UNITED NATIONS |
E/CN.9/1999/PC/CRP.1/Rev.1 |
|
 |
|
27 de Marzo de
1999 Español
Original: English |
|
Comisión de Población y
Desarrollo constituida en comité
preparatorio del período extraordinario de sesiones
de la Asamblea General para examinar y evaluar
la ejecución del Programa de Acción de la Conferencia
Internacional sobre la Población y el Desarrollo
24 a 31 de marzo de 1999
Tema 3 del programa provisional*
Preparativos del período extraordinario de sesiones
de la Asamblea General
|
|
Propuestas
de medidas clave para seguir ejecutando el
Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre
la Población y el Desarrollo
Documento de trabajo revisado presentado por el Presidente
- La Comisión de Población y Desarrollo, constituida en comité preparatorio del
período extraordinario de sesiones de la Asamblea General para examinar y evaluar la
ejecución del Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y
el Desarrollo, examinó el informe del Secretario General a la Asamblea General en su
período extraordinario de sesiones (E/CN.9/1999/PC/4), que fue presentado en cumplimiento
de las resoluciones 52/188 y 53/183 de la Asamblea General y la resolución 1998/8 del
Consejo Económico y Social. El comité preparatorio decidió concentrar su labor en la
formulación de propuestas de medidas clave para seguir ejecutando el Programa de Acción
de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, utilizando como base
para su labor las recomendaciones que figuran en el informe del Secretario General.
- El comité preparatorio presenta a la Asamblea General en su período extraordinario de
sesiones las recomendaciones siguientes, relativas a la continuación de la ejecución del
Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, a
fin de que sean consideradas para su aprobación.
I. Antecedentes
- El Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el
Desarrollo, aprobado por consenso por 179 países en septiembre de 1994, marcó el inicio
de una nueva era en las esferas de la población y el desarrollo. En el acuerdo
trascendental concertado en la Conferencia se considera que el bienestar de los seres
humanos es el objetivo central de todas las actividades nacionales e internacionales
encaminadas a abordar cuestiones de población y desarrollo con miras a lograr el
crecimiento económico y el desarrollo sostenibles. El Programa de Acción está
firmemente arraigado en la noción de que invertir en salud y educación, respetar
plenamente los derechos de las parejas y los individuos en los servicios de salud
reproductiva y habilitar a las mujeres para que sean miembros de pleno derecho de la
sociedad en condiciones de igualdad son medidas esenciales encaminadas a lograr la
estabilidad mundial y a crear mejores oportunidades para todos. El Programa de Acción
debe considerarse en estrecha relación con los resultados de las demás conferencias
importantes de las Naciones Unidas celebradas durante el decenio de 1990 y los progresos
realizados en su aplicación deberían evaluarse en el marco común del seguimiento de
todas esas conferencias.
En el Programa de Acción se recomendaba un conjunto de metas y objetivos cuantitativos
interdependientes, entre ellos, el acceso universal a servicios integrales de salud
reproductiva, incluida la planificación de la familia y la salud sexual; reducción de
las tasas de mortalidad en lactantes, de niños menores de 5 años y derivada de la
maternidad; y acceso universal a la enseñanza primaria, teniendo en cuenta en especial
las disparidades entre niñas y varones. También se propuso un conjunto de metas
cualitativas que se refuerzan mutuamente y revisten importancia fundamental para lograr
las metas y objetivos cuantitativos.
En el Programa de Acción se articula un enfoque amplio de las cuestiones de población
y desarrollo y se determina una variedad de objetivos demográficos y sociales que han de
lograrse en un período de 20 años. Si bien no se establecen objetivos cuantificables de
crecimiento, estructura y distribución de la población, se refleja la opinión de que la
rápida estabilización de la población mundial contribuiría considerablemente a la
consecución del objetivo primordial del desarrollo sostenible.
Conforme a las estimaciones y proyecciones de las Naciones Unidas, en 1999 la población
mundial sobrepasará por primera vez los 6.000 millones de habitantes, de los cuales
alrededor del 80% vivirán en países en desarrollo y países con economía en
transición. Dependiendo de la calidad y magnitud de las medidas adoptadas en los
próximos cinco a 10 años en materia de política de población y salud reproductiva,
incluida la prestación de servicios de planificación de la familia, la población
mundial ascenderá a unos 7.000 a 7.500 millones en el 2015. Se calcula que la
estabilización de la población no se logrará, por lo menos durante otros 50 años. Las
tasas más altas de aumento de la población se siguen registrando en los países más
pobres del mundo.
El examen de los progresos realizados en los últimos cinco años demuestra que la
aplicación de las recomendaciones del Programa de Acción ha tenido un buen comienzo. En
la mayoría de los países las tasas de mortalidad han seguido descendiendo en los cinco
años transcurridos desde la aprobación del Programa de Acción. Un número cada vez
mayor de países está aceptando la definición amplia de salud reproductiva y muchos
están procurando prestar servicios integrales. El aumento de la utilización de
anticonceptivos indica que hay mayor acceso a los servicios de planificación de la
familia y que cada vez más individuos y parejas tienen la posibilidad de escoger el
número y el espaciamiento de los nacimientos. En muchos países, tanto los que generan
como los que reciben corrientes migratorias, se han adoptado medidas importantes, en
particular a nivel regional, para lograr una mejor ordenación de las corrientes
migratorias internacionales por conducto de acuerdos bilaterales y multinacionales. Por
otra parte, numerosas organizaciones de la sociedad civil contribuyen a la formulación y
aplicación de políticas, programas y proyectos, tanto por su propia cuenta como en
asociación con organizaciones gubernamentales e intergubernamentales y con el sector
privado.
Sin embargo, en determinadas cuestiones y en algunos países, regiones y grupos los
progresos han sido limitados y en algunos casos se ha retrocedido. La pandemia del virus
de inmunodeficiencia humana/síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH/SIDA) ha dado
lugar al aumento de las tasas de mortalidad en muchos países, en particular en el África
al sur del Sáhara. Las conmociones de índole económica y la transición a las
economías de mercado en varios países de Asia y Europa han venido acompañadas del
estancamiento y aumento de la mortalidad, particularmente entre los hombres adultos. Las
repercusiones de las crisis financieras en los países del Asia oriental y en otros
lugares están afectando a la salud y el bienestar de las personas y limitando los
progresos en la aplicación del Programa de Acción.
Para acelerar su aplicación es preciso superar una serie de limitaciones financieras,
institucionales y de recursos humanos. Por ejemplo, es indispensable garantizar el acceso
equitativo a los servicios básicos de atención de la salud integrando servicios de salud
reproductiva, entre ellos los de planificación de la familia y los de salud
maternoinfantil, y utilizando en forma acertada los servicios basados en la comunidad, la
comercialización de servicios sociales y los planes de recuperación de costos. También
es preciso lograr una descentralización más eficaz, una colaboración más estrecha
entre los gobiernos y la sociedad civil, una mayor participación de la mujer en la
adopción de políticas y decisiones y el mejoramiento de la calidad de los datos y su
utilización eficaz para la formulación de políticas. Aplicar esas medidas y las
recomendaciones del Programa de Acción exigirá un mayor compromiso político y el
desarrollo de la capacidad nacional. El aumento de los recursos, respaldado por la
determinación efectiva de prioridades en cada contexto nacional, también es un factor
esencial para la aplicación con éxito del Programa de Acción. En los próximos años,
la consecución de las metas y objetivos del Programa de Acción requerirá, pues,
suficientes recursos internos y externos, el compromiso de los gobiernos y asociaciones
eficaces.
