala de su actual carga
de
la deuda dar¡a a esos pa¡ses la mayor parte de los recursos nuevos y
adicionales
que necesitan para su transici¢n al desarrollo sostenible.
Necesitamos, asimismo, nuevos medios para financiar los objetivos del
medio
ambiente y el desarrollo. Por ejemplo, la existencia de licencias de emisi¢n
intercambiables en el plano internacionalmente permitir¡a utilizar con m xima
eficacia los fondos dedicados al control de la contaminaci¢n; a la vez, esas
licencias ser¡an un medio no presupuestario para transferir recursos. Los
grav menes sobre actividades o productos contaminantes, como los impuestos
sobre
el anh¡drido carb¢nico que han aplicado o propuesto varios pa¡ses, tambin se
podr¡an destinar a la financiaci¢n de medidas internacionales de medio
ambiente
y desarrollo. Aunque es posible que esta Conferencia no sea el momento
oportuno
de tomar una decisi¢n definitiva sobre ninguna de esas medidas prometedoras,
insto a la Conferencia a que las incluya en su programa de prioridades para el
per¡odo inmediatamente posterior a R¡o.
La devastadora sequ¡a del Africa meridional y la persistencia de los
problemas de las v¡ctimas de los conflictos y de la pobreza en tantos pa¡ses
de
Africa son tristes recordatorios para la comunidad mundial de la necesidad de
dar una prioridad especial a las necesidades de Africa y de los pa¡ses menos
desarrollados de todo el mundo. Es tr gico que subsistan la pobreza y el
hambre
en un mundo que est en mejores condiciones que nunca para eliminarlas. Esta
tragedia, sin lugar a dudas, da un mentis a la base moral y tica de nuestra
civilizaci¢n y constituye, adem s, una amenaza a su supervivencia. Las
medidas
del Programa 21 para erradicar la pobreza y conseguir la liberaci¢n econ¢mica
de
los pobres constituyen la base de una nueva guerra mundial contra la pobreza.
Insto a ustedes a que proclamen la erradicaci¢n de la pobreza como objetivo
central de la comunidad mundial en v¡speras del siglo XXI.
Otra regi¢n importante que merece una atenci¢n especial en estos
momentos
es la de las naciones que constitu¡an la Uni¢n Sovitica y de Europa central y
oriental. Esos pa¡ses, que han sufrido algunas de las devastaciones
ecol¢gicas
m s graves de la historia, enfrentan en estos momentos la inmensa tarea de
revitalizar y reconstruir sus econom¡as. Es importante para ellos, y tambin
para la comunidad mundial, que reciban la asistencia internacional que
necesitan
para hacerlo sobre bases ecol¢gicamente racionales y sostenibles.
Deseo felicitar a aquellos que han negociado el Convenio sobre la
diversidad biol¢gica y la convenci¢n Marco sobre el Cambio Clim tico,
instrumentos que se abrir n a la firma en la Conferencia. El proceso no ha
sido
f cil y se han expresado reservas importantes acerca de uno y la otra. Esos
instrumentos constituyen la primera fase de sendos procesos encaminados a
hacer
frente a dos de las m s graves amenazas que se ciernen sobre la habilidad de
nuestro planeta. No bastar confirmarlos. Su verdadera importancia depender
de la medida en que se traduzcan en medidas concretas y sean seguidos cuanto
antes por protocolos en que figuren las medidas especiales necesarias para que
entren plenamente en vigor y en que se prevea la financiaci¢n necesaria para
su
aplicaci¢n.
Ambas cuestiones est n ligadas al futuro de la vida en nuestro planeta.
En
los pr¢ximos 20 a¤os, es posible que se extinga m s de la cuarta parte de las
especies de la Tierra. Y, en lo relacionado con el calentamiento de la
Tierra,
el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre cambios clim ticos ha advertido
que de no haber una reducci¢n inmediata de un 60% de las emisiones de bi¢xido
de
carbono es posible que los cambios que se produzcan en los pr¢ximos 60 a¤os
sean
tan r pidos que la naturaleza no pueda adaptarse a ellos y los seres humanos
sean incapaces de regularlos.
Recomiendo asimismo que se prevea la negociaci¢n de una convenci¢n sobre
la
desertificaci¢n y el deterioro de las tierras ridas, fen¢menos que amenazan
la
vida y la subsistencia de numerosos pueblos del mundo en desarrollo, en
particular de Africa. Al mismo tiempo, es importante que esta Conferencia, al
negociar los principios forestales que le ha presentado el Comit
Preparatorio,
procure seguir avanzando en pos de un rgimen eficaz de conservaci¢n y de
desarrollo sostenible de los bosques del mundo.
Las guerras y los preparativos de la guerra son una fuente importante de
da¤o ecol¢gico y deben ser objeto de mayor fiscalizaci¢n y control. Para ello
se deber¡a contar con instrumentos jur¡dicos m s estrictos, con claras
disposiciones en materia de acatamiento que disuadieran eficazmente a futuros
agresores ecol¢gicos.
El camino a R¡o ha estado sembrado de una amplia y variada gama de
actividades y di logos que le han dado vida y esclarecimiento. La mayor¡a de
ellos han alentado esta empresa; otros han sido cr¡ticos y otros escpticos,
pero todos han destacado la importancia hist¢rica de esta ocasi¢n y las
esperanzas y expectativas que los pueblos de todo el mundo tienen cifradas en
lo
que hagan ustedes en las pr¢ximas dos semanas. Junto a nosotros estar n
muchos
de los pueblos y organizaciones que participan en este proceso mundial.
Muchos
otros se han reunido en el Foro Mundial para participar en la "cumbre de los
pueblos". Aguardo con inters la interacci¢n positiva y creadora entre la
Conferencia y los dem s foros "de los pueblos".
Ha habido otras actividades importantes que se han realizado aqu¡
inmediatamente antes de la Conferencia. La Conferencia Mundial de Pueblos
Ind¡genas se reuni¢ para intercambiar experiencias e inquietudes. Esos
pueblos
son los depositarios de gran parte de los conocimientos y el saber
tradicionales
de los que la modernizaci¢n ha separado a muchos de nosotros. Son custodios
tambin de algunos de los ecosistemas mundiales m s importantes y vulnerables,
a
saber, los bosques tropicales, los desiertos y las regiones rticas. Debemos
escucharlos y prestar atenci¢n a lo que dicen, aprender de su experiencia y
respetar su derecho a vivir en sus propias tierras, en consonancia con sus
tradiciones, valores y culturas.
La participaci¢n plena e informada de los pueblos por conducto de
procesos
democr ticos en todos los niveles, acompa¤ados de franqueza y transparencia,
son
fundamentales para la consecuci¢n de los objetivos de esta Conferencia. El
fomento de esa participaci¢n debe ser un aspecto fundamental de la respuesta
que
den los gobiernos y las instituciones nacionales e internacionales a los
resultados de la Conferencia.
En todos los pa¡ses no hay grupos m s importantes que los de
las mujeres,
los j¢venes y los ni¤os. Para que su contribuci¢n sea esencial y espec¡fica,
es
preciso que se eliminen las barreras que a£n se oponen a la participaci¢n
plena
y en pie de igualdad de la mujer en todos los aspectos de nuestra vida
econ¢mica, social y pol¡tica. De modo an logo, hay que respetar las
opiniones,
inquietudes y los intereses de nuestros j¢venes y ni¤os, a los que se deben
dar
amplias oportunidades de participaci¢n en las decisiones que conformar n un
futuro que, en gran medida a ellos pertenece.
A comienzos del siglo XXI m s de la mitad de la poblaci¢n mundial vivir
en
las zonas urbanas. Las ciudades del mundo en desarrollo est n abrumadas por
un
crecimiento demogr fico explosivo, que registra tasas superiores a las que
jam s
experimentaran antes. Se prev que para el a¤o 2025 la poblaci¢n urbana de
los
pa¡ses en desarrollo llegar aproximadamente a 4.000 millones de habitantes.
En
nuestro pa¡s anfitri¢n, el porcentaje de habitantes que viven en las zonas
urbanas es en estos momentos superior al 70%. En las reuniones de los
representantes principales de los gobiernos locales celebradas la semana
pasada
en Curitiba y en R¡o, se destacaron estas cuestiones y se establecieron las
bases para la adopci¢n de un Programa 21 en muchas de las principales ciudades
del mundo.
En la Declaraci¢n del Sacred Earth Gathering, que se reuni¢ aqu¡ la
semana
pasada se record¢ que los cambios de conducta y de direcci¢n que se propician
deben estar arraigados m s profundos en nuestros valores ticos, morales y
espirituales. Debemos reincorporar en nuestras vidas la tica del amor y el
respeto a la Tierra que ha seguido siendo el n£cleo de los sistemas de valores
de los pueblos tradicionales. Esa tica debe ir acompa¤ada de una
revitalizaci¢n de los valores m s importantes de todas nuestras principales
tradiciones religiosas y filos¢ficas. La solidaridad, la generosidad, la
colaboraci¢n con el pr¢jimo y el amor a nuestros semejantes no deben seguir
siendo tratados como ideales te¢ricos, ajenos a la realidad sino como la base
indispensable de la nueva realidad en que deben cimentarse nuestra
supervivencia
y nuestro bienestar.
La ciencia y la tecnolog¡a nos han dado una civilizaci¢n basada en el
conocimiento. Su uso errado y sus resultados imprevistos han dado origen a
los
riesgos y desequilibrios que hoy nos amenazan. Al mismo tiempo, esa
civilizaci¢n nos da la percepci¢n que necesitamos para orientar nuestras
decisiones y los instrumentos que nos hacen falta para adoptar las medidas que
han de dar forma a nuestro futuro com£n. La orientaci¢n de la ciencia rara
vez
ser tan precisa como para eliminar toda incertidumbre. En las cuestiones que
afectan a nuestra supervivencia, no nos podemos dar el lujo de esperar la
certeza que s¢lo puede darnos la perspectiva hist¢rica. Debemos basarnos en
la
prudencia, con la gu¡a de las mejores pruebas palpables de que dispongamos.
