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Los oídos del planeta

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Qaanaaq es el pueblo más septentrional de Groenlandia y cuenta con más perros esquimales que habitantes, tan sólo 650. Más allá de esas características, es un lugar tan insólito como cualquier otro para vigilar si ocurren explosiones nucleares. Sin embargo, justamente eso es lo que hace un pequeño equipo de ingenieros entregado a su trabajo. Para ello dispone de la tecnología más avanzada.

«Qaanaq se encuentra a 1.100 kilómetros al norte del círculo polar ártico. En invierno, la temperatura es de aproximadamente menos siete grados centígrados. La nieve, el hielo y la oscuridad constante hacen difícil el acceso a estos aparatos».

Ahora es otoño. Pero Svend Erik desafía las condiciones durante todo el año para hacer funcionar esta estación de infrasonido. Es la que detecta las explosiones atómicas.

La estación forma parte de red de sensores del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (TPCE), que vigila el globo en busca de posibles violaciones del acuerdo.

Las explosiones nucleares producen ondas inconfundibles de baja frecuencia, que pueden cruzar los continentes. Redes como ésta las registran.

La estación está lista para captar cualquier ruido de carácter nuclear las 24 horas del día.

El ingeniero Juraci Carvalho ha viajado desde la sede del CTBT en Viena para modernizar la estación.

Está instalando una antena nueva y radios que transmiten datos, casi en tiempo real, para que se analicen en Viena.

«Con estos aparatos es muy fácil inspeccionar todo el sistema remotamente para ver si estás enviando datos a la estación central».

Una visita como ésta ocurre aproximadamente una vez cada tres años. Así es que el trabajo es muy intenso. Se instala una nueva computadora y software. Se hace un inventario del equipo y los repuestos. Y lo más crucial: formación. En los meses crudos y oscuros de invierno que se aproximan, será Svend Erick quien estará en la línea de frente para mantener la estación funcionando y detectar cualquier explosión nuclear.

Este reportaje fue producido por Kirstie Gregorich Hansen para las Naciones Unidas.

31 de agosto de 2012

Saber en todo momento si alguien ha hecho una prueba nuclear es fundamental para la paz, la seguridad y el medioambiente. Por ese motivo, el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares establece una red de sensores que permite descubrir cualquier prueba nuclear. Esos sensores son los oídos del planeta, que trabajan 24 horas al día, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año.

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