Las medidas clave propuestas para el futuro en el presente documento exigirán un
compromiso renovado y sostenido hacia los principios, metas y objetivos del Programa de
Acción de parte de los gobiernos, la sociedad civil y la comunidad internacional de modo
que se puedan lograr cuanto antes, en cualquier caso antes del 2015.
II. Cuestiones de población y desarrollo
A. Población, pobreza y desarrollo sostenible
Los gobiernos deberían:
a) Redoblar los esfuerzos encaminados a proporcionar a los encargados
de formular planes y decisiones una mejor comprensión de las relaciones entre la
población, la pobreza, la desigualdad basada en el género, el medio ambiente, los
recursos y el desarrollo y examinar detalladamente los datos recientes que sugieren que la
reducción de la fecundidad puede acelerar el crecimiento económico y promover una
distribución más equitativa de los beneficios que éste produzca;
b) Señalar y promover los vínculos entre las políticas
macroeconómica, ambiental y social fortaleciendo el diálogo entre los ministerios de
finanzas y demás ministerios pertinentes;
c) Redoblar los esfuerzos para aplicar medidas legislativas y
administrativas y para promover la educación pública acerca de la necesidad de
establecer pautas sostenibles de producción y consumo, promover el uso sostenible de los
recursos y actuar concertadamente para impedir la degradación del medio ambiente,
especialmente el vertimiento de materiales tóxicos y el transporte de desechos nucleares;
d) Aumentar las inversiones en el sector social, incluido el sector de
la salud, como estrategia eficaz de desarrollo.
Los gobiernos y la comunidad internacional deberían reafirmar su compromiso de fomentar
un medio propicio para lograr una expansión económica sostenida en el contexto del
desarrollo sostenible y para erradicar la pobreza, con especial referencia al género,
como medio de estabilizar la población mundial promoviendo un sistema comercial abierto y
equitativo, estimulando la inversión directa, reduciendo la carga de la deuda y
garantizando la aplicación de programas de ajuste estructural en que se tengan en cuenta
los problemas sociales y económicos.
Los gobiernos de los países en desarrollo y de los países con economía en
transición, con la asistencia de la comunidad internacional y de los donantes,
deberían velar por que se establecieran redes de seguridad social, especialmente en los
países más afectados por la reciente crisis financiera mundial, y se les dotara de
fondos suficientes también mediante asistencia financiera bilateral y multilateral.
Los gobiernos de los países en desarrollo y de los países con economía en
transición, con la asistencia de la comunidad internacional y de los donantes, deberían:
a) Seguir promoviendo el descenso de las tasas de mortalidad de
lactantes y niños menores de cinco años mediante el fortalecimiento de programas de
salud que hagan hincapié en mejorar la nutrición, incluida la lactancia materna, a menos
que esté contraindicada por razones de salud, en la vacunación universal, en las
terapias de rehidratación oral, en las fuentes de agua potable, en la prevención de las
enfermedades infecciosas, en el control de la exposición a las sustancias tóxicas y en
mejoras en el saneamiento de los hogares;
b) Elaborar políticas y programas especiales sobre promoción de la
salud en los casos en que se observe el estancamiento o el aumento de las tasas de
mortalidad, especialmente entre los hombres en edad de trabajar. Es preciso reconstruir y
reforzar los sistemas de atención de la salud en respuesta a la demanda actual, teniendo
en cuenta la realidad financiera de los países;
c) Reconocer y salvaguardar los derechos de las poblaciones indígenas
en lo que respecta a la protección de su cultura, creencias, derechos y lenguaje.
B. Modificación de la estructura por edades y envejecimiento
de la población
Los gobiernos deberían:
a) Con el firme apoyo de las organizaciones no gubernamentales y el
sector privado, invertir en la elaboración y ejecución de planes nacionales, regionales
y locales encaminados a satisfacer las necesidades de los jóvenes. Esos planes deberían
abarcar educación, oportunidades para la generación de ingresos y formación
profesional. Los jóvenes deberían participar plenamente en su formulación, evaluación
y ejecución. Se debería hacer hincapié en promover el diálogo entre las generaciones
mediante una mejor comunicación y el apoyo mutuo;
b) Fomentar investigaciones y elaborar estrategias amplias en los
planos nacional, regional y local encaminadas a resolver los problemas que plantea el
envejecimiento de la población e invertir más recursos en investigaciones que tengan en
cuenta las cuestiones relacionadas con el género, así como en brindar capacitación y
desarrollar la capacidad en materia de políticas sociales y de atención de la salud de
las personas de edad, prestando atención especial a la seguridad económica y social de
las personas de edad, en particular de las mujeres; reconocer más la dignidad inherente a
las personas de edad y las funciones productivas y útiles que pueden desempeñar en la
sociedad; prestar apoyo a programas encaminados a aumentar la capacidad de las familias y
de las comunidades para atender a los miembros de más edad, y promover la equidad entre
las generaciones con objeto de preservar y mejorar la cohesión social.
Los gobiernos y la sociedad civil, con inclusión de las organizaciones no
gubernamentales y el sector privado, deberían crear oportunidades para que las mujeres y
los hombres de edad aportaran sus conocimientos a la familia, la fuerza de trabajo y los
servicios de la comunidad con el fin de contribuir a promover la solidaridad entre las
generaciones y a aumentar la estabilidad de la sociedad. Para ello se requerirá brindar
educación a lo largo de toda la vida y posibilidades de reorientación profesional.
El sistema de las Naciones Unidas debería garantizar que se dispusiera de más
recursos, documentar la experiencia positiva de las políticas y programas en la esfera
del envejecimiento de hombres y mujeres y difundir información y recomendaciones al
respecto. Se debería facilitar a los países en desarrollo capacitación apropiada y la
capacidad de desenvolver sus propias políticas adaptadas a su cultura, tradiciones y
circunstancias socioeconómicas.
C. Migración internacional
Se exhorta a los gobiernos tanto de los países que generan como de los que reciben
corrientes migratorias, a que, por conducto de la cooperación internacional:
a) Salvaguarden la dignidad y los derechos humanos de los migrantes,
los refugiados y las personas desplazadas, especialmente mujeres y niños, y los protejan
eficazmente prestándoles servicios sociales básicos, incluidos los servicios de salud
reproductiva y de planificación de la familia, facilitando la reunión de las familias,
vigilando las violaciones de los derechos humanos y sancionando a los que se nieguen a
cumplir las normas de derecho aplicables. Todos los Estados deberían suscribir la
Convención de 1951 sobre el estatuto de los refugiados y su Protocolo de 1967 y aplicar
procedimientos efectivos de asilo. También deberían garantizar que en la legislación y
en la práctica se aplicara el derecho de asilo y el principio de no devolución y se
apoyara activamente la integración de los migrantes documentados en la sociedad que los
recibe;
b) Contribuyan a establecer una migración internacional ordenada
procurando impedir el tráfico de migrantes, en particular de mujeres y niños víctimas
de explotación laboral, sexual o comercial, impongan sanciones definidas a ese tráfico y
al contrabando de migrantes, respaldadas por procedimientos administrativos y leyes
eficaces que garanticen el castigo de los que cometen esos delitos, y den fin cuanto antes
a un protocolo contra el tráfico de migrantes ilegales que está negociando actualmente
la Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal de las Naciones Unidas;
c) Apoyen iniciativas bilaterales y multilaterales, como los procesos
de consultas regionales y subregionales, y aborden los problemas concretos que plantea la
migración internacional, por ejemplo, la desintegración de las familias;
d) Se adhieran, si aún no lo han hecho, a la Convención internacional
sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus
familiares.