A fin de participar plenamente en el proceso de salvar a nuestro
planeta,
los pa¡ses en desarrollo necesitan, en primer lugar y por sobre todo otra
consideraci¢n, nuevos y apreciables recursos de asistencia para fortalecer su
capacidad cient¡fica, tecnol¢gica, profesional y educacional y las capacidades
de las instituciones conexas. Este es uno de los aspectos m s importantes y
urgentes del Programa 21.
Tal vez la conclusi¢n m s importante a la que debamos llegar en R¡o sea
la
de comprender que nadie puede marginarse de esta tarea. Ning£n lugar de la
Tierra puede seguir siendo una isla de opulencia rodeada de un mar de miseria.
O todos colaboramos para salvar a todo el mundo o no se salva nadie. A partir
de este momento todos tomamos el mismo derrotero. Ning£n pa¡s puede
estabilizar
el clima por s¡ solo. Ning£n pa¡s puede conservar unilateralmente su
diversidad
biol¢gica. No puede una parte de los habitantes del mundo vivir en una org¡a
de
consumo desenfrenado mientras las otras destruyen su entorno exclusivamente
para
poder sobrevivir. Ninguna de ellas es inmune a los efectos de las actividades
de los dem s.
En la actualidad se observa una ominosa tendencia a erigir nuevos
telones
de acero para aislar a los grupos m s afluentes y privilegiados de los pobres,
los subprivilegiados y los despose¡dos. Los telones de acero y las fronteras
nacionales no son soluciones para los problemas de una comunidad mundial
interdependiente en la que lo que ocurre en una zona afecta a todas las dem s
regiones.
Lo queramos o no, a partir de este momento todos participamos en esta
empresa: los ricos, los pobres, el Norte y el Sur. No deja de ser
emocionante
derribar las barreras que en el pasado nos separaron y unir nuestro esfuerzo a
nivel mundial para sobrevivir en un mundo m s seguro y m s hospitalario. El
mundo industrializado no puede eludir responsabilidad primordial de ser el
primero en establecer esa empresa com£n y ponerla en marcha. Hasta la fecha,
los da¤os que se han infligido a nuestro planeta han sido en gran parte
involuntarios. Ahora somos conscientes de lo que hacemos. Hemos perdido la
inocencia. Seguir por este camino rebasar¡a los l¡mites de la
irresponsabilidad.
En £ltima instancia, esta Conferencia satisfar las necesidades para las
que fue convocada y las esperanzas y aspiraciones que ha despertado en todo el
mundo £nicamente si las decisiones que se adopten producen cambios reales y
fundamentales en las condiciones que han creado la crisis de la civilizaci¢n
que
hoy enfrentamos. Si los acuerdos a que se llegue no benefician los intereses
comunes de toda la familia humana, si no cuentan con los medios y los fondos
necesarios para aplicarlos, si el mundo retorna a las actividades "de
costumbre", habremos perdido una oportunidad hist¢rica, que tal vez nunca
vuelva
a presentarse en el lapso de nuestra existencia. De ser as¡, dejar¡amos a las
generaciones futuras un legado de esperanzas perdidas y de profunda
desesperaci¢n. No podemos actuar as¡.
La Cumbre para la Tierra no es un fin en s¡ misma sino un nuevo
comienzo.
Las medidas que ustedes acuerden en esta Conferencia constituir n s¢lo los
primeros pasos en un nuevo sendero hacia nuestro futuro com£n. Por
consiguiente, el xito de los resultados de esta Conferencia depender a la
postre, de la credibilidad y eficacia de su puesta en pr ctica ulterior. Por
consiguiente, es de suma importancia que todos los gobiernos se comprometan a
traducir las decisiones que adopten colectivamente en la Conferencia en las
pol¡ticas y pr cticas nacionales necesarias para ponerlas en vigor, sobre todo
en lo que se refiere al Programa 21. El proceso preparatorio ha servido de
base
para esto y debemos mantener el impulso que nos trajo a R¡o. Asimismo, los
cambios institucionales que se hagan dentro de las Naciones Unidas deber n
servir de base eficaz y digna de crdito para que la Organizaci¢n contin£e su
labor de direcci¢n de este proceso.
La unidad fundamental que constituimos como pueblos de la Tierra debe
permitirnos trascender nuestras diferencias y zanjar las dificultades que a£n
nos dividen. La misi¢n de ustedes es asumir la responsabilidad hist¢rica de
ser
custodios del planeta tomando decisiones que unan a los ricos y a los pobres,
al
Norte y al Sur, y al Este y al Oeste en una nueva empresa mundial que
garantice
nuestro futuro com£n. Sir Shridath Ramphal, en su libro titulado Our Country,
The Planet (Nuestro pa¡s: todo el planeta), preparado para la Conferencia,
se¤ala que en nuestros denodados esfuerzos por lograr un mejoramiento material
nos hemos vuelto tan indiferentes a las ra¡ces que tenemos en la naturaleza
que
corremos el peligro de arrancarlas de cuajo. El sendero que habr que
recorrer
despus de R¡o ser arduo y prolongado, pero ser tambin un trayecto de
esperanza renovada, de regocijo, de desaf¡os y de oportunidades que, al
acercarnos al siglo XXI, nos permitir avizorar la aurora de un nuevo mundo en
el que han de cumplirse las esperanzas y aspiraciones de todos los ni¤os del
mundo de tener un futuro m s seguro y hospitalario. En ustedes recae esa
responsabilidad sin precedentes.
Declaraci¢n de Su Majestad el Rey Carlos Gustavo XVI de Suecia
En esta ocasi¢n sumamente especial, sentimos que el futuro est
realmente
en nuestras manos. Por ello, constituye para nosotros un privilegio
dirigirnos
a la Conferencia y transmitirle un mensaje de Suecia, pa¡s husped de la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en 1972.
Se trata de un mensaje de preocupaci¢n. Se han hecho progresos
desiguales
desde la primera Conferencia. Ha habido muchas mejoras ambientales a nivel
local, nacional y regional, pero las amenazas a nivel mundial son m s graves
que nunca.
Los pa¡ses en desarrollo siguen encarando enormes problemas. Aunque
muchos
de ellos han logrado mejorar considerablemente su situaci¢n, m s de
1.000 millones de seres humanos viven en condiciones inaceptables de pobreza.
Mi mensaje de hoy es tambin un mensaje de esperanza. Por primera vez
en
la historia, todas las naciones del mundo se re£nen para analizar los
problemas
paralelos del medio ambiente y el desarrollo.
Cabe esperar que la cuidadosa y eficiente labor preparatoria de los dos
£ltimos a¤os haya sentado las bases para que la Conferencia tenga resultados
satisfactorios.
Muchos estimamos que la historia ha acelerado su ritmo a lo largo de
los
a¤os. El mundo de hoy es muy diferente del mundo de 1972. Es menos patente
la
amenaza de una guerra nuclear final.
Ello significa que las generaciones cuyo pensamiento ante un posible
desastre nuclear, se ha centrado en las perspectivas a m s corto, deben
encarar
ahora perspectivas a m s largo plazo. Debemos dirigir nuestra mirada m s all
del horizonte temporal inmediato. El a¤o 2000 est muy cerca y el a¤o 2100 no
est lejos de nosotros. Constituye una gran tarea examinar el mundo m s all
del lapso de nuestras vidas. Esa perspectiva temporal amplia no constituye un
lujo intelectual, sino una necesidad y una oportunidad. Al sentirnos
responsables de las generaciones venideras, nuestra existencia adquiere una
nueva dimensi¢n.
Quiz s todo esto no constituya un obst culo para una comprensi¢n m s
profunda del presente. Debemos actuar hoy a fin de evitar futuros desastres
ecol¢gicos. Sin Embargo, en muchas partes del mundo los desastres ya se han
producido. Ejemplo de ello, es la actual cat strofe de la sequ¡a en Africa.
Y hay muchos ejemplos m s.
El v¡nculo entre el medio ambiente y el desarrollo tiene una importancia
cr¡tica. Reunidos en R¡o de Janeiro, tenemos que encontrar nuevos modos de
reflexionar y actuar para que el desarrollo sostenible se convierta en una
realidad palpable y una posibilidad real.
No cabe duda de que muchas personas sienten incertidumbre
respecto de la
actual situaci¢n mundial. Las antiguas estructuras desaparecen antes de que
las
nuevas estn listas. Estamos gravemente preocupados por la situaci¢n de la
econom¡a mundial, los problemas del desarrollo en el Sur y el estancamiento y
el
desempleo que contin£an en el Norte.
Sin embargo, no tenemos alternativa. No contamos con la opci¢n de
resolver
primero los problemas de hoy y luego los de ma¤ana. Tenemos que organizar los
esfuerzos intelectuales, pol¡ticos y pr cticos, integr ndolos en una acci¢n
digna de crdito.
Por supuesto, esto es f cil de decir pero dif¡cil de hacer. Los
gobiernos
del mundo luchan contra muchos problemas que exigen una atenci¢n inmediata.
Lo
mismo se puede decir de los individuos. Si uno tiene que luchar por la
supervivencia, ¨c¢mo puede dar prioridad a las generaciones venideras? Si un
pa¡s enfrenta una repentina crisis econ¢mica, ¨c¢mo puede su gobierno
examinar,
en lugar de esa crisis, las opciones a largo plazo?
No hay soluciones autom ticas: cada situaci¢n debe juzgarse por
separado.
Aun as¡, se necesita con urgencia un an lisis integrado.
La Conferencia de R¡o nos ofrece a todos una oportunidad necesaria para
reflexionar. En el programa de la Conferencia y en la labor preparatoria, se
han subrayado las relaciones entre los diferentes conceptos en juego:
La pobreza como consecuencia y causa de la degradaci¢n ambiental;
La relaci¢n entre la deforestaci¢n y la desertificaci¢n;
El v¡nculo entre la contaminaci¢n de las aguas costeras procedente de
fuentes terrestres y el deterioro de la econom¡a pesquera.