Los gobiernos, con la asistencia de la comunidad internacional, deberían redoblar sus
esfuerzos por mejorar la reunión y el análisis de datos en la esfera de la migración
internacional y, en ese contexto, promover la aplicación de las recomendaciones de las
Naciones Unidas en materia de estadísticas de migración internacional; alentar la
realización de estudios encaminados a evaluar las causas de la migración y el
desplazamiento internacionales y la contribución positiva de los migrantes y refugiados
tanto a los países que generan corrientes migratorias como a los que las reciben, y
promover la comprensión de los vínculos entre la mundialización, las transformaciones
demográficas y ambientales, la pobreza y la migración, y el desplazamiento.
D. Migración interna, distribución de la población y aglomeraciones urbanas
Los gobiernos deberían realizar investigaciones para comprender mejor los factores, las
tendencias y las características de la migración interna y la distribución geográfica
de la población a fin de sentar las bases para la formulación de políticas de
asentamientos humanos.
Los gobiernos deberían reafirmar enérgicamente el llamamiento hecho en el Programa de
Acción para que las políticas de distribución de la población sean coherentes con
instrumentos internacionales, tales como el Convenio de Ginebra de 1949 relativo a la
protección de las personas civiles en tiempo de guerra, incluido el artículo 49.
Los gobiernos deberían reafirmar enérgicamente el llamamiento hecho en el Programa de
Acción para que los países aborden las causas de la migración interna y los
desplazamientos internos, incluida la degradación del medio ambiente, las catástrofes
naturales, los conflictos armados y los reasentamientos forzosos y establezcan los
mecanismos necesarios para proteger y asistir a las personas desplazadas, pagando
indemnizaciones por daños y perjuicios, cuando sea posible, en especial a quienes no
pueden volver en breve plazo a su lugar de residencia habitual.
Los gobiernos deberían mejorar la gestión y prestación de servicios a las
aglomeraciones urbanas en rápido crecimiento y establecer instrumentos legislativos y
administrativos propicios y facilitar recursos financieros suficientes para satisfacer las
necesidades de todos los ciudadanos, incluidos los pobres de zonas urbanas, las personas
de edad y los discapacitados.
E. Población, desarrollo y educación
Con asistencia de la comunidad internacional, los gobiernos, incluida la sociedad civil,
deberían alcanzar lo antes posible, y en todo caso antes del año 2015, el objetivo de la
Conferencia de lograr el acceso universal a la enseñanza primaria, eliminar la diferencia
entre los sexos en la enseñanza primaria para el año 2002 y en la enseñanza secundaria
para el año 2005, y tratar de conseguir que en el año 2005 la tasa neta de
matriculación en la enseñanza primaria de los niños de ambos sexos sea de al menos el
90%, frente al 85% estimado para el año 2000. Debería procurarse especialmente aumentar
las tasas de permanencia de las niñas en la escuela primaria y secundaria. Habría que
sensibilizar a los padres respecto de la importancia de la educación de los hijos, en
particular de las niñas.
Los gobiernos y la comunidad internacional deberían:
a) Ampliar las políticas y programas de educación de jóvenes y
adultos y de aprendizaje permanente que tengan en cuenta las cuestiones de género,
prestando especial atención a los migrantes, los pueblos indígenas y las personas con
discapacidades;
b) Reducir la tasa de analfabetismo entre las mujeres para el año
2005, de manera que sea como máximo la mitad que en 1990;
c) Fomentar la alfabetización funcional de adultos y también de
niños cuando no sea posible la escolarización;
d) Seguir dando prioridad a las inversiones en educación y
formación en los presupuestos para el desarrollo.
Deberían estudiarse iniciativas audaces e innovadoras que utilizaran tecnología
moderna de la comunicación y la información y adoptarse medidas apropiadas a fin de
superar la barrera permanente que la pobreza representa para la educación en los países
en desarrollo. Debería examinarse la posibilidad de emplear comunicaciones por satélite,
sobre todo en los países en desarrollo y en los países menos adelantados.
F. Sistemas de datos, incluidos los indicadores
Con asistencia de la comunidad internacional y de los donantes, los países deberían
fortalecer sus sistemas nacionales de información a fin de preparar a tiempo
estadísticas fidedignas sobre una amplia gama de indicadores de la población, el medio
ambiente y el desarrollo. Entre los indicadores que deberían compilarse figuran las tasas
de pobreza de la comunidad, el acceso de la mujer a los recursos sociales y económicos,
el acceso de toda la población necesitada, en especial de los pueblos indígenas, a los
servicios de salud reproductiva, y el nivel de sensibilidad en cuestiones de género de
los servicios de salud reproductiva, incluida la planificación de la familia y la salud
sexual. Todos los sistemas de datos deberían disponer de información desglosada por
edades y por sexos, que es indispensable para convertir las políticas en estrategias que
aborden las preocupaciones de los distintos grupos de edad y sexos y para preparar
indicadores de las consecuencias de esas estrategias para la mujer a fin de observar los
progresos logrados. Los países deberían reunir también los datos cuantitativos y
cualitativos necesarios para evaluar el estado de la salud reproductiva de hombres y
mujeres de todas las edades y para diseñar, ejecutar, supervisar y evaluar programas de
acción. Los datos sobre la salud en general y la salud reproductiva en particular
deberían desglosarse por niveles de ingresos y de pobreza a fin de determinar la
situación y las necesidades sanitarias específicas de las poblaciones pobres, y de
asignar los recursos públicos y los proporcionados por los donantes, así como las
subvenciones, a quienes más los necesitan.
Debería instarse concretamente al sistema de las Naciones Unidas y a los donantes
multilaterales y bilaterales a que potenciaran la capacidad de los países, en particular
los países menos adelantados y los países con economías en transición, para que
pudieran levantar censos y hacer estudios periódicos, y también hallar soluciones
innovadoras y económicas para obtener los datos necesarios, especialmente para la
supervisión regular del cumplimiento de los objetivos de la Conferencia.
III. Igualdad, equidad y potenciación del papel de la mujer
A. Promoción y protección de los derechos humanos de la mujer
Los gobiernos deberían garantizar el respeto y la protección de los derechos humanos
de la mujer, incluidos los derechos económicos, sociales y reproductivos, mediante la
preparación y la aplicación efectiva de políticas y leyes que tuvieran en cuenta las
cuestiones de género. Se alienta a todos los gobiernos a que firmen, ratifiquen y
apliquen la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación
contra la mujer, promuevan la aprobación del Protocolo Facultativo por la Asamblea
General y trabajen para eliminar todas las reservas existentes. Deberían promoverse los
vínculos operacionales entre los objetivos del Programa de Acción y los de otras
conferencias e instrumentos internacionales, a fin de lograr la igualdad y equidad entre
los sexos de manera sistemática y global.
En la aplicación de las políticas de población y desarrollo deberían seguir
incorporándose los derechos reproductivos de conformidad con el párrafo 7.3 del Programa
de Acción. Los gobiernos deberían adoptar medidas enérgicas para promover los derechos
humanos de la mujer. Es preciso seguir desarrollando y fomentando el enfoque de las
políticas y programas de población y desarrollo basado en los derechos reproductivos.