La palabra clave es integraci¢n: integrar la reflexi¢n y la acci¢n. En
el
Norte, esa labor requiere el valor intelectual de reconocer los intereses de
los
pa¡ses en desarrollo y la necesidad de transferir recursos financieros
suficientes, nuevos y adicionales. Cada persona debe estudiar tambin la
posibilidad de cambiar sus patrones de consumo y estilos de vida, en una
perspectiva a largo plazo.
Hemos llegado a este centro de conferencias de todas partes del mundo.
Tendremos una oportunidad £nica de intercambiar opiniones sobre esos problemas
fundamentales, sobre la base de documentos muy preparados por la secretar¡a.
Se
nos brinda la oportunidad de fortalecer el enfoque integrado y de dar a
nuestros
gobiernos la posibilidad de adoptar las decisiones que necesita este mundo de
r pidos cambios.
Sin embargo, los gobiernos no pueden lograr mucho por s¡ solos, si los
ciudadanos no est n de acuerdo con ellos o no acatan sus normas. Por ello, el
enfoque a largo plazo requiere grandes esfuerzos de educaci¢n y toma de
conciencia. El papel de las organizaciones no gubernamentales es capital.
Gracias a sus actividades, nadie se ver obligado a poner en duda las
cuestiones
en juego. Por consiguiente, es importante la presencia, en R¡o, de muchos
representantes de organizaciones no gubernamentales. Su participaci¢n activa
en
el proceso de la Conferencia es la clave del xito a largo plazo.
Lo mismo se puede decir de los medios de informaci¢n. En todo
el mundo, la
Conferencia se sigue con mucho inters, por lo cual los medios de informaci¢n
masiva le prestan mucha atenci¢n. La responsabilidad de esos medios
trasciende
lo inmediato: ser igualmente importante que informen del proceso
subsiguiente,
menos espectacular y m s tedioso.
La semana pasada particip en dos reuniones previas a la Conferencia.
Una
de ellas, celebrada en R¡o de Janeiro, fue organizada por la C mara de
Comercio
Internacional. En la reuni¢n se subray¢ la importancia de la comunidad
comercial para que la Conferencia fuera un proceso continuo. Se recalc¢
asimismo, la responsabilidad de los gobiernos de enviar al sector privado los
mensajes correctos para alentarlos a adoptar medidas ecol¢gicamente
racionales.
El informe del Consejo Empresarial del Desarrollo Sostenible apunta en el
mismo
sentido. La preocupaci¢n ambiental a m s largo plazo no debe considerarse una
amenaza, sino un est¡mulo y una oportunidad para la comunidad comercial.
La otra reuni¢n se celebr¢ en Curitiba; en ella se analiz¢ el papel de
las
comunidades locales, las ciudades, los pueblos y las municipalidades. Fue
alentador observar la energ¡a y el vigor de las medidas ambientales de muchas
municipalidades de todo el mundo. "Pensar a nivel mundial y actuar a nivel
local" no es una mera consigna. Se trata tambin de una realidad cuyo empuje
qued¢ de manifiesto en Curitiba.
La palabra clave es integraci¢n:
La integraci¢n de diferentes pol¡ticas para que el desarrollo y la
preocupaci¢n por el medio ambiente sean tareas posibles a partir de hoy;
La integraci¢n de los intereses actuales y los del futuro;
La integraci¢n de los niveles mundial y local.
La presente Conferencia tiene la posibilidad de lograr todos esos
objetivos. Por ello, estoy convencido de que es esta una oportunidad
hist¢rica
de acelerar la cooperaci¢n internacional de un modo que todos tengamos m s
confianza en el futuro.
Con mucha esperanza, entrego la antorcha simb¢lica de la Conferencia de
Estocolmo de 1972 a la Conferencia de R¡o de 1992. Hemos venido aqu¡ para
prepararnos para el pr¢ximo siglo, lo que estamos haciendo mancomunadamente,
trabajando en esta hermosa ciudad bajo su notable direcci¢n, Se¤or Presidente.
Contamos con los requisitos previos para el xito. Aprovechemos esta
oportunidad; no la dejemos pasar.
Declaraci¢n de la Sra. Gro Harlem Brundtland, Primera
Ministra de Noruega y Presidenta de la Comisi¢n Mundial
sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
Quedan menos de 400 semanas del siglo XX. El tiempo apremia para que
rectifiquemos los actuales insostenibles patrones del desarrollo humano.
Debemos erradicar la pobreza. Debemos lograr una mayor igualdad dentro y
entre
las naciones. Debemos conciliar las actividades y las cifras humanas y las
leyes de la naturaleza.
En 1987, en Nuestro futuro com£n, describimos los peligros que se
derivaban
de los intentos de los pa¡ses industrializados y los pa¡ses en desarrollo de
basar el progreso en pr cticas que no eran sostenibles desde los puntos de
vista
ambiental y econ¢mico. Analizamos las crisis interdependientes del medio
ambiente y el desarrollo. Describimos un proceso de cambio con miras al
desarrollo sostenible.
Pedimos a la Asamblea General que convocara una conferencia
internacional
"para examinar el progreso realizado y promover arreglos complementarios ...
para establecer indicadores y mantener el progreso humano conforme a las
directrices que sugieren las necesidades humanas y las leyes naturales". Hoy,
cinco a¤os m s tarde, inauguramos esa Conferencia.
Hace seis semanas, la Comisi¢n Mundial, fortalecida por la presencia de
cinco distinguidos estadistas mundiales, se volvi¢ a reunir en Londres y
formul¢
una declaraci¢n pol¡tica sobre las importantes cuestiones que la Conferencia
tiene ante s¡.
La historia humana ha llegado a un momento decisivo en que es inevitable
realizar cambios de pol¡tica fundamentales. M s de 1.000 millones de personas
que actualmente no pueden satisfacer sus propias necesidades b sicas, as¡ como
nuestros hijos y nietos y la propia Tierra, claman por una revoluci¢n. Esa
revoluci¢n habr de producirse a la larga. Sabemos que tenemos la oportunidad
de cortar el paso al peligro, el desorden y el conflicto que, de no mediar
nuestra acci¢n, ser¡an inevitables.
Una reducci¢n radical de la carrera de armamentos y los dividendos de la
paz previstos se pueden utilizar para financiar la seguridad colectiva en la
forma m s urgente que reviste actualmente: la seguridad ambiental.
Necesitamos una nueva forma de "compromiso colectivo", no s¢lo para
estabilizar las nuevas relaciones entre el Este y el Oeste sino tambin para
establecer una nueva relaci¢n entre el Norte y el Sur, basada en un inters
propio mutuamente beneficioso.
Todos debemos responder de lo que no logremos acordar en R¡o. Por
primera
vez en la historia humana, en todo el mundo, los pueblos podr n seguir muy de
cerca la actividad de sus dirigentes en una conferencia importante, gracias a
la
vasta informaci¢n de la televisi¢n y otros medios de informaci¢n.
No podemos aducir ignorancia. La colaboraci¢n a nivel mundial debe
empezar
con el compromiso de los pa¡ses industrializados de reducir dr sticamente la
carga que imponen a la capacidad de cultivo de los ecosistemas de la Tierra
con
sus insostenibles patrones de consumo y producci¢n.
No nos debe sorprender que los pa¡ses en desarrollo asistan a la Cumbre
de
R¡o con claras exigencias econ¢micas. Para ellos, se trata esencialmente de
una
conferencia sobre el desarrollo y la justicia.
La pobreza degrada no s¢lo a quienes la padecen, sino tambin a quienes
la
toleran. Ha llegado el momento de lanzar un ataque real contra la pobreza
masiva. La pobreza, el medio ambiente y la poblaci¢n ya no se pueden tratar,
ni
siquiera analizar, como cuestiones separadas; est n vinculados entre s¡ en la
pr ctica, por lo que no se pueden separar al formular pol¡ticas.
A menos que se reduzca la pobreza, no hay posibilidades de que podamos
estabilizar la poblaci¢n mundial, que ha aumentado en 500 millones de personas
desde la £ltima reuni¢n de la Comisi¢n, hace cinco a¤os. Debemos enfrentar el
crecimiento demogr fico con un enfoque integrado, que abarque la educaci¢n, el
mejoramiento de la situaci¢n de la mujer y la salud p£blica y la planificaci¢n
de la familia.
Durante los preparativos para la Conferencia, muchos pa¡ses en
desarrollo
se declararon dispuestos a contraer un compromiso pol¡tico para tener el
crecimiento demogr fico, pero algunas delegaciones han hecho o¡dos sordos a
los
llamamientos en pro de la disponibilidad universal de los mtodos modernos de
planificaci¢n de la familia. Todos tenemos la obligaci¢n de superar esa
resistencia y ponernos a la altura de lo que exigen los grandes problemas de
nuestra poca.
El desarrollo sostenible puede progresar solamente en un sistema
comercial
internacional que aumente la libertad, en especial de los pa¡ses en desarrollo
de acceder a los mercados y que tenga en cuenta los valores ambientales. La
Comisi¢n lamenta que en la actual ronda de negociaciones del Acuerdo General
sobre Aranceles Aduaneros y Comercio se hayan descuidado el medio ambiente y
el
desarrollo sostenible, por lo que pide que esas cuestiones se analicen en las
futuras negociaciones.
Un decenio despus del inicio de la crisis de la deuda en Amrica
Latina,
muchos pa¡ses en desarrollo no pueden escapar a la carga onerosa de la deuda
externa. La deuda de los pa¡ses en desarrollo supera actualmente los
1,3 billones de d¢lares; el servicio de la deuda es cuatro veces superior a la
asistencia neta para el desarrollo. Es imperioso aumentar el alivio de la
deuda, sobre todo de los pa¡ses de bajos ingresos.
El acceso a las tecnolog¡as ecol¢gicamente racionales reviste suma
importancia en cada uno de los temas del Programa 21. Existe la urgente
necesidad de dedicar muchos m s recursos al desarrollo de tecnolog¡as inocuas
para el medio ambiente que sean nuevas y viables. Adem s, existe la necesidad
de crear un mejor clima para las inversiones privadas y desarrollar
modalidades
de colaboraci¢n nuevas e innovadoras entre los gobiernos y las empresas.
La estimaci¢n, hecha por la secretar¡a de la Conferencia, de los
recursos
financieros necesarios para ejecutar el Programa 21 en los pa¡ses en
desarrollo
es de 625.000 millones de d¢lares de los EE.UU. Los propios pa¡ses en
desarrollo habr n de suministrar aproximadamente el 80%, es decir,
500.000 millones de d¢lares. El 20% restante, es decir, una suma anual de
aproximadamente 125.000 millones de d¢lares, deber n ser fondos que los pa¡ses
industrializados suministren en condiciones de favor.
Esta suma puede parecer muy vasta, pero en realidad equivale a los
montos
con que se contar¡a si los pa¡ses industrializados cumplieran su objetivo de
larga data respecto de la asistencia oficial para el desarrollo, que asciende
a
un 0,7% de su producto nacional bruto.
La Comisi¢n se bas¢ en las conclusiones de la Declaraci¢n de Tokio sobre
financiaci¢n del medio ambiente mundial y el desarrollo, oportuna iniciativa
del
ex Primer Ministro, Sr. Takeshita. El 0,7% es el m¡nimo necesario, dada la
escala de los esfuerzos necesarios. Todas las naciones donantes deber¡an
lograr
ese objetivo para el a¤o 2000.
Los pa¡ses industrializados deben hacer una importante contribuci¢n
inicial
en R¡o, con miras a la plena ejecuci¢n del Programa 21, y aumentar
constantemente cada a¤o sus contribuciones adicionales. Estimamos que esa
contribuci¢n inicial no debe ascender a menos de 10.000 millones de d¢lares
en 1993.
Adem s de suministrar financiaci¢n en condiciones de favor,
deben atenderse
las necesidades especiales de los pa¡ses en desarrollo de ingresos medios. No
es menos importante que la comunidad internacional facilite a esos pa¡ses
corrientes financieras en condiciones apropiadas, utilizando diversos
mecanismos.
En la Cumbre para la Tierra, nuestra sociedad humana debe ponerse a la
altura de las tareas a las que se enfrenta. Estimamos que actualmente la
coyuntura es irreversible. Asimismo, debemos dirigir nuestra mirada m s all
de
R¡o y encontrar maneras de ayudar a sostener y fortalecer los logros de la
Conferencia.
En el sistema de las Naciones Unidas, la Asamblea General deber¡a actuar
como foro supremo de adopci¢n de pol¡tica de desarrollo sostenible. Apoyamos
la
propuesta de que se establezca una comisi¢n de alto nivel sobre el desarrollo
sostenible.
Necesitamos una coalici¢n cada vez mayor de las fuerzas intelectuales,
lo
que depender , evidentemente, de una uni¢n de las fuerzas democr ticas.
La Comisi¢n Mundial exhorta a los dirigentes internacionales presentes
en
la Cumbre para la Tierra a que se comprometan con los pueblos del mundo a
asegurar la supervivencia humana. Las prioridades nacionales de miras
estrechas
s¢lo obstaculizar n el progreso e impedir n todo avance.
Estamos obligados a administrar la m s importante transici¢n mundial
desde
las revoluciones agr¡colas e industriales: la transici¢n hacia el desarrollo
sostenible.
Quiz temporalmente podamos apartarnos del golpe emocional que nos
causan
las im genes de hambre, sequ¡a, inundaciones y de seres humanos ahogados bajo
el
peso de los desechos que acumulamos en una naturaleza por lo dem s tan
generosa,
pero en la pr ctica ya se ha activado una bomba de tiempo. Pero cuando se
duplique la poblaci¢n mundial y la econom¡a mundial se quintuplique o
decuplique, dejando a cientos de millones de nuevos habitantes de la Tierra
constantemente hambrientos y en un estado de pobreza agudo, ser ya demasiado
tarde para tomar medidas.
Necesitamos nada menos que establecer una democracia a nivel mundial,
basada en una percepci¢n mancomunada de las tareas comunes. Tenemos que
educar
a la poblaci¢n, no armarla. Necesitamos moderaci¢n y modernizaci¢n.
Necesitamos que en esta reuni¢n de importancia capital se adopten decisiones
radicales sobre el futuro de la humanidad.
No podemos traicionar a las generaciones futuras, que nos juzgar n
severamente si no cumplimos nuestro deber en este momento crucial. Tenemos
una
obligaci¢n moral y disponemos de los medios para cumplirla y de muchos mtodos
necesarios. Sobre nosotros, sobre cada uno de nosotros, pesa esa obligaci¢n.
Tendremos que rendir cuentas de ella.
Declaraci¢n del Sr. Mario Soares, Presidente de Portugal
Saludo a todos los participantes en esta hist¢rica Conferencia de R¡o y
rindo tributo al sentido de responsabilidad que ha demostrado la Asamblea
General de las Naciones Unidas al convocar la Conferencia en un momento tan
oportuno. Agradezco al Presidente de la Rep£blica del Brasil, pa¡s husped de
la Conferencia que tiene estrechos lazos con Portugal, la invitaci¢n especial
que me dirigi¢ para asistir a la sesi¢n de apertura. Estamos profundamente
agradecidos al Presidente Collor por este gesto de suma gentileza para con
Portugal.
Como lo ha dicho el Sr. Maurice Strong, Secretario General, a quien la
Conferencia debe tanto, reviste una importancia apremiante, e incluso decisiva
para la humanidad, en los dif¡ciles a¤os finales de este milenio, encontrar, a
nivel mundial, un equilibrio viable y justo entre el medio ambiente y el
desarrollo.
Todas las personas conscientes reconocen actualmente que no podemos
seguir
cerrando los ojos ante la constante degradaci¢n de nuestro planeta, asediado y
sobrecargado. Esta degradaci¢n afecta los equilibrios ecol¢gicos esenciales y
la situaci¢n de la especie humana que, en vastas zonas, a£n padece hambre,
malnutrici¢n, falta de viviendas, enfermedades para las cuales la ciencia a£n
no encuentra cura, ignorancia y subdesarrollo. Todas las personas conscientes
se han dado cuenta, tambin, de que existe una relaci¢n de absoluta
interdependencia entre la protecci¢n ambiental y los esfuerzos por luchar
contra la pobreza y el subdesarrollo. En consecuencia, el informe Brundtland,
Nuestro futuro com£n, se basa en el informe Brandt, en el que, hace 15 a¤os,
se
sosten¡a ya que el di logo Norte-Sur, destinado a luchar contra el
subdesarrollo, era un imperativo absoluto para la supervivencia de las
naciones
m s desarrolladas.
Sin embargo, no basta tener conciencia de la gravedad de la situaci¢n
que
encara la Tierra, nuestro hogar com£n. Eso solamente es un comienzo, si bien
un
comienzo sumamente importante. La pr¢xima etapa ser saber c¢mo actuar, c¢mo
efectuar los cambios necesarios, de qu modo y con qu medios. Esa es la gran
tarea de la Conferencia de R¡o.
Las expectativas que se han creado en todo el mundo son enormes, y
corresponde que as¡ sea. El Foro de las organizaciones no gubernamentales y
los
ciudadanos interesados que han venido a R¡o de Janeiro de todos los rincones
del
planeta son una prueba elocuente de esa expectativa y esos intereses.
Representan, por un lado, una posici¢n moral colectiva y, por otro, un acto de
voluntad pol¡tica que los Estados y los gobiernos no pueden desestimar.
En los momentos en que hablamos del fin de las ideolog¡as, como
resultado
de la ca¡da del comunismo y del fin de un mundo dividido en bloques opuestos,
es
reconfortante sentir, en relaci¢n con esta Conferencia de R¡o, el idealismo
moral de los j¢venes que creen en esta gran y noble causa de la protecci¢n de
nuestro planeta contra los m£ltiples riesgos que lo amenazan. En un sentido,
asistimos al renacimiento de la utop¡a, de la creencia en la capacidad del
individuo, de todos los individuos, de tomar su destino en sus propias manos
protegiendo los recursos de la Tierra, defendiendo la diversidad biol¢gica,
evitando la contaminaci¢n de recursos tan esenciales como el agua, el aire,
los
suelos o los ocanos y, ante todo, creyendo que es posible reducir la
desigualdad entre los individuos y entre las naciones y construir un mundo de
paz, justicia y bienestar.
S cu n dif¡cil es trascender la ret¢rica de las buenas intenciones para
llegar a decisiones concretas y obligatorias. Conozco el cuidado con que se
ha
preparado la Conferencia, las importantes declaraciones que la han precedido y
la gran cantidad de datos que se han reunido; tambin soy consciente de las
dificultades que quedan por resolver, de la escasez de los recursos
disponibles
para atender a las necesidades, de las reservas de algunos pa¡ses y de la
complejidad de conciliar intereses en conflicto. Sin embargo, siento
confianza
cuando veo los progresos que se han logrado y las medidas modestas que se han
adoptado como resultado de esfuerzos pragm ticos y persistentes. A los
escpticos, les dir¡a que la Conferencia de R¡o no debe considerarse una
soluci¢n definitiva de los problemas ambientales de la Tierra, sino un punto
de
partida y un importante salto cualitativo hacia adelante en el proceso de
crear
una toma de conciencia universal de las cuestiones ambientales, con todo lo
que
encierran en los terrenos econ¢mico, social y cultural.
Representando a un peque¤o pa¡s europeo con una larga historia y que se
siente orgulloso de las contribuciones que ha hecho a la creaci¢n de la
civilizaci¢n de lo "universal" de que hablaba Teilhard de Chardin. Portugal,
miembro de pleno derecho de la Comunidad Europea, cuya Presidencia actualmente
ocupa, est entre dos mundos: pertenece a una de las regiones m s
desarrolladas
del mundo, pero incuestionablemente es uno de los m s pobres de los pa¡ses
ricos. Ello coloca a Portugal en una situaci¢n particularmente adecuada para
entender c¢mo las necesidades ambientales, la importancia de las
transferencias
de tecnolog¡a, la carga de la deuda externa y las necesidades del desarrollo
sostenible est n relacionadas entre s¡ y son interdependientes, as¡ como la
importante urgencia para todos, ricos y pobres, de que los pueblos de la
Tierra
dialoguen y lleguen a acuerdos, en paz y con solidaridad, a fin de salvar a la
Tierra o m s bien, a fin de asegurar la supervivencia de la humanidad en la
Tierra. Esta es nuestra responsabilidad com£n.