Los países deberían establecer mecanismos de consulta con todos los grupos pertinentes,
incluidas las organizaciones de mujeres. En este contexto, se insta a los gobiernos a que
incorporen los derechos humanos en la enseñanza escolar y extraescolar.
Al informar a los órganos establecidos en virtud de tratados de derechos humanos, los
gobiernos deberían consultar a la sociedad civil en la preparación de los informes a fin
de asegurar una representación lo más amplia posible en lo que respecta a los derechos
reproductivos. La sociedad civil, en particular las organizaciones no gubernamentales,
debería intensificar sus actividades de promoción de la aplicación de documentos y
convenciones internacionales, en particular la Convención sobre la eliminación de todas
las formas de discriminación contra la mujer.
Los gobiernos deberían salvaguardar especialmente los derechos humanos de las niñas,
incluidos los derechos económicos y sociales, y protegerlas contra la violencia,
incluidas las prácticas nocivas y la explotación sexual. Los gobiernos deberían revisar
toda la legislación y enmendar y abolir aquellas leyes que discriminen a las niñas.
B. Potenciación del papel de la mujer
Los gobiernos deberían establecer mecanismos para acelerar la participación en
condiciones de igualdad y la representación equitativa de la mujer a todos los niveles de
la vida política y la vida pública de cada comunidad y sociedad y permitirle expresar
sus preocupaciones y necesidades. Los gobiernos y la sociedad civil deberían tomar
medidas para eliminar actitudes y prácticas que subyugan a la mujer y refuerzan la
desigualdad entre los sexos.
Los gobiernos deberían adoptar medidas para promover la realización del potencial de
la mujer mediante la educación, la formación y la erradicación del analfabetismo entre
las mujeres de todas las edades, clases sociales, razas y grupos étnicos, prestando
especial importancia a la eliminación de la pobreza y la mala salud.
Los gobiernos deberían adoptar todas las medidas posibles para eliminar las diferencias
y las desigualdades entre los sexos en lo que respecta a los medios de vida de la mujer y
su participación en el mercado del trabajo mediante la creación de empleos con ingresos
seguros, lo que, según se ha visto, contribuye a la potenciación del papel de la mujer y
al mejoramiento de su salud reproductiva. Hay que promulgar y aplicar leyes que garanticen
la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor.
C. Integración de una perspectiva de género en los programas
y las políticas
Debe adoptarse una perspectiva de género en todos los procesos de formulación y
aplicación de políticas y en la prestación de servicios, en particular de salud
reproductiva, incluida la planificación de la familia y la salud sexual. A este respecto,
deben fomentarse la capacidad institucional y los conocimientos del personal de la
administración pública, la sociedad civil, incluidas las organizaciones no
gubernamentales, y el sistema de las Naciones Unidas a fin de promover una perspectiva de
género. Ello debería lograrse compartiendo instrumentos, metodologías y experiencias a
fin de fomentar la capacidad e institucionalizar estrategias eficaces para efectuar
análisis que tengan en cuenta las cuestiones de género y promover una perspectiva de
género. Para ello se requiere la preparación y la disponibilidad de datos desglosados
por sexos y de indicadores apropiados para seguir de cerca los progresos realizados.
Deberían observarse atentamente las diferentes repercusiones en hombres y mujeres de la
mundialización de la economía y la privatización de los servicios sociales básicos, en
particular los servicios de salud reproductiva. Deben prepararse programas especiales y
mecanismos institucionales para salvaguardar la salud y el bienestar de las mujeres
jóvenes y adultas. Deben satisfacerse las necesidades en materia de salud reproductiva y
sexual de hombres y mujeres durante todos su ciclo vital. La prestación de servicios de
salud reproductiva y sexual para los hombres no debe ir en detrimento de los servicios de
salud reproductiva y sexual para las mujeres.
Los gobiernos deberían dar prioridad a la preparación de programas y políticas de
fomento de normas y actitudes que no toleren en modo alguno la discriminación contra las
niñas ni la preferencia por los niños varones, ni tampoco cualquier forma de violación
contra la mujer, incluida la selección prenatal del sexo, la mutilación genital de las
niñas, la violación, el incesto, la trata de niñas, la violencia sexual y la
explotación. Para ello es preciso adoptar un enfoque integrado que tenga en cuenta la
necesidad de un cambio social, cultural y económico generalizado, además de reformas
legales. Debe protegerse y fomentarse el acceso de las niñas a la salud, la nutrición,
la educación y las oportunidades vitales. Debe apoyarse y promoverse la función de los
miembros de la familia, en particular de los padres y los tutores legales, para que
contribuyan a que las niñas mejoren la imagen que tienen de sí mismas, su autoestima y
su condición jurídica y social, y a que se proteja su bienestar.
D. Esfuerzos por combatir actitudes y prácticas negativas
Los gobiernos, los parlamentarios, los dirigentes sociales y religiosos, la familia, los
medios de comunicación, los educadores y otros grupos pertinentes deberían promover
activamente la igualdad y la equidad entre los sexos. Esos grupos deberían desarrollar y
potenciar estrategias para cambiar actitudes y prácticas negativas y discriminatorias
contra las mujeres y las niñas, a fin de realzar el valor y la dignidad de la mujer en la
sociedad. Todos los dirigentes al más alto nivel de adopción de decisiones y políticas
deberían pronunciarse a favor de la igualdad y la equidad entre los sexos, incluida la
potenciación del papel de la mujer y la protección de las niñas.
Todos los dirigentes a todos los niveles, así como los padres y educadores, deberían
promover modelos positivos que ayuden a los varones a convertirse en adultos sensibles a
las cuestiones de género y les permitan apoyar, promover y respetar los derechos y la
salud sexual y reproductiva de la mujer, así como su dignidad. Los hombres deberían ser
responsables de su propio comportamiento y salud reproductiva y sexual. Deberían
realizarse investigaciones sobre la sexualidad masculina, los conceptos de virilidad y el
comportamiento reproductivo de los varones.