Les doy las gracias nuevamente y les transmito los mejores deseos de
Portugal para el xito de la Conferencia, que, estoy seguro, desempe¤ar un
papel decisivo en la creaci¢n de un nuevo enfoque para determinar c¢mo debe
vivir la humanidad en la Tierra.
Anexo III
DECLARACIONES DE CLAUSURA
Declaraci¢n del Sr. Fernando Collor, Presidente del
Brasil y Presidente de la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
Deseo comenzar expresando mi agradecimiento m s sincero a todos los
presentes, que han venido de todos los rincones del mundo para contribuir al
xito de nuestra Conferencia de R¡o 92: a los gobiernos, la Secretar¡a de las
Naciones Unidas, la secretar¡a de la Conferencia, los organismos
especializados,
las organizaciones, los movimientos y todas las personas dedicadas a la causa
del medio ambiente y el desarrollo.
Sabemos que esta noble causa debe mucho a la determinaci¢n y tambin a
los
sacrificios de las organizaciones no gubernamentales. El Foro Mundial fue un
acontecimiento magn¡fico y de gran importancia. Aqu¡, en R¡o, hemos unido
nuestras manos.
Tambin quisiera mencionar que me siento orgulloso de la labor que ha
llevado a cabo el Brasil en la preparaci¢n de esta reuni¢n internacional, la
mayor de la historia, y un claro testimonio de nuestra capacidad y nuestra
vocaci¢n de pa¡s moderno, abierto y emprendedor. Me han complacido las
numerosas expresiones de agradecimiento por los esfuerzos que hemos realizado.
Doy especialmente las gracias al pueblo de R¡o, cariocas y fluminenses,
al
gobierno del estado de R¡o de Janeiro, a la Alcald¡a, al Grupo de Trabajo
Nacional (GTN), a las organizaciones, a las empresas y a todos y cada uno de
los
brasile¤os que han colaborado en esta labor. Tambin quiero dar las gracias
al
Ministro Francisco Rezek por su dedicaci¢n al comenzar los preparativos de la
Conferencia.
Todos debemos unas palabras de agradecimiento al Secretario General, el
Sr. Boutros-Ghali, al Sr. Maurice Strong y a todos sus colaboradores.
Por £ltimo, quisiera expresar mi agradecimiento al Embajador de
Singapur,
Tommy Koh, por sus esfuerzos incansables como Presidente del Comit
Preparatorio
y de la Comisi¢n Principal de la Conferencia.
Al menos durante 12 d¡as la atenci¢n de la humanidad se ha dirigido a
las
cuestiones esenciales de la vida, el desarrollo y la justicia en la Tierra.
Existe un inters leg¡timo y amplio por lo que hemos conseguido;
nuestros
pueblos aguardan la continuaci¢n de la labor que hemos iniciado aqu¡.
La Conferencia de R¡o no termina en R¡o.
El esp¡ritu que gui¢ sus conversaciones y deliberaciones, que el
Secretario
General Boutros-Ghali llam¢ el "esp¡ritu de R¡o", debe perdurar y debe
guiarnos
en el futuro, mucho m s all de 1992.
La Comisi¢n sobre Desarrollo Sostenible debe ser la expresi¢n fidedigna
de
ese esp¡ritu.
Nuestro objetivo es forjar la unidad.
Es obvio que la Conferencia no contrarrest¢, decisiva y
definitivamente, la
tendencia hacia la polarizaci¢n entre ricos y pobres. Sin embargo, es
indudable
que sirvi¢ sobre todo para aumentar la conciencia universal de nuestro destino
com£n.
Hoy el mundo es mucho m s consciente que hace 12 d¡as de que las
cuestiones
del medio ambiente y el desarrollo no pueden tratarse por separado.
El mundo sabe que es necesario poner fin tanto a la contaminaci¢n que
obedece claramente a un inters econ¢mico a corto plazo como a la
contaminaci¢n
que es una consecuencia involuntaria de la pobreza, la ignorancia y la lucha
diaria por la supervivencia.
El mundo es consciente de la apremiante necesidad de crear instrumentos
jur¡dicos internacionales como los que se han abierto a la firma aqu¡: la
Convenci¢n Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Clim tico y el
Convenio
sobre la Diversidad Biol¢gica. Es absolutamente necesario que se contraigan
compromisos y se ejecuten programas de acci¢n como los consagrados en la
Declaraci¢n de R¡o, el Programa 21 y la declaraci¢n sobre los bosques.
El mundo es hoy mucho m s consciente que hace 12 d¡as de que debemos
poder
recurrir a un sistema de mecanismos financieros que conduzcan recursos nuevos
y
adicionales a proyectos y propuestas orientados hacia el progreso sostenible y
atiendan a las necesidades de los pa¡ses en desarrollo. Las decisiones
adoptadas por la Conferencia respecto de esos mecanismos constituyen un paso
importante en esa direcci¢n.
El mundo es consciente de que R¡o 92 representa el punto de partida en
el
camino que emprender n conjuntamente las naciones, ricas y pobres, y los
hombres
y las mujeres, en la lucha por la protecci¢n del planeta, el desarrollo, la
justicia y la paz universal.
El mundo es consciente tambin de que las Naciones Unidas deben
desempe¤ar
una funci¢n cada vez m s importante en la historia de la humanidad. La
Conferencia de R¡o demuestra que las cuestiones de inters universal, como el
medio ambiente y el desarrollo, cuestiones que afectan a toda la humanidad
s¢lo
pueden tratarse en un foro en el que todos participen en pie de igualdad.
En nombre de todos los brasile¤os les pido que guarden en su memoria y
en
sus corazones el recuerdo de los d¡as que hemos pasado aqu¡.
En la Conferencia de R¡o, que concluy¢ con la Cumbre para la Tierra,
nuestra labor fue la de sembrar las semillas. Tendremos una buena cosecha si
aunamos nuestros esfuerzos y mantenemos nuestra dedicaci¢n.
Al abandonar esta reuni¢n, tengamos el pleno convencimiento de que en
esos
12 d¡as hemos sido protagonistas en un momento hist¢rico de asociaci¢n y
cambio.
A todos nos corresponde dejarnos guiar por una nueva tica de
solidaridad.
El mundo, como he se¤alado antes, ya no es igual al que era el 3 de
junio.
Es algo mejor, algo m s seguro y est algo m s unido.
Vali¢ la pena. Hemos tomado la direcci¢n correcta y lograremos nuestros
objetivos con la bendici¢n y la ayuda de Dios.
Declaraci¢n del Sr. Boutros Boutros-Ghali, Secretario
General
de las Naciones Unidas
Es un gran honor dirigirles la palabra en esta ocasi¢n. Esta
Conferencia
se ha reunido para hacer frente a un inmenso desaf¡o. Las principales
divergencias entre los participantes se han reducido. Se ha dado un gran paso
hacia nuestro objetivo que es, simplemente, salvar nuestro planeta.
Espero sinceramente que el esp¡ritu de R¡o, del que todos hablan en esta
reuni¢n, pueda servir de impulso para las tareas aun mayores que tenemos por
delante; que las decisiones futuras reflejen las ideas comunes que nos
inspiran
en R¡o.
La Declaraci¢n de R¡o sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, aprobada
por
la Conferencia, representa un avance considerable. Coloca a las personas en
el
centro de nuestras preocupaciones. Trata de aspectos relacionados tanto con
el
medio ambiente como con el desarrollo. Refleja un compromiso en pro de
ciertos
principios b sicos, y no ignoro que representa una transacci¢n delicada entre
varias nociones y prioridades. El aspecto positivo de esta transacci¢n es
precisamente su aceptaci¢n por todas las naciones del mundo y no s¢lo por uno
u
otro grupo.
La mayor parte del tiempo dedicado en 1992 al proceso de negociaciones
corresponde a las relativas al programa de acci¢n incluido en el Programa 21.
Como indiqu en mi declaraci¢n de apertura, considero que sta ser en el
futuro
la pieza central de la cooperaci¢n y de la coordinaci¢n internacional de las
actividades dentro del sistema de las Naciones Unidas durante muchos a¤os.
Ahora tenemos un programa de acci¢n que marca los primeros pasos para
formular el concepto de desarrollo planetario sostenible, reflejado en medidas
espec¡ficas.
Adem s de su importancia como cuesti¢n de fondo, el Programa 21 es
tambin
importante como proceso. Disponemos de un programa definido, no s¢lo por
algunos expertos o por uno o dos grupos de pa¡ses, sino a nivel universal por
todos los pa¡ses del mundo. Me complacen particularmente los compromisos para
aliviar la pobreza recogidos en el Programa 21. Tambin deseo se¤alar de modo
especial el acuerdo sobre las cuestiones relacionadas con un convenio sobre la
desertificaci¢n, problema que preocupa mucho a algunos de los pa¡ses m s
pobres
del mundo.
La firma de la Convenci¢n Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Clim tico y del Convenio sobre la Diversidad Biol¢gica ha sido sin duda una
parte importante del proceso de la Conferencia. Ambos instrumentos son una
novedad en el mundo. En el caso de la diversidad biol¢gica, el Convenio
reafirma claramente la adhesi¢n de la comunidad de naciones a la tarea de
conservar la obra de la creaci¢n e impedir que se degrade. Representa un
punto
crucial en la protecci¢n de las formas de vida que mantiene la Tierra.
La Convenci¢n Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Clim tico
pone
en marcha un proceso de cooperaci¢n encaminado a mantener los gases que causan
el efecto invernadero en la atm¢sfera dentro de l¡mites seguros. El nivel
inicial del compromiso contra¡do no es tan alto como muchos hab¡an deseado.
Pero un nivel bajo permitir aumentar la participaci¢n al m ximo, que es una
condici¢n para su eficacia. El proceso de revisi¢n de las pol¡ticas debe
ampliar dicho compromiso con el tiempo. Las Naciones Unidas est n dispuestas
a
cumplir sus responsabilidades en la labor complementaria.