IV. Derechos reproductivos y salud reproductiva
A. Salud reproductiva, incluidas la planificación de la familia y la salud
sexual
Los gobiernos, en colaboración con la sociedad civil, especialmente las organizaciones
no gubernamentales, los donantes y las Naciones Unidas, deberían:
a) En el contexto más amplio del fortalecimiento de los sistemas
básicos de salud, incluida la reforma del sector de la salud, asignar gran prioridad a la
salud sexual y reproductiva y velar por que las políticas, los planes estratégicos y
todos los aspectos de la aplicación de los programas de salud sexual y reproductiva se
basen en los derechos humanos y abarquen el ciclo de vida entero, aborden las injusticias
y desigualdades en razón del género y aseguren la igualdad de acceso a la información y
los servicios;
b) Incorporar a todos los sectores pertinentes, entre ellos el de las
organizaciones no gubernamentales, especialmente las organizaciones de mujeres y de
jóvenes y las asociaciones profesionales, mediante el proceso de participación en curso,
en la formulación, la aplicación, el control de calidad, la supervisión y la
evaluación de las políticas y programas a fin de asegurar que los servicios y la
información en materia de salud sexual y reproductiva respondan a las necesidades de la
población y respeten sus derechos, en particular su derecho a una atención de buena
calidad;
c) Incrementar las inversiones encaminadas a aumentar la calidad de los
servicios de salud sexual y reproductiva, por ejemplo, estableciendo normas para la
atención médica y supervisando su cumplimiento; velando por la competencia del personal
encargado de prestar servicios de salud, en particular su competencia técnica y de
comunicación; velando por que se puedan hacer selecciones libres y fundamentadas,
promoviendo el respeto, la intimidad, la confidencialidad y la comodidad de los usuarios;
estableciendo sistemas logísticos que funcionen plenamente, lo que comprende la
adquisición eficiente de los artículos necesarios; y estableciendo mecanismos eficaces
de remisión de un servicio a otro y de un nivel a otro de atención de la salud;
d) Asegurar que los programas de salud sexual y reproductiva
proporcionen capacitación y supervisión previas al empleo y en el empleo al personal de
todos los niveles de atención sanitaria, de modo que puedan mantener normas técnicas
elevadas, incluidas las de higiene; respeten los derechos humanos de las personas a las
que prestan servicios; estén informados y capacitados para servir a los usuarios que han
sido objeto de prácticas perjudiciales, como la mutilación genital de la mujer y la
violencia sexual; y puedan proporcionar información precisa acerca de los síntomas de
las infecciones de las vías reproductivas, la higiene personal y otros factores que
intervienen en esas infecciones a fin de reducir al mínimo los efectos físicos y
psicológicos perjudiciales, como las enfermedades inflamatorias pelvianas, la
infertilidad, los embarazos ectópicos y los dolores pelvianos;
e) Procurar que los hombres comprendan sus funciones y su
responsabilidad en cuanto a respetar los derechos de la mujer, promover la salud de la
mujer, evitar los embarazos no deseados, reducir la morbimortalidad materna, reducir el
contagio de enfermedades de transmisión sexual y el VIH/SIDA, apoyar el acceso de sus
compañeras a los servicios de salud sexual y reproductiva, compartir los deberes en el
hogar y la crianza de los hijos y apoyar las iniciativas encaminadas a eliminar las
prácticas nocivas, como la mutilación genital de la mujer y la violencia sexual y de
otro tipo basada en el género;
f) Fortalecer los servicios basados en la comunidad y nuevas
asociaciones con el sector privado, velando al mismo tiempo por que se cumplan las normas
de seguridad, éticas y de otra índole, y otorgar subvenciones procedentes de recursos
públicos y fondos de donantes para garantizar la disponibilidad y el acceso de las
personas que de otro modo no podrían acceder a esos servicios.
Los gobiernos deberían medir el nivel de acceso y las posibilidades de elegir los
servicios de planificación de la familia y los métodos anticonceptivos y usar esa
información con los indicadores de la mortalidad derivada de la maternidad y el VIH/SIDA
como prueba de los progresos logrados para alcanzar el objetivo del acceso universal a los
servicios de salud reproductiva fijado en la Conferencia. Los gobiernos deberían tratar
de asegurar que para el año 2015 todos los servicios de atención primaria de la salud y
de planificación de la familia puedan proporcionar, directamente o mediante remisión, la
posibilidad de optar entre por lo menos tres métodos de planificación de la familia, el
tratamiento de las vías reproductivas y las enfermedades de transmisión sexual, y los
métodos de barrera (como los preservativos masculinos y femeninos y los microbicidas, si
se dispone de ellos) para evitar las infecciones. Para el año 2005, el 60% de los centros
deberían poder ofrecer todos esos servicios, y para el 2010, el 80% de ellos debería
poder hacerlo.
El sistema de las Naciones Unidas y los donantes deberían apoyar la creación de la
capacidad nacional para planificar, gestionar, ejecutar, supervisar y evaluar los
programas de salud sexual y reproductiva, incluso velar por que los refugiados y todas las
demás personas que se encuentren en situaciones de emergencia humanitaria reciban la
atención médica que necesitan, lo que comprende información y atención de la salud
sexual y reproductiva y una mayor protección contra la violencia sexual y basada en el
género. También deberían velar por que todos los trabajadores sanitarios que prestan
servicios de socorro en situaciones de emergencia reciban una capacitación básica en
materia de información y servicios de salud sexual y reproductiva.
B. Acceso a servicios de planificación de la familia de buena calidad
Los gobiernos, de conformidad con el Programa de Acción deberían adoptar medidas
eficaces para asegurar el derecho básico de todas las parejas e individuos a decidir
libre y responsablemente el número y el espaciamiento de los nacimientos y el momento
oportuno para tener sus hijos.
Los gobiernos, con apoyo del sistema de las Naciones Unidas y los donantes, deberían:
a) Asignar recursos suficientes para satisfacer la creciente demanda de
acceso a la información, el asesoramiento y los servicios complementarios relacionados
con todos los métodos anticonceptivos seguros y eficaces, incluidos los métodos
controlados por las mujeres como los preservativos femeninos y los anticonceptivos de
emergencia, así como métodos poco utilizados como la vasectomía y los preservativos
masculinos;
b) Velar por la calidad de los servicios de asesoramiento y por la
aplicación de normas éticas y profesionales en la atención médica, así como por la
posibilidad de hacer una selección libre y fundamentada en un ambiente de intimidad,
confidencialidad, respeto y sensibilidad con respecto a las cuestiones de género, edad,
raza, etnia, discapacidad, cultura y otros elementos de diversidad;
c) Consolidar los sistemas logísticos, incluida la capacidad de
gestión de programas, para que los servicios resulten más seguros, económicos,
convenientes y accesibles para los usuarios y asegurar la disponibilidad y el suministro
continuo de anticonceptivos esenciales de alta calidad y otros productos básicos para la
salud sexual y reproductiva, así como de materias primas para esos productos;
d) Reforzar convenientemente las redes de seguridad social utilizando
para ello recursos públicos y fondos de los donantes y, en el contexto de los servicios
de atención primaria de la salud, velar por la disponibilidad de servicios generales de
salud reproductiva y el acceso a ellos incluida la planificación de la familia,
especialmente para las personas más afectadas por la pobreza, las reformas económicas y
las crisis.
Se insta al sistema de las Naciones Unidas, las organizaciones no gubernamentales
internacionales y el sector privado a que continúen investigando y desarrollando nuevos
métodos de planificación de la familia seguros, económicos y eficaces, tanto para
hombres como para mujeres, incluidos métodos controlados por las mujeres que las protejan
contra las enfermedades de transmisión sexual, el VIH/SIDA y los embarazos. Todos los
países deben aplicar las normas étnicas internacionalmente aceptadas en sus actividades
de investigación y desarrollo, así como en el control de la calidad y en el diseño, la
producción y la distribución de los productos. La comunidad internacional debería
adoptar las medidas necesarias, especialmente en materia de transferencia de tecnología,
de modo que los países en desarrollo puedan producir, conservar y distribuir
anticonceptivos de alta calidad y otros productos esenciales para los servicios de salud
reproductiva a fin de consolidar la autosuficiencia de esos países Se insta al Fondo de
Población de las Naciones Unidas (FNUAP) a que siga consolidando su función rectora
dentro del sistema de las Naciones Unidas en la prestación de asistencia a los países
para que adopten las medidas estratégicas necesarias a fin de asegurar la disponibilidad
y la posibilidad de seleccionar productos para la salud reproductiva.
C. Reducción de las tasas de morbimortalidad materna
Los gobiernos, con la participación creciente de la sociedad civil, incluidas las
organizaciones no gubernamentales, los donantes y la comunidad internacional, deberían:
a) Reconocer los vínculos existentes entre la pobreza y los altos
niveles de mortalidad derivada de la maternidad y promover la reducción de la
morbimortalidad materna como cuestión prioritaria de salud pública y de derechos
humanos;
b) Velar por que la reducción de la morbimortalidad materna sea una
prioridad del sector de la salud y por que la mujer tenga fácil acceso a servicios de
atención de la salud materna bien equipados y adecuadamente dotados de personal,
especialmente a la asistencia calificada durante el parto, incluidos servicios
obstétricos esenciales y de emergencia, remisión y transporte eficaces a niveles
superiores de atención en caso necesario y atención después del parto. En la reforma
del sector de la salud, la reducción de la morbimortalidad materna debe ser un elemento
destacado y utilizarse como indicador de resultados positivos;
c) Apoyar la educación en materia de salud pública para sensibilizar
acerca de los peligros del embarazo, el trabajo de parto y el parto propiamente dicho e
incrementar la comprensión de las funciones y responsabilidades respectivas de los
miembros de la familia, incluidos los hombres, así como de la sociedad civil y los
gobiernos, en la promoción y protección de la salud materna;
d) Organizar servicios apropiados, que se comiencen a prestar desde el
momento del nacimiento, para mejorar el estado nutricional, educacional y de salud de las
niñas y las jóvenes a fin de que puedan tomar decisiones fundamentadas sobre la
procreación y obtener acceso a la información y los servicios de salud;
e) Reconocer y afrontar las consecuencias de los abortos peligrosos
para la salud como grave problema de salud pública reduciendo el número de embarazos no
deseados por medio de servicios de asesoramiento, información y planificación de la
familia, asegurándose de que los servicios de salud pueden atender a las complicaciones
de los abortos peligrosos y siguiendo las recomendaciones formuladas en el párrafo 8.25
del Programa de Acción. Las medidas o cambios relacionados con el aborto dentro del
sistema de atención de la salud solamente pueden decidirse a nivel nacional o local, de
conformidad con los procesos legislativos nacionales. En los países en que el aborto es
legal, éste debería ser un procedimiento seguro. En ningún caso debe promoverse el
aborto como método de planificación de la familia.
A fin de supervisar los progresos logrados en lo que respecta a alcanzar los objetivos
de la Conferencia con respecto a la mortalidad derivada de la maternidad, los países
deberían usar el porcentaje de partos asistidos por personas capacitadas como un
indicador de referencia. Para el año 2005, en los lugares en que la tasa de mortalidad
derivada de la maternidad es muy elevada, por lo menos el 40% de los partos deberían ser
atendidos por personal de salud idóneo; para el año 2010, el 50% como mínimo y para
2015, el 60% como mínimo. Todos los países deberían redoblar sus esfuerzos a fin de que
para el año 2005, a nivel mundial, el 80% de los partos sean asistidos por personas
capacitadas, para el 2010, el 85% y para el 2015, el 90%.
D. Prevención y tratamiento del virus de inmunodeficiencia humana/síndrome
de inmunodeficiencia adquirida y de las enfermedades de transmisión sexual
Los gobiernos, en sus niveles políticos más altos, deberían adoptar medidas urgentes
para impedir la transmisión de las enfermedades de transmisión sexuales, del VIH/SIDA y,
con la asistencia del Programa conjunto y de copatrocinio de las Naciones Unidas sobre el
VIH/SIDA (ONUSIDA), elaborar políticas y planes de acción nacionales pertinentes,
garantizar y promover el respeto de los derechos humanos y la dignidad de las personas
afectadas por el VIH/SIDA, mejorar la atención y el apoyo a esas personas, incluidos los
servicios de apoyo para la atención en el hogar, y adoptar medidas para mitigar los
efectos de la epidemia mediante la movilización de todos los sectores y segmentos de la
sociedad a fin de atender a los factores sociales y económicos que contribuyen al riesgo
de contraer el VIH y a la vulnerabilidad al virus. Los gobiernos deberían promulgar leyes
y adoptar medidas para garantizar que no se discrimine contra las personas afectadas por
el VIH/SIDA y que esas personas dispongan de la información que necesitan para evitar que
continúe la transmisión y tengan acceso al tratamiento y a los servicios de salud sin
temor a la estigmatización, la discriminación o la violencia.
Los gobiernos deberían velar por que la prevención del VIH/SIDA y las enfermedades de
transmisión sexual, así como los servicios necesarios, formen parte integrante de los
programas de salud sexual y reproductiva en el nivel de los servicios de atención
primaria de la salud. En los servicios y programas de prevención y educación deberían
abordarse las diferencias basadas en el género, la edad y otros factores relativos a la
vulnerabilidad a la infección del VIH. Los gobiernos deberían elaborar directrices
nacionales para el tratamiento y la atención del VIH y para los servicios de
asesoramiento y las pruebas voluntarias de detección del VIH y asegurar el suministro
amplio de preservativos femeninos y masculinos, así como el acceso a ellos mediante,
entre otras cosas, la comercialización social. En las campañas de promoción,
información, educación y comunicación elaboradas con las comunidades y apoyadas por los
niveles más altos del gobierno se deberían promover las prácticas y el comportamiento
sexual fundamentados, responsables y más seguros, el respeto mutuo y la igualdad de
género en las relaciones sexuales. Habida cuenta de la mayor susceptibilidad al
VIH/SIDA de los individuos infectados con enfermedades de transmisión sexual
convencionales y tratables, así como de la alta prevalencia de esas enfermedades entre
los jóvenes, debería darse prioridad a la detección, el diagnóstico y el
tratamiento de esas infecciones.
Si bien la intervención más importante para reducir la infección del VIH en los
niños pequeños es la prevención de la infección en los adolescentes y las mujeres, los
gobiernos también deberían ampliar, según proceda, los proyectos de educación y
tratamiento encaminados a impedir la transmisión del VIH de madres a hijos.
Los gobiernos, con la asistencia del ONUSIDA y de los donantes, deberían garantizar que
para en el 2005 por lo menos el 90% de los hombres y mujeres jóvenes de 15 a 24 años de
edad tuvieran acceso a la información, la educación y los servicios necesarios para
desarrollar los conocimientos indispensables a efectos de reducir su vulnerabilidad a la
infección del VIH y que para el 2010 el 95% de ellos dispusieran de todos esos medios.
Los servicios deberían incluir el acceso a métodos preventivos como los preservativos,
femeninos y masculinos, las pruebas voluntarias, el asesoramiento y el seguimiento. Los
gobiernos deberían utilizar como indicador de referencia las tasas de infección del VIH
en las personas de 15 a 24 años de edad con objeto de garantizar que para el año 2005 se
reduzca la prevalencia en ese grupo de edades en todo el mundo y en un 25% en los 25
países más afectados, y que para el año 2010 la prevalencia en ese grupo de edades se
haya reducido en todo el mundo en un 25%.
El sector privado y el sector público deberían aumentar las inversiones en
investigaciones para la elaboración de microbicidas y otros métodos controlados por las
mujeres, pruebas diagnósticas más sencillas y menos costosas, tratamientos de dosis
única para las enfermedades de transmisión sexual y vacunas. La comunidad internacional
debería negociar precios asequibles para que los países en desarrollo dispusieran de los
medicamentos nuevos y existentes, los tratamientos eficaces y las tecnologías de
prevención y detección del VIH.