Considero un motivo de gran satisfacci¢n el que hasta ahora 153
pa¡ses
(adem s de la CEE) hayan firmado la Convenci¢n Marco de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Clim tico, y tambin 153 pa¡ses (adem s de la CEE) el Convenio
sobre la Diversidad Biol¢gica.
Observo igualmente muy complacido que un resultado de las negociaciones
ha
sido una declaraci¢n de principios sobre los bosques. Espero que esa
declaraci¢n sea un hito en nuestra continua b£squeda de medios para ordenar,
aprovechar y conservar mejor esos importantes recursos. El hecho de que se
haya
logrado llegar a un acuerdo en una cuesti¢n tan delicada desde el punto de
vista
pol¡tico es un homenaje al esp¡ritu de transacci¢n y buena voluntad que ha
inspirado todo el proceso.
Con el mismo esp¡ritu, han logrado ustedes tambin resolver la cuesti¢n
del
mecanismo institucional de las Naciones Unidas al que debe confiarse el
seguimiento de las actividades a que d lugar la Conferencia. De acuerdo con
lo
que han pedido, les informar en detalle en los pr¢ximos per¡odos de sesiones
de
la Asamblea General sobre las modalidades institucionales, incluida la labor
de
la prevista comisi¢n de alto nivel sobre desarrollo sostenible.
As¡ es como se presenta hoy nuestra gran obra a nivel planetario. Sin
embargo, es todav¡a poco en comparaci¢n con las tareas a que nos enfrent bamos
al inaugurar esta Conferencia. El nivel actual de los compromisos no es
comparable a la magnitud y a la gravedad de los problemas. En todo caso, R¡o
es
un momento en un largo camino; es un momento £til por la toma de conciencia,
las
decisiones y la movilizaci¢n a que ha dado lugar.
Ya miles de voces se han hecho eco en todo el mundo de los primeros
hitos
que hemos marcado aqu¡. Tenemos ante nosotros una gran tarea, y muchos han
insistido en la importancia del camino que a£n queda por recorrer.
Se ha podido decir que R¡o era un inicio. Ello es cierto s¢lo en parte:
es evidente que, tanto en lo que se refiere al desarrollo como al medio
ambiente, no han faltado desde hace decenios las conferencias, los trabajos
preparatorios y los programas. Por el contrario, lo que es nuevo en esta
ocasi¢n es la vinculaci¢n, ahora muy estrecha, que hemos logrado establecer
s¢lidamente entre las dos cuestiones claves: el desarrollo planetario y la
protecci¢n del medio ambiente. Ese es el primer resultado de R¡o.
En particular, puesto que las dos v¡as del desarrollo y del medio
ambiente
son resultado de esfuerzos ya antiguos de la Organizaci¢n mundial, desear¡a
que
en 1995, con ocasi¢n de su quincuagsimo aniversario, se observaran resultados
importantes. Por ejemplo, una nueva Carta de la Tierra podr¡a ser aprobada
por
todos, como ha sugerido m s de un Jefe de Estado o de Gobierno.
El segundo resultado de nuestra Conferencia es, a mi juicio, que, a
partir
de ahora nuestro camino estar iluminado por una luz nueva, lo que yo y otros
muchos hemos llamado el esp¡ritu de R¡o. Ese esp¡ritu tiene, en mi opini¢n,
tres dimensiones: una dimensi¢n intelectual, la de la coherencia; una
dimensi¢n
econ¢mica, la del desarrollo planetario; y, por £ltimo, una dimensi¢n
pol¡tica,
que es sentido de la duraci¢n, es decir, de la responsabilidad.
La dimensi¢n intelectual, la coherencia, consiste en reconocer que el
planeta Tierra es un vasto conjunto de elementos interdependientes. La
elevaci¢n de las aguas amenaza al delta del Ganges, as¡ como a Venecia y a las
islas del Pac¡fico.
La segunda dimensi¢n del esp¡ritu de R¡o, la econ¢mica, es
probablemente su
esencia. Pensar en elementos interdependientes supone concebir el desarrollo
como un todo; es lo que yo he llamado desarrollo planetario. El
superdesarrollo
es tan preocupante como el infradesarrollo: el desarrollo planetario debe
sustituir, poco a poco, a uno y a otro. Quisiera que se comprendieran todas
las
consecuencias l¢gicas de ese cambio. En primer lugar, que el esfuerzo debe
ser
global. Deben realizarlo tanto los pa¡ses del Norte como los del Sur, que no
pueden dejar de contribuir. Por otra parte, una de las contribuciones de los
pa¡ses receptores es velar cuidadosamente por la utilizaci¢n eficaz de los
recursos adicionales, seg£n una f¢rmula justa que se ha adoptado aqu¡. Ello
no
es todo. La participaci¢n global supone l¢gicamente que todos los
participantes
cumplan su funci¢n.
Quisiera terminar esta r pida recapitulaci¢n refirindome a una tercera
dimensi¢n, m s pol¡tica. El esp¡ritu de R¡o es para todos los responsables
presentes aqu¡ la conciencia clara de un deber pol¡tico a largo plazo. La
pol¡tica es m s que una lucha por la conquista o la conservaci¢n del poder; lo
esencial es el ejercicio del poder, es decir, la preparaci¢n del mundo para
las
generaciones futuras. El esp¡ritu de R¡o nos lleva de nuevo a este aspecto
esencial de la pol¡tica: la preparaci¢n del futuro. Lo que hagamos
inspir ndonos en ese esp¡ritu no dar necesariamente frutos en los pr¢ximos
a¤os, sino m s adelante, a veces mucho m s adelante.
As¡ termina nuestra Conferencia. La ruta est trazada. No es este el
momento de descansar, pues queda casi todo por hacer. El hombre sigue siendo
hoy un formidable agente destructor. Ha llegado, a fuerza de gravar demasiado
a
la Tierra, a destruir la vida en torno a l y a poner en peligro su propia
supervivencia. Hoy nos proponemos limitar a la tasa actual la contaminaci¢n
de
que somos culpables. Un d¡a ser preciso ir mucho m s all y limpiar el
planeta, y ello deber hacerse en condiciones m s dif¡ciles, puesto que la
poblaci¢n mundial habr aumentado a 2.000 millones en 25 a¤os. Hoy las
Naciones
Unidas hacen lo que pueden. Establecen las estructuras y lanzan un
movimiento,
esperando que sea algo m s profundo que una simple moda, una "moda verde" que
no
pasar¡a de ser una hipocres¡a. Pero la funci¢n de las Naciones Unidas no es
encubrir con las palabras y con los discursos, con los informes y con los
programas, la inactividad general. A ustedes corresponde actuar y asumir sus
responsabilidades.
Desear¡a decirles para concluir que el esp¡ritu de R¡o debe crear un
nuevo
comportamiento entre los ciudadanos. Adem s de amar al pr¢jimo, como se lo
pide
el evangelio, despus de R¡o el hombre debe amar tambin al mundo, incluidas
las
flores, los p jaros, los rboles, todo este medio natural que destruimos
regularmente.
M s all del contrato moral con Dios, m s all del contrato social con
los
hombres, es preciso ahora concertar un contrato tico y pol¡tico con la
naturaleza, con la Tierra misma a la que debemos nuestra existencia y que nos
hace vivir.
Para los antiguos, el Nilo era un dios que veneraban, lo mismo que el
Rhin,
fuente infinita de mitos europeos, o el bosque amaz¢nico, la madre de los
bosques. En todos los lugares del mundo la naturaleza era la morada de las
deidades. Estas hab¡an conferido al bosque, al desierto, a la monta¤a, una
personalidad que impon¡a adoraci¢n y respeto. La Tierra ten¡a un alma.
Volver
a encontrar y resucitar esa alma es la esencia del esp¡ritu de R¡o.
Declaraci¢n del Sr. Maurice F. Strong, Secretario
General
de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio
Ambiente y el Desarrollo
Este es, sin duda, un momento hist¢rico para la humanidad. Y creo que
para
todos ustedes, como para m¡, tambin es una gran experiencia humana. Todo
este
proceso, m s que pol¡tico y tecnocr tico, ha sido una experiencia humana de
gran
importancia, que nos afectar a todos.
En primer lugar, deseo expresar mi profunda gratitud por las amables
palabras, la confianza y el reconocimiento que se nos han brindado. Hablo en
plural porque si bien suele d rseme demasiada publicidad y reconocrseme
demasiado mrito - aunque cuando hay errores tambin debo asumir esa
responsabilidad - los aplausos deben dirigirse a mi colega, el Sr. Nitin
Desai,
y a nuestro magn¡fico equipo, que son los que realmente han hecho este
trabajo.
Nunca he tenido el privilegio de trabajar con un equipo mejor que ste; me
alegro de que Nitin Desai se encuentre, aqu¡ a mi lado, porque merece todo el
reconocimiento que ustedes me han demostrado. Ha trabajado con el apoyo de un
excelente equipo que echar de menos m s adelante.
Se¤or Presidente: En primer lugar deseo expresarle mi profunda gratitud
en
su calidad de Presidente de esta Conferencia y de Presidente del Brasil.
Trabajar a sus ¢rdenes ha sido uno de los m s grandes privilegios de mi vida
y,
en presencia del Secretario General de las Naciones Unidas, a cuyas ¢rdenes
trabajo habitualmente, agradezco a ambos su orientaci¢n y apoyo sin los cuales
no habr¡an sido posibles los resultados que hoy celebramos.
Por otra parte, en su car cter de Presidente del pa¡s anfitri¢n,
unindome
a todos los que han hecho presente su reconocimiento, deseo expresarle mi
gratitud muy especial y la de todo nuestro personal - el equipo de las
Naciones
Unidas que ha trabajado bajo su direcci¢n - por la formidable tarea que usted
y
el Gobierno del Brasil han llevado a cabo al preparar y acoger esta
Conferencia.