E. Salud sexual y reproductiva de los adolescentes
Los gobiernos, con el apoyo de la comunidad internacional, deberían tomar medidas
adicionales para aplicar el Programa de Acción en lo relativo a la salud sexual y
reproductiva de los adolescentes, de conformidad con el párrafo 7.45 del Programa de
Acción, y deberían:
a) Proteger y fomentar los derechos de los adolescentes en las esferas
de la educación y la información sobre la salud reproductiva, así como la atención de
salud en este campo, y salvaguardar los derechos de los adolescentes a la intimidad, la
confidencialidad, el respeto y el consentimiento basado en una información adecuada,
respetando los valores culturales y las creencias religiosas;
b) Seguir fomentando la salud de los adolescentes, tanto sexual como
reproductiva, determinar las estrategias eficaces y apropiadas para alcanzar esta meta, y
preparar indicadores basados en el sexo y la edad, así como sistemas de datos que
permitan evaluar los progresos alcanzados;
c) Formular planes de acción nacionales para los adolescentes y los
jóvenes que se basen en la equidad y la igualdad entre los sexos y abarquen las esferas
de la educación, la capacitación profesional y las oportunidades de generación de
ingresos. En estos programas deberían incluirse mecanismos de apoyo a la educación y el
asesoramiento de los adolescentes en lo que respecta a las relaciones y la igualdad entre
los sexos, la violencia contra los adolescentes, la conducta sexual responsable, las
prácticas responsables en materia de planificación de la familia, la vida familiar, la
salud reproductiva, las enfermedades de transmisión sexual, la infección con el VIH y la
prevención del SIDA (párrafo 7.47 del Programa de Acción). Los propios adolescentes y
jóvenes deberían participar plenamente en la formulación y realización de esas
actividades de información y servicios, teniendo debidamente en cuenta la orientación y
las obligaciones de los padres;
d) Reconocer y promover la función central que corresponde a la
familia, los padres u otros tutores legales en la educación de los hijos y la formación
de sus actitudes, y garantizar que los padres o personas con responsabilidades jurídicas
reciban educación sobre el suministro de información acerca de la salud sexual y
reproductiva, y participen en esta tarea, de manera que puedan ejercer sus derechos y
cumplir sus obligaciones en relación con los adolescentes;
e) Manteniendo el debido respeto por los derechos, deberes y
obligaciones de los padres, garantizar que los adolescentes, tanto los escolarizados como
los no escolarizados, reciban la información, educación, asesoramiento y servicios
sanitarios necesarios para elegir opciones y adoptar decisiones fundamentadas en cuanto a
su salud sexual y reproductiva. Los adolescentes sexualmente activos necesitarán
información, asesoramiento y servicios especiales relacionados con la planificación de
la familia, mientras que las adolescentes embarazadas necesitarán apoyo especial de sus
familias y comunidades, tanto durante el embarazo como durante los primeros meses de vida
del recién nacido (párrafo 7.47 del Programa de Acción). Los profesores, los padres,
otros educadores y el personal sanitario deberían recibir información y capacitación
adecuadas en esta esfera;
f) Cuando proceda, eliminar las barreras jurídicas, normativas o
sociales que limiten el acceso de los adolescentes a la información y los servicios en
materia de salud sexual y reproductiva, y garantizar que los proveedores de servicios de
salud o de otra índole no estén restringiendo con su actitud el acceso de los jóvenes a
los servicios y la información necesarios, incluso para la prevención y el tratamiento
de las enfermedades de transmisión sexual y el VIH.
A petición de los gobiernos, el sistema de las Naciones Unidas y los países donantes
deberían otorgar mayor prioridad y asignar más recursos a la promoción y protección de
la salud de los adolescentes, incluida la salud sexual y reproductiva.
Los organismos de las Naciones Unidas, en colaboración con las organizaciones no
gubernamentales y la comunidad de donantes, deberían documentar y evaluar programas para
determinar prácticas idóneas, preparar indicadores y sistemas de reunión de datos que
permitan evaluar los progresos alcanzados, divulgar ampliamente información sobre el
diseño y el funcionamiento de los programas, así como sobre su repercusión en la salud
sexual y reproductiva de los jóvenes, y brindar apoyo a los mecanismos internacionales
para el intercambio de experiencias, en especial entre los países en desarrollo, a fin de
que los países encuentren modelos apropiados para adaptarlos a sus propias
circunstancias.
Como mínimo, debería asignarse el 20% de los recursos de los programas de salud
reproductiva para atender las necesidades de los adolescentes en materia de información y
brindarles servicios.
V. Asociaciones y acuerdos de colaboración
Los gobiernos deberían adoptar medidas y directrices políticas y eliminar los
obstáculos, tanto jurídicos como burocráticos, a fin de facilitar la participación de
las organizaciones de la sociedad civil en los debates sobre políticas, la planificación
del sector de la salud y la formulación, aplicación, verificación y evaluación de
estrategias y programas que permitan lograr los objetivos del Programa de Acción.
Los gobiernos deberían incluir representantes de las organizaciones no gubernamentales,
incluidas las de mujeres, jóvenes y poblaciones indígenas, en las delegaciones
nacionales que asistan a los foros regionales e internacionales en que se debatan
cuestiones relativas a la población y el desarrollo.
Los gobiernos, la sociedad civil y el sistema de las Naciones Unidas deberían procurar
mejorar y fortalecer su colaboración y cooperación con miras a propiciar un entorno
favorable a las asociaciones. Los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil
deberían formular sistemas que ofrezcan una mayor transparencia a fin de mejorar su
rendición de cuentas ante la opinión pública y entre sí.
Los gobiernos y las organizaciones internacionales deberían establecer y apoyar
mecanismos para crear y mantener acuerdos de colaboración con las organizaciones de base
comunitaria y las organizaciones no gubernamentales que se ocupan de la salud y los
derechos de la mujer, así como con los medios científicos y las organizaciones
profesionales. Los gobiernos, la sociedad civil y la comunidad internacional deberían
centrarse de común acuerdo en el fortalecimiento de la capacidad nacional para la
aplicación de programas de población y salud reproductiva que sean sostenibles.
Se insta a las organizaciones de la sociedad civil a que formulen, cuando proceda,
enfoques innovadores y establezcan acuerdos de colaboración con los medios de
información, el sector comercial, los dirigentes religiosos, los grupos comunitarios, los
líderes locales y los jóvenes, que puedan servir de promotores eficaces del logro de los
propósitos y los objetivos del Programa de Acción.
Se alienta a los gobiernos, las organizaciones internacionales y las instituciones
financieras a que, cuando sea factible y previa solicitud, brinden recursos financieros y
técnicos suficientes, así como la información necesaria, para una participación
efectiva de la sociedad civil nacional, y en particular de los grupos de mujeres y
jóvenes locales, en la investigación, formulación, aplicación, verificación y
evaluación de las políticas, programas y actividades en materia de población y
desarrollo. Deberían instituirse mecanismos de transparencia y rendición de cuentas para
que la mayoría de los fondos así asignados se utilicen directamente en los programas de
población y desarrollo a que van destinados.
Los gobiernos deberían fomentar los acuerdos de colaboración con el sector privado y
el sector no estructurado, de manera que se refuerce su vinculación con las
organizaciones de la sociedad civil y los gobiernos para la aplicación del Programa de
Acción. El sector privado puede asistir o servir de complemento a las iniciativas de los
gobiernos, pero no puede reemplazar la función de éstos de brindar servicios de salud
reproductiva y sexual plenos, seguros, accesibles y económicos. Los gobiernos deberían
estudiar y revisar la legislación y las normas pertinentes para garantizar que todos los
productos y servicios de salud reproductiva cumplan unos requisitos aceptables.