El Sr. Brizola, Gobernador del Estado de R¡o de Janeiro, ha sido un
magn¡fico anfitri¢n y ha prestado una gran ayuda. El Estado de Sao Paulo
tambin apoy¢ enrgicamente las actividades de R¡o, as¡ como el Sr. Alencar,
Alcalde de la Ciudad de la Tierra, la ciudad que nos acogi¢ estos d¡as, y sus
colaboradores. S que ustedes no han tenido la oportunidad de llevar a cabo
la
interacci¢n que muchos de nosotros habr¡amos deseado, pero estoy seguro de
que,
al igual que los funcionarios que estuvieron aqu¡ un poco m s de tiempo, han
disfrutado de la hospitalidad y vitalidad de los maravillosos cariocas.
Tambin
deber¡amos recordar que las ciudades de Sao Paulo y Curitiba fueron excelentes
anfitriones de dos acontecimientos muy importantes, paralelos a esta
Conferencia
en la Cumbre. Muchas organizaciones p£blicas y privadas del Brasil han
trabajado arduamente como anfitriones de acontecimientos de diversa ¡ndole:
sociales, informativos y educativos.
Ha sido un verdadero privilegio contar con nuestro distinguido Relator
General, el Ministro de Relaciones Exteriores de Argelia, motor y gu¡a de la
preparaci¢n del informe de esta reuni¢n. Me enorgullece estar sentado a la
diestra del Secretario General de las Naciones Unidas y poder expresarle mi
gratitud por su orientaci¢n y apoyo.
En esta lista de colaboradores - demasiado larga para leerla en su
totalidad - no puedo dejar de mencionar muy especialmente al Sr. Miles Stoby,
Secretario de la Conferencia, y a sus valios¡simos colaboradores. Adem s,
tenemos una inmensa deuda de gratitud con nuestros colaboradores de todo el
sistema de las Naciones Unidas, los organismos, organizaciones y programas de
las Naciones Unidas, que nos brindaron toda su cooperaci¢n durante este
proceso
y seguir n hacindolo en las actividades complementarias y de ejecuci¢n, y con
el personal de la Oficina de Servicios de Conferencias, los intrpretes, los
traductores, todos los que se encargaron de preparar los documentos, el
Departamento de Informaci¢n P£blica, Protocolo y Seguridad.
Naturalmente, hemos actuado en general bajo la direcci¢n del Comit
Preparatorio, en el que todos ustedes participaron, y al que nosotros, la
secretar¡a, hemos tenido el privilegio de prestar servicios. Es el ¢rgano que
efectivamente nos trajo a R¡o. Y, por fortuna, hemos tenido aqu¡ en calidad
de
Presidente de la Comisi¢n Principal al Sr. Tommy Koh, quien llev¢ a feliz
trmino la labor del Comit Preparatorio. La nave que nos trajo a R¡o no
podr¡a
haber tenido mejor capit n, a decir verdad, a veces un poco firme y severo;
sin
l este hist¢rico viaje no habr¡a sido posible. Y con l, muchas personas
maravillosas de las que s¢lo voy a nombrar a algunas: el Embajador Kjelln,
el
Dr. Bukar Shaib, el Sr. Bedrich Moldan y todos los coordinadores y
colaboradores
que nos permitieron llevar adelante nuestra labor.
Las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales han
contribuido en gran medida a nuestra labor, especialmente el Foro Mundial.
Todos ustedes sabr n de las angustias y los padecimientos de esa empresa, pero
con el apoyo del Presidente Collor, los Estados de R¡o de Janeiro y Sao Paulo,
la ciudad de R¡o y muchos m s, el Foro fue todo un xito, por lo que
corresponde
felicitarlos. Desear¡a que esta Conferencia dirigiera palabras de
reconocimiento y gratitud al Foro Mundial, que constituy¢ la Cumbre de los
Pueblos que complement¢ nuestra labor e interactu¢ con nosotros. Vaya tambin
una expresi¢n especial de gratitud para Chip Lindner y Ashok Khosla, del
Comit
Internacional de Facilitaci¢n, que dirigieron esa tarea con tanta eficacia.
Entre otras actividades paralelas a la Conferencia, y que no mencionar
en
su totalidad, quiero referirme a la Conferencia Mundial de Pueblos Ind¡genas,
de
la que hemos recibido informaci¢n aqu¡; la Conferencia de Sacred Earth; el D¡a
Mundial del Medio Ambiente proclamado por el PNUMA; y toda una serie de
acontecimientos conexos que contribuyeron a la experiencia total de R¡o y a
los
cuales debemos expresar nuestro reconocimiento.
Por £ltimo, agradezco el apoyo financiero y material recibido de
diversas
fuentes durante nuestra labor preparatoria, es decir, el apoyo de gobiernos,
fundaciones y otras organizaciones privadas; todos ellos figuran en un
documento
especial que se ha distribuido hoy y merecen la gratitud y el reconocimiento
de
todos nosotros. El ECOFUND es un Ejemplo de primer orden al respecto, as¡
como
Ben Read, que cre¢ una fundaci¢n privada que ha hecho posible financiar muchas
de nuestras actividades; el Comit de Promoci¢n del Compromiso; Ted Kheel;
Robert Rauschenberg, el artista, el genio que cre¢ nuestro cartel y que as¡
hizo
que comprendiramos tantas cosas; el Earth Summit Times y el Earth Summit
Bulletin.
Ha llegado el momento de reflexionar sobre todo lo que hemos hecho en la
Conferencia y todo lo que deberemos hacer cuando nos vayamos. No prolongar
demasiado este momento de reflexi¢n, pero creo que debo transmitirles a usted
y
a los aqu¡ reunidos algunos de mis pensamientos acerca de lo que hicimos, lo
que
no hicimos y lo que debemos hacer ahora.
En primer lugar, se ha llevado a feliz culminaci¢n a la conferencia
intergubernamental de alto nivel de mayor magnitud jam s celebrada en nuestro
planeta, y sin lugar a dudas, la m s importante. El objeto de nuestra labor
ha
sido nada menos que el futuro de nuestro planeta como hogar de nuestra especie
y
de muchas otras. Han estado presentes las personas que deb¡an acudir a las
citas: los presidentes, los dirigentes de m s de 180 pa¡ses, m s de 100 Jefes
de Estado y de Gobierno; particulares - organizaciones no gubernamentales,
mujeres, j¢venes, ni¤os, poblaciones ind¡genas, representantes de
pr cticamente
todos los sectores de la sociedad; medios de comunicaci¢n, en un n£mero
superior
que en cualquier otra conferencia mundial, no s¢lo como simples espectadores y
reporteros, sino como verdaderos participantes en este proceso que permitieron
que cientos de millones de personas de todo el mundo tambin participaran en
l
con nosotros. No hemos estado solos en R¡o. Los habitantes de todo el
planeta
han estado observ ndonos, participando y pregunt ndose lo que hac¡amos aqu¡ y
lo
que haremos cuando nos hayamos marchado. Millones de personas de todo el
mundo,
como la mayor¡a de ustedes, demostraron su inters por conducto del Compromiso
para la Tierra.
El mundo no ser el mismo despus de esta Conferencia. Y, como dijo un
importante comentarista, la diplomacia tampoco ser la misma despus de esta
Conferencia. Las Naciones Unidas no ser n las mismas, estoy seguro, despus
de
esta Conferencia. Y las perspectivas para nuestra Tierra no pueden ni deben
ser
las mismas. Vinimos aqu¡ a modificar esas perspectivas, por lo que no podemos
permitir que hayan pasado por este proceso sin haberse modificado de forma
decisiva y sin haberse convertido en un futuro m s prometedor y sostenible.
Es
indiscutible que el di logo sobre el medio ambiente y el desarrollo nunca va a
ser el mismo. La gente podr hacer cr¡ticas, demostrar escepticismo, decir
que
lo que pedimos es absurdo, pero no les queda m s remedio que hablar de los
problemas de los pa¡ses en desarrollo, de la pobreza, de la injusticia, de las
relaciones de intercambio y de las corrientes de recursos a los pa¡ses en
desarrollo. Ya no se puede hablar del medio ambiente sin incorporar todas
esas
cuestiones en la ecuaci¢n. Eso en s¡ es, a mi juicio, uno de los resultados
m s
importantes de la Conferencia y una de las razones m s importantes por las que
cabe esperar que los pueblos del mundo respalden a los dirigentes mundiales, o
incluso los impulsen, en la tarea de poner en pr ctica esos resultados.
En resumen, los gobiernos aprobaron la Declaraci¢n de R¡o, el Programa
21
- que comprende, naturalmente medidas para financiar su ejecuci¢n y otras
sobre
transferencia de tecnolog¡a, instituciones y principios de ordenaci¢n forestal
-
y encomendaron la organizaci¢n de un proceso de negociaci¢n relativo a una
convenci¢n sobre la desertificaci¢n. Cada una de las convenciones, una sobre
los cambios clim ticos y la otra sobre la diversidad biol¢gica, fue suscrita
por
m s de 150 naciones.
Aunque tenemos motivos para sentirnos orgullosos, no podemos dormirnos
en
los laureles. La verdadera medida de nuestro xito la dar lo que ocurra
cuando
nos marchemos de aqu¡, en nuestros propios pa¡ses, en nuestras propias
organizaciones, en nuestras propias vidas. ¨Ser esta Conferencia en la
Cumbre
tan s¢lo una expresi¢n elevada de nuestras buenas intenciones y de nuestro
entusiasmo e inters, o realmente el comienzo del proceso de transformaci¢n
radical que necesitamos a toda costa?
Examinemos brevemente lo que no se ha logrado.
Tenemos una Declaraci¢n muy importante, que debe seguir evolucionando
hasta
convertirse en lo que ser , como muchos de nosotros deseamos, una Carta de la
Tierra, que podr¡a sancionarse finalmente en 1995 al celebrarse el
quincuagsimo
aniversario de las Naciones Unidas.
El Programa 21, que evidentemente se ha debilitado un tanto durante el
proceso, sigue siendo el programa de acci¢n internacional de mayor amplitud,
de
mayor alcance y, en caso de ejecutarse, de m s eficacia jam s sancionado por
la
comunidad internacional. No es un programa de acci¢n definitivo y completo ni
tampoco se esperaba que lo fuera, pero habr de seguir evolucionando. Debo
aclarar que todav¡a no contamos, ni con mucho, con los medios necesarios para
llevarlo a la pr ctica.
Respecto de la financiaci¢n, hemos llegado a un acuerdo, pero los
compromisos contra¡dos todav¡a no son suficientes. Nos hemos puesto en camino
a
ese respecto, pero debemos reconocer que nos falta mucho para satisfacer las
necesidades que impone la ejecuci¢n total del Programa 21.
En cuanto a la transferencia de tecnolog¡a, hemos llegado a un acuerdo.
Sin embargo, el grado de compromiso total con los principios b sicos de ese
acuerdo sigue en evoluci¢n y todav¡a no podemos valorar su alcance.
En materia de instituciones, hemos formulado recomendaciones, pero
£nicamente la Asamblea General puede adoptar decisiones al respecto. Sabemos
que, en definitiva, la opini¢n que el mundo tendr de esta Conferencia
depender
de la calidad y eficacia de las medidas que se adopten para poner en pr ctica
sus recomendaciones.
Respecto del Convenio marco sobre los cambios clim ticos, hemos dado un
primer paso hist¢rico, pero no pasa de ser un primer paso. Evidentemente,
estabilizar la composici¢n de los gases de la atm¢sfera es el problema m s
urgente que habremos de abordar en el decenio de 1990. Sin embargo, en el
acuerdo que aqu¡ se suscribi¢ no se establecen metas ni plazos. Deben ustedes
actuar ahora con gran rapidez para que el convenio y sus protocolos se ajusten
a
lo que nos dicen los cient¡ficos: que las emisiones de carbono han de
reducirse
por lo menos en un 60%, tan s¢lo para detener el recalentamiento de la
atm¢sfera. Es demasiado tarde para entablar debates prolongados y aceptar
demoras.
El Convenio marco sobre la conservaci¢n de la diversidad biol¢gica no
fue
aceptado al menos por una de las naciones necesarias para garantizar que se
aplique eficazmente.
Lo que es a£n m s importante, durante nuestra estad¡a en R¡o no han
cambiado las causas profundas de la crisis de la civilizaci¢n que esta Cumbre
para la Tierra ten¡a el prop¢sito de abordar. Existen perspectivas de cambio,
pero han persistido los patrones de producci¢n y consumo que originan muchos
de
los problemas que tratamos de resolver. Las f bricas siguen despidiendo la
misma cantidad de humo y todos los d¡as, mientras estamos reunidos aqu¡, entra
la misma cantidad de anh¡drido carb¢nico en la atm¢sfera. Contin£a el proceso
de deterioro. Mientras estuvimos aqu¡ nacieron cada d¡a 260.000 ni¤os, la
mayor¡a en la pobreza, en un mundo de hambre y privaciones; todos ellos,
empero
ricos y pobres, enfrentan un futuro incierto. Cada minuto que pasamos aqu¡
murieron de hambre 28 personas; 3 de cada 4 de ellas eran ni¤os menores de
5 a¤os. Si se mantienen las tasas actuales de natalidad y defunci¢n, en los
pr¢ximos 40 a¤os, es decir, durante la vida de nuestros hijos, estaremos
pugnando por dar cabida a 11.000 millones de personas en nuestro planeta.
¨Qu debemos hacer, entonces, respecto de estos problemas? Cuando nos
marchemos, evidentemente deberemos crear, bas ndonos en lo que aqu¡
establecimos, una nueva asociaci¢n mundial, la asociaci¢n necesaria para que
entren en vigor las decisiones que se han adoptado. En concreto, deberemos
complementar r pidamente el Convenio marco sobre los cambios clim ticos y el
Convenio marco sobre la diversidad biol¢gica y actuar con rapidez para
negociar
un convenio sobre desertificaci¢n, llevar adelante las negociaciones con el
objeto de lograr un rgimen para los bosques aceptable para todos y avanzar de
la Declaraci¢n de R¡o a la Carta de la Tierra. En lo que concierne al
Programa 21, a ustedes les corresponde regresar a sus pa¡ses - muchos de
ustedes
nos han dado nuevos nimos al decirnos que ten¡an la intenci¢n de hacerlo - e
integrar el Programa 21 y las decisiones que han adoptado en el plano mundial
en
sus propias normas y pr cticas nacionales. Nosotros debemos hacerlo en las
Naciones Unidas y en el plano regional, en el plano local y en el de los
particulares y las organizaciones.
En materia de financiaci¢n, hemos de convertir las buenas se¤ales que
muchos han dado aqu¡ en compromisos concretos. En particular, desear¡a que
cuando la Asamblea General examinara ese tema en su pr¢ximo per¡odo de
sesiones,
un buen n£mero de los principales pa¡ses donantes ya lo hubieran hecho. Por
otra parte, hemos de iniciar el proceso de establecer nuevas fuentes de
financiaci¢n, ya que las medidas que hemos adoptado todav¡a no parecen ser
suficientes para satisfacer las necesidades m s importantes. Por ejemplo,
deber¡amos considerar la posibilidad de crear nuevos impuestos, derechos
pagaderos por los usuarios, licencias de emisi¢n, financiaci¢n por grupos
c¡vicos, todo ello basado en el principio de que quien contamina paga. Creo
que
la cantidad de dinero que se desperdicia actualmente en subsidios a
actividades
ecol¢gicamente no racionales bastar¡a para hacer las inversiones
indispensables
en la seguridad del medio ambiente.
En lo que ata¤e a la transferencia de tecnolog¡a, debemos comenzar
inmediatamente la tarea de crear capacidad en esa esfera. A ese respecto,
celebramos y apoyamos la iniciativa del Presidente Collor de establecer en R¡o
de Janeiro un centro de desarrollo internacional de categor¡a mundial.
Por otra parte, deberemos ampliar el proceso de participaci¢n que tanta
importancia ha tenido para nosotros aqu¡, vale decir la participaci¢n popular,
por conducto de las organizaciones no gubernamentales, en la ejecuci¢n del
Programa 21 y, a£n m s, en las propias Naciones Unidas. Creo que deberemos
reexaminar todo el rgimen de acuerdos de las Naciones Unidas para lograr una
mayor participaci¢n de esas organizaciones.
Por £ltimo, el resto del decenio deber ser un per¡odo de transici¢n que
nos encamine verdaderamente a una nueva econom¡a. En una reuni¢n oficiosa del
Comit Preparatorio, celebrada en Nueva York en su £ltimo per¡odo de sesiones,
el presidente de una gran empresa a escala mundial dijo que el sistema
econ¢mico
actual sencillamente no eras adecuado. Eso no significa que haya que
descartarlo, pero s¡ es necesario modificarlo radicalmente para respetar la
realidad ecol¢gica. Deberemos avanzar hacia un sistema econ¢mico basado en la
ecolog¡a.
La eliminaci¢n de la pobreza tambin se ha manifestado aqu¡ como un
objetivo importante. Pero, al acercarnos al siglo XXI, pareciera que no
estuviramos realmente decididos a convertirla en un objetivo central para
toda
la comunidad internacional. El nuevo orden mundial deber unirnos en una
asociaci¢n general que, naturalmente, habr de respetar la soberan¡a nacional
como principio b sico, pero que tambin deber reconocer la soberan¡a
trascendental de la naturaleza, de nuestra £nica Tierra.
La Tierra s¢lo tendr capacidad para mantener a las generaciones
actuales y
futuras si se cuenta, adem s, con la capacidad de sus pueblos y dirigentes
para
cuidar de ella. Deberemos saber controlar a nuestra especie con objeto de
garantizar nuestra propia supervivencia, la supervivencia de toda la vida en
nuestro preciado planeta. Gracias a ustedes tenemos ahora una oportunidad
excepcional de hacerlo, con la base en las decisiones que ustedes han
adoptado.
Tenemos la responsabilidad de ponernos en marcha ya. La experiencia de R¡o ha
sido tan hist¢rica y fascinante como el camino que recorrimos para llegar
hasta
aqu¡. Despus de R¡o, el camino ser largo, pero interesante y lleno de
desaf¡os. Abrir una nueva era de promesas y oportunidades para nuestra
especie
si cambiamos de direcci¢n, pero s¢lo si nos ponemos en camino sin m s
dilaci¢n.
Creo que todos ustedes estar n de acuerdo en que debemos cambiar de
rumbo;
para eso hemos llegado hasta aqu¡. Los mensajes de los ni¤os recibidos al
comienzo de la sesi¢n de esta ma¤ana, reunidos durante el viaje de 15.000
millas
de Gea, y las voces de los ni¤os que o¡mos la otra noche al concluir nuestra
sesi¢n nos dicen por qu nos hemos entregado a esa tarea: por ellos. Tienen
perfecto derecho a esperarlo; a ellos habremos de rendir cuentas de lo que
hagamos despus de R¡o respecto de las decisiones que han adoptado ustedes en
esta Conferencia.
La otra noche escuchamos a Severn Suzuki, encantadora jovencita
canadiense
de 12 a¤os de edad. Quiero concluir estas observaciones record ndoles lo que
dijo, porque creo que es lo que sienten todos los ni¤os de este planeta cuando
ven lo que se ha hecho en R¡o. Dijo lo siguiente:
"Los padres sol¡an consolar a sus hijos dicindoles: 'Todo va a estar
bien'; hacemos todo lo que podemos y el mundo no se va a acabar. Pero
ya
no nos podr n decir eso. El planeta que les dejamos a los ni¤os del
futuro
es cada vez peor. Sin embargo, los adultos hablan nada m s que de
intereses locales y problemas nacionales. No sabemos si estamos,
siquiera,
en su lista de temas prioritarios. Ustedes los adultos, dicen que nos
quieren; los desafiamos a que pasen de las palabras a los hechos."
Al marcharnos de R¡o todos sentimos el desaf¡o de la responsabilidad que
recae sobre nosotros de hacer realidad las palabras con que manifestamos aqu¡
nuestro compromiso.
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Date last posted: 15 April 2000
13:50:10
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