Los parlamentarios deberían promover las reformas legislativas necesarias para aplicar
el Programa de Acción. Deberían movilizar los recursos necesarios para que sus países
cumplieran los compromisos contraídos en la Conferencia y deberían promover el Programa
de Acción. Deberían llevarse a cabo intercambios periódicos de experiencias entre los
parlamentarios en el plano regional, interregional e internacional.
Para que se fomente y se mantenga el pleno potencial de la Iniciativa Sur-Sur son
necesarios la financiación y el apoyo externos, tanto de los países donantes como del
sector privado, lo que permitirá reforzar el intercambio de las experiencias pertinentes
y la movilización de conocimientos técnicos especializados y otros recursos entre los
países en desarrollo. Debería compilarse una lista de instituciones y conocimientos
especializados de los países en desarrollo en materia de población y salud reproductiva.
Los organismos de las Naciones Unidas deberían seguir redoblando sus esfuerzos por
promover la coordinación y colaboración en todo el sistema, especialmente en el plano
nacional. Debería potenciarse la labor intergubernamental de la Comisión de Población y
Desarrollo, al igual que la función del Fondo de Población de las Naciones Unidas
(FNUAP) para la coordinación interinstitucional en materia de población y salud
reproductiva.
VI. Movilización de recursos
Se necesitan con urgencia una mayor voluntad política y la movilización de asistencia
internacional acordada en El Cairo para acelerar la aplicación del Programa de Acción
que, a su vez, contribuirá al logro de los objetivos más amplios en materia de
población y desarrollo.
Se alienta a todos los gobiernos y a la comunidad internacional a que vuelvan a
comprometerse al más alto nivel político a hacer cuanto sea posible para movilizar los
recursos financieros necesarios para la plena aplicación del Programa de Acción.
Los países en desarrollo deben seguir haciendo esfuerzos por movilizar recursos
internos de todas las fuentes, así como promover la cooperación internacional, incluso
la cooperación SurBSur, a fin de
aplicar plenamente el Programa de Acción.
Los recursos externos que se prometieron en El Cairo no han sido entregados y, por
consiguiente, se necesita urgentemente que la comunidad internacional tome medidas para
remediar la carencia de recursos. La comunidad internacional de donantes debería alcanzar
la meta convenida de destinar el 0,7% del producto nacional bruto a la asistencia oficial
para el desarrollo lo antes posible y comprometerse a destinar como mínimo el 5% de la
asistencia oficial para el desarrollo a las actividades de población. Debería destinarse
una mayor parte de los gastos del sector público, así como de la asistencia oficial para
el desarrollo, a los programas de población y salud reproductiva a fin de lograr la plena
aplicación del conjunto de medidas de la Conferencia cuyo costo se ha calculado.
Deben intensificarse las actividades de promoción en los planos nacional e
internacional para conseguir los recursos necesarios. Los parlamentarios deben adoptar
medidas para intensificar el apoyo a los propósitos y objetivos del Programa de Acción
mediante la legislación, la promoción y el aumento de la sensibilización y la
movilización de recursos.
Dado que la epidemia del VIH/SIDA ha causado mayores estragos que los previstos
originalmente, se debería prestar especial atención a proporcionar con prontitud, a los
valores mínimos previstos en el Programa de Acción, la suma estimada de 1.300 millones
de dólares para la prevención del VIH/SIDA en el año 2000, y las sumas mayores
estimadas para los años siguientes. Deberá prestarse especial atención a las
poblaciones jóvenes. Todos los países en desarrollo y los países con economías en
transición afectados por la pandemia deben seguir procurando movilizar recursos internos
procedentes de todas las fuentes a fin de luchar contra ella, mientras que la comunidad
internacional debería asistirles en estas iniciativas. Además, los gobiernos y la
comunidad de donantes deberían redoblar sus esfuerzos por brindar recursos destinados a
cuidar y ayudar a los afectados por el VIH/SIDA, así como a satisfacer las necesidades
especiales de prevención no previstas en el conjunto de medidas del Programa de Acción
cuyo costo se ha calculado, como se observa en los párrafos 13.14 b) y 13.17.
Muchos países en desarrollo que han contraído un compromiso político de alcanzar las
metas de la Conferencia y han formulado políticas y programas globales en materia de
población precisan que la comunidad internacional les preste especial atención para
conseguir los recursos necesarios. Los países que actualmente atraviesan situaciones de
emergencia o crisis económicas necesitan considerables recursos externos para estar en
condiciones de aplicar sus programas de población y salud reproductiva. En este sentido,
la comunidad internacional debería emprender iniciativas especiales para mitigar las
consecuencias de las recientes crisis financieras en varias regiones del mundo.
Los gobiernos y la comunidad internacional deberían alentar y promover nuevos medios y
mecanismos para que aumente la financiación de los programas de población y salud sexual
y reproductiva, que entre otras cosas, podrían consistir en: a) la utilización selectiva
de tasas pagadas por los usuarios, la comercialización social, la participación en los
gastos y otras formas de recuperación de costos; b) la promoción para lograr que las
instituciones financieras internacionales financien en mayor medida las actividades de
población y salud reproductiva; c) una mayor participación del sector privado; y d) unos
mecanismos más eficientes que reduzcan la carga de la deuda externa. Estas modalidades no
deben obstaculizar el acceso a los servicios y deben ir acompañadas de una red de
seguridad adecuada.
Los gobiernos deberían seguir garantizando que los recursos públicos, los subsidios y
la asistencia de los donantes se inviertan con el fin de que aumenten al máximo las
prestaciones que brindan los sistemas de salud públicos a quienes tienen una salud
reproductiva desproporcionadamente mala, en particular los pobres.
Los organismos donantes y los países en desarrollo deben seguir redoblando sus
esfuerzos y su colaboración para reducir las duplicaciones, identificar déficit de
financiación y garantizar la mayor eficacia y eficiencia posible en la utilización de
esos recursos.
El FNUAP, en colaboración con los gobiernos de los países desarrollados y en
desarrollo y las organizaciones no gubernamentales, debería procurar que se supervisaran
de manera plena y periódica las corrientes de recursos, prestando especial atención a la
transparencia y a la rendición de cuentas en relación con el conjunto de medidas sobre
población y salud reproductiva cuyo costo se ha calculado en el Programa de Acción.
Se insta a los países, en especial a los países desarrollados, a que aumenten
considerablemente sus contribuciones voluntarias al FNUAP de manera que el Fondo esté en
mejor posición para ayudar a los países a alcanzar las metas y objetivos del Programa de
Acción, incluidos los programas de salud reproductiva. Asimismo, se necesitará apoyo
para que puedan aplicar las recomendaciones del Programa de Acción a otros programas y
organismos especializados pertinentes de las Naciones Unidas.
Los gobiernos de los países desarrollados y los países en desarrollo deberían
estudiar seriamente la aplicación de la iniciativa 20/20, un contrato voluntario entre
países donantes y receptores interesados, que podría ser una fuente adicional de
recursos para los objetivos más amplios de población y del sector social.
Los gobiernos deberían aplicar políticas que faciliten una mayor participación del
sector privado en la atención de salud reproductiva, promover intervenciones efectivas y
servicios de apoyo, incluso, cuando proceda, servicios del sector privado, que se
destinarían a quienes pudieran pagarlos; y garantizar que las políticas fiscales y
arancelarias, así como el marco regulador, no supongan obstáculos a las empresas del
sector comercial que quieran ofrecer productos o servicios de salud reproductiva.
|